Israel

La presencia de España en Israel I

Por Ruth Fine

Consideraciones iniciales: una joven-vieja relación

Españoles e israelíes nos hallamos unidos por un patrimonio cultural común, desarrollado en la Península Ibérica a lo largo del primer milenio y la mitad del segundo. Esta herencia incluye también una lengua, aquélla que fue transportada y preservada a lo largo de los caminos del exilio, enriquecida por el transcurso de los siglos y los cruces lingüísticos y culturales.  No obstante, nuestros periplos comunes se hallan también poblados por paradojas que a menudo han trazado líneas divisorias sutiles e invisibles, también dolorosas. Así, por ejemplo, el Siglo de Oro en España y el Siglo de Oro de España: dos inocentes preposiciones escinden mundos distantes, que se desconocieron y negaron mutuamente. Al iniciar mi labor intelectual en Israel, en el horizonte de las letras áureas, pude comprobar, para mi sorpresa inicial, que al hablar del Siglo de Oro español ante círculos no hispanohablantes ni de hispanistas, debía anticiparme y aclarar que en mi exposición me referiría a los siglos XVI y XVII, y no a los siglos IX, X, XI y mediados del XII, en España, los cuales ocupan el centro de interés en el mundo académico hebreo-parlante. Y desde la otra orilla, si bien se entiende que estos siglos transcurrieron en la Península Ibérica ―Ibn Gabirol, Ibn Ezra, Al Jarizi, Iehuda ha Levi, este último, creador de las primeras jarchas de autor conocido que incluyen versos en romance[1]―, hasta tiempos recientes, ellos no pertenecían al cuerpo cultural institucionalizado de las letras hispanas. Una historia de ausencias, cuya programática se inicia en los albores del Siglo de Oro español. Paradojas y negaciones, sí, pero también apropiaciones, desplazamientos y, fundamentalmente, sincretismos callados y latentes. El objetivo de este trabajo es referir sucintamente algunos trazos del reciente reencuentro entre pueblos y culturas que convivieron en un mismo territorio por siglos, pero que durante largos períodos se desconocieron mutuamente, y que en el siglo XX se redescubren, para reescribir su historia, la que hoy sin duda "es la historia de un amor"[2].

 

España en Israel: el creciente acercamiento de los últimos decenios

La presencia de la cultura española en el moderno estado de Israel se remonta a los años de la creación del joven país. Una anécdota al respecto podrá resultar reveladora: Ben Gurión, Primer Ministro y artífice del estado judío, estaba deseoso de aprender el español, y ello con la finalidad de poder leer el Quijote de Cervantes. Ben Gurión le solicitó entonces a su secretario, y posteriormente quinto Presidente de Israel, Itzjak Navón, que le enseñara la lengua de Cervantes, cosa que éste hizo con máximo agrado. Tras tres meses de estudio, en tiempos en que tantas dificultades acosaban al incipiente país, su Primer Ministro adquirió los principios de la lengua y se sintió capaz de leer la obra maestra cervantina, la que consideraba lectura imprescindible para todo estadista y más aún, para uno que debía llevar adelante el audaz proyecto de creación de un joven estado.

            Si bien las relaciones diplomáticas entre España e Israel se establecieron tan sólo en el año 1986, la presencia de España existió y se incrementó a lo largo de los años previos a dicha institucionalización de las relaciones, y ello a través de la literatura –especialmente la traducción de autores como Cervantes, Lorca, J. R. Jiménez y otros–, como también gracias al estudio de la lengua, y no menos a través de la pasión por la música, la danza y el arte españoles. Así, por ejemplo, en los años ´50 del pasado siglo, Rafael Eliaz, el primer traductor de Federico García Lorca, convirtió a Lorca en un escritor amado y aun venerado en Israel. Si bien tanto la imagen de Lorca como la de España era más bien la folklórica, es decir, la poblada por gitanos, guitarras, corridas de toros y otros estereotipos conocidos, su presencia en una etapa tan temprana del Israel moderno era significativa y abrió el camino para un conocimiento futuro más profundo. También los sucesos de la guerra civil española ya desde los decenios previos a la creación del estado despertaron un notorio interés en el público israelí. Quizás esto explique parcialmente el gran éxito que tienen en Israel en tiempos recientes las obras de  Julio Llamazares, Fernando Arrabal, Javier Cercas y otros, como también las películas que se refieren a dichos sucesos y a sus consecuencias.

Desde aquellos primeros avances en del diálogo entre ambas naciones son muchos los cauces recorridos hasta  llegar a los últimos decenios, en los cuales asistimos a un verdadero auge de la cultura española en Israel. Quienes siguen de cerca la vida intelectual y cultural israelí no pueden sino observar que el interés por la España y el mundo sefardí ha aumentado de manera vertiginosa en dicho período, tanto entre los escolares y estudiantes como en la sociedad israelí en general. Ello se pone de manifiesto no sólo en el elevado número de estudiantes que asisten a los cursos de lengua y literatura españolas, como también de cultura hispánica y sefardí en las universidades, sino también en la creciente demanda en la enseñanza secundaria y en el progresivo aumento de obras literarias que anualmente se traducen al hebreo del español o catalán. De este modo, la magnitud y variedad de la presencia España en Israel constituyen, en la actualidad, un fenómeno singular en el horizonte de la cultura española en el mundo.  Como se ha señalado ya, ello de ningún modo representa una situación novedosa, circunscripta a los últimos años. Así, por ejemplo, los estudios hispánicos cuentan con una larga tradición en nuestras universidades que va más allá de la creación del estado de Israel, pero sí se trata de un fenómeno cuyo acrecentamiento es notorio en los últimos decenios, propulsado, entre otras razones, por el inusitado interés por la lengua española. 

En efecto, la notable propagación de la lengua española en el mundo constituye sin duda un estímulo para el creciente interés por la lengua en Israel, si bien me atrevo a afirmar que el fenómeno alcanza proporciones llamativas en nuestro pequeño país. El Instituto Cervantes ha realizado pocos años atrás una encuesta que ha mostrado que un millón de israelíes poseen algún conocimiento de este idioma, y ello en un país de ocho millones de habitantes, en el cual hispanohablantes nativos sólo alcanzan el 2,6 de la población total. Por ende, podemos afirmar que el interés de la lengua se ve acompañado por otros factores, tales como la importante herencia sefardí, pero también el interés por el cine, la música, el arte y en especial por la literatura española, dando lugar a un incremento progresivo del número de obras, tanto modernas como clásicas, traducidas al hebreo. No menos importante, es el cada vez mayor interés turístico por España que se ha convertido en uno de los objetivos favoritos de los turistas israelíes de todas las edades. Observemos separadamente algunos de estos factores.


 
[1]  Me refiero a la "Jarcha en honor de Yosef ben Ferrusel, Cidelius", compuesta por Iehuda ha Levi entre 1091-1095, en honor de Yosef ben Ferrusel.
[2] Puede reconocerse aquí la alusión al famoso bolero compuesto por Carlos Eleta Almarán "Es la historia de un amor".

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26 Noviembre 2020


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