Estas líneas, afortunadamente, las hemos tenido que actualizar. La base de este editorial fue escrita cuando la proyección de la película “La Gran Palestina”, de Rafael Rangel, en el Aula Magna de la Facultad de Información y Comunicación (FIC) de la UdelaR estaba aún en agenda para este miércoles 12 de agosto. Se trata de una película realizada en colaboración con “combatientes de la Resistencia, HAMAS” —es decir, terroristas—, según lo anunciaba explícitamente el propio afiche publicitario.
Afortunadamente, la presentación fue cancelada. Quizás solo suspendida hasta nuevo aviso, pero por el momento se anunció su cancelación. Desconocemos los pormenores de la decisión al respecto.
Sean cuales sean los detalles, es bueno que todos los que planeaban ir a la función no puedan finalmente estar expuestos a una propaganda proterrorista, cuya realización en instalaciones de la UdelaR habría sido una aberración. Además, como cabe estimar que la cancelación no fue producto de ningún arrepentimiento súbito por motivaciones morales de los organizadores, sino de presiones desde distintas direcciones, es positivo comprender que cuando hay quienes no se callan ante el horror, eso puede ayudar.
A pesar de la cancelación, publicamos estas líneas porque el solo hecho de haberse concebido la proyección de una película de este cariz —que en cualquier ámbito es inaceptable, dado que es una apología del terrorismo— en la Universidad de la República es inadmisible.
Nada de lo mucho y muy grave que la UdelaR ha aportado ya al aumento del antisemitismo y a la difusión del odio —a través de las mentiras, la demonización de Israel y las limitaciones que quiso imponer a judíos por “sionistas”— se acerca a esta “actividad”.
Ni siquiera el aviso publicitario de la película lo oculta. No son palomitas de paz representando supuestamente a los pobres palestinos, sino terroristas armados, encapuchados y con la cinta verde de Hamas en la frente.
La UdelaR no tiene derecho a cobijar en sus instalaciones algo así. No, no tiene derecho, porque esto nada tiene que ver con libertad académica ni de expresión, sino que es apoyo al terrorismo asesino.
El Frente Amplio debería ser el primero en condenar este horror. ¿Por qué? Porque es el partido de gobierno y eso conlleva una responsabilidad.
Cuando el Frente Amplio eligió a Yamandú Orsi como candidato a la Presidencia, lo hizo prometiendo lo mejor para el país, asegurando que el regreso del partido al poder sería lo mejor que le puede pasar a Uruguay. A esta altura, seguramente hay ciudadanos que creen que la promesa se cumplió y otros que no. Así es en democracia. Pero no puede haber duda alguna en la mente de ningún uruguayo pensante acerca del hecho de que el terrorismo no aporta nada bueno, sino que es un flagelo letal. Siempre lo fue, en cualquier lado. Y desde el 7 de octubre, con la terrible masacre perpetrada por Hamas en el sur de Israel, las pruebas son múltiples y espeluznantes, salvo para los antisemitas que disfrutan de ver a niños judíos degollados, a civiles judíos secuestrados y asesinados solo por su condición judía, y a mujeres judías violadas salvajemente.
Eso no es “resistencia”.
Eso no amerita elogio alguno.
No tenemos duda alguna de que así lo considera también el Presidente de la República. Es más: nos consta.
Pues su partido, el partido de gobierno, cuya Mesa Política u otras de sus instancias han salido presurosas en distintas ocasiones a condenar a Israel, debería dejar en claro públicamente que Uruguay, esté quien esté al frente, dice NO al terrorismo asesino.
El gobierno, que tiene la responsabilidad de velar por todos los ciudadanos del país, debía manifestarse públicamente sobre este espanto que mancha a Uruguay. Y debería también aclararle a la UdelaR que, con sus acciones, está avergonzando a todo el país.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(12 de Agosto de 2026)
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