En comunidad

Uruguay e Israel: Cambiar la estrategia

Por Eduardo Zalovich

(Primera de 3 partes)

“La campaña contra el prejuicio de grupo nunca debe confiarse a las víctimas de este prejuicio”

                                James Parkes ("Antisemitismo")

 

El libro cuya frase cito al comienzo es uno de los mejores estudios sobre la judeofobia y cómo combatirla; su historia, causas y consecuencias.  El autor, historiador, teólogo y sacerdote anglicano, "fue posiblemente el mejor amigo del pueblo judío que surgió de los rincones más íntimos del cristianismo". Así lo definió Jaim Chertok, Premio Nacional del Libro Judío en 1989. Lo encontré por casualidad un domingo, en la feria de Tristán Narvaja. El lunes, antes de leerlo, le pregunté en mi liceo a Manuel Tenembaum -nuestro profesor de Historia Hebrea y reconocido intelectual- su opinión. "De lo mejor que se ha escrito" me dijo. Tal cual. Parkes también escribió una "Historia del pueblo judío". Defensor de Israel, abordó siempre el tema con imparcialidad y hechos comprobados. "De hecho, uno puede asegurar con total confianza que ningún clérigo cristiano en nuestro tiempo arriesgó más, dio más de sí mismo o logró más para el pueblo judío que él… en consecuencia, es justo, y también necesario que los judíos se familiaricen tanto con la vida del hombre como con sus obras”, afirmó Irving Greenberg, presidente de la “Jewish Life Foundation”. 

 Si bien el Holocausto fue el punto máximo del antisemitismo, el intento de exterminar a todos los judíos europeos en el marco de una guerra brutal que causó 70 millones de víctimas, estuvo precedido por siglos de persecuciones y matanzas. Casi nunca es suficiente cuando el grupo atacado asume por si solo su propia defensa. La comunidad afrodescendiente americana -por ejemplo- contó con el apoyo de millones de otros ciudadanos, cuando comenzó su lucha por la verdadera igualdad. Y este fue un punto clave para avanzar con energía.

 En la propia II Guerra Mundial, el resultado de la persecución nazi difirió mucho entre los países ocupados. Donde la población se opuso a las deportaciones, el porcentaje de sobrevivientes fue mucho mayor que en países antisemitas. Dinamarca es el ejemplo más claro, donde en 1943 las organizaciones de resistencia danesas avisaron a los hebreos de la inminente deportación. "Los daneses, en una espontánea reacción humanitaria -escribió Efraim Zadoff- ayudaron a los judíos a llegar a las playas, desde donde pescadores los cruzaron a Suecia en sus lanchas". Unos 8.000 judíos y parientes fueron así salvados, más del 90% del total.

 Actualmente hay varios tipos de antisemitismo prácticamente desaparecidos por el propio peso de su ridiculez. Nadie puede afirmar que los judíos son una “raza” -ni superior ni inferior- pues no los unen, a la vista está, características biológicas similares. Además, a lo largo de los siglos se han producido asimilaciones y también conversiones que han acentuado la pluralidad de sus integrantes. Los judíos hoy se identifican en la práctica por su voluntad de serlo.

 Otras teorías, como el “control” de la economía -con la brutal complejidad de la misma y su increíble multiplicidad de fuerzas- también cayeron por su propio peso. Salvo para algún grupúsculo de ignorantes. Y el antisemitismo religioso, tan fuerte y absurdo en otras épocas, ha sido repudiado por la Iglesia desde Juan XXIII y las demás corrientes cristianas. Los evangélicos, por ejemplo, constituyen grupos que apoyan fuertemente a Israel y son una poderosa fuerza política en EE.UU. y otros países americanos. Existen muchos templos en Uruguay donde se exhiben juntas las banderas nacionales de Uruguay e Israel. 

 El tema que hoy por hoy es utilizado para atacar a los judíos es el Estado de Israel y su ideología nacional, el sionismo. La causa israelí es racionalmente justa para cualquiera que conozca los hechos, desde su nacimiento en 1948 -pese al ataque masivo árabe- hasta el día de hoy. Igualmente, desde Joseph Goebbels, no se realizaba una campaña de mentiras y deformación histórica tan brutal. Sostener que Jesús fue “el primer mártir palestino”, como ha dicho Abu Mazen, cuando en realidad sería un ciudadano natural de Israel, daría para reírse sino fuera que unos cuantos se lo creen. Y fanáticas antisemitas, al estilo de la uruguaya María Delgado Sonora -caso que da para profundizar- que defiende el terrorismo y la destrucción de Israel abiertamente, nos indican que la lucha contra el antisemitismo se centra hoy en el conflicto árabe-israelí. Incluso el aporte en todas las áreas de los judíos en sus países -como Uruguay- en el campo de la medicina, la ciencia y el desarrollo, se cuestionan en base a su apoyo a la causa israelí. No sucede al mismo nivel con solidaridades igualmente legítimas, como la de los católicos con El Vaticano o los armenios con su patria ancestral. 

 Cómo enfrentar esta nueva estrategia antisemita, quiénes deberían hacerlo y por qué debe ser un tema no sólo judío, lo abordaremos en la próxima nota de esta trilogía.

 

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