Entrevistas

Tomás Linn vuelca décadas de experiencia en su nuevo libro sobre periodismo

"Manuel básico de periodismo", acaba de ser publicado

Tomás Linn, periodista y docente de periodismo, tiene mucho aprendizaje para compartir. Lo ha hecho, entre otras cosas, en sus 8 libros, la mitad de ellos sobre periodismo. El nuevo que acaba de publicar, va a las bases de la profesión. Y seguramente todos allí mucho para aprender.

Sobre eso-y más- es esta entrevista. 

P: Tomás, quisiera comenzar deseándote éxito con tu nuevo libro, “Manual básico de periodismo”. Y tengo entendido que ya ha despertado mucho interés. Quizás en este caso lo lógico sería medir el éxito en términos del interés justamente entre los periodistas. 

R: El manual despertó mucho interés sin duda, pero creo que mayormente fue entre los colegas. Quizás porque estaba haciendo falta lo que un colega, Iván Kirichenko, definió como “una brújula”. El libro fue pensado como un manual muy básico para estudiantes universitarios de periodismo. Que en Uruguay no son tantos, así que no puedo imaginar que se convierta en un “bestseller”. Ni tampoco ese es el objetivo. En todos mis años como profesor de periodismo, cuando tenía que remitirme a algún manual, siempre eran de otros países: españoles (los de Grijelmo en especial), argentinos, mexicanos y traducciones de textos norteamericanos. El más clásico, claro, es el “Libro de Estilo” de El País de Madrid. Me pareció entonces que era hora de contar con un manual hecho acá. Más aún, a veces quisiera que también otras universidades de habla hispana lo descubran y se lo recomienden a sus estudiantes de periodismo así como yo recomendé los de otros. Por eso la editorial Planeta (con su sello Paidós) puso este texto como e-book.

P: Eso es sin duda una gran cosa para que trascienda las fronteras del país. Me atrevo a suponer que si periodistas lo leen no será sólo por curiosidad, sino por estimar o saber que de un periodista de tu trayectoria, se puede aprender. Y tú no lo habrías escrito si no sintieras que tienes lo que compartir. 

R: Después de más de 30 años enseñando periodismo y más de 40 años ejerciendo, hacer este manual fue como “pasarme en limpio”.  Yo solía dar mis clases siempre con ayudamemorias. Los tenía escritos tema por tema en la computadora, en letra grande y muy espaciada para que cuando los imprimía, fuera fácil leerlo mientras caminaba por el salón. Todos los años los revisaba, les quitaba algo, les agregaba otra cosa. Y es sobre la base de esos ayudamemorias que hice el Manual. Quiso el destino que se publicara en el momento justo que dejé de dar clases. Las universidades acá han puesto un tope de edad, pasado el cual hay que irse. Es una medida muy discutible desde muchos puntos de vista y no en todos los países las universidades las aplican por temor a que se les haga un juicio por discriminación por edad. Pero acá se aplica y entonces a fin de año dejé la docencia pero siento que a través del manual sigo dando mis clases. Es que desde el momento en que empecé a dar clases, sentí que debía compartir lo que sabía de esta profesión que tanto quiero.

P: En realidad, pensándolo bien, quizás el nervio motor detrás de un libro así puede ser tu percepción de fallas en el trabajo periodístico, de errores que se cometen y la necesidad, precisamente por tu experiencia, de tratar de corregir.Crítica constructiva. ¿Hay algo de eso?

R: En realidad lo diseñé pensando en los futuros periodistas, en los estudiantes que llegan muy jóvenes a la Universidad con ganas de ser periodistas pero sin saber mucho de qué se trata. Por eso fui muy claro hasta en como titularlo, es un manual y es básico. Y por eso mismo la Universidad Católica del Uruguay, a través de la licenciatura de comunicación, alentó con tanto entusiasmo mi proyecto. Entendió cual era mi propósito y adhirió con mucha fuerza. Si además de eso, algunos periodistas en ejercicio tienen un sentido crítico y creen que el manual los ayuda a corregir fallas, bien por ellos. Pero no fue ese el objetivo del manual. Aunque te confieso que yo mismo, con años de ejercicio de la profesión, siempre encuentro útil descubrir algún manual escrito por otro. Además me imagino que muchos colegas que pasaron por mis cursos en la UCU, al leer este manual sentirán que vuelven al aula. Más que leerlo, me escuchan como cuando fueron estudiantes.

Tomás Linn en su despacho en la UCU

 

P: Esa es una linda imagen. ¿Dirías que éste es un libro que en algún momento es lógico que lo escriba un docente de periodismo? 

R: Los cursos universitarios de periodismo lo suelen dar periodistas en actividad y de prestigio. Eso es bueno porque los estudiantes están recibiendo pautas de profesores que están en el terreno, que además de su propia formación universitaria tienen una experiencia en los hechos muy sólida. El problema de esa ventaja, es que por lo general no les queda mucho tiempo para detenerse y hacer trabajos que vayan más allá de dar clases. Y esa es una carencia que tienen las universidades (por lo menos acá) que es la de contar con periodistas que reflexionen, analicen y transformen en texto su visión del periodismo, con nivel académico, pero desde la cultura y el lenguaje del periodismo. En lo personal, desde hace años me propuse cumplir esta tarea y de los ocho libros que publiqué, cuatro son sobre temas de actualidad y cuatro son sobre temas de periodismo. Hacerlo me implicó mucho esfuerzo, no da ningún rédito económico, pero sí una enorme satisfacción al ver que los estudiantes y los colegas los encuentran útiles. El título de uno de ellos, escrito hace ya varios años, es usado casi como una consigna por muchos colegas, quizás porque resume en tres palabras la esencia de la profesión: Pasión, rigor y libertad.

P: Conceptos de fondo, claves sin duda. ¿Se puede hablar en forma terminante y absoluta de “sí” y “no” en periodismo? O sea…¿hay cosas, comportamientos, prácticas, que no dependen de la cultura, de la sociedad en la que uno vive, y que nunca pueden ser aceptadas en periodismo? ¿O todo es relativo?

R: Para empezar a contestar tu pregunta, en el manual (que insisto, es muy básico) rescato aquello que es esencial a como es el trabajo periodístico, más allá de los cambios tecnológicos que mucho sacudieron a esta profesión. Son muchas las cosas que cambiaron, pero también son muchas las que por ser parte del carozo mismo de la profesión, siguen siendo esenciales a la práctica profesional. Entonces, todo puede ser complicado, muchas veces nos enfrentamos a dilemas endemoniados mientras estamos haciendo nuestro trabajo, no siempre las formas de resolver esos dilemas son los mismos aunque los casos se parezcan, pero no todo es relativo.

P: Evidentemente, quien quiera aprender debe leer el libro, y estoy segura que también periodistas con mucha experiencia siguen aprendiendo cuando hay alguien de nivel que sabe enseñar. Aún así…¿te puedo pedir por adelantado los consejos principales que consideras todo periodista debería tomar en cuenta para hacer bien su trabajo?

R: No es fácil resumirte en una breve respuesta el contenido del libro. Pero días pasados el diario El Observador hizo una reseña y en un recuadro sintetizó cuales eran, según el manual, las condiciones necesarias para ser un buen periodista. Así que me ahorraron el trabajo; te las transcribo: 1) Formación sólida. 2) Estar siempre bien informado. 3) Dominio del idioma. 4) Buen olfato del “sentir” público. 5) Agudo sentido de la observación. 6) Capacidad de asombro. 7) Insaciable curiosidad. Como toda lista, el orden puede ser variado y algunos podrán sacar o quitar cosas. Pero al menos da una idea.

      La vivencia periodística concreta

Tomás en 1981.Siempre supo que sería periodista.

 

P: A mí me gustaría, en esta entrevista, ir más allá del libro. Concretamente, ir a tu vida como periodista.¿Cómo fue tu historia con el periodismo? ¿Siempre quisiste ser periodista? Me gustaría saber un poco de los orígenes , de los comienzos, del desarrollo de tu carrera.

R: No recuerdo cuándo fue que dije: esto es lo mío. Pero sí, creo que siempre quise ser periodista. Cuando era chico y por algún catarro feo me tocaba guardar cama, en casa me compraban un cuaderno y yo lo llenaba tal como eran las revistas para niños de aquella época. Con cuentos, notas, hasta inventaba tiras cómicas y avisos. Algo había allí. En preparatorios hicimos un periódico, impreso en mimeógrafo (¿tendré que explicar lo que es?) y yo era parte del grupo editor. Cuando decidí que eso era lo que quería ser, también quise estar bien formado en ello. Como en esa época no había cursos universitarios de periodismo en Uruguay, me fui a vivir solo con 19 años a Buenos Aires a estudiar allí. Fue, en lo personal y en la formación profesional, una experiencia que me forjó mucho. A mi regreso trabajé en un diario vespertino, El Diario, y pese a que fue en años sombríos de dictadura, aprendí mucho porque había allí un equipo formidable de periodistas que me enseñaron mucho. 

P: Tú fuiste mi profesor de inglés en el Anglo y recuerdo que nos hablabas de tu trabajo en El Diario. Nos encantaba escuchar las historias. Ese fue el comienzo, y después vino mucho más.

R: Así es.Luego fui editor de dos semanarios (uno clausurado por la dictadura) en aquellos años en que los semanarios jugaban un rol muy importante en la lucha por salir de ese régimen: fueron Opción y Aquí. Después estuve 27 años como columnista en Búsqueda y ahora estoy en El País. También estuve un breve tiempo en la agencia Reuters e hice algo en radio (con Emiliano Cotelo en En Perspectiva cuando estaba en Emisora del Palacio) y en televisión. Pero fue por poco tiempo. Hice un posgrado en una universidad norteamericana y el periodismo me dio oportunidad de viajar y conocer lugares a los que nunca pensé que iría. Y en cada uno de esos pasajes, siempre aprendí cosas nuevas, siempre tuve grandes maestros. Hasta el día de hoy.

P: Tú sos columnista que analiza y opina, muy respetado por cierto, también por quienes piensan diferente. ¿Extrañas el periodismo de hacer calle? ¿O hay etapas para todo?

R: Hay etapas para todo. El periodismo de hacer calle, como bien decís, es muy demandante, no tiene horarios, no tiene pausas. Uno lo aborda con pasión y entusiasmo y es capaz de aguantar cualquier cosa para sentir ese goce de estar en el lugar donde pasan cosas. Pero eso al final pasa la cuenta. Yo fui reportero, fui editor (en esa época se decía Secretario de Redacción), estuve en diferentes secciones y todo ello mucho antes de ser columnista. Siempre digo que a ser columnista, llegué, no empecé. Llegué después de un largo recorrido. Por cierto, aún hoy me engancho cuando periodistas más jóvenes me cuentan sus andanzas para conseguir una primicia, me entusiasmo con ellos pero a esta altura no sé si tendría la misma estamina para hacerlo. Por suerte, cuando era editor, que es una tarea que uno empieza a hacer pasado los 30 años o ya en los 40 (o sea la edad de los infartos y estas son tareas infartantes), Danilo Arbilla entendió que yo tenía una ventaja comparativa que era la de ser columnista y me llevó a Búsqueda solo para hacer eso. Y la verdad es que es una función que me encanta hacer.

Ejemplos inolvidables

P: ¿Cuáles fueron los hechos o procesos que cubriste, que más apasionantes te resultaron? 

R: En realidad todos. Pero si tuviera que marcar prioridades, era editor de noticias internacionales de El Diario cuando murió Perón. Ese tema lo trabajé con mi jefe que era Antonio Mercader, y me acuerdo que la salud de Perón se agravaba por horas y nuestro gran temor era que el diario, un vespertino, saliera a la calle sin la noticia y él se muriera al rato. 

P: Te entiendo tanto…Cuando el Semanario Hebreo tenía sólo la edición impresa, y no estaba aún en internet, me agarraba la cabeza cuando ocurría algo grande un jueves, cuando ya estaba cerrado y salía a la calle, por lo cual ya no podía agregar.

R: Claro…es un tema muy fuerte. Te cuento que en ese caso, de Perón, hubo que interrumpir el tiraje, cambiar toda la primera y hacer lo que se llamaba un “alcance”. Hubo mucha adrenalina. Como editor del semanario Aquí, me tocó coordinar y ser parte del equipo que cubrió hechos inolvidables. Por mencionar dos, la apertura del Parlamento en 1985 y la asunción del primer presidente democrático también ese año. Un poquito antes, con el semanario Opción, al ser el editor responsable, fui citado varias veces por la Policía para ser interrogado por ciertas coberttras o para ser notificado de las tres clausuras que sufrió (la tercera fue la definitiva).  Hubo coberturas internacionales que recuerdo muy bien. Las elecciones de 1980 en Estados Unidos que ganó Ronald Reagan. Las primarias demócratas de 2008, que gana Barack Obama. Estuve en la Unión Soviética seis meses antes de su disolución. Y podría seguir…

Periodismo en Uruguay

P: ¿Te quedó pendiente alguna entrevista que soñabas con hacer y nunca se concretó?

R: Nunca fue un buen entrevistador. En el Manual destaco eso de que diferentes periodistas pueden ser buenos para unas cosas pero no para otras. Un reportero que busca buenas primicias puede no ser tan bueno a la hora de analizarlas y explicar su significado, un analista que explica en una columna lo que un determinado hecho implica puede no ser un buen entrevistador. Cada uno debe conocer sus fortalezas y debilidades para potenciar aquello que sabe hacer bien. Lo mío no era la entrevista, aunque claro, todo periodista debe siempre entrevistar. Pero recuerdo muy bien una que hice en 1983, por el contexto en que ocurrió. Fue una entrevista de una sola pregunta. Ese año los militares habían convocado a los políticos a una mesa de negociación para la salida democrática en el Parque Hotel. Fue un rotundo fracaso y habría que esperar un año más para el acuerdo del Club Naval. El escollo fue puesto por los militares obsesionados en que la nueva democracia tuviera la posibilidad de dictar medidas de emergencia más fuertes que las existentes en la Constitución. Los políticos no estaban nada convencidos de ellos. En el semanario Aquí nos organizamos para que cada uno de nosotros hablara con uno de los diferentes participantes de la mesa para saber como venía lo de las medidas de emergencia. A mi tocó llamar a Fernando Oliú, un dirigente blanco muy cercano a Wilson Ferreira que en ese entonces estba exiliado. Apenas le pregunté quÉ pensaba sobre lo de las medidas de emergencia, me dijo que no tenía sentido responder a esa pregunta en un momento que había trascendido que la Policía había apresado a un grupo de jóvenes comunistas y sometido a un despiadado maltrato. Quedé desconcertado por un fugaz segundo y enseguida le pregunté si esa era su excusa para no responder, o si esa era efectivamente su respuesta. Dudo un instante y me dijo: “pero usted no anotó nada”, lo cual era cierto, pero le contesté que tenía muy claro lo que había dicho y apenas colgara, lo transcribía. “Confío en usted”, me dijo, “y sí, esa es mi respuesta”. Efectivamente ni bien corté, escribí de memoria lo que me había dicho en la libreta de apuntes que tenía a mi costado. Fui muy fiel a lo que escuché. Con esas anotaciones, pasé a máquina el texto que luego se sumaría a los aportes de los otros participantes en estas negociaciones. Pero claro, lo de Oliú se destacó porque salió de lo esperable. Cuando a los dos días Oliú leyó sus propios dichos en Aquí, le comentó a un colega que había salido mejor de lo que había dicho y quedó muy satisfecho.

    P: Anécdota muy ilustrativa sin duda. ¿Es interesante ser periodista en Uruguay?

 R: Es interesante ser periodista en cualquier lugar, aún la comarca más pequeña.

P: La democracia uruguaya ¿se refleja claramente en su periodismo? 

R: Creo que sí. Los hechos más importantes están cubiertos. Hay un equilibrio en la manera de cubrirlos más allá de que cada parte se queja por entender que está siendo relegado. Con la crisis de los medios a escala mundial, en Uruguay como en otros lados, las redacciones, los informativos han hecho recortes drásticos de su personal y eso resiente mucho la calidad de las coberturas y exige de cada periodista un redoblado esfuerzo. Por otra parte, eso lleva a que en algunos momentos los periodistas expliquen los hechos a partir de visiones ya pasadas. En ese sentido, la evolución de la democracia uruguaya parece ir más adelante que los periodistas.

P: ¿Te parece que  ha habido diferencias en la forma en que los presidentes desde la recuperación democrática actuaron con la prensa?

R: Sí, sin duda. Cada presidente ha tenido su estilo. Ninguno se pareció al del otro y algunos fueron más abiertos. Los hubo que eligieron a determinados medios para hacer llegar sus mensajes y quienes optaron por no preferir a ninguno. Unos se expusieron más, otros menos.

P: ¿Qué opinión te merece la forma en la que el actual gobierno, especialmente el Presidente Luis Lacalle Pou, interactúa con la prensa? 

R: Lacalle Pou ha demostrado tener un liderazgo muy particular y muy distinto a otros políticos que tuvieron también un fuerte liderazgo. Eso se nota en su manera de interactuar con la prensa, que por cierto es muy interesante. Para empezar, expone con mucha claridad. Además, acepta aún las preguntas más complicadas. No se le mueve un pelo y responde con la misma entereza. Por último, es muy respetuoso con los periodistas. Pero claro, su gobierno recién empieza y lo hace en medio de la pandemia. Eso requiere una mayor exposición suya. Quizás más adelante eso no sea tan necesario y se retraiga. Y quizás el natural desgaste lo lleve a tener menos paciencia con los periodistas. No parecería estar en su modo de ser, ese aplomo que lo caracteriza, pero el tiempo dirá.

P: Mil gracias por esta entrevista enriquecedora. Y que te sigamos leyendo por mucho tiempo.

R: Muchas gracias Ana.

Ana Jerozolimski
(20 Julio 2020 , 09:41)

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