Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

¿De dónde viene el dinero para financiar las iniciativas contra Israel?


 

Creo que la pregunta que planteo aquí tiene que interesar no solamente a quienes defendemos a Israel y vemos con preocupación las múltiples iniciativas en su contra sino a toda la ciudadanía. Es que cuando los recursos son ilimitados y uno puede permitirse cualquier cosa, no hay problema. Pero como no vemos que haya movidas por los niños hambrientos en Sudán, por los cristianos asesinados en Nigeria y por tantas otras tragedias en el mundo, estimamos que detrás de las iniciativas “por Palestina” tiene que haber motivaciones que van más allá de “principios” e ideologías. 

Y es ineludible preguntarnos en voz alta de dónde viene el dinero. Quién paga por la publicidad. Por los miles de banderas palestinas que andan por doquier como si fueran parte del paisaje natural uruguayo. Quién financia estas iniciativas, que nada tienen que ver con el interés nacional de Uruguay. Y por cierto, de todos aquellos países en los que hay iniciativas similares.

Se sabe que Irán pagó, financió, armó y mantuvo a organizaciones terroristas y que en cierta medida sigue haciéndolo también ahora, con ciertos “ajustes” por su seria crisis económica. Y por cierto, de Catar, que invirtió sumas multimillonarias en universidades norteamericanas y europeas, y nadie cree hoy que era simplemente para difundir conocimientos en cátedras sobre Islam. Los números han sido publicados,  no es secreto. ¿Viene también de allí el dinero que financia estas movidas que envenenan a la sociedad mediante mentiras alevosas sobre Israel?

Convocar a una “marcha por Palestina” para el 8 de octubre, un día después del tercer aniversario de la masacre perpetrada por terroristas palestinos en el sur de Israel, requiere tal descaro e insensibilidad, que nos preguntamos si este será acaso uno de los ejemplos de indebida intervención extranjera contante y sonante. 

¿Quién lo paga?

¿Quién paga por todos los extranjeros que se suman a las flotillas a Gaza, que pasan semanas dedicados a ese tema,sin trabajar, que ni  siquiera llevan ayuda humanitaria porque no es esa su motivación? 

Y otro ejemplo de los últimos días apareció pegado a postes en Montevideo, aprovechando los preparativos para la llegada del Papa León XIV  de visita a Uruguay a comienzos de noviembre: un poster que se adelanta a darle la bienvenida  con las palabras “Voz de Cristo el palestino”.  Sinceramente me pregunto a menudo al toparme con cosas de este tono, si con tal de atacar a Israel, sus enemigos creen que todo está permitido, si no les importa hacer el ridículo, inventar cosas que nunca ocurrieron y cambiar una milenaria historia de la humanidad. Es que la historia de Jesús, que nació, vivió y murió como judío, es un pilar del género humano. Que tras su muerte sus seguidores hayan de hecho sentado las bases para el surgimiento de una nueva religión, nada quita a sus orígenes. No en vano el Papa Juan Pablo II decía “nuestros hermanos mayores” al referirse al pueblo judío.

La idiotez de “Jesús era palestino” circula hace tiempo, porque como los palestinos no tienen su propia historia milenaria en la tierra que alegan que es suya, inventan otra y más que nada, roban la del pueblo judío.

Pero cuando eso se combina con iniciativas políticas, es tal el estupor y el sentimiento de vergüenza ajena, que además de preguntarnos retóricamente cómo se llegó a esto, también nos planteamos cuáles son las motivaciones, además del odio a Israel. ¿Quién paga todo este odio? Vale la pena investigarlo.

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(27 de Septiembre de 2026)

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