El aumento continuo del antisemitismo en Uruguay es un fenómeno peligroso que ya no se puede ocultar. Aunque estas expresiones extremistas no representan a toda la sociedad uruguaya, sería un error ignorar la pérdida de vergüenza y la normalización del odio antijudío en distintos ámbitos del país.
Y cuando son no pocos los ejemplos que vienen de las propias esferas de gobierno, es especialmente preocupante, porque los políticos —y más que nada del partido que rige los destinos del país— deben ser naturalmente vistos como ejemplo ante la ciudadanía. Por eso, es doblemente duro oír a legisladores hablando sobre “crímenes de lesa humanidad” de Israel y otras cosas similares.
Como dijo en un comentario aparte el senador Javier García, del Partido Nacional, tras hablar la senadora Constanza Moreira… “le faltó decir que tiene una amiga judía”. Es que los antisemitas siempre aclaran que los judíos esto y lo otro, pero que ellos tienen amigos judíos.
En algunos casos es abiertamente alevoso y explícito, con comentarios dirigidos directamente contra los judíos. En muchos otros van disfrazados, como ya sabemos, de antisionismo o de crítica absolutamente demonizadora y desproporcionada a Israel. Pero como los críticos no dicen nada contra tantos otros países, gobiernos y grupos abiertamente violadores de los derechos humanos, opresores y totalitarios, y tienen siempre el ojo puesto solo en el único Estado judío del mundo al que no le reconocen siquiera el derecho a defenderse, pues eso es antisemitismo.
Mencionamos a la senadora del Frente Amplio, que habló en la reunión convocada para tratar la propuesta del Partido Nacional —a través de Javier García— de crear una comisión de seguimiento del antisemitismo. Es lamentable, ante todo, que el Frente Amplio haya rechazado el pedido. ¿Imaginan que la población afrodescendiente uruguaya pidiera al Parlamento abordar el tema del racismo, si es que sienten que existe y les daña, y se les invente todo tipo de vueltas para no hacerlo?
En la sesión en cuestión hubo discursos preocupantes… y perdón que reiteremos la palabra. Moreira habló del “desprestigio moral del Estado de Israel” a través del genocidio, un genocidio que nunca ocurrió, pero que quienes quieren desprestigiar a Israel insisten en inventarlo con cara de preocupación.
Es imposible olvidar el nuevo escándalo, sobre el que ya escribimos la semana pasada, de la denuncia penal contra el uruguayo-israelí Roni Kaplan, reservista en las Fuerzas de Defensa de Israel, que se desempeña como portavoz en idioma español. Pues el PIT-CNT y otras “organizaciones de la sociedad civil” lo presentaron como genocida y responsable de crímenes “por apoyar un genocidio”, y presentaron una demanda judicial en su contra ante la Justicia.
Lo de Roni es especialmente alevoso, porque lo que él hace todo el tiempo es hablar, explicar, conceder entrevistas, irradiar la convicción de que si plantea la verdad, da datos y muestra las cosas en el terreno (donde se puede), pues la gente tendrá que entender. Pero hay quienes no soportan que hable. Y además, a través suyo, quieren asustar a los judíos uruguayos y a sus familiares que viven en Israel.
“Desde el terreno”, escribí recién. Y me viene a la cabeza la imagen que tantas veces vi, y que también quedó registrada en la foto que aquí publicamos, de Roni hablando con periodistas del exterior teniendo de fondo las casas destrozadas por terroristas asesinos que se infiltraron el 7 de octubre de 2023 al kibutz Nir Oz y tantos más. Y nunca grita siquiera, no se cansa de explicar. No pierde los estribos ni cuando le toca en un estudio algún impresentable que no sabe, distorsiona, provoca y demoniza.
Cuando la central obrera anunció la denuncia, pensé: estoy segura de que el presidente de la República, Yamandú Orsi, no está de acuerdo. Él visitó Israel pocas semanas antes del 7 de octubre. Vio la realidad. Y nos consta que aquel día estaba horrorizado por lo que oía en las noticias. Pero cuando días atrás fue invitado al acto en Buenos Aires de entrega de los Premios Ana Frank y dijo: "¡Ana Frank, una figura que nos recuerda que la barbarie no empieza de golpe. Empieza cuando el odio se vuelve parte de nuestras vidas!", me pregunté en silencio a mí misma si podría decir esa frase también hoy en Uruguay.
No lo creo.
Mientras tanto, se constituyó la Comisión de Estudio del Antisemitismo en la Institución Nacional de Derechos Humanos, porque fue votada por todos los directores, menos por Mariana Mota, que no explicó el porqué, pero evidentemente se puede fácilmente adivinar. Esa comisión ya ha tenido dos reuniones —la segunda fue este jueves—, pero en el Senado ya se dijo que “es innecesaria” y en el semanario Brecha se le ha quitado validez y legitimidad. Cabe suponer que otros le seguirán.
Y estos días se agregó el caso de los insultos antisemitas por las redes a Eduardo Zaidenstat, vicepresidente de Peñarol. Al menos, tras su denuncia, la justicia actuó con celeridad y obligó al agresor verbal a pedir disculpas públicas ante Zaidenstat y la colectividad judía en general.
Mis amigos israelíes me preguntaron siempre si Uruguay es un país antisemita y siempre respondí con firmeza que no lo es, pero que hay antisemitas a nivel individual. Me rehúso a cambiar la respuesta, porque sería injusto para con la mayoría de la ciudadanía de nuestro país. Pero lamentablemente, la situación va empeorando. Hace mucho que Uruguay es marcado en las encuestas como el país con mayor antisemitismo en las redes.
Uruguay siempre mereció otros superlativos, no ese.
No es tarde para poner al fenómeno punto final. Pero los judíos no lo pueden hacer solos: precisamos que nos acompañen todos los numerosos amigos no judíos de la colectividad. Porque el antisemitismo no es solo un problema de los judíos, sino del país en cuyo seno se manifiesta. Es un problema de la sociedad.
Es duro tener que seguir explicándolo.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(11 de Junio de 2026)
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