Como si Israel tuviera poco con Irán, Hezbolá, Hamás y otras yerbas terroristas, con el antisemitismo a nivel mundial y la tendenciosidad de muchos en la comunidad internacional, tiene que lidiar también con un serio desafío interno. Se trata del impuesto por el sector haredí, ultraortodoxo, cuyas voces más extremistas —y claro que no son todos, pero tampoco son un puñado— salen a gritar "moriremos y no nos enlistaremos al ejército", mientras tantos combatientes, laicos y religiosos mueren defendiendo al país.
Hace días que se advierte a la población no salir a la calle, al menos no en coche, a partir de hoy miércoles a las 16 horas y durante varias horas, porque se esperan embotellamientos de tráfico impresionantes debido a la nueva anunciada protesta multitudinaria del sector haredí contra el enrolamiento. Para ser más exactos, lo presentan como protesta contra la detención de desertores que no se presentan al servicio militar. Y en cada momento son aproximadamente 70 mil los jóvenes haredim en edad de hacer el servicio militar, que no lo hacen. Sabiendo que más de 960 soldados y oficiales de las Fuerzas de Defensa de Israel cayeron en varios frentes desde el 7 de octubre del 2023, entre ellos numerosos héroes que vivían como judíos religiosos, observantes y respetuosos de la Torá, e inclusive algunos ultraortodoxos de la pequeña minoría entre ellos que se enrola, es increíble concebir que miles y miles osen salir a protestar, desafiando al Estado y sus leyes.
Pero más que nada, traicionando el deber de la solidaridad en tiempos de emergencia.
Evidentemente, alegan estar convencidos de que el estudio de la Torá protege a Israel más que las Fuerzas de Defensa de Israel. Muchos realmente lo creen, no es que lo dicen así nomás. Sería interesante ver qué dicen Irán y Hezbolá al respecto.
Pero es una burda mentira inaceptable alegar que alguien quiere que dejen de estudiar o que justo en el Estado judío se les quiere impedir estudiar. En absoluto. Se quiere que actúen como se hacía en los primeros años del Estado, que sepan combinar el servicio militar con el estudio de la Torá, algo que el ejército claramente facilita creando marcos apropiados para aquellos ultraortodoxos- pocos pero los hay- que sí se enrolan.
La protesta, por distintos temas, es por cierto una herramienta legítima en democracia. También manifestantes contra la reforma judicial bloquearon carreteras. Pero el que no entiendan que con esta actitud están traicionando al pueblo de Israel del que son parte, es inaceptable.
A lo largo de los años hemos entrevistado a varios rabinos ortodoxos furiosos por esta postura-algunos de ellos inclusive habían perdido hijos en combate- que nos dijeron que esa actitud de gran parte del sector haredí profana los valores de la Torá.
Y lo que también subleva, es saber que el Primer Ministro Netanyahu pacta con los partidos ultraortodoxos todo tipo de leyes que exigen, a cambio de que apoyen, entre otras cosas, un proyecto de ley para formar una comisión de investigación política de la masacre del 7 de octubre. Hay quienes dicen que esa comisión sería legítima porque sería formada por diputados de coalición y oposición, pero la política no tendría que ser parte. Y la última versión deja abierta la puerta a que no haya miembros de la oposición. Es aberrante.
Es aberrante que habiendo pasado más de dos años y medio de aquel día de horror aún no se haya creado una comisión investigadora. En la oposición acusan a Netanyahu de vender los intereses nacionales para tapar la verdad y por intereses de coalición que sacrifican, afirman, lo que necesita el país.
No se puede permitir que un sector de la población actúe como si fuera un Estado dentro del Estado de Israel. El estudio de la Torá es un valor que Israel siempre respetó, como se debe. La mejor prueba son los grandes presupuestos a las yeshivot de estudios rabínicos.
Pero cuidar al país y honrar a los combatientes, tratando de ayudar a los que están hace dos años y medio recibiendo cada pocos meses otro llamado a la reserva, debería ser el principio supremo a respetar hoy.
Este día de protesta, puede que muchos lo vean como una prueba de lo vivo de la democracia israelí, que respeta la libertad de expresión. A nuestro modo de ver, es una vergüenza nacional.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(24 de Junio de 2026)
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