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MiSinai

Tenemos el honor de compartir con nuestros lectores MiSinaí No. 43. Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros.

No. 43
Vaikrá
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Horario de velas de Shabat en Montevideo, viernes 27/03 18.27
Demás localidades ver en  www.jabad.org.uy

EL ENCOGIMIENTO DEL HOMBRE

Por Yanki Tauber

Hubo un tiempo en que el hombre era muy grande. Las estrellas eran diminutas luces suspendidas en el "cielo" tipo un techo que cubría unos cientos de millas sobre su cabeza. La tierra en la que estaba parado medía un cuarto del tamaño de lo que es hoy. Como mucho este hombre era consciente de la existencia de varios cientos de miles de otros seres humanos (la palabra "millón" ni siquiera existía en su vocabulario). Obviamente, él era lo más importante alrededor, las piedras eran sólo piedras y los animales, animales. Era obvio que él estaba parado en el pináculo de la creación y todo lo demás existía solamente para cubrir sus necesidades.

A lo largo de los siglos el hombre se encogió. Su mundo se agrandó; había de repente, muchas más personas, y muchas otras especies, opacando su importancia. Al mismo tiempo, se encogía cada vez más, hasta ser un punto infinitesimal en un enorme universo nebuloso.

¿Se ha vuelto el hombre más humilde? ¿Nos hemos vuelto menos presuntuosos? Interesantemente, el encogimiento del hombre tuvo el efecto contrario. Ideales como la devoción y el sacrificio se volvieron "debilidades humanas". El orgullo, alguna vez un pecado, se volvió una marca de buena salud psicológica. Las personas comenzaron a preguntarse si la codicia era realmente inferior a la virtud, hasta que la codicia se volvió una virtud, y se cerró el tema. ¿Por qué será que cuanto más llegamos a apreciar nuestra insignificancia, más egoístas nos volvemos?

En un análisis más profundo, ésta no es ninguna paradoja. La persona que se ve a sí misma como el jefe de la creación, como algo importante en el gran plan divino, es alentado a cubrir ese rol y servir a ese plan; la persona que cree que todo existe para que lo sirvan, está seguro de que su existencia sirve a un propósito más allá de su mera existencia.

Por otro lado, si el hombre es insignificante, entonces no sirve ningún propósito elevado. "Yo soy nada" puede ser simplemente otra manera de decir, "No hay nada más que yo."

Esto no quiere decir que la persona que se ve como el centro de creación no es susceptible al egoísmo y a la egolatría. Demás está decir que sentimientos de intrascendencia nunca serán acompañados por conductas altruistas. El punto es que los sentimientos de insignificancia no hacen a una persona más generosa, de hecho, las formas más virulentas de egomanía derivan de una falta de autoestima. Recíprocamente, una sensación de autoestima puede ser la fuente de arrogancia o humildad, dependiendo de cómo una persona considera su valor.

La diferencia, dice el maestro jasídico Rabino Schneur Zalman de Liadi, es la diferencia entre dos alef. En el versículo de inicio del libro de Crónicas, el nombre "Adán" está escrito en el Torá con una alef más grande; en el versículo de apertura de Levítico, la palabra vaikrá que se refiere a D-os llamando a Moshé, está escrita con una alef muy pequeña.

Adán y Moshé eran ambos grandes hombres, y los dos eran conocidos por su grandeza. Adán era "la obra de D-os" hecha a "la imagen divina". Saberse "corona de la creación de D-os" lo llevó a su caída, al entender erróneamente que nada estaba más allá de su conocimiento.

Moshé también era consciente del hecho que, de todas las creaciones de D-os, él era el único a quien D-os habló "cara a cara"; sabía que era a él y a través de él que D-os comunicó Su sabiduría y preceptos a Su mundo. Pero, en vez de la alef agrandada de Adán, este conocimiento evocó en él, la modesta alef de Vaikrá. Moshé se sintió inferior por sus dones, y muy humildemente impactado por la responsabilidad imponente de transmitir exactamente el mensaje. La Torá declara: "Moshé era el hombre más humilde sobre la faz de la tierra", no a pesar de sino debido a su grandeza.

El hombre antiguo fue a la vez bendecido y maldecido por la evidente prevalencia de su grandeza. El hombre moderno está a la vez bendecido y maldecido por el evidente aumento de su pequeñez. Nuestro desafío es hacernos de ambas bendiciones: combinar nuestro conocimiento de cuán pequeño somos realmente, con nuestro sentido de cuán grandes podemos ser de verdad. Convertirse en "un grande" humildemente que es el mejor tipo de humildad que existe.

"ALIMENTANDO" A D-OS

[D-os le dijo a Moisés] “El sacerdote debe quemar [el sacrificio] en el Altar, como alimento de fuego para D-os.” (Vaikra 3:11)

A lo largo de la Torá, D-os se refiere repetida y figurativamente a los sacrificios como Su “pan”. Así como consumir pan - y comida en general - mantiene nuestras almas conectadas con nuestros cuerpos, el “pan” de D-os - el servicio de los sacrificios - mantiene a D-os, el alma y fuerza vital del mundo, conectado con el mundo. De esta forma, a través del ritual de los sacrificios, se trae energía Divina al mundo.

Lo mismo ocurre con nuestro “servicio de sacrificios”: nuestro estudio de Torá, nuestras plegarias, nuestros actos caritativos, y nuestro refinamiento y elevación continua del mundo físico en general, son el “pan” de D-os, conectando al mundo con D-os.

Séfer HaMaamarim 5643, pág. 104

Levítico (Vaikrá) 1:1 – 5:26

Levítico, el tercer libro de la Torá, contiene muy poca “acción”; está dedicado principalmente a las reglas que gobiernan la relación de D-os con el pueblo judío y con cada individuo en particular. Las primeras dos secciones y media describen los procedimientos para la ofrenda de sacrificios. La primera sección del libro de Levítico abre con D-os llamando (Vaikrá en Hebreo) a Moisés, invitándolo a entrar al Tabernáculo para que pueda enseñarle dichos procedimientos.

ERASE UNA VEZ...

¿HAS PENSADO QUÉ NECESITA D-OS DE TI?

Por Gabriel Benayon

Se cuenta la siguiente anécdota que le aconteció al Alter Rebe.

En cierta ocasión, se presentó ante él uno de sus discípulos y comenzó a hacerle una serie de peticiones, cuestiones básicas que él necesitaba.

El Rebe escuchó con atención sus pedidos y cuando terminó le dijo con un tono enérgico: “Veo que estás muy preocupado por lo que necesitas de D-os, pero ¿has pensado qué necesita D-os de ti?”.

Cuando este jasid salió de la habitación del Rebe, los demás jasidim que se encontraban afuera vieron su rostro iluminado y sus ojos relucientes. Entonces, muy intrigados, le preguntaron qué le había dicho el Rebe.

Él les relató todo el intercambio que habían tenido. Los jasidim escucharon con mucha atención, pero no lograron entender de dónde surgía tal alegría, ya que parecía que el Rebe lo había amonestado.

El jasid les explicó: “Es simple, el Rebe me recordó que D-os espera algo de mí, ¿acaso existe algo más inspirador?”.

Si logramos entender que somos los protagonistas del Plan Maestro de D-os, que Él espera algo de cada uno de nosotros; si nos percatamos de que somos indispensables y de que tenemos algo único, entonces, sentiremos que nuestro valor es infinito y eterno. Nos veremos como si fuéramos el centro del universo; ¡pero no de forma arrogante!, sino con el convencimiento de que D-os nos necesita y de que el mundo requiere de nuestra labor.

Extraido de "De mi ansiedad a tu felicidad" de Gabriel Benayon.

PREPARATIVOS PARA EL SEDER

Los Ingredientes:

Para el plato del Seder:

- Matzá. Asegúrese de tener suficiente a mano.

- Rábano picante rallado y/o lechuga romana (para las hierbas amargas). Inspeccione las hojas de la lechuga para asegurarse que no tienen insectos.

- Un huevo duro y un hueso de gallina asado. Estos dos elementos son recordatorios de las dos ofrendas que se comían en la víspera de Pesaj durante la época del Templo.

- Un vegetal (dependiendo de la costumbre de su familia: perejil, cebolla, papa cocida u otro).

- Jaroset: una mezcla de manzanas, nueces y vino.

Otros:

- Vino Kosher (también puede ser jugo de uva si no puede tomar vino).

- El libreto con todas las instrucciones que va a necesitar: un libro llamado Hagadá.

- Agua con sal.

- Una comida festiva suntuosa.

- La copa especial para Elías (también puede usar una copa regular si es necesario).

Los Caracteres:

- Usted. La Hagadá no es un juego de espectadores. Usted es la experiencia. Antes del Seder, prepare algunos pensamientos de Pesaj para compartir, y aliente a cada miembro de la familia a hacer lo mismo.

- Los niños juegan el rol más importante en el Seder. Hacemos todo lo posible para mantenerlos despiertos y ocupados.

Consejos:

- La forma más fácil de disfrutar un gran Seder es ir a uno. Jabad puede arreglar una invitación para usted.

  • El Seder es un Seder solo cuando sucede después del anochecer. Haga que sus niños duerman la siesta esa tarde para que estén despiertos.

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org. publicados con permiso.
Para recibir MiSinaí por email o por whatsapp, contactar por teléfono al 2628 6770 o por mail: [email protected]

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