Rabino Eliezer Shemtov

Rabino Eliezer Shemtov

Nacido en 1961 en Brooklyn, NY, recibió su título de Rabino de United Lubavitcher Yeshivoth en 1984. En octubre de ese mismo año se casó con Rachel Chitrik. Pocos meses después (en febrero de 1985), a pedido de la Comunidad Israelita del Uruguay, el matrimonio fue enviado al Uruguay por el Rebe de Lubavitch - que su mérito nos proteja - para fundar el Beit Jabad en ese país y dirigir sus actividades educativas, culturales y sociales. Es Director General del Jabad Uruguay, conferencista y autor de numerosos artículos, principalmente sobre temas del judaísmo en la actualidad. Sus artículos y entrevistas han aparecido en medios comunitarios, nacionales e internacionales. 

Columna de opinión

El secreto del buen chólent

Herramientas bíblicas para vivir mejor

Tzav

El profesor Grinberg quiso explicar a sus alumnos cómo aprovechar la vida. “El secreto lo aprendí mirando a mi abuela cuando preparaba el chólent cada viernes,” dijo. Agarró una olla grande y empezó su demostración.

 

“¿Qué pongo en el chólent?” preguntó a sus alumnos.

 

“Bueno, papas, carne y porotos,” dijo uno.

 

“Cebada,” dijo otro.

 

“Sal, pimienta, ketchup y miel,” agregó otro.

 

“¡Kishke!”, dijo Jaime.

 

“¿Cebolla?”,  exclamó Daniel.

 

“Wow!” exclamó el profesor. “Se ve que tienen gran futuro como cholenteros”.

 

“¿Qué más falta?”

 

“Ah, claro,” dijo Sara. “¡Agua!”

 

“¡Muy bien! ¿Qué más?”

 

Silencio.

 

A nadie se le ocurrió qué más se podía agregar a la olla llena hasta el tope para hacer un chólent.

 

“Sres.,” dejo el profesor. “¡Falta la cosa más importante!”

 

Los alumnos lo miraron con intriga.

 

“¡Falta el fuego! Sin fuego, sin calor, no sale el chólent por más que pongamos los ingredientes más variado y ricos…”

 

“Lo mismo sucede con la vida. Para que las cosas salgan debe haber pasión, entusiasmo y compromiso,” concluyó.

 

En la lectura bíblica de esta semana, Tzav[1], leemos sobre las instrucciones referentes a los servicios en el Mishkán —o Tabernáculo—. Una de las indicaciones es que había que asegurar que siempre haya fuego prendido en el altar. El fuego arderá sobre el altar siempre, no se apagará,” dice el versículo.[2]

 

Nuestros sabios explican[3] que esa aparente redundancia —”arderá siempre” y “no se apagará”— implica que el fuego debe arder hasta en dos extremos: “inclusive en Shabat e inclusive en condiciones de impureza ritual”.

 

Nuestros sabios extraen de este versículo y sus derivados técnicos muchas enseñanzas de vida, además de las implicancias aplicables en cuanto al altar del Templo.

 

Veamos aquí algunas:

 

El fuego representa el ardor y motivación del alma. Uno tiene que asegurarse de que ese fuego del alma esté siempre encendido. Sin ese fuego no puede llegar muy lejos. Hay que asegurarse de que aunque uno esté en un nivel espiritual alto —”Shabat”— no pierda su entusiasmo y ardor. También, cuando uno se siente muy decaído o “impuro”, debe resignarse de ese “fuego” interior. En el caso de que uno sienta que ese ardor se le apagó, tiene que preocuparse de avivarlo.

 

¿Cómo se hace para avivar el fuego del alma?

 

Una manera es agregándole leña. La “leña” que sirve para alimentar el fuego del alma es la Torá; más específicamente el aspecto “aceite” de la Torá, que viene a ser el jasidismo. Las enseñanzas jasídicas estudiadas detenidamente ayuda a avivar ese fuego del alma. Una vez que se aviva, las ideas, sentimientos y actitudes negativas desaparecen. Así interpretan los maestros jasídicos el final del versículo —lo tijbé— “no se apagará”: el fuego apagará el “no”. Con el ardor del alma todas las tinieblas negativas se desvanecen.

Otro método:

En su comentario sobre el versículo mencionado, Rashi explica que el fuego con el cual se prendían las llamas del candelabro todos los días tenía que venir del fuego del altar. O sea, el fuego del altar exterior era la fuente del fuego del candelabro.

 

El candelabro de alumbramiento que se hallaba en un recinto más interior del Templo, representa —entre otras cosas— la sabiduría e inspiración espiritual personal. El altar exterior —sobre el cual se ofrendaban los sacrificios animales, a diferencia del altar interior sobre el cual se ofrendaba el Ketóret, incienso— representa la lucha con los instintos animales. El hecho de que la luz del candelabro venía del fuego del altar exterior representa la idea de que para lograr fortificar la inspiración personal del que se encuentra “adentro” hace falta ocuparse del fuego y ardor del que se encuentra en un lugar más “exterior”, luchando con sus instintos más animales. 

 

Así, que la herramienta de esta semana es: no te desanimes por la falta de ánimo; ¡anímate! El ánimo no tiene por que ser el resultado de circunstancias positivas; puede ser el motor que las provoquen. También: cuando estás decaído, busca levantar a otro; indefectiblemente servirá también en tu beneficio. Su ardor servirá para nutrir tu inspiración y motivación.



[1] Levítico 6:1-8:36
[2]  Ibid 6:6
[3] Talmud Ierushalmi, Iomá 4:6

Rabino Eliezer Shemtov
(2 de Abril de 2020 a las 09:48)

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