Entrevistas

También nosotros homenajeamos a Fernando Morena

Recordando una senda entrevista que nos concedió

Días atrás Peñarol realizó un hermoso y emotivo homenaje a su legendario jugador Fernando Morena, rememorando momentos especiales de su gran trayectoria y hasta descubriendo una estatua de su figura, junto a la que el gran goleador carbonero sonrió ampliamente, para alegría de todos los presentes que quisieron honrarlo en vida. 

Este es el momento de compartir por primera vez una entrevista que tuvimos el privilegio de realizar a Fernando Morena hace ya varios años.  Si bien fue en el 2014, como no recordamos haber visto nunca una entrevista tan amplia con él, decidimos publicarla ahora. El plan era incluirla en un libro de entrevistas con figuras nacionales, que por distintas razones al final nunca publicamos. Es para disfrutar con este gran caballero que es el Nando, y para eso no hay que ser hincha de Peñarol. Yo me reuní con él en Peñarol cuando era Director de Relaciones Institucionales y Deportivas. Fui emocionada de cara a la cita, aunque siempre fui de Nacional. Y lo que más me impactó fue su humildad, su sencillez, destacando la importancia del juego colectivo y el buen compañerismo en el fútbol.

Gigante.

Aclaración: la entrevista es muy extensa. Para sus hinchas y los amantes del fútbol, es una buena oportunidad de sentir que lo vuelven a escuchar hablar. Claro está que cuando menciona edades de gente cercana, tanto de su padre como de su hija Carolina accidentada años antes, y de su hermana ,  usa términos temporales que eran los de aquel momento en el 2014.

 

P: Creo que no hay uruguayo que no sepa quién es Fernando Morena, ¿es una responsabilidad tener un nombre que realmente es un símbolo?

R: Hay gente que se lo cree, el tema del símbolo, simplemente creo que es el hecho de que uno tuvo la oportunidad de lucirse en un deporte sumamente visto en el mundo, cada vez más, porque eso es una cosa muy clara. Si uno se hubiera destacado como arquitecto o abogado, lógicamente no hubiera tenido tanta resonancia. Estamos hablando de una época en la que no había tanta información como hoy se tiene, las posibilidades que tiene uno de enterarse de las cosas que pasan, sean buenas o malas noticias, y de todos los problema que hay en el mundo, todo eso.

Lo más significativo es que yo viví mi etapa de futbolista muy feliz porque tuve los mejores compañeros siempre, creo que esa es una de las cosas que más me gustó. 

Los comienzos

P: Y recordemos que no empezaste en Peñarol..

R:  Yo iba al San Francisco de Sales, tenía 15 años y me llevó un compañero de colegio, Jorge Siviero, cuyo papá era presidente de Racing, me invitó a ir a jugar a Racing. Jugué los primeros cuatro partidos, me expulsaron contra Peñarol y no fui más. Después otro amigo, lamentablemente fallecido, Luisito Silva, que había ido a Racing, me invita al otro año, en 1968, a ir a River. Claro, yo vivía en el Parque Rodó la primera parte de Racing y ya cuando voy a River vivía en Viejo Pancho, Libertad y Bulevar España, por ahí. Y yo llego a River, recién ascendido a Primera División, hace 3 puntos en todo el campeonato de Quinta, un partido ganado y uno empatado, era la época en la que daban 2 puntos (por partido ganado), y yo salgo ganador del campeonato. Entonces el técnico de Primera División, Juan Carlos Ranzone, habla con el presidente, (Enrique) Castro Quintela, y le dice: “Este muchacho algo tiene”, y me subieron a Primera, la Quinta en esa época terminaba por octubre, entonces me subieron a entrenar con el plantel de Primera, que eran héroes.

P: Muy original ese “algo tiene”….no llevó mucho confirmarlo. Y llegaste a entrenar con tus héroes…

R: Sí, pero más que nada para el hincha de River porque ellos habían logrado el ascenso el año anterior, había toda una admiración por esa gente. Eran todos héroes, entonces lo que pasa es que había gente de más de 30 años, gente mayor, yo tenía 16 años, y siempre comento que toda esa gente me decía “Fernando”, no “nene”, ni “guacho”, ni “vos”, ni “pendex”…

P: Te respetaban. 

R: Me trataron como a un compañero más, y como se debe tratar. Me sentí mucho más contento por eso, yo era un chiquilín. River se salvó, yo jugué un partido en Tercera (División) y en 1969 ya arranqué con el plantel de Primera División, 1969 y 1970 alternaba: jugaba, quedaba de suplente. Llega 1971, que para ese año la gente mayor prácticamente se fue toda.

P: Ahí eras el único tan jovencito y todos tenían 30 o por ahí.

R: Si…

P: Eso tampoco es común, ¿no?

R: No, no. Bueno, no tanto como 30. Los principales del plantel andaban en los 24, 26, algunos con 22, pero yo seguía teniendo 17, 18 años, ya había gente que tenía unos cuantos años en Primera. Ahí hubo toda una historia en River, que yo la pasé maravilloso, no solamente por lo que comenté del trato, sino también por los compañeros que llegaron al club, porque en 1971 y 1972 River se reforzó con futbolistas de otros lugares, muchos de Peñarol. Después llega el tema e 1973, cuando surge la posibilidad de pasar a Peñarol

Un compromiso, la vida para ganar

P: Punto clave en tu vida.

R: Claro.  Es una historia que me enorgullece por  lo que viví y no solamente lo que viví individualmente, porque yo no vivo las cosas individualmente, el fútbol es colectivo y si uno hizo muchos goles era porque tenía gente capacitada para estar cerca de uno, más allá de que lógicamente uno tenía esas posibilidades, era un hecho de compañeros adentro de la cancha, compañerismo afuera de la cancha, y esa relación diaria, que se nutre con el respeto, porque cuando yo llegué a Peñarol era un jugador más.

P: Empezaste en Peñarol con la 9, ¿no?

R: Si, si. El tema es que uno empieza a despegarse en los contratos por razones de que yo llego a Peñarol y las cosas me empiezan a andar bien y viene el tema económico, que puede generar celos u otras cosas. Yo no llegué nunca tarde a una práctica y nunca falté a un entrenamiento,  o sea, y aparte el respeto se mantenía, absolutamente, cosas que uno aprende en Peñarol: yo no jugaba en Peñarol para ganar, igual que mis compañeros, vivíamos para ganar, que era otra cosa. Nosotros jugábamos el domingo, ganábamos el domingo y se terminó la historia, y había que empezar el lunes, el martes, o el día que el entrenador dispusiera e ir de vuelta a jugar. Salíamos campeones, dábamos la vuelta olímpica y se terminaba, porque no era salir campeón, dar la vuelta olímpica y después sigo festejando. Más en una época en la que no existían las vacaciones, no había vacaciones, los finales de año uno jugaba el 23 (de diciembre), o entrenaba el 24 de mañana, después venía la noche buena y volvíamos el 26 al entrenamiento. Yo  llegué a jugar un 26 de diciembre. Después el 31 de diciembre entrenábamos de mañana y volvíamos el 2 de enero para jugar la Liguilla y estar encerrados todo el mes porque los partidos eran cada tres días. 

P: Y en el medio se habló de la posibilidad que juegues en el exterior.

R : Se fueron dando cosas muy importantes, tuve la posibilidad de irme al Real Madrid en 1975, estaba el pase hecho, yo estuve hablando con el contador (José Pedro) Damiani, que había viajado con nosotros, y él tenía un contacto extra con la gente de Real Madrid porque él llevaba al equipo de básquetbol Sporting a las fiestas de las Navidades que había en Real Madrid a jugar con ellos y otros equipos un torneo amistoso. Peñarol no me dejó ir y seguí hasta 1979 en Peñarol. Pero después sí viene la etapa en España, muy rica también, tanto en Rayo Vallecano como en Valencia, viví muy bien, muy a gusto, totalmente distinto uno del otro, yo vivía en apto en Madrid con mis hijas, que eran chicas, Carolina no caminaba…Tengo cuatro hijos. Las dos mujeres fueron antes del viaje  los dos varones  vinieron después. 

España , el regreso, los cambios y la retirada

P: ¿Cómo era tu vida en España?

R:  Estuve dos años. En Valencia vivíamos en casa, en una especie de urbanización, que eran seis chalet . Éramos  todos extranjeros, los únicos que hablábamos español éramos nosotros, los demás eran ingleses, había un francés, americanos, era gente de empresas. Había  piscina, cancha de tenis, de todo. Después vino ese regreso increíble para mí que todavía me emociona, el hecho que Peñarol quería que yo volviera, pero no solamente porque lo quería (Washington) Cataldi, como presidente, sino que esa información se escapo para la gente, que hizo una colecta por el dinero…

P: ¿Por qué una colecta?

R: Porque había que pagar un millón de dólares en aquél momento.

P: ¿Cómo multa?

R: No, porque Peñarol me compraba al Valencia.

P: No entiendo mucho de ese mundo, pero me parece raro…

R: Una cosa rarísima. ¿Qué pasó? Cataldi tenía temor de que la gente reaccionara de una manera fría o sin mucho convencimiento. Después aparece una canción que decía: “A Moreno la traemos todos porque todos somos Peñarol”, todo así, una locura. Tanto es así que cuando llego al aeropuerto, 6 de abril de 1981, estaba lleno de gente, con banderas de Peñarol y todo ese tipo de cosas. Nos subimos a un auto para venir para la Asociación Uruguaya de Fútbol donde yo tenía que confirmar el pase porque lo había pedido telegráficamente y por Avenida Italia estaba todo lleno de gente. Cuando llegué a la AUF no podía entrar porque estaba todo el mundo amontonado, una cosa rarísima.

P: Qué emotivo, impresionante…¿Había precedentes de algo así?

R: No, la verdad que creo que no. 

P: ¿Vos qué edad tenías ahí?

R: 29.Te cuento que después había una especie de conferencia de prensa en el Palacio (Peñarol) y había 8.000 personas. A mí me llamaba la atención más que nada porque el fútbol era colectivo, era como si yo fuera un jugador de tenis o una cosa así, una locura era. Tanto es así que a mi esposa le  costaba entender que hubiera tanta gente. Eso fue realmente impactante, también fue una marca de que yo no podía fallar, porque la responsabilidad que yo tenía antes de irme, cuando jugué entre 1973-1979, cuánto más iba a ser responsable de lo que pasara posteriormente, cuando empezara a jugar. Me acuerdo que en la prensa comentaban  “¿Morena puede volver a ser goleador?, Está jugando un poquito más retrasado”. Claro lo que pasa es que ese retraso en la cancha estaba más bien basado en que yo no estaba bien físicamente porque el campeonato ya había terminado. Peñarol había terminado el campeonato por la Eliminatoria de 1981, que era para el Mundial de España 1982, pero para nosotros ya había terminado el campeonato español, yo estuve como 20 días, o más, sin hacer nada. 

P: Eso influye enseguida.

R: Claro…Y además sabiendo que me volvía… aparte me llamaron a decirme: “Fernando, tenés que ir a Italia”, “No, pero yo no estoy bien, díganle a Luis (Cubilla, que era el entrenador), que yo no estoy en forma”…

P: ¿Cubilla el que era jugador de Nacional?

R: Claro, Cubilla era jugador de Peñarol, después se fue a Europa, jugó en River argentino y después en Nacional.

P: Ah, para mí era de Nacional, no sabía…

R: No, pero aparte era hincha de Peñarol. Luis no le prestó mucha atención porque aparte el fútbol estaba parado hasta setiembre, era en junio, estaba la duda de qué pasaba conmigo. Después las cosas funcionaron bien, Peñarol salió campeón en 1981, en 1982 ganamos todos los trofeos, campeón del mundo, de América, uruguayo, del (Torneo) Preparación. Después vino un año muy complicado por razones de todo tipo, pero sobre todo económicas porque fue el quiebre de la Tablita en 1982 que a nosotros nos afectó muchísimo, muchísimo al fútbol y también a Peñarol, había grandes premios para cobrar que se perdieron y además problemas económicos. Eso duró como cuatro o cinco años. Yo tengo la desgracia de fracturarme en la selección, increíblemente yo no iba a venir a jugar a la selección porque venía otro, era la preparación para la Copa América de 1983, venía Venancio Ramos pero lo dejaron porque había sido expulsado en un partido entonces lo sancionaron y me dijeron que tenía que venir yo. encima cuando me fracturo yo me fui a acercar al técnico, Omar Borrás, para decirle que me cambiara, porque íbamos ganando 3-0 y faltaban 15 minutos, y yo tenía un lastre bastante pesado, y aparte había que jugar ese miércoles y el domingo siguiente, que había que viajar a Chile primero y a Venezuela después. Sucede la fractura…

Después en 1983 no renuevo en Peñarol, me voy a Boca, que también son esos momentos que uno vive, Boca en una crisis increíble. Después me vengo, juego un rato más en Peñarol y ahí me retiro.

 

Los compañeros, claves

P: En una frase resumiste tus últimos años activos jugando, pero permaneciste siempre en el corazón de la gente. Destacabas que nunca  viste tu juego como algo individual y de por medio está tu humildad. Y siendo así, me pregunto, cuando veías la multitud en Avenida Italia ¿Te preguntabas en algún momento : “Es por mí esto?”.

R: Lógicamente que es eso, como que alguien estaba faltando porque Peñarol después sale campeón, y no porque yo volví, se supone que salió campeón porque pudo salir de un momento medio dificultoso y uno se re adaptó a los compañeros. En definitiva, los que jugaron conmigo en la zona de mitad de cancha hacia adelante, salvo (Ernesto) “Pinocho” Vargas, que empezó a jugar después que yo me fui, Venancio, Ruben Paz, (Mario) Saralegui, siempre estaban cerca de mí. En mi entorno el único cambio fue el de “Pinocho” Vargas, o en 1982 sumamos a Walkir Silva. El tema es cuando uno tiene comunicación y la comunicación no es solamente de hablar sino la visual, la del compañero que intenta hacer un desborde o tirar un centro y que yo sé lo que va a hacer o tengo en mi cabeza las cosas que puede hacer, por eso ese entendimiento que uno tiene con los compañeros. Si uno se entiende con los compañeros es porque uno lo conoce, se conoce y entonces todas las jugadas que puedan terminar en gol, más allá de la capacidad que pueda tener uno para hacer un gol y el otro para crear la jugada o para definir también. El tema de la definición estaba basado en que hay una “obligación”, ¿quién tenía que hacer los goles?, pero también a la hora de resolver problemas del gol también había compañeros que hacían goles más allá de todo lo que… “Vino Fernando y ahora hacemos goles todos los domingos”, pero ahí cuál es el tema, capaz que todos los goles que podían hacerse eran en función de lo que hacíamos todos.

Todo eso está basado en que los momentos en los que estuve en Peñarol era gente que estaba con una defensa fuerte, armada, un medio campo de gente que luchaba y jugaba bien, y después los que estábamos adelante. El trabajo se repartía de alguna manera porque los de atrás tienen que hacer lo que debe hacer cualquier defensa de un equipo grande: defender, porque el fútbol tiene dos arcos, eso está muy claro, es una de las cosas que siempre teníamos en cuenta, el hecho de que teníamos dos arcos, uno lo tenemos que defender y al otro que atacar.

P: ¿Te parece que no puede haber nunca un jugador que haga toda la diferencia, no existe eso?

R: No creo…

P: Es que también hoy en día, están las estrellas, Edinson Cavani, Luis Suárez….

R: Sí, pero más allá de la capacidad que tienen también tiene que ver la gente que está cerca de ellos. Se puede poner el caso de (Lionel) Messi, el de las figuras que hay en el fútbol, como (Cristiano) Ronaldo. Si Ronaldo no tuviera los compañeros que tiene capaz que  el otro equipo dice: “Anulamos a Ronaldo y se terminó”. Que hay gente que se destaca, eso pasa en el fútbol del mundo como pasa en el básquetbol, en el rugby, en el beisbol, en todos los deportes de competición y de gente siempre va a haber alguien que se destaque, es una cosa lógica, pero también todos tienen que cumplir los puntos de su ubicación, de su trabajo. Una de mis satisfacciones más grandes es que yo entrenaba en Peñarol y todos entrenábamos a la par, los que jugábamos y los que no.

P:.¿No sentías que hay celos?

R: No, para nada. Aparte no había ningún motivo para el celo, no por el hecho de que yo hiciera goles, no había motivos porque yo no faltaba.

El fútbol, amor a fondo

P:  ¿De dónde vino tu amor por el fútbol?

R: Ahora volvemos un poquito a lo mío también, a los grandes amigos del barrio. Yo no empecé a jugar al fútbol sino a la pelota cuando vivíamos en Juan María Sosa, la avenida de las palmeras, cerca del (Club de) Golf porque mi papá trabajaba ahí. Me acuerdo que dos por tres jugábamos ahí y siempre se pinchaba la pelota por los pinchos de las palmeras. Después nos mudamos para Patria, a la vuelta, a dos cuadras, y enfrente estaba el Club del Faro. Me puse a jugar al básquetbol en menores. Estaba la cancha de básquetbol y antes había una cancha perpendicular de baldosa que era de básquetbol, chica, pero de baldosa y no de bitumen. Ahí jugábamos al fútbol, a veces al lado de la cancha de Defensor, que era todo campo, sin nada, tierra y pasto. Empezamos a jugar ahí un día en 1963, yo tenía 11 años, y hay un campeonato de fútbol que organiza Defensor en el gimnasio en Jaime Zudáñez. Nos anotamos nosotros, que jugábamos con la camiseta de básquetbol del Faro, y yo hago 16 goles en cuatro partidos.

P: Locura total…

R: Si. Hice esos 16 goles, fue una locura porque salimos campeones de ese torneo, después vino el profe (Leonardo) Giosia, que era el preparador físico de Defensor, y llama al Faro para ver si yo podía ir, porque entre el Faro y Defensor había mucha rivalidad en básquetbol. El Faro me dio permiso pero no podía jugar al básquetbol. Ahí viene la etapa de Defensor, 1964, yo tenía 12 años, fuimos a Buenos Aires, tuve la posibilidad de quedarme en Vélez Sarsfield y mi papá no lo aceptó, La propuesta era vivir en Vélez, estudiar ahí, y una vez por mes me traían a Montevideo. Mi padre dijo que no…

P: ¿Por no separarte de la familia?

R: No, mi papá no quiso, había habido unos incidentes en 1963 en Azul, en provincia Buenos Aires, había habido unos líos.

P: Pero aparte el tema de que tenías que seguir estudiando me supongo…

R: Claro, yo empezaba primer año de liceo.

P: ¿Lograbas combinar las dos cosas?

R: Lo que pasa es que yo en el colegio y el liceo me pasaba en el fútbol todo el día, San Francisco de Sales tenía cuatro canchas y estábamos todo el día jugando.

P: ¿Pero lograbas estudiar?

R: Si, no mucho, pero…

P: ¿No eras muy aplicado?

R: Tenía compañeros que me ayudaban…

P: ¿Te  costaba estudiar?

R_ No… basaba todo en la buena memoria…

P: ¿No tenías paciencia para sentarte a estudiar?

R: No, la verdad que no. Llegué hasta segundo de Preparatorio. Ese 1964 hicimos como 100 goles con Defensor en el campeonato, no sé cuántos hice yo, una cantidad enorme. Después seguí hasta que llegó lo de Racing. El fútbol me apasionó siempre, me gustaba mucho jugar al fútbol en la playa, o más que nada jugar de cabeza, porque jugar con la arena floja es difícil, pero de cabeza me gustaba mucho; jugar al básquetbol… me gustaba mucho el deporte, estar siempre en movimiento.

Vivencias que se guardan para siempre

 

P: Aparte de los torneos ganados, los goles hechos, el ser mayor goleador, ¿qué vivencias atesorás para siempre contigo de cosas que el fútbol te ha dado en sus distintas etapas?

R: La verdad es que en todos los lugares que estuve, con buen o mal suceso, siempre tuve excelentes compañeros, de todo tipo, eso para mí significó estar sumamente contento y conforme con la vida diaria, porque no es un tema de que nos vemos cada 15 días, nos vemos todos los días y los esfuerzos y los problemas y las soluciones las tenemos que buscar entre todos. Además yo soy, más que un fanático… los problemas del fútbol, de los equipos, los resuelven los futbolistas con los entrenadores pero también somos todos responsables cuando se gana y cuando se pierde. El resultado siempre tiene que ver con el colectivo, por algo los brasileños dicen “hoy hay colectivo” refiriéndose al entrenamiento. Eso es un hecho, juegan 11, sí, uno juega en un lugar, otro en otro, más allá de que el fútbol puede haber cambiado para la vista de la gente, pero en un equipo todos somos importantes porque todos estamos cumpliendo una labor. Si no estoy cumpliendo una labor, ¿qué hago adentro de la cancha?, ¿para qué entreno yo de lunes a sábado, si el domingo no me interesa cumplir la labor que me encargan?, yo la tengo que cumplir por respeto al cuerpo técnico, a mis compañeros y a mí mismo. Aparte si uno tiene el deseo no solo de sobresalir sino de que mi equipo, que somos los 25 que decimos mi equipo, gane.

P: ¿Para alguien tan identificado con Peñarol cuesta recordar que casi pasas  por Nacional?

R: Pero nunca jugué en Nacional. Mi papá era hincha de Nacional… justo cuando yo llego a Peñarol Nacional tenía interés, Juan Facio, que era el técnico de Peñarol y que me había dirigido en River, me quería de 9, de centro delantero, y en Nacional iba a jugar en otro puesto, de puntero izquierdo, entonces hasta que un día hablé con el presidente de River y le dije: “Voy a Peñarol porque yo quiero jugar en el puesto que quiero jugar yo”, y en el puesto que el entrenador quiere que juegue, no es que yo quiero jugar de 9 y él me va a poner en otro lugar.

 

El hogar y el fútbol

P: ¿En tu casa había mucho apoyo para que te dedicaras al fútbol?

R: Si

P: Eso es clave para poder avanzar, ¿no?

P: Lo que pasa es que mi papá me ayudaba muchísimo porque  él era un tipo muy sobrio, muy serio y muy clarito. Había terminado el partido 3-0, yo había hecho los tres goles y decía: “Y los últimos 15 estabas quietito, …”.

P: Muy crítico.

R: Claro, esa crítica que uno dice, quién va a criticar a un jugador que hizo los tres goles del partido…

P: ¿Y cómo lo tomabas tú?

R: Y era verdad, capaz que estaba cansado o lo que fuera, no era a propósito, pero sí el hecho de que nunca hay que estar…

P: Dormirse sobre los laureles.

R: Si… esos partidos, yo siempre pensaba, y pienso, que si yo tengo un gol al minuto y lo erro no es que voy a pensar que quedan 89 minutos, porque capaz que no tengo ninguna chance más. Por eso las chances de gol hay que aprovecharlas al máximo en el sentido de que uno tiene que estar sumamente atento a todo lo que pase.

P: ¿Cómo tomabas esa observación de tu papá?

R:. Lo tomaba como un consejo muy claro.

P: Una sabia crítica constructiva.

R: Sí, claro, mi papá no quería que eso, tampoco quería decir: “Erraste un gol y después vas a bajar los brazos”, no, capaz que erraste un gol y después hacés dos, tres, o hacés el gol del triunfo. No solamente no dormirse en los laureles sino seguir creyendo en uno mismo y en el entorno, que son los que me pueden dar un pase de gol, preparar una jugada o estar atento para esos rebotes que andan por ahí, la pelota que queda para empujarla, uno tiene que estar.

P: Quizás la mejor lección de eso es que solo quien verdaderamente quiere tu éxito va a saber combinar entre el elogio y la crítica constructiva.

R: Ni hablar… Mi  padre empezaba con el elogio, decía: “Qué lindo partido, qué bien que jugó Peñarol, lindos los goles… Después te quedaste un poco”, entonces…

P: No llegabas a molestarte.

R: No, para nada, menos con mi padre.

P: ¿Tus hijos, los varones, no andan…?

R: Lo que pasa es que no me vieron jugar, Rodrigo, que es el mayor de los varones, tiene 32 años, me acuerdo que lo empecé a llevar a los entrenamientos de Peñarol cuando yo me empecé a recuperar de la fractura. Como me había fracturado en la selección yo no iba a Los Aromos, hacia la recuperación con Peñarol pero en mi casa. Cuando empecé a entrenar en Peñarol, allá por diciembre, Rodrigo me miraba pero tenía dos años, cumplía dos años en diciembre de 1983, lo de él era la alegría de estar…

P: En el estadio.

R: Al estadio (Centenario) entró un par de veces, de estar en Los Aromos y eso, pero así de verme más o menos de adulto, no, ni siquiera mis hijas.

Diferentes etapas, ya no como jugador

P: Después de retirarte fuiste director técnico, ahora…

R: Director de Relaciones Institucionales y Deportivas.

P: ¿Qué te significa hoy haber seguido adentro del mundo de Peñarol?

R: Sí, claro. Yo  después de mi etapa como entrenador ya a partir de 1995 no tuve trabajo y después mi hija tuvo un accidente con un automóvil, en diciembre de 2008, y en 2009 empieza la posibilidad de la Gerencia Deportiva, queda en la nada… Después vamos a Londres a buscar el trofeo de campeón del siglo, y surge la posibilidad del cargo este. Lo acepté y la verdad es que me siento no solamente cómodo estando en Peñarol, sino también feliz y viviendo a full todo lo que hace Peñarol futbolísticamente, todo lo que hacen los funcionarios del club, porque el club ha tenido un crecimiento enorme, y realmente la verdad que me siento además de feliz y muy cómodo, muy orgulloso de estar trabajando en mi club.

Los logros de Peñarol

P: Me mostraste antes de la entrevista en el museo trofeos ubicados en lo que parecen  réplicas de templos y me decías que para algunos hubo que construir casi ataúdes, ¿cómo fue eso?

R: Claro, porque eran tan grandes las copas… La primera que ganamos en 1974 fue en África, en Angola, ganamos un trofeo que era normal, se llevaba en uno de esos bolsos de ropa y no había problema. Pero cuando viene el de la (Copa) Teresa Herrera, que es impresionante, y después el Mohamed V de Marruecos, que los ganamos en el mismo viaje, eran dos terribles trofeos. ¿Qué era lo que había que hacer? Construir un  tipo ataúd de madera que después iban en la bodega, porque no se podía llevar arriba, y tampoco se podía dejar esos trofeos y que se arreglen como puedan. Así que se  construyeron esas cajas de madera para esos trofeos que para nosotros fueron muy importantes porque tenían una resonancia en Europa.

P: Cuando termina un campeonato se levanta la copa, pero algunos de los trofeos que me mostraste  tenían que levantarlo entre los 11 más o menos…

R: Sí, me acuerdo que la Mohamed V fue el último partido de la gira de 1974, y fue durísimo porque hacía un calor bárbaro y jugábamos de tarde, ganamos 1-0 la final a un equipo polaco, que los polacos habían salido terceros en el Mundial de Alemania. Realmente estábamos con una gran pérdida de peso por el calor y por todo el viaje que traíamos encima, una carga bárbara. Me acuerdo que le dieron el trofeo a Mario González, que era el lateral derecho, y tenía que subir escalones, y después no me acuerdo mucho, pero creo que no podía agarrarla y bajar, y eso que era robusto, el tema es que el trofeo era enorme. Creo que algún compañero más fue como a ayudarlo a tener el trofe.  Tuvimos dos años muy buenos, 1974 y 1975, ahí ganamos dos veces la Teresa Herrera, ganamos la Costa del Sol, la Mohamed V, esos fueron logros muy importantes porque internacionalmente eran muy importantes y aparte económicamente para el club.

 

P: Cuando jugaste con Peñarol fuera del país, ¿estabas representando a Peñarol o a Uruguay?

R: Yo pienso que se representa más a Peñarol y después se representa al país, no es como cuando uno juega la Copa Libertadores, que representa a Peñarol de Uruguay. 

Ganar, no sólo participar

P: Siendo jugador y tan goleador y campeón de Peñarol, ¿cuál podía haber sido un sueño mayor todavía que ganar con Peñarol un campeonato mundial? ¿Ganar con Uruguay un Mundial?

R: Y si…

P: ¿Jugaste con la Celeste en un Mundial?

R: Si, 1974, pero no me fue bien, realmente fueron momentos muy incómodos en la selección, la cosa no funcionaba como uno pretendía, y a veces a uno le toca ganar y otras le toca perder.

P: Antes decías que no entrenaban para ganar sino que vivían para ganar, y yo te quería preguntar si es solamente una frase que quizás no tiene nada de fondo eso de que en el deporte lo principal es participar. El futbolista quiere ganar, no solo participar.

R: Lo que pasa es que la búsqueda que tiene un deportista, o debe tener, es la del triunfo, si es deporte individual, colectivo, quiere ganar, quiere llegar lo más arriba posible, estar en lo más alto. Creo que esa es una de las cosas más importantes, nosotros por ejemplo esas giras que se hicieron en aquellos años íbamos metidos en cuerpo y alma para jugar, prácticamente jugábamos los mismos siempre, tampoco viajaba un plantel de 25, íbamos 16. Los que estábamos ahí todos teníamos el interés de ganar, de hacer las cosas bien, y si las cosas no nos salían bien había que seguir, porque si gano, sigo, y si pierdo también sigo, y si salgo campeón a los 15 minutos ya tengo que empezar a defender el título.

P: En el fútbol sabemos que se mueve mucho dinero. Al  futbolista en la cancha, ¿le importa ese tema de fondo o solo le importa la parte deportiva?

R_ No, la parte económica la incidencia que pueda tener en un plantel frente a un logro, como decían algunos, los del Paris Saint Germain se perdieron no sé cuánta plata… si, pero se perdieron esa plata porque ellos cobran grandes sueldos, grandes primas y grandes contratos. Puede haber una queja de “¡Pa!, mirá la plata que nos perdimos…”, pero el dolor más grande es el partido que perdimos o que no pudimos ganar, sin duda.

 

Cuestión de etapas en la vida

P: ¿Cambió tu visión del fútbol ahora en tu cargo, si lo comparás con lo que sentías de pibe?

R: Claro, lo que pasa es que cuando uno es jugador, es jugador, totalmente, no nos ponemos a hacer otra cosa, el trabajo, cuidarse, hacer una vida ordenada, todo eso. Después, yo igual sigo haciendo más o menos la misma vida, solo que no juego…

P: ¿Cuándo dejaste de jugar, en 1984, pero después jugabas, con amigos?

R: Si, después jugué un poquito, pero ya no juego más.

P: ¿Porque el cuerpo no daba o porque son etapas en la vida?

R: Es que no tengo ganas. Además me siento muy cómodo no jugando y no tengo por qué jugar, ya terminó… el otro día jugué un par de minutos en Canal 4 que era el lanzamiento de la programación del año, claro, dos tiempos de cinco minutos.

P: ¿Cómo te sentiste?

R: Bárbaro, pero no es que me sienta cansado o me duela acá o allá, es como que ya pasó. Si mañana se organiza algo y me dicen: “Fernando, ¿querés jugar?”, capaz que sí, que juego un rato, pero no el tema de ponerme a jugar…

P: Tú fuiste ídolo de muchos. ¿Tuviste o tenés tus ídolos del fútbol?

R_ No. yo quiero que mi equipo gane, ande bien, salga campeón; quiero que la selección uruguaya gane y salga campeona, que tenga los mejores resultados. Después me interesa pura y exclusivamente Peñarol.

P: Ahora como decías en esta otra muy distinta etapa de la vida, ¿cómo seguís los partidos de Peñarol? ¿Se reúnen amigos, la familia, mirás nervioso un partido, siempre en la cancha?

R: No, estoy en el palco con toda la gente de Peñarol, directivos y toda esa gente que va al palco a ver los partidos. Después mis hijos van repartidos por el estadio, va mi señora con Carolina.

P: ¿Son todos de Peñarol?

R: Todos, absolutamente.

Y más allá del fútbol

P: ¿Tenés otras pasiones en la vida?

R: La pasión más grande que tengo yo es mi casa, mi familia, todo lo que está cerca de mí, mis amigos, todos los que están… todo lo que sentimentalmente me mantiene estoy siempre a la orden, siempre en la búsqueda de saber qué pasa. Ir a ver a mi madre, que tiene 87 años, todo lo que familiarmente pueda resolver, ayudar, estar, compartir. Porque muchas veces me ha pasado, las últimas semanas estuvimos cuatro días en México, tres días en Brasil, siempre hay una posibilidad de no encontrarse o no verse, muchas veces capaz que estoy en casa y digo: “Voy a ver a mamá que hace una semana que no la veo”, porque estuve afuera, por ejemplo. Es lo que más me gusta, soy muy casero, si salgo a comer lo hago con mi señora o con amigos a juntarnos porque todos tenemos actividades, muchas veces nos juntamos y falta alguien.

P: ¿Hablan  solo de fútbol?

R: Hablamos de fútbol, resolvemos todos los temas.

 

 

Fernando nos contaba en ese momento sobre sus hijos y dos nietas. La mayor tenía en ese momento 4 años.”Ya son socias de Peñarol las dos, Mora y Paulina, las dos ya tienen hasta carnet y todo”. 

 

¨P: ¿Y qué tal es ser abuelo, esa nueva etapa de la vida?

R: Ahora cuando vaya para casa  están las dos. Me encanta, “Abuelo Nano” me dice Mora, Paulina tiene dos meses y medio recién, realmente es muy lindo eso.

P: Ayer estuve con Roberto Canessa y decía: “Los hijos son las inversiones, los nietos los intereses”.

R: (Risas.) Si, es una cosa maravillosa el hecho de tener hijos y después de tener hijos tener nietos es algo… es una escalera impresionante.

P: Aparte cuatro hijos es lindo, ¿sos un agradecido de la vida?

R: Totalmente, sin dudas.

P: ¿Hablarías en términos de “estoy realizado porque dediqué toda la vida a lo que me gusta”?

R: No,  porque voy a trabajar en Peñarol hasta que me muera, espero.

 

Recordando su viaje a Israel

P:. Yo te recordaba que te conocí en Israel, ¿cuándo fue aquél partido amistoso?

R: En 1995, después de ganar la Copa América estuvimos allá.

P: ¿Qué recordás de aquel viaje, qué impresiones te llevaste?

R: Estuvo precioso, estuvimos en el Muro de los Lamentos, después estuvimos en el centro de Jerusalén, estuvo todo muy lindo. Después fuimos a comer con el intendente, un grandote, me acuerdo que estaba en un hotel de Carrasco que lo fuimos a ver y después fuimos a comer. Me acuerdo que estábamos con Héctor Núñez, lamentablemente fallecido.

Yo fui dos veces a Israel, fui en 1995 y había ido en 1973, después de las Eliminatorias de 1973, que ganamos, para ir al Mundial de Alemania y fuimos ahí, que me acuerdo que los aviones caza volaban bajo porque todavía estaban los coletazos de la guerra. Eso fue en julio. 

P: Entonces fue antes de la guerra del Día del Perdón

R: Fue el cierre de las Macabeadas y me acuerdo que los aviones andaban por el mar, bajito, y no sabíamos qué pasaba.

 

Y para terminar…

P: ¿Hay algo más que te parece que hay que mencionar, alguna vivencia especial?

R: Sólo lo que fue mi  papá para mí, que falleció hace 27 años ya.

P: Muy joven, ¿no?

R: Si, 63 tenía.  Realmente un gran tipo. Mi mamá, mi hermana, que me cuidó muchísimo siempre.

P: ¿Son dos ustedes?

R; Sí, ella va a cumplir 70 este año. Mis padres perdieron un hijo entre mi hermana y yo por lo que hoy sería una mala praxis del médico, le erraron y bueno… Mi cuidado estaba muy previsto por lo que habían perdido mis padres, la verdad que no solamente soy feliz con la familia que yo formé y con mi mujer y mis hijos, sino también con la familia de mis padres y mi hermana, fue muy lindo todo, porque toda esa parte del baby fútbol y los viajes a Buenos Aires y jugar en la Quinta División, que era un chiquilín, siempre estaba el apoyo constante y realmente son cosas que uno tiene en el corazón.

 

P: Si te pregunto qué es lo que más te marcó en la vida… ¿Tu familia y el amor al fútbol?

R: Seguro mi familia, aparte mi padre no escatimaba ningún esfuerzo no en darme la razón sino en darme las posibilidades. Un día me vio fumando y me dice: “¿Vos querés jugar al fútbol?”, claro, ya alcanzó con la pregunta. No vino, se enojó conmigo, agarró el cigarro, lo tiró, nada. Aparte de padre era amigo, con casi 30 años de diferencia, y eso lo… aparte yo lo extraño.

P: Hasta ahora.

R: Si, se extraña. 

P: Me imagino que inclusive cuando uno tiene una vida exitosa y haciendo con felicidad lo que le gusta hay momentos difíciles, quizás los tuviste más como director técnico que como futbolista, ¿siempre tenías un norte claro, nunca sentiste la tentación de darte por vencido?

R: No…Bueno, en el fútbol eso puede pasar, le ha tocado a muchos, nos toca a todos. También el accidente de mi hija me cambió la vida de alguna manera, y eso son hechos que uno no es que tiene que pelear contra esos hechos, sino absorberlos y seguir viviendo.Está lúcida, pero le quedaron problemas neurológicos y de equilibro. Pero ella utiliza la computadora y todo eso. El tema es estar siempre, que yo estoy pensando en mi mujer y ella está pensando en Carolina, yo pienso en mi mujer porque mi mujer está pensando en Carolina, siempre hay un enganche ahí que lleva ya prácticamente cuatro años, o más, desde el accidente. Hoy tiene 35 años.Hay que seguir.

 

Ana Jerozolimski
(08 Octubre 2020 , 17:12)

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