Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Naza, una nueva difamación de Israel en la pantalla grande


 

La película “Naza”, considerada británica pero creada por dos israelíes, Yuval Abraham y Rajel Szor, que acusa a Israel de crímenes de guerra en Gaza por la muerte de civiles palestinos-que presenta como intencional- ha ganado el premio del jurado en el Festival Internacional de Cine de Venecia.  Podemos imaginar el deleite de todos los que se regocijan demonizando a Israel y  más aún cuando los creadores de la “obra” son israelíes, un fenómeno despreciable pero nada nuevo.

Me animo a suponer que si algún cineasta palestino hubiera osado crear una película sobre los preparativos de Hamas para lanzar la masacre del 7 de octubre del 2023, no habría ganado ningún premio. Tampoco habría habido una ovación de 25 minutos, bien orquestada de antemano por cierto. Pero ese cineasta palestino no existe, no puede existir. Ojalá estuviera equivocada.

Dicho sea de paso, NAZA, según explicaron los creadores, es una especie de sigla de la expresión “nézek agaví”, que podríamos traducir como “daño colateral”. Pero no podemos evitar una conjetura: estimamos que la intención de los creadores, que evidentemente saben que el mundo no entiende hebreo, es crear una asociación con la palabra “nazi”. No lo han dicho pero este pensamiento nos resulta inevitable. Y subleva.

Debo aclarar que aún no he visto la película completa sino solamente unos fragmentos, que he leído sobre “Naza” y he escuchado entrevistas con Yuval Abraham, uno de sus dos creadores, quien se presenta como salvador de la moral israelí y demoniza a su propio país, atribuyéndole lo peor. 

Dirá algún lector cómo oso entonces asegurar que se trata de una difamación y condenar como lo he hecho con mis palabras sus motivaciones, o al menos los resultados de su “obra”.

Digamos que puedo-aunque no realmente puedo-hacer caso omiso del hecho que este hombre se aboca a crear una película en la que presenta a las Fuerzas de Defensa de Israel como responsable de crímenes de guerra, un ejército para el que matar civiles palestinos en Gaza se convirtió en una diversión, y no considera que podría dedicar algo de su esfuerzo para contar lo que pasó el 7 de octubre. Digamos que no importa, que no tiene obligación, que cada uno elige qué arista de la situación abordar. Digamos, aunque ya eso me parece que muestra sus preferencias.

Pero más allá de eso, y no porque las Fuerzas de Defensa de Israel hayan desmentido categóricamente todas sus acusaciones, cabe preguntarse qué certeza hay de que sus “entrevistados”, que aparecen a oscuras sin identificación ninguna, sean realmente soldados de la unidad de Inteligencia 8200 tal cual son presentados, y que todo lo que dicen sea verdad. Y por qué sus afirmaciones deben ser tomadas como reflejo puro de la verdad y no como una interpretación personal tendenciosa. Si realmente se tratara de gente del servicio de Inteligencia de Israel, seguramente saben que las capacidades tecnológicas de Israel le permiten llegar con facilidad a todos ellos, por más oscura que esté la pantalla. Cuesta creer que 24 de ellos estén dispuestos a arriesgar todo para participar en una película demonizadora del ejército del que son parte. 

Y nuevamente me pongo del lado del lector crítico y pregunto si acaso es imposible que haya soldados seguros de que hubo cosas que estuvieron mal en la guerra e inclusive que ellos fueron parte de operativos en los que eso ocurrió, por ejemplo entendiendo de antemano que en determinado ataque morirían civiles.

Pues debe estar claro que sería absolutamente mentiroso y hasta irresponsable alegar que no murieron civiles palestinos en la guerra, civiles inocentes. Israel no lo alegó nunca, ni el gobierno ni el ejército. Claro que murieron civiles. Eso no significa que se hayan cometido crímenes de  guerra.

Es un hecho que Israel desplegó enormes esfuerzos para reducir el riesgo a los civiles y también está claro que hubo operativos en los que se sabía de antemano que podrían morir civiles pero igual se decidió llevarlos a cabo, ya que el objetivo buscado era clave para la lucha contra los terroristas de Hamas. El propio Derecho  internacional determina que si un sitio civil es usado con fines militares-nosotros decimos también terroristas- se convierte en un blanco militar legítimo y pierde la protección que le da su calidad de sitio “civil”.

La responsabilidad palestina por sus propios muertos, va más allá del hecho que Hamas empezó la guerra al atacar a Israel el 7 de octubre del 2023 para perpetrar una masacre. Usó a su propio pueblo como arma, escondiendo sus armas y cohetes en casas particulares, escuelas y hospitales y operando desde todo tipo de escenarios civiles de los que abusó. Eso explica gran parte de los civiles muertos. 

En las guerras hay excesos y eso puede haber sucedido también aquí. Entre eso y crímenes de guerra que buscaban asesinar civiles palestinos intencionalmente, hay diferencias. Y es ineludible repetir una noción básica: Israel tuvo que responder a la masacre del 7 de octubre para garantizar que Hamas no pueda concretar su amenaza de volver a perpetrar esos crímenes. Israel fue la víctima, no el victimario. Y Hamas podría haber detenido la guerra si hubiera liberado a los secuestrados que tenía en su poder y si hubiera depuesto las armas. Es más: Hamas se negó durante años a liberar a los secuestrados, aunque sabía claramente que el precio de la guerra lo pagarían no sólo ellos sino también la población civil palestina. 

El Israel oficial y las Fuerzas de Defensa de Israel prometieron a la ciudadanía israelí que recuperarían a todos los secuestrados, vivos o muertos, sea cual sea el esfuerzo que eso requiera. Hamas sabía que eso ineludiblemente significaría sufrimiento de la población. No le importó. En lugar de liberar a los secuestrados, prometió una y otra vez volver a atacar.

El mundo que aplaude todo lo que desmiente esta realidad, es hipócrita y tendencioso. Y al no reconocer que Israel, el único Estado judío del mundo, tiene derecho a defenderse, también es antisemita.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(13 de Septiembre de 2026)

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