Ya tendríamos que estar curados de espanto, pero este domingo por la noche se volvió a cruzar una línea roja en Israel, al llevarse a cabo una manifestación frente a la casa particular del jefe del bloque de cambio, Gadi Eisenkot, en la que un hombre lo llamó a gritos "traidor". Es más: lo acusó de haber "vendido" al ejército y de ser el responsable de la muerte de su propio hijo Gal en la guerra en Gaza. Para colmo, le deseó a la esposa de Eisenkot, Jana, que se muera y se una a su hijo.
Lo singular es que el individuo que formuló esos gritos recurrentes, potenciándolos con un megáfono, de nombre Iosi Cohen, también perdió un hijo en la guerra. Es conocido como un activista de ultraderecha.
En Israel se han oído en muchas oportunidades expresiones duras en el marco de la discusión pública sobre temas álgidos, pero es indudable que este último estallido tiene de fondo el resultado de las elecciones del martes 27 de octubre. El primer ministro Netanyahu perdió la mayoría parlamentaria del bloque que encabeza, por lo cual, aunque su partido Likud es mayor que Yashár de Eisenkot, no tiene la cantidad necesaria de escaños para formar gobierno. El Likud lanzó una campaña destinada a quitar legitimidad a los resultados electorales, afirmando que "los 19 escaños de los partidos árabes fueron comprados con dinero de Catar". Las denuncias sobre injerencia extranjera con dinero pagado a ciudadanos árabes israelíes están siendo investigadas, pero el presidente de la Comisión Electoral Central y el jefe del Shin Bet, David Zini, ya aclararon públicamente que no hay motivo ninguno para descalificar la elección.
La insistencia de parte del Likud al respecto parece tener como claro objetivo quitar legitimidad al voto árabe para crear una situación en la que Eisenkot no se anime a aliarse con el partido árabe Ra'am para formar gobierno. Pronunciamientos sobre el peligro a Israel como Estado judío en una constelación de ese tipo equivalen a presentar a sabiendas una coalición de ese tipo casi como traición, aunque desde un punto de vista democrático es legítima y legal.
Esta es la situación más extrema a la que se ha llegado en el fenómeno, que ya tiene muchos años, de convertir a todos los oponentes a Netanyahu en elementos nocivos para el Estado y el pueblo. Por eso se ha estado calificando ridículamente de "izquierda" a todo político que esté del lado opuesto a Netanyahu, como si fuera un insulto esa tendencia política, aunque sus posturas nada tengan que ver con la izquierda, como Gadi Eisenkot, Naftali Bennett y Yair Lapid.
Fue este también el trasfondo del elemento central en la campaña del Likud en las elecciones, esos enormes carteles que decían "Derecha o Palestina", con la foto del primer ministro de un lado y del otro, junto a las fotos de dos de los políticos árabes israelíes más conocidos, Mansour Abbas y Ahmed Tibi, las de los cuatro jefes de los partidos del bloque de cambio: Eisenkot, Bennett, Avigdor Liberman y Yair Golan.
"Vi el cartel en el que me ponen a mí del lado de Palestina", dijo Eisenkot en la campaña. "A mí, que serví 41 años en las Fuerzas de Defensa de Israel, que perdí un hijo y dos sobrinos en la guerra. Es inaceptable".
Es más que legítimo discrepar con lo sabio o positivo de una alianza con los partidos árabes, pero entre eso y la campaña que se ha estado librando en los últimos días hay una gran diferencia, porque es un serio daño al sistema democrático israelí.
La manifestación con la que comenzamos este comentario no fue multitudinaria, pero los gritos del individuo mencionado contra Eisenkot deberían haber sido condenados a viva voz por todo el partido de gobierno. Sin embargo, todas las energías han estado dirigidas a insertar en la opinión pública la noción de que la Comisión Electoral Central está actuando indebidamente. Con ello se está atacando a otra institución respetada en la democracia israelí. El perjuicio no es a la oposición, con la que el gobierno tiene todo el derecho de discutir, sino a la fortaleza de la democracia israelí.
Ana Jerozolimski
Directora Semanario Hebreo Jai
(2 de Noviembre de 2026)
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