Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Líbano dice basta: el clamor de Beirut contra el control de Hezbolá e Irán


Para comprender la compleja realidad del Medio Oriente actual, no hace falta recurrir únicamente a los análisis externos; basta con escuchar las valientes y tajantes denuncias de las propias autoridades de Líbano. Mientras la organización terrorista Hezbolá intenta sembrar el caos en las calles tras el reciente pacto con Israel en Washington, se destaca lo que los líderes legítimos de Beirut han estado diciendo hace ya tiempo.  Las firmes posturas del presidente Joseph Aoun y del primer ministro Nawaf Salam dejan en claro que el gobierno libanés no está dispuesto a seguir tolerando que Irán utilice su territorio como moneda de cambio, exigiendo el fin definitivo de las armas ilegales y la recuperación total de su soberanía nacional.

A menudo dijimos que para entender la problemática con la que lidia Israel desde su fundación, no hace falta escuchar numerosos comentarios de sus defensores, sino que basta con escuchar justamente a sus enemigos. Dicen la verdad sobre sus intenciones; en general no la ocultan. Inclusive después del horror del 7 de octubre, líderes de Hamás dijeron que lo repetirán una y otra vez hasta destruir a Israel.

Con la misma “lógica” se puede mirar ahora la situación en Líbano desde dos puntos distintos. Por un lado, no es necesario esforzarse para interpretar a la organización terrorista Hezbolá, que deja en claro y sin tapujos que se opone a la paz, amenazando abiertamente al gobierno de Beirut por haber firmado un marco de acuerdo con Israel. Por otro, están las voces de las propias autoridades libanesas que quieren cambiar la situación en la que Irán se impone a través de Hezbolá. Claro que el impulso al respecto lo dio el presidente Donald Trump al firmar un memorando de entendimiento con Irán, en el que deja el tema libanés supeditado a lo que diga Teherán.

Ahora, cuando Hezbolá sale a la calle a organizar disturbios violentos contra el acuerdo, es oportuno recordar lo que exigen al máximo nivel quienes se le oponen, ya desde antes de la firma del pacto. Exigencias que se refieren a la vida normal que quieren para Líbano.

El memorando de entendimiento entre Estados Unidos e Irán compromete ya en su primer inciso a Israel (aunque sin mencionarlo explícitamente) a un alto el fuego también en el sur del Líbano, aunque en la práctica está claro que Hezbolá no respeta ninguna tregua. Pero aquí no queremos reiterar lo que siempre explica Israel, sino recordar que las máximas autoridades de Líbano han criticado este principio: el hecho de que se están entregando las llaves del país a Irán al facilitarle las cosas a Hezbolá.

Las palabras del presidente Joseph Aoun (cristiano) y del primer ministro Nawaf Salam (musulmán sunita) lo dicen todo. Compartimos algunas citas elocuentes, previas a la firma del acuerdo del viernes 26 de junio en Washington.

En una reciente entrevista con CNN, Aoun se dirigió a Hezbolá y a Irán:

“Este no es vuestro país, es nuestro país. Es nuestra obligación. No les corresponde interferir en nuestros asuntos. Están usando a Líbano como moneda de cambio en sus negociaciones con Estados Unidos. Es inaceptable”.

Y rechazando la declarada oposición de Hezbolá a las negociación entre Israel y Líbano, agregó:

“Hezbolá debe entender que no hay otra manera que sentarse a dialogar. No hay otra manera de resolver este problema y salvar lo que queda excepto mediante la negociación y la diplomacia”.

En otra alocución, en enero de este año, declaró:

“El tiempo de las armas fuera del Estado ha terminado”. Añadió que la existencia continuada de armamento fuera del control estatal se había convertido en una carga para el Líbano y ya no cumplía una función disuasoria efectiva.

Por su parte, el primer ministro Nawaf Salam fue no menos categórico. En una entrevista televisiva de 2026 afirmó que el conflicto había sido impuesto al Líbano y que podría haberse evitado si Hezbolá no hubiera lanzado cohetes contra Israel.

El 21 de abril de 2026, Salam declaró públicamente: “El Estado libanés no busca una confrontación con Hezbolá, pero no permitirá ser intimidado”. También afirmó que el gobierno estaba trabajando para imponer la soberanía estatal y el control exclusivo del Estado sobre los asuntos de seguridad y defensa, posición que ha mantenido durante todo su mandato.

Ya meses antes, en marzo, había declarado en una rueda de prensa tras una reunión del gabinete que “el Estado rechaza cualquier acción militar o de seguridad lanzada desde territorio libanés, ya que las decisiones sobre guerra y paz recaen exclusivamente sobre el Estado”.

Aceptar la presión de Irán para imponer el control de Hezbolá en Líbano e impedir que se le siga debilitando equivale a una traición. No solo a Israel sino, ante todo, al Estado y al pueblo libanés.

Ahora, al haberse firmado el acuerdo, el desafío se acrecienta. Tiempos difíciles le esperan al gobierno de Beirut.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(28 de Junio de 2026)

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