No es secreto que para Israel, el alto el fuego con Irán en la primera semana de abril, fue pactado prematuramente y que aún se debería haber seguido atacando blancos militares en territorio iraní. Eso no significa sin embargo que planeaba lanzarse solo a atacar nuevamente a Irán.
Pero ahora, está en el horizonte la posibilidad que los choques de los últimos días se amplíen y que en la práctica, se reanude la guerra. Por ahora, aviones de carga de combustible, que se había retirado de la región, están volviendo.Trump dio la orden.
“Para mí, esto se terminó”, declaró ayer el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, al ser consultado por un periodista sobre si los incidentes violentos con Irán de las últimas jornadas equivalen al fin del Memorando de Entendimiento con Teherán. Con su estilo tan particular, Trump afirmó que “esta gente es basura”, que están “locos de la cabeza”, que son malvados y malintencionados… y que volverá a atacar a Irán.
Esto, de forma limitada, ya se ha concretado en respuesta a varios casos en los que Irán disparó contra buques que cruzaban el estrecho de Ormuz sin haberlo coordinado antes con ellos, una exigencia que Teherán intenta imponer. Cabe recordar que el estrecho de Ormuz está constituido por aguas internacionales en las que Irán no tiene derecho alguno a cobrar peaje ni a restringir el paso de ningún país.
Estados Unidos respondió a las agresiones e Irán contestó a su vez lanzando misiles hacia Bahrein y Kuwait. Trump asegura haberse cansado y haber llegado a la conclusión de que “esto no conduce a nada”… y uno cae en la tentación de preguntarle cómo es que no lo comprendió antes.
El problema central tiene varias aristas.
En primer término, cualquiera que conozca la región tenía claro que Irán no cumpliría lo pactado y que maniobraría para sacar el máximo provecho de la situación sin ceder absolutamente nada; mucho menos para avanzar hacia un acuerdo nuclear definitivo. Israel lo sabía de antemano. Ni en 60 días ni en 90. Lo que quizás resulta sorprendente es que ni siquiera hayan intentado salvar las apariencias con el Memorando, siendo este tan beneficioso para Teherán. Ni eso.
Otro punto problemático es que ya nadie le cree a Trump cuando amenaza con hacer tal o cual cosa. Ha perdido credibilidad y, lo peor, con ella se diluye la sensación de que existe un liderazgo firme al frente del mundo libre, capaz de protegerlo de los designios peligrosos de sus enemigos.
Si bien anoche atacó realmente blancos en Irán, la percepción generalizada es que, a la primera oportunidad, declarará que lo mejor es volver a sentarse a negociar. Volverá a dar un giro de timón, dañando así los intereses de Occidente al bajo precio del costo de un barril de petróleo.
Ante este panorama, cabe preguntarse si, en caso de que se consolide un escenario de guerra más amplio y serio que las escaramuzas de los últimos días, Israel se verá involucrado. No es un secreto que Israel querría neutralizar de forma definitiva la amenaza de Irán, pero no tomará ninguna iniciativa unilateral. Es de suponer que Irán no cometerá el error estratégico de arrastrar a Israel directamente a la guerra mientras los choques se limiten a la zona del estrecho.
Sin embargo, el problema de fondo va más allá de esta coyuntura puntual.
Tiempo después de estallar la guerra desatada por la masacre del 7 de octubre, Israel se vanagloriaba —con justa razón— de haber asestado tales golpes a sus principales enemigos que la envergadura de la amenaza se había reducido drásticamente. El eje encabezado por el Irán chiita, se afirmaba, sufrió ofensivas de tal magnitud que, si bien no lo hicieron desaparecer, lo volvieron incomparablemente menos peligroso que antes.
Irán y sus socios, tanto Hezbolá como Hamás, no han desaparecido, aunque sí se han debilitado considerablemente. Pero el "nuevo Medio Oriente" que se vislumbraba a raíz de ello está dejando paso a otro escenario de un cariz inquietantemente similar.
La Turquía del "sultán" Erdogan, con sus pretensiones imperialistas otomanas, cuenta con el increíble respaldo de un Trump que vive elogiándolo. Catar acecha, manteniendo sus presiones y lo que compra con dinero. En el horizonte, el Islam sunita radical y el chiismo vuelven a encontrar puntos de convergencia.
Ante cualquier eventualidad, la conclusión sigue siendo la misma: Israel debe ser fuerte. Siempre, y estar pronto para cualquier eventualidad.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(8 de Julio de 2026)
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