Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

La guerra contra Irán: encrucijada para EEUU e Israel


 

En las últimas semanas, se ha tornado prácticamente imposible hacer un análisis que incluya vaticinios claros en lo relacionado a la guerra contra el régimen de gobierno en Irán. Es que todo depende de la decisión del Presidente de Estados Unidos Donald Trump, que no sólo es en general imprevisible e impulsivo en muchas ocasiones, sino que no está claro siquiera si entiende cómo se interpretan sus decisiones en Irán. Oscila entre las amenazas de tono durísimo que hasta incomodidad provocan, y una flexibilidad incomprensible, con mil y una nuevas oportunidades a Irán, que nos cuesta creer que Teherán interprete como buena voluntad y no como gran debilidad que evidentemente les alienta a mantener una línea radical.

Las declaraciones que dos “figuras del régimen” no identificadas formularon a la agencia Reuters, diciendo que el líder supremo Mojtaba Khamenai ordenó que el uranio enriquecido no salga de Irán, podrían ser un buen ejemplo de ello. Es que de fondo, tenemos a Trump asegurando a diestra y siniestra que el uranio no quedará en Irán, y no siempre da a entender que eso se lograría por la fuerza sino en el marco de un acuerdo.

La situación actual es de un serio callejón sin salida. Por un lado Trump se ha topado con el muro de un régimen iraní que irradia gran confianza en sí mismo, mientras el presidente no entiende por qué no se rinden. Lo que agrega confusión a cualquier observador promedio es que Trump vive diciendo que “Irán se muere por firmar ya un acuerdo” pero evidentemente eso no es lo que sucede. Con ello, no sólo pierde credibilidad ante Irán sino ante el mundo en general.

A esto se agrega una complicación, la cuenta regresiva debido al calendario electoral de su país, con una popularidad cada vez más baja, por lo que busca una salida diplomática pero por otro lado no puede permitirse dar por terminada la guerra sin haber logrado ni siquiera un acuerdo como el de Barack Obama en el 2015 al que tanto criticó.

Pero Teherán no le está facilitando esa vía de escape y cuando otros dicen que dio algún paso en una buena dirección, lejos está de acercarse siquiera a las condiciones formalmente presentadas por Trump.

Más complejo aún es entender que aún si Irán aceptar las exigencias actuales de Trump, apenas se estaría regresando a los términos del acuerdo de 2015, aunque con un periodo de suspensión mayor. Pero no se vislumbra en el horizonte un escenario de negociación real a corto plazo, a menos que las últimas movidas de Pakistán, que parecía desesperado por frenar la reanudación de la guerra, conduzcan ahora a alguna gran sorpresa.

En este contexto de incertidumbre, la toma de decisiones puede ser cuestión de un segundo. Una propuesta de última hora a través de mediadores internacionales podría abrir una vía de negociación. Por el contrario, si Trump llega a la conclusión definitiva que no hay con quién hablar en Teherán, podría finalmente decidir volver a atacar. De hecho, hace pocos días dijo que ya lo tenía decidido pero que lo postergó a pedido de Arabia Saudita, Kuwait y los Emiratos Árabes Unidos.

La gran pregunta, evidentemente, es cuánto más margen de maniobra, o cuánto más tiempo, dará Trump a Irán y si acaso cumplirá lo que ya dijo, que tienen como máximo hasta el domingo para aceptar sus condiciones. Pero más allá de ello, la pregunta es también cuáles son las opciones bélicas. Se ha hablado de unos pocos días de ataques fuertes para presionar a Irán a negociar seriamente. ¿Alguien puede tener certeza que algo así funcionará? ¿Qué se puede hacer en unos días que no se hizo en algo más de 40?

Irán también amenaza y aclara que si se atacan sus instalaciones energéticas, la guerra irá más allá de Oriente Medio. Por un lado, eso deja en claro cuán peligroso es el régimen. Por otro, amedrenta.

El punto principal aquí es que cuando se consideran blancos para atacar-y en los últimos días se habla claramente de infraestructuras energéticas- es imperioso pensar en todos los efectos posibles. Y concretar ese plan puede ser un grave error estratégico. No porque el régimen no merezca sufrir y perder sino porque al régimen no le importa el sufrimiento de la población. Para sí mismo, recurrirá a sus reservas y generadores pero el pueblo deberá sufrir las consecuencias.

Es esencial analizar qué se logró hasta ahora desde un punto de vista militar y estratégico en la guerra contra Irán.

En el ámbito nuclear, las operaciones militares estratégicas lograron éxitos notables. Se causaron daños masivos en los complejos de Fordo, Natanz e Isfahán, logrando retrasar significativamente la capacidad de Irán para dar el salto hacia la producción de una ojiva nuclear. No se ha eliminado el proyecto en su totalidad- contrariamente a lo que suele decir Trump que reitera el término “obliterated”, algo así hecho polvo, pero el retraso material es innegable.

Las cosas no son tan tajantes en el tema misilístico.  Los datos de Inteligencia indican que un porcentaje mayoritario de la capacidad balística y de las plataformas de lanzamiento iraníes permanecen intactas. Esto, especialmente si lo que planea Trump es volver a la guerra por unos días, plantea un dilema: continuar desgastando los arsenales convencionales o concentrarse en lo que queda del tema nuclear. 

Esto está relacionado a una de las evaluaciones equivocadas del comienzo de la guerra. Se pensó que se podría cambiar el régimen de los Ayatollas pero ahora, si bien no se ve muchos representantes religiosos, las riendas están en manos de los hiper radicales de las Guardias Revolucionarias que adoptan una línea más dura aún que el líder supremo eliminado Ali Khamenai. El  había emitido un edicto religioso, fatwa, que prohibía explícitamente el desarrollo de una bomba atómica y limitaba el programa a mantenerse únicamente en el umbral nuclear. Esto, aunque hay varias pruebas de la mentira iraní sobre deseos de poderío nuclear sólo para uso civil. Pero ahora, justamente a raíz de la guerra, la postura del poder en Teherán no sólo no presta atención a aquella fatwa sino que ha aumentado la motivación de tener armas nucleares.

Este es el  verdadero peligro actual. Lo más probable es que el régimen ya esté decidido a  cruzar definitivamente el umbral y fabricar el arma nuclear. Mientras que el liderazgo anterior mantenía un enfoque pragmático dentro de su extremismo, las facciones que dominan el aparato de poder actual carecen de esos frenos internos, lo que eleva el riesgo de que decidan no detenerse en el umbral.

Este tema es el que más determina la convicción del Primer Ministro de Israel acerca de la necesidad de volver a la guerra. 

Lo claro es que si se vuelve ahora a la guerra- Israel no oculta que quiere hacerlo porque es consciente de que la amenaza iraní no ha desaparecido- la población de Israel se verá involucrada. Eso sucedería  inclusive si la Fuerza Aérea israelí no atacara blancos en Irán ya que no hay duda que  Irán atacaría a Israel. Pero parece no haber duda tampoco acerca de otro punto clave para Israel: si Trump da el “sí”, Israel participa activamente en el ataque.

El problema-uno de ellos- es que no está claro que para Israel sería lo mejor estratégicamente tomar la iniciativa para reanudar o expandir las hostilidades. Si bien la amenaza nuclear y balística no ha desaparecido, una nueva campaña militar no ofrece una solución definitiva a largo plazo. Entonces ¿tiene sentido? 

Un operativo limitado a unos pocos días no erradicará por completo los programas militares y tecnológicos de Irán. Esto, mientras es evidente que eso tendrá también un costo internacional. Nuevamente…¿vale la pena?

Si hubiera que tomar en cuenta solamente el peligro que constituye Irán, siempre sería oportuno volver a atacarle. Si se pudiera garantizar la destrucción quirúrgica de los remanentes críticos del programa nuclear, retrasando el proyecto varios meses más, la operación tendría justificación técnica. Pero en el contexto geopolítico y diplomático general, no es seguro que volver ahora a la guerra sería lo mejor. No porque el régimen iraní no lo merezca sino porque no solucionará del todo el problema y podría crear nuevas complicaciones.

Pero como todo en la región, también este análisis depende de decisiones y eventos que aún no han ocurrido y que pueden cambiarlo todo.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(22 de Mayo de 2026)

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