Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Desde varios frentes, tratan de enloquecer a Israel


Estas líneas las escribo con una sensación profunda de angustia. Y no sólo por la caída de un nuevo soldado por un dron explosivo de Hezbolá….y ya son 14, además de un civil, sólo desde el comienzo del alto el fuego que de hecho no existe, hace un mes y medio.

Claro que esto no puede hacer olvidar los grandes golpes asestados a Hezbolá, ni el hecho que desde el comienzo del “alto el fuego” que no es tal del 17 de abril, Israel eliminó 800 terroristas de Hezbolá. Muchos más por cierto desde el comienzo de la guerra. Pero el hecho que entre todo lo asegurado oficialmente sobre lo que se logró, y la sensación de la población del norte de Israel que la guerra no se detuvo ni un día, hay un abismo insalvable.

Siento que estamos rodeados en varios frentes por desafíos que no se tratan debidamente y que, por eso, se van agrandando cada vez más. Y me refiero tanto a Irán y la organización terrorista Hezbolá —que Irán maneja en Líbano—, como al presidente Donald Trump, que presiona indebidamente a Israel y coarta así su libertad para defenderse, y al Primer Ministro Netanyahu, que le hace caso y así socava cada vez más la capacidad de disuasión de Israel.

En otro orden de cosas, me refiero también a aquellos extremistas de la población ultraortodoxa de Israel, conocida como el sector haredí, que se creen con derecho no solo a no cumplir la ley y no hacer el servicio militar obligatorio, sino también a alterar la vida en el país con sus manifestaciones para protestar por la detención de desertores o, mejor dicho, de quienes no se presentaron a la oficina de reclutamiento como debían. 

No, no son todos iguales, pero si alguien piensa que debemos excusar por ser judíos a los haredim que actúan de esta forma, considero que está equivocado. No generalizo; soy consciente de aquellos ultraortodoxos que se enlistan al ejército y así no solo arriesgan sus vidas, sino que también lidian con la complicación de desafiar a su entorno. Y ni que hablar que no todos actúan como los violentos de hoy.

Pero no son dos o tres; no es un puñado de atrevidos. Ver las manifestaciones y protestas en Jerusalem y en otras partes de Israel, con miles y miles de participantes —algunos de los cuales bloquearon las vías del tren y durante horas y horas alteraron todo el tráfico en el centro del país, o los que se tiraron debajo de ómnibus en Jerusalem y paralizaron todo el movimiento en la capital—, ver esto de parte de ciudadanos israelíes que gritan «preferimos morir y no enrolarnos», justamente en un día en el que se dio sepultura a dos héroes que murieron no en gritos, sino en la realidad, combatiendo a Hezbolá, subleva. Y ni que hablar de su desprecio del esfuerzo que hacen todos aquellos que se enrolan, van durante cientos de días a la reserva y así defienden a Israel. A todo Israel.

Esos manifestantes, los rabinos que los apoyan y los diputados que los defienden y hacen cualquier maniobra política para regularizar por ley su exención del servicio militar, están contra el país, contra el Estado judío y democrático, el único del mundo, y, a nuestro criterio, también contra las leyes de la Torá que tantos israelíes abrazan o al menos respetan y también honran al entender que Israel precisa tener cómo defenderse.

Y esto me devuelve a los enemigos desde afuera. A Irán, que logra manejar a Hezbolá desde afuera, que decide todo, y que tiene el tupé de advertir que si Israel destaca un ataque en Beirut —o sea, a los blancos de Hezbolá en sus bastiones en la capital de Líbano—, eso significa el fin del alto el fuego con Estados Unidos. Me devuelve a Hezbolá, que este lunes ya hizo detonar más de cien veces las alarmas en el norte de Israel, no solo en las comunidades pegadas a la frontera sino más tierra adentro, con el lanzamiento de cohetes y drones.

Y a Trump, que patéticamente escribe en su red social que no habrá ataque israelí en Beirut  y que las tropas (o aviones) que estaban en camino, dan marcha atrás. Esto, tras decir que tuvo una buena charla con Netanyahu y también otra buena con Hezbolá, que según Trump ice estar dispuesto a dejar de disparar a Israel si Israel no ataca Beirut. Esto, claro, 45 días después de iniciado formalmente el alto el fuego entre Israel y Hezbolá, que Hezbolá no respetó ni un minuto. 

Leo a Trump y pienso que humilla a Netanyahu y se humilla a sí mismo por mostrar nuevamente que habla mucho y nada más. Otro craso error del presidente.

 

Y Netanyahu, que cuando estuvo durante corto tiempo en la oposición hace unos años, dijo desde el podio de oradores de la Kneset , increpando al gobierno de turno, que “un Primer Ministro israelí tiene que saber decir una palabra a Estados Unidos: NO”. Y ahora, se deja humillar públicamente y se abstiene de hacer lo que hay que hacer. Este lunes de  mañana dijo que Israel atacará a Hezbolá en la Dahiya en Beirut, el bastión central de la organización terrorista, porque ahí está la cabeza de la serpiente, ¿y ahora acepta nuevamente las presiones de Trump? ¿Para qué habló? ¿No era mejor callarse y no poner a Israel nuevamente en la ridiculez de proclamar, como tantas otras veces, victoria absoluta y otras yerbas, y luego nada?

Y lo escribimos sin olvidar que no es fácil maniobrar con Trump. Pero lo claro es que Netanyahu no actúa de acuerdo a los intereses de seguridad de Israel sino en base a las presiones de Trump que decide hacer y deshacer a su antojo.

No menos críticas se merece Egipto, socio de paz formalmente con Israel, que presiona a Estados Unidos para que presione a Israel a no atacar Beirut. Egipto se precia de ser líder del mundo árabe. Bueno, al menos así era años atrás. ¿No sería mejor que el mundo árabe todo, unido, presione a Irán y a la propia ONU para que le diga a Irán que tiene que dejar de usar a Líbano para sus designios terroristas? ¿No entienden que si hicieran eso estarían, ante todo, protegiendo a Líbano, no a Israel?

«Detengan el mundo que me quiero bajar», decía la genial figura de Mafalda. Y no lo digo para que se sonrían, porque yo tengo ganas de llorar.

 

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(1 de Junio de 2026)

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