Es indudable que los sucesos de este miércoles a bordo del avión de Fly Dubai que estaba en camino a Tel Aviv con casi 180 pasajeros a bordo, la mayoría israelíes, podrían fácilmente haber terminado en tragedia. Como es sabido, el desenlace fue totalmente diferente . Y aunque hemos citado a un ex General que lo llamó “el milagro de Sucot”, en realidad, no fue un milagro lo que salvó la situación, sino la actitud heroica, decidida, valiente, de varias personas convencidas de que hay que hacer algo para impedir lo peor.
Es que afortunadamente, en el avión había israelíes. Eso habría sido más que probablemente el motivo del ataque, pero esa fue también la salvación.
Es que los israelíes, que podrían haber quedado paralizados, como cualquier persona normal en una situación tan dramática, lejos estuvieron de una actitud así. Y no se trata solamente de la preparación militar que tienen de fondo por el servicio obligatorio en el ejército y en muchos casos quizás también más años en unidades de combate. Se trata también de la actitud proactiva, de tomar los toros por las astas y actuar cuando es necesario hacerlo.Y de hacer lo máximo para salvar a todos, porque en situaciones de emergencia, nadie como el pueblo de Israel para convertirse en símbolo del todo, de la comunidad entera, y correr los máximos riesgos para salvar a los demás.
Claro que nada habría ayudado sin el primer héroe de la saga, el Capitán Smit Machchhar, quien a pesar de estar gravemente herido por el ataque del copiloto omaní, logró abrir la cabina antes de desplomarse, lo cual hizo posible que entren pasajeros a ayudar. Sin él, nadie habría podido hacer nada. Tuvo la astucia de entender de antemano, mientras sangraba, que lo central era desbloquear la cabina.
Segundos antes, la esposa de Tzvika Manes, que se hallaba cerca de la cabina porque su hija pequeña estaba en el baño, oyó ruidos raros y alertó a miembros de la tripulación afirmando que algo malo estaba ocurriendo. Justo en ese momento el piloto, desde adentro, lograba abrir la puerta de la cabina. Cuando se abrió la puerta desde afuera, de las primeras filas se captó el horror que estaba ocurriendo.
Los israelíes Tzvika Manes , Yaniv Hayun y Asaf Rejwan y el Dr. Shota Mussayef entraron en escena. Tzvika y Yaniv fueron los primeros en irrumpir a la cabina. Yaniv contó que no había nadie sentado en las sillas de los pilotos, el avión ya estaba descendiendo en picada a gran velocidad, y la situación era de absoluta emergencia. El co-piloto estaba tratando de destruir todo el panel de mando para neutralizar el avión y evitar que alguien lo estabilice.
Yaniv tomó al atacante por el cuello de atrás, tratando de estrangularlo, Tzvika lo golpeó para dominarlo, a lo cual se sumaron también Asaf y Shota. El agresor se resistía con fuerza y Tzvika contó que llevó largos minutos dominarlo.
Yaniv relató que lograron sacar al atacante de la cabina y él volvió a su interior para tomar el timón de mando del avión, levantarlo con fuerza, logrando así que el avión deje de caer abruptamente y comience a enderezarse. Relató que lo vio en un programa sobre desastres aéreos por televisión. En ese momento el piloto de reserva que se hallaba a bordo, se hizo cargo, logró estabilizar por completo el avión y volar hacia Tobuk en Arabia Saudita, donde aterrizó.
El mencionado Shota, es el Dr.Mussayef, el cuarto israelí que participó en el salvataje, ayudó a controlar al atacante, y luego se abocó a estabilizar al Capitán que estaba seriamente herido. Consiguió frenarle el sangrado, en espera de su traslado a un hospital en territorio saudí.
Un piloto (Smit Machchhar), un dentista (Mussayef), un director general de una institución financiera (Manes), un agente de seguros (Rejwan) y un plomero (Hayun), impidieron una tragedia de dimensiones colosales. Casi 180 personas se salvaron no por la intervención de unidades de élite que logran hacer cosas increíbles, sino por la osadía, astucia y arrojo de cuatro civiles decididos a no permitir que gane el mal.
Entre los pasajeros que habían visto la muerte ante sus ojos, contaron muchos, ya se había forjado una relación de unidad y mutua solidaridad. Cuando lograron dominar totalmente al atacante, uno de los israelíes salió a un corredor y gritó ante los aplausos de los pasajeros: “Lo logramos. Hemos ganado”.
Nuevamente, había ganado la vida.
Los israelíes, rápidos para emocionarse y aplaudir, lo hicieron varias veces. Al entender que el avión estaba estabilizado y el atacante neutralizado, al aterrizar en Arabia Saudita y evidentemente al aterrizar en Israel de regreso.
Como no podía ser de otra manera, aplaudieron emocionados, al ritmo del canto Am Israel Jai.
El simbolismo es fortísimo.
Si tienes que lidiar con un gran peligro que puede ser derrotado por alguien osado que no se queda cruzado de brazos ante la necesidad, vale la pena que tengas cerca a algún israelí.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(1 de Octubre de 2026)
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