Ana Jerozolimski / Directora Semanario Hebreo JAI

Editorial

Terminó bien, pero el drama del avión debe encender las alarmas


Aunque el Ministro de Defensa israelí, Israel Katz, ya afirmó que lo ocurrido con el avión de Flydubai fue “un ataque jihadista”, no es casualidad que el Primer Ministro Biniamin Netanyahu haya hablado con algo más de cautela, afirmando que lo ocurrido fue “un serio evento de seguridad”. Es que si bien resulta ineludible sentir que se trató en efecto de un intento de atentado terrorista, dado que la investigación aún no ha terminado y el interrogatorio del copiloto lo lleva a cabo Arabia Saudita sin permitir por ahora la participación del Mossad, parecería recomendable aguardar un poco antes de publicar conclusiones contundentes.

Lo indudable es que el copiloto que atacó al Capitán quería derribar el avión y hacer que se estrellara. Si era para asesinar judíos o porque no estaba en sus cabales, cabe estimar que se sabrá pronto. Pero sería demasiada casualidad que le haya dado un ataque de nervios justo cuando volaba a 174 israelíes hacia Tel Aviv.

Uno de los tres israelíes que lograron neutralizarlo, de nombre Yaniv, contó que al entrar a la cabina del piloto vio al agresor tratando de destruir todo el panel de mando. El hombre logró dominarlo con ayuda de otros dos israelíes, y levantó con fuerza el volante de mando cuando el avión ya estaba precipitándose hacia abajo a gran velocidad.

El drama terminó bien en términos de las vidas salvadas al dominarse al atacante, estabilizarse el avión y ser aterrizado por el piloto de reserva en Arabia Saudita. Pero sería un error respirar tranquilos, ya que son muchas las luces de alarma que lo sucedido ha encendido.

El primer desafío es ver cómo pudo suceder, si acaso no hay suficiente supervisión de los pilotos empleados en Flydubai. Y cómo puede ser que un piloto originario de Omán, país árabe que no tiene relaciones diplomáticas con Israel, estaba en un vuelo a Tel Aviv. Y ahora se confirma que no fue esta la primera vez.

Pero la responsabilidad al respecto no es solamente de Flydubai, sino también del Shin Bet, el Servicio de Seguridad General de Israel, y del Mossad.

La preocupación inmediata es por el conocido efecto de réplica o imitación, el fenómeno por el cual extremistas se sienten inspirados por una determinada situación —en este caso, el intento de secuestro del avión— y tratan de emularlo. El serio problema al respecto es que eso no necesariamente se lleva a cabo con un despliegue enorme de una gran infraestructura y puede tratarse de una iniciativa de un individuo que actúa en forma aislada.

Esto requiere un ajuste en todas las medidas de seguridad, aunque al menos en Israel, y especialmente en su aerolínea nacional El Al, el control es estricto y la alerta es constante. Pero evidentemente, siempre puede haber una rendija que alguien sepa aprovechar para mal.

Este ataque puede ser el inicio de una nueva etapa en el esfuerzo terrorista internacional y también en la organización que ello exige al mundo libre. Esto, aunque el mundo ya conoce la amenaza del secuestro de aviones. Israel lo vivió en repetidas ocasiones. Un hito especial fue hace 50 años, con el secuestro del avión de Air France con numerosos israelíes a bordo, desviados a Entebbe en Uganda por terroristas palestinos, y luego su heroico rescate por Israel el 4 de julio de 1976.

Y cómo olvidar las Torres Gemelas y el tercer avión sobre el Pentágono, hace 25 años. ¿Acaso alguien puede asegurar que en estos mismos instantes no haya alguien planeando algo similar?

Otro gran desafío es cómo garantizar que las buenas relaciones entre Israel y los Emiratos Árabes Unidos, importantes estratégicamente para ambos países, se mantengan a pesar de lo ocurrido. Es que hasta que se revisen ciertos reglamentos y el modus operandi de los vuelos, parecería que estos quedarán suspendidos. Cabe recordar que Flydubai tiene 10 vuelos por día a Israel y que siguió volando también en épocas tensas de guerra, alarmas y misiles. Aquí nadie lo quiere alterar, salvo el terrorismo islamista, sea promovido por los sunitas de Catar o por los Ayatolás de Irán.

Si el copiloto agresor tuvo algo que ver con ellos, se sabrá pronto. Por ahora, hay que ponerse a trabajar para garantizar que esto no se repita. Y se puede respirar tranquilo por haberse frustrado un ataque de enorme envergadura que podría haber terminado en tragedia.

 

Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(30 de Septiembre de 2026)

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