Mundo Judío

Mi Sinaí

Tenemos el honor de compartir con nuestros lectores MiSinaí No. 72. Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros.

No. 72
Lej Lejá
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Horario de velas de Shabat en Montevideo, viernes 30/10  18.55
Demás localidades ver en  www.jabad.org.uy

GRAN RIQUEZA

Por Yanki Tauber

“Cuando el sol estaba poniéndose, un profundo sueño cayó sobre Abram. Y así, un pavor intensamente oscuro se apoderó de él. Entonces dijo (D-os) a Abram: “Sabe que ciertamente tu descendencia será extranjera en tierra ajena, donde la esclavizarán y oprimirán ... Y después de esto ellos saldrán con gran riqueza.” (Bereshit 15:12-14)

El Galut (exilio) se presenta en muchas formas. El esclavo hebreo en Egipto, el próspero judío exiliado en Babilonia, el perseguido habitante del gueto de la Europa medieval, el prisionero de Auschwitz, el judío americano tolerado en el club campestre local, el israelí rehen de los caprichos de las superpotencias mundiales; todos están sometidos a un estado de galut, cuya más básica definición es que uno es “un extraño en una tierra que no es suya”. No eres el amo de tu entorno, sino su súbdito; no estás en control de tus circunstancias, eres su víctima.

El galut es descripto frecuentemente como un castigo por nuestras fallas; decimos en la plegaria de Musaf de las festividades que “debido a nuestros pecados fuimos exiliados de nuestra tierra”. Pero esto es solo parte de la historia. En el “Pacto Entre las Partes” entre D-os y Abraham (aun Abram en ese momento) en el que se estableció por primera vez que iba a existir un pueblo judío, D-os le informó a Abraham que sus descendientes serían extranjeros en una tierra no suya. El galut del pueblo judío fue ordenado antes de que hubiera un pueblo judío.

De hecho, hemos estado en galut la mayor parte de nuestra historia. Hubieron dos eras del Templo (826-423 aec y 349 aec - 69 ec), totalizando unos 820 años, cuando residimos en nuestra tierra y la Presencia Divina moraba en forma manifiesta entre nosotros; pero durante la época del Segundo Templo vivimos bajo la hegemonía de poderes extranjeros, e incluso la época del Primer Templo incluyó períodos de lucha interna y subyugación foránea. De hecho, el Talmud indica una sola generación, el reinado de 40 años del Rey Salomón, como un tiempo cuando “la luna estaba llena”, cuando nuestra relación con D-os era completa y éramos verdaderamente amos de nuestro destino.

Uno podría pensar que un estado de ser que ha resistido durante el 99% de nuestra historia, estaría ya arraigado en el carácter judío, o al menos se hubiese vuelto una forma familiar de vida. Pero la cosa más increíble del galut es que casi 4000 años después del “Pacto Entre las Partes” sigue siendo tan aterrador como incomprensible, tan extraño a nuestras almas como lo fue para Abraham ese día fatídico cuando él contempló su gran y temible oscuridad.

Los pueblos del mundo, que ciertamente incluyen naciones más ricas, más poderosas y políticamente más independientes que nosotros, en su mayor parte han aceptado el hecho que el mundo en el que viven incluye fuerzas más grandes que ellos, a las cuales están sujetos. Pero el judío no. No nos hemos reconciliado con el galut. Nunca lo hemos aceptado y nunca dejaremos de esforzarnos por lograr la redención.

De hecho, es la misma desnaturalidad del galut, su misma extrañeza, lo que es la llave para la “gran riqueza” que produce. La conciencia constante de que este no es nuestro lugar, la fe permanente que las circunstancias presentes verdaderamente no son “como son las cosas”, es lo que está en la raíz de lo que el judío ha logrado y alcanzado, tanto para si mismo como para el mundo.

Allí está la paradoja del galut: su poder surge del hecho que no debe ni puede ser, del esfuerzo incesante para darle fin, de la fe cierta que este esfuerzo tendrá éxito. Porque esto, también, fue predeterminado en el Pacto Entre las Partes.

A nosotros los judíos se nos ha acusado de muchas cosas, pero nunca nadie nos llamó ingenuos. Si cien generaciones de esfuerzo y lágrimas judías fueron consumidas en el esfuerzo, es solo porque sabemos que la luna recobrará su completitud y moraremos en un mundo de bondad y perfección divinas.

 

 

DIEZMANDO PARA CRECER ESPIRITUALMENTE

 

"Le dio un décimo de todo." (Bereshit 14:20)

Dar el diezmo de nuestra riqueza expresa nuestra conciencia del hecho que todo lo que poseemos le pertenece en realidad a D-os y por lo tanto debe ser usado para propósitos sagrados. Generalmente, acumulamos riqueza para mejorar nuestras vidas y las vidas de nuestros seres queridos; cuanto más internalizamos los valores de la Torá, tanto más estos motivos se fusionan con nuestro deseo de transformar el mundo en un lugar más Divino.

Sin embargo, cuando nos llega una riqueza no ganada, se nos puede ocurrir no tratarla de la misma forma. Al dar un diezmo del botín de guerra, que recibió milagrosamente, Abraham demostró que no solo la riqueza que hemos producido nosotros mismos le pertenece a Di-s, sino toda nuestra riqueza.

Di-s nos promete devolvernos muchas veces por darle nuestros diezmos, y de hecho nos implora que lo probemos en esto. Siguiendo el ejemplo de Abraham incluso con nuestra riqueza no ganada, nuestras vidas demostrarán como Di-s recompensa a aquellos que cumplen con Su voluntad. De esta forma, nosotros, como Abraham, difundiremos el conocimiento de la generosidad y bondad de Di-s a lo largo del mundo.

Likutei Sijot, vol. 5, págs. 68-76.

Génesis (Bereshit) 12:1 – 17:27

La tercera sección del libro de Génesis comienza con la crónica de Abraham, quien fue seleccionado por D-os para fundar el pueblo judío. Esto sirvió para revertir el proceso de degeneración moral en el que la humanidad estaba encerrada desde su expulsión del Jardín del Edén. El nombre de esta sección (Lej Lejá) está tomado de las primeras palabras de D-os a Abraham: “Ve...”, en el cual El le dice que deje su Mesopotamia natal (hoy en día Irak) y se asiente en la Tierra Prometida. A lo largo de sus viajes Abraham desafió el paganismo, difundiendo la conciencia de la fuente de toda realidad y de su continua dependencia en un único D-os.

RABÍ IEHUDÁ HAJASID (1148-1217)

Por Nissan Mindel

Rabí Iehudá fue un erudito e intelectual de primer orden en el estudio de la Torá, además de ser el autor del Sefer Jasidím (el Libro de los Devotos) fue jefe del Bet HaMidrash de Speyer.

Siempre predicaba la importancia de la fe (emuná), la conducta refinada y la oración devota, calificándolos como más vitales que el estudio en sí. Se cuenta de él que a menudo se quitaba sus vestiduras rabínicas y ataviado como un mendigo o un vagabundo viajaba a través del país. Su intención era experimentar en carne propia todas las penurias y sufrimientos que afligen la vida del pobre y del desamparado. Cuando se le preguntaba sobre su extraño proceder, respondía: -No es en la quietud hogareña o en la paz de su estudio donde un judío debe demostrar su carácter, sino en las pruebas cotidianas de la calle.

Rabí Iehudá Hajasid, a quien se conoce principalmente por sus escritos éticos, era un hombre de grandes conocimientos halájicos, aunque condenó el entonces difundido método de estudio llamado pilpúl, la polémica teórica sobre el Talmud. Lo consideraba un método infructuoso de encarar el estudio, pues su propósito fundamental es la acción, la conducta piadosa, y no la pura teoría ni la discusión por amor a ella. Era un líder de los Jasidei Ashkenaz (Pietistas Germanos).

A menudo utiliza historias para ilustrar sus ideas y registra muchas costumbres y tradiciones. Habla sin reservas del cuidado y la precaución que debía tenerse en el trato con los no-judíos de su época, evocando sus amargas experiencias a manos de los Cruzados. Asimismo, en base a ellas, exhorta a los judíos a no salvar la vida a costa de simular aceptar otra fe.

Muchas historias similares se cuentan sobre esta ilustre personalidad, demostrando así la reverencia y estima que les merecía aquel hombre a quien tanto debían.

Ya estas levantado, ya estas vestido, incluso ya le agradeciste a D-os por devolverte el alma ¿Qué más podemos pedir? Espera ¿Te lavaste las manos antes de salir de la cama?

 

Las razones:

 

En Templo de Jerusalen, los sacerdotes se lavaban las manos antes de comenzar el servicio diario. Cada persona es un ser sacerdote en el templo, que es su casa y su corazón.

Cuando el cuerpo descansa, el alma asciende a las esferas superiores para recargar energías. Solamente quedan en nuestro cuerpo las energías más básicas – las necesarias para poder continuar con las funciones corporales. El vacío espiritual permite al cuerpo entrar en estado de impureza espiritual, llamado tumah. Cuando nos levantamos para quitarnos los vestigios de la tumah.

El procedimiento:

Antes de ir a dormir, prepare una jarra de agua y una palangana vacía y colóquela al lado de la cama (no debajo).

Cuando se levanta por la mañana después de recitar el Mode Ani, lávese la mano derecha hasta la muñeca luego la mano izquierda, después repita el lavado, y vuelva a repetirlo. Este lavado es llamado Netilat Iadaim (en Idish, Neguil Vaser.)

Diga la bendición:

Baruj ata Ado-nay Elo-henu melej haolam, asher kideshanu bemitzvotav vetsivanu al netilat iadaim.

 

En español:

 

Bendito seas eterno Dios Rey del mundo, que nos has santificado con tus mandamientos y nos ordenaste el lavado de las manos.

 

Descartar el agua de este lavado enseguida, ya que la impureza queda allí.

 

Detalles:

La costumbre de Jabad: Después de lavarse las manos, vestirse, usar el baño, lávese las manos por segunda vez del mismo modo, en una pileta que no este en el baño, y recién ahí recite la bendición en un estado mas presentable de mente y cuerpo. (Nota: El agua se debe volcar de un recipiente no de la canilla.)

Antes de Netilat Iadaim no: caminamos mas de 2,40 metros o 4 codos, tocamos comida, o cualquier orificio del cuerpo, recitamos ninguna bendición o plegaria.

¿No te lavaste al lado de la cama? Hazlo en la primera oportunidad posible.

Lávese las manos después de haber dormido más de una hora. Si hace una siesta durante el día no es necesario preparar la netila al lado de la cama, es suficiente con caminar hasta el lavabo más próximo, y no se recita la bendición.

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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