Mundo Judío

Gran pérdida para el mundo judío, al fallecer el Gran Rabino Jonathan Sacks

 

Fue el Rabino Jefe del Reino Unido y la Mancomunidad de Naciones, filósofo y autor de 25 libros. Su erudición, sus profundos conocimientos y al mismo tiempo su gran capacidad de comunicación y su buen uso de las redes sociales para difundir y enseñar, le convirtieron en una figura ampliamente conocida en el mundo judío, cruzando fronteras y límites de idioma.

 

Fue diagnosticado con cáncer el mes pasado y comunicó de inmediato que se retiraba de sus tareas para abocarse al tratamiento médico necesario. Este sábado, de sus cuentas de Twitter y Facebook, se informó la triste noticia de su fallecimiento, con solo 72 años de edad.

En homenaje a su memoria, en agradecimiento por lo que aportó al pensamiento judío en la era contemporánea, consideramos que lo más oportuno es compartir sus propias palabras. Aquí tomamos dos ejemplos, que publicamos a continuación, reproducidos en español en el portal Aishlatino.

 

 

 

Siete principios para mantener el diálogo entre los judíos

19/7/2019  |  por Rav Jonathan Sacks

 

En tan sólo unos días es el ayuno del 17 de tamuz y con él comienza el período de duelo del calendario judío que es conocido como las ‘Tres Semanas’. Estas tres semanas concluyen con el día más triste del año, el nueve de av.

Dos veces Israel sufrió la derrota y el exilio. La primera vez (la conquista del reino del norte y un siglo y medio más tarde la destrucción del Primer Templo y el exilio de Babilonia) fue una consecuencia directa de la división del reino en dos partes tras el fallecimiento de Salomón. La segunda vez (la derrota ante los romanos y la destrucción del Segundo Templo), fue el resultado de las intensas divisiones y la lucha interna, sinat jinam, u ‘odio gratuito’

Hoy, a lo largo del mundo judío, siguen existiendo muchos conflictos internos. Cuando judíos individuales o grupos de judíos tienen desacuerdos (algo inevitable), tenemos que encontrar la manera de superarlos respetuosamente, para asegurar que podamos seguir prosperando como pueblo.

Con este objetivo, a continuación enumero lo que considero siete principios claves para mantener el diálogo entre los judíos. Espero que puedas poner en práctica alguno de ellos, o todos.

PRINCIPIO 1: Seguir conversando, aunque no se esté de acuerdo. Mientras más se habla, más probable es que eventualmente se llegue a encontrar una forma de resolver juntos el problema.

PRINCIPIO 2: Escuchar atentamente al otro. Escuchar lo que dice tu oponente. Escuchar es profundamente terapéutico. También es profundamente espiritual. La buena noticia sobre el pueblo judío es que estamos entre los mejores oradores del mundo, La mala noticia es que estamos entre los que menos saben escuchar. Esto tiene que cambiar. Shemá Israel, el importante mandamiento, significa: “Escucha, Israel”.

PRINCIPIO 3: Debes ser siempre humilde y modesto al esforzarte por entender el punto de vista con el cual no estás de acuerdo. Ese era el camino de Hilel, y sigue siendo la primera regla en la resolución de conflictos.

PRINCIPIO 4: Nunca busques la victoria. Nunca busques lograr derrotar a tus oponentes. Si tú intentas derrotar a tu oponente, él (así es la psicología humana) buscará tomar represalias derrotándote a ti. El resultado final será que incluso si hoy ganas, mañana perderás, y al final todos terminarán perdiendo. No pienses en términos de victoria y derrota. Piensa en términos de lo que es mejor para el pueblo judío.

PRINCIPIO 5: Si tú manifiestas desprecio hacia otros judíos, ellos manifestarán desprecio hacia ti. Si tú manifiestas respeto hacia otros judíos, ellos te manifestarán respeto. Si buscas respeto, brinda respeto.

PRINCIPIO 6: Recuerda que la base del pueblo judío es: “kol Israel arevim zé la-zé”, ‘Todos los judíos son responsables los unos por los otros’. Podemos no estar de acuerdo en todo, pero seguimos siendo una misma familia. Si tienes un desacuerdo con un amigo, mañana él puede no ser más tu amigo. Pero si tienes un desacuerdo con un miembro de la familia, mañana seguirá siendo parte de tu familia. Ser una familia es lo que nos mantiene juntos. No necesitamos estar todos de acuerdo, pero tenemos que preocuparnos los unos por los otros.

PRINCIPIO 7: Dios nos eligió como pueblo. Él no eligió sólo a los rectos. Nos eligió a todos. Como un pueblo nos presentamos ante Dios y también como un pueblo nos presentamos ante el mundo. El mundo no hace distinciones, los antisemitas no hacen distinciones. Estamos unidos por un pacto de memorias compartidas, identidad compartida, destino compartido, incluso si tenemos diferentes perspectivas respecto a nuestra fe.

Los Sabios dijeron que la Torá fue entregada para que haya paz en el mundo. ¿Cómo es posible que el pueblo judío o el Estado de Israel puedan estar en paz con el mundo si no somos capaces de vivir en paz entre nosotros mismos? Recuerda esto la próxima vez que estés tentado de alejarte de algún grupo de judíos que pienses que te han ofendido. Debemos hacer algún esfuerzo, algún gesto, escucharnos mutuamente, perdonarnos y permanecer unidos como una familia extensa y con infinitas variedades. Este es el máximo tikún para el dolor de las Tres Semanas que devastó nuestra historia y sigue reverberando.  

 

9 citas de Rav Jonathan Sacks sobre Israel

7/5/2019  |  por Rav Jonathan Sacks

 

1) “Israel siempre fue un país pequeño, el hogar de un pueblo pequeño. Sin embargo, lo que nuestros antepasados lograron allí transformó el horizonte espiritual de la humanidad. Allí fue donde los profetas enseñaron cómo servir al único Dios, de Quien somos hijos; allí fue donde Eliahu dijo la verdad con toda la fuerza, Oshea relató el amor de Dios y Amos habló de Su justicia. Allí fue donde Mijá dijo: ‘¿Qué es lo que te pide Dios fuera de que actúes con justicia y bondad y que camines con humildad junto a Dios?’. Allí fue donde el Rey David entonó cánticos y su hijo, Shlomó, construyó el Templo. Y aunque a menudo muchos no estuvieron al nivel de los elevados ideales de Dios, generación tras generación surgieron hombres y mujeres visionarios que le recordaron al pueblo su destino como un pueblo sagrado en una tierra sagrada. Sus enseñanzas nunca murieron, y tienen la fuerza de seguir inspirándonos”.

2) “Los judíos han vivido prácticamente en todos los países que existen bajo el sol. En cuatro mil años, sólo en Israel fueron un pueblo libre y se gobernaron a sí mismos. Sólo en Israel son capaces, si lo desean, de construir una agricultura, un sistema médico y una infraestructura económica acorde con el espíritu de la Torá y su preocupación por la libertad, la justicia y la santidad de la vida. Sólo en Israel los judíos pueden hablar en el hebreo de la Biblia como el lenguaje cotidiano. Sólo allí pueden vivir el tiempo judío con un calendario estructurado de acuerdo con los ritmos del año judío. Sólo en Israel los judíos pueden vivir el judaísmo de una forma que no sea una publicación editada. En Israel, y sólo allí, los judíos pueden caminar por donde caminaron los profetas, subir las montañas que subió Abraham, elevar sus ojos a los montes que vio David y continuar la historia que comenzaron sus ancestros”.

3) “Israel sigue siendo el foco de las esperanzas judías. Dondequiera que fueron los judíos, construyeron sinagogas, cada una de las cuales era un fragmento simbólico del Templo en Jerusalem. Adondequiera que fueron, rezaron por Jerusalem, en dirección a Jerusalem. Ellos la recordaron y lloraron por ella, como dice el Salmo, en cada momento de alegría. Ellos nunca cedieron a su reclamo por la tierra, y hubo lugares, especialmente al norte, de donde nunca partieron. El pueblo judío era la circunferencia de un círculo cuyo centro era la Tierra Santa y la sagrada ciudad de Jerusalem”.

4) “Aunque Israel tuvo que luchar muchas guerras, desde el comienzo buscó la paz. El idioma hebreo tiene dos palabras para fuerza: koaj y guevurá. Koaj es la fuerza que se necesita para ganar una guerra. Guevurá es el coraje necesario para hacer la paz. Israel ha demostrado poseer ambas clases de fuerza. Pero la paz es el canto de un dúo, no un solo. Una sola parte no puede hacer la paz. Si fuera posible, hace mucho tendríamos paz”.

5) “El hebreo, el lenguaje de la Biblia, renació en todo Israel como una lengua viva. Las comunidades judías bajo amenaza fueron rescatadas, incluyendo aquellos como los judíos de Etiopía que durante siglos tuvieron poco contacto con otros judíos. Los judíos llegaron a Israel de más de un centenar de países, representando todo el léxico de la diversidad cultural. Un terreno desolado volvió a florecer. Jerusalem fue reconstruida. El mundo de la erudición de Torá, devastado por el Holocausto, revivió y el sonido del estudio retumba a lo largo de la tierra. Económica, política, social y culturalmente, los logros de Israel no tienen paralelo en ningún otro país con sus años y con su tamaño. Los Sabios dijeron que al cruzar el Mar Rojo, el judío más simple vio milagros que los más grandes profetas posteriores no estuvieron destinados a ver. Sin duda, ese fue también el privilegio de quienes fueron testigos del renacimiento y la juventud de Israel. El Mashíaj todavía no llegó. Israel todavía no tiene paz. El Templo no fue reconstruido. Nuestra época todavía no es la de la redención. Sin embargo, muchas de las plegarias de hace dos mil años obtuvieron respuesta. Al repasar esta historia singular, nadie puede dudar que la fe marca una diferencia; que la historia de una nación recibe su forma a partir de lo que ella cree”.

6) “¿Cómo pueden vivir con la constante amenaza de violencia y guerra? Eso requiere fe. Israel es el pueblo que siempre se mantuvo por la fe, fe en Dios, en el futuro, en la vida misma. Y a pesar de que Israel es un estado laico, su misma existencia es un testimonio de fe: la fe de un centenar de generaciones respecto a que los judíos retornarían; la fe que condujo a los prisioneros a reconstruir una tierra en contra de lo que parecía imposible de superar; la fe de que después del Holocausto el pueblo judío podía volver a vivir; la fe que al enfrentar la muerte continúa diciendo: escoge la vida”.

7) “De alguna manera, de formas que no logro entender por completo, el pueblo judío fue tocado por una fuerza mayor que nosotros mismos, que condujo a nuestros ancestros y a nuestros contemporáneos, una y otra vez, a desafiar los parámetros normales de la historia. De alguna manera, el cielo y la tierra se encuentran en el corazón judío, elevando a la gente para hacer lo que de otra manera parecería imposible. Descartes dijo: ‘Pienso, luego existo’. El axioma judío es diferente. Ani maamin. Creo, luego existo”.

8) “La travesía aún no ha terminado. Israel todavía no halló la paz. Después de cuatro mil años, a los judíos todavía les resulta difícil vivir su fe sin miedo. Hay sólo un estado judío, un país que representa menos de un cuarto del uno por ciento de la masa de tierra del mundo árabe; el único lugar en la tierra donde los judíos constituyen la mayoría, el único lugar en donde ellos pueden hacer lo que para casi todos los otros pueblos es algo obvio: construir una sociedad acorde con sus valores y poder defenderse a sí mismos. Por cada judío vivo hoy en día hay 100 musulmanes y 183 cristianos. A pesar de eso, todavía tenemos que luchar por nuestro derecho a existir”.

9) “Llegará el día en que la historia de Israel en los tiempos modernos le hable no sólo a los judíos, sino a todos los que crean en la fuerza del espíritu humano cuando se dirige a Dios, como un símbolo eterno de la victoria de la vida sobre la muerte, de la esperanza sobre la desesperación. Israel logró grandes cosas. Tomó una tierra desierta y la hizo volver a florecer. Tomó un lenguaje antiguo, el hebreo de la Biblia, y lo volvió a hablar. Tomó la fe más antigua del Occidente y la rejuveneció. Israel tomó a una nación quebrada, en harapos, y la hizo volver a vivir. Israel es el país cuyo himno nacional, Hatikva, significa esperanza. Israel es el hogar de la esperanza”.  

 

 

El reloj despertador de Dios
29/8/2010  |  por Rav Jonathan Sacks

 
 
 Aprovechando al máximo nuestro regalo más preciado: el tiempo.

 
Hay muchas explicaciones hermosas sobre por qué tocamos el shofar en Rosh Hashaná, pero una de las más poderosas es la dada por Maimónides. Para Maimónides el Shofar es el reloj despertador de Dios, despertándonos de la ‘modorra’ en la que pasamos muchos de nuestros días. ¿Qué significa esto?

El regalo más importante que se nos da es el tiempo, y Dios nos lo da a todos por igual. Ya sea que seamos ricos o pobres, siguen habiendo 24 horas en un día, siete días en una semana y un lapso de años que es demasiado corto. A menudo utilizamos nuestro tiempo en cosas que, en las palabras de Maimónides “ni ayudan ni salvan”. ¿Cuánta gente mira hacia atrás en su vida diciendo: “Desearía haber pasado más tiempo en las reuniones de comité”? En cambio, ¿cuántos dicen “Desearía haber pasado más tiempo con mis hijos, o ayudando a otros, o simplemente disfrutando el hecho de estar vivo”?


En ocasiones podemos estar tan ocupados obteniendo nuestro sustento que a duras penas tenemos tiempo para vivir. Los expertos en administración del tiempo hablan de dos tipos de actividad: la urgente y la importante. A menudo pasamos nuestros días ocupados con lo urgente y perdemos de vista lo importante. Recuerdo una conversación con alguien que había sido adicto al trabajo, ocupado siete días a la semana. Como resultado de una crisis personal, decidió respetar Shabat. Luego me dijo que fue la mejor decisión que había tomado en su vida. “Ahora”, dijo, “tengo tiempo para mi esposa, mi hijo y mis amigos. Ir al shul me hizo ser parte de una comunidad. Lo raro es que de todas maneras puedo hacer todo mi trabajo, y en seis días, no en siete”.

Shabat nos enseña a dedicar tiempo para lo que es importante, aunque no sea urgente. Hace treinta años, cuando la tecnología estaba en una etapa menos avanzada, la mayoría de la gente que escribió sobre el futuro lo vio como una era de ocio en la que tendríamos mucho más tiempo libre. Pero no resultó así. Parecemos más presionados y menos relajados que nunca. Teléfonos celulares, emails y computadoras de bolsillo nos obligan a estar siempre de guardia. El Salmista lo expresó mejor: “Enséñanos a numerar nuestros días para que podamos tener un corazón sabio”.

Rosh Hashaná y Iom Kipur es cuando contamos nuestros días. Al pedir ser inscritos en el libro de la vida, pensamos sobre la vida y sobre cómo la utilizamos. En este contexto las tres palabras clave de la plegaria “Unetane Tokef” son fundamentales: teshuvá (arrepentimiento), tefilá (plegaria) y tzedaká (caridad). La teshuvá trata sobre nuestra relación con nosotros mismos. La tefilá trata sobre nuestra relación con Dios. La tzedaká trata sobre nuestra relación con los demás.

Teshuvá no significa solamente “arrepentimiento”, sino también “retorno” –a nuestras raíces, a nuestra fe, a nuestra historia como pueblo y a nuestra vocación como herederos de quienes estuvieron de pie en Sinai hace más de 3000 años. La teshuvá nos hace preguntar: ¿Crecimos en el año pasado o nos quedamos en el mismo lugar? ¿Estudiamos los textos de nuestro legado? ¿Respetamos una mitzvá más? ¿Vivimos completa y confidentemente como judíos? La teshuvá es nuestro satélite de navegación dándonos una dirección en la vida.

Tefilá significa plegaria. Es nuestra conversación con Dios. Nosotros hablamos, pero si somos sabios también escuchamos, a la voz de Dios como refractada a través de las plegarias de cien generaciones de nuestros ancestros. Tefilá no es tanto sobre pedirle a Dios lo que queremos, es más pedirle a Dios que nos enseñe lo que querer. ¿Un auto nuevo? ¿Un mejor trabajo? ¿Una vacación exótica? Nuestras plegarias no hablan sobre esas cosas porque la vida es más que esas cosas. Es menos sobre "lo que tenemos" y más sobre "lo que hacemos" y sobre "quiénes aspiramos a ser". Hablamos sobre perdón y sobre la presencia de Dios en nuestras vidas. Nos recordamos a nosotros mismos que, por más corto que sea nuestro tiempo en la tierra, al conectarnos con Dios alcanzamos la eternidad. La tefilá es nuestro teléfono celular para conectarnos con el cielo.

Tzedaká es sobre el bien que hacemos por los demás. Sir Moisés Montefiore fue una de las grandes figuras de la judería victoriana. Fue un hombre adinerado y dedicó gran parte de su larga vida a servirle al pueblo judío en Inglaterra y en todo el mundo (construyó el molino en Jerusalem, y el área de la cual es parte -Yemin Moshé- lleva su nombre en su honor). Alguien le preguntó una vez cuánto él valía, y él le dijo un monto. “Pero”, dijo el interrogador, “sé que tiene más dinero que eso”. No me preguntaste cuánto dinero tengo sino cuánto valgo. El monto que te dije es la cantidad de dinero que he dado a caridad, porque nosotros valemos lo que estamos dispuestos a compartir con los demás”. Eso es tzedaká.

Ciertas mitzvot en el judaísmo son como un "ensayo" para lo que vendrá en el futuro. Shabat es una preparación para la era mesiánica, en la cual terminarán los conflictos y reinará la paz. Iom Kipur –durante el cual no comemos ni bebemos ni nos involucramos en placer físico, y acostumbramos vestir un kitel, (parecido a una mortaja)– es un ensayo de como será nuestra muerte. Nos obliga a preguntarnos: ¿Qué hice en mi vida que valió la pena? ¿Desperdicié tiempo o lo compartí, con mi familia, con Dios y con aquellos que lo necesitaban?

Sabiendo que ninguno de nosotros vivirá por siempre, le pedimos a Dios otro año: para crecer, para rezar y para dar. Eso es lo que Maimónides quiso decir cuando llamó al shofar “el reloj despertador de Dios”, pidiéndonos que no dormitemos durante la vida, sino que la utilicemos para traer bendiciones.

Que Dios nos bendiga a nosotros, a nuestras familias y al pueblo judío, y que nos inscriba a todos en el 'Libro de la Vida'.

 

7 principios de liderazgo judío
15/12/2013  |  por Rav Jonathan Sacks

 
 
 Somos libres. Somos responsables. Juntos podemos cambiar el mundo.

 
Recientemente me pidieron que escribiera la introducción para una publicación elaborada por la fundación “Adam Science” para conmemorar el vigésimo aniversario de su programa de liderazgo. Nombrada en honor al fallecido Adam Science —quien murió trágicamente en 1991 a los 27 años de edad— el programa ha preparado exitosamente líderes (tanto profesionales como no profesionales) dentro de la judería inglesa; líderes capaces de enfrentar tanto los nuevos como los viejos desafíos de esta nueva era.

La frase "liderazgo judío" es ambigua. Significa liderazgo por judíos, pero también significa de forma judía, es decir, de acuerdo a principios y valores judíos.

Lo primero es más común, es algo que vemos todo el tiempo, pero lo segundo es más inusual. En mi vida tuve el privilegio de conocer ambas, por lo que a modo de agradecimiento, establecí siete axiomas básicos de un liderazgo hecho a la manera judía.

Principio 1: El liderazgo comienza tomando responsabilidad.

Compara la apertura del libro de Génesis con la del libro de Éxodo. Los capítulos de apertura del libro de Génesis hablan sobre la falta de responsabilidad. Al ser confrontados por Dios por su pecado, Adam culpó a Eva y Eva culpó a la serpiente. Caín dijo: "¿Acaso soy el cuidador de mi hermano?". E incluso Noé, "recto, perfecto en su generación", no logró influenciar a sus contemporáneos.

En contraste, Moshé sí tomó responsabilidad al comienzo del libro de Éxodo. Él intervino cuando vio a un egipcio golpeando a un israelita. Intervino cuando vio a dos israelitas peleando. E intervino en Midián cuando vio a un grupo de pastores abusando de las hijas de Itró.

Moshé, un israelita que había sido criado como egipcio, pudo haber evitado cada una de esas confrontaciones, pero no lo hizo. Es el ejemplo supremo de quien dice: cuando vea algo que esté mal, si nadie más está preparado para actuar, yo lo haré.

En el corazón del judaísmo existen tres creencias básicas sobre el liderazgo: Somos libres. Somos responsables. Juntos podemos cambiar el mundo.

Principio 2: Nadie puede liderar solo.

En Génesis 1 vemos siete veces la palabra "tov" (bueno). Por otro lado, la frase "lo tov" (no es bueno) aparece sólo dos veces en toda la Torá; la primera es cuando Dios dice: "No es bueno que el hombre esté solo", y la segunda es cuando Itró ve a Moshé liderar solo y dice: "No es bueno lo que haces". No podemos vivir solos. No podemos liderar solos. El liderazgo es un trabajo en equipo.

Un corolario de esto es que no hay un solo estilo de liderazgo en el judaísmo. Durante los años que el pueblo viajó por el desierto hubo tres líderes: Moshé, Miriam y Aharón. Moshé estaba cerca de Dios, Aharón del pueblo y Miriam lideró a las mujeres y sustentó a sus dos hermanos. Los sabios dicen que gracias a su mérito hubo agua para beber en el desierto.

Durante la era bíblica hubo tres diferentes roles de liderazgo: reyes, sacerdotes y profetas. El rey era un líder político. El sacerdote era un líder religioso. El profeta era un visionario, un hombre o una mujer con ideales e ideas. En el judaísmo, el liderazgo es un producto de la unión de múltiples roles y perspectivas; una sola persona no puede liderar al pueblo judío.

Principio 3: El liderazgo es sobre el futuro.

Antes de que Moshé pudiera liderar, tuvo que tener una visión en la zarza ardiente. Allí le comunicaron su tarea: conducir al pueblo judío de la esclavitud hacia la libertad. Él tenía un destino: la tierra que mana leche y miel. Recibió un desafío doble: persuadir a los egipcios para que dejasen ir a los israelitas y persuadir a los israelitas para que asumieran el riesgo de salir. Lo último resultó ser más difícil que lo primero.

En el camino, Moshé realizo milagros y prodigios.

Sin embargo, su acto más grande de liderazgo tuvo lugar en su último mes de vida. Reunió al pueblo en la ribera del río Jordán y les dio los discursos que constituyen el libro de Deuteronomio. Allí se elevó a las más grandes alturas de la profecía, y miró hacia el más lejano horizonte del futuro. Le habló al pueblo sobre los desafíos que enfrentarían en la Tierra Prometida, les dio leyes y les expuso cuál era su visión de una buena sociedad.

Instituyó principios, como la asamblea nacional cada siete años en la cual se recitaba la Torá, para recordarle periódicamente su misión al pueblo de Israel.

Antes de liderar, debes tener una visión de futuro y debes ser capaz de comunicársela a los demás.

Principio 4: Los líderes estudian.

Los líderes estudian más que los demás. Leen más que los demás. La Torá dice que un rey debe escribir su propio Séfer Torá, el cual "siempre debe estar con él, y leerá de él todos los días de su vida" (Deuteronomio 17:19). A Yehoshua, el sucesor de Moshé, le ordenaron: "Mantén este Libro de Ley siempre en tus labios; medita sobre él día y noche" (Yehoshua 1:8).

Sin estudio constante, el liderazgo carece de dirección y profundidad.

Esto es cierto incluso sobre el liderazgo secular. William Gladstone (ex Primer Ministro Británico) tenía una librería de más de 30.000 libros; leyó más de 20.000 de ellos. Gladstone y Benjamín Disraeli (ex Primer Ministro Británico) eran ambos escritores prolíficos. Winston Churchill escribió unos 50 libros y ganó el Premio Nobel de Literatura.

Si visitas la casa de David Ben Gurión en Tel Aviv verás que es esencialmente una librería de 20.000 libros. El estudio hace la diferencia entre un hombre respetado y un político, entre un líder transformador y un administrador.

Principio 5: Liderazgo significa creer en la gente que lideras.

Nuestros sabios dan una interpretación destacable del pasaje en el que Moshé dice sobre los israelitas: "No creerán en mí". Dios le dijo a Moshé: "Son creyentes hijos de de creyentes, pero al final tú no creerás". También dijeron que la señal que Dios le dio a Moshé cuando su mano se volvió leprosa (Éxodo 4:6) fue un castigo por dudar del pueblo de Israel. Un líder debe tener fe en el pueblo que lidera.

Aquí vemos un profundo principio. El judaísmo prefiere el liderazgo de influencia que el liderazgo de poder. Los reyes tenían poder; los profetas eran influyentes, pero no tenían nada de poder. El poder eleva al líder por sobre el pueblo.

La influencia eleva al pueblo por sobre sí mismos.

La influencia respeta al pueblo; el poder lo controla.

El judaísmo, que valora la dignidad humana mucho más que cualquier otra religión, es profundamente escéptico sobre el poder y profundamente serio sobre la influencia. Consecuentemente, uno de los conceptos más importantes en el judaísmo sobre liderazgo es que la forma más elevada de liderar en enseñar.

El poder engendra seguidores.

Enseñar crea líderes.

Principio 6: El liderazgo involucra un sentido de tiempo y espacio.

Cuando Moshé le pidió a Dios que eligiese a su sucesor, dijo: "Que Hashem, Dios que insufla aliento de vida en toda carne, nombre a un hombre sobre la asamblea, que salga al frente de ellos y que entre al frente de ellos, que los saque y los traiga" (Números 27:16:17).

¿Cuál es la razón de la aparente repetición? Moshé estaba diciendo dos cosas sobre liderazgo. Un líder debe liderar desde el frente: debe "salir al frente de ellos". Pero un líder no debe estar tan lejos al frente que, cuando se de vuelta, no encuentre a nadie que lo esté siguiendo. Debe "salir al frente de ellos", es decir, debe llevar a la gente con él. Debe ir a un ritmo que los demás puedan seguir.

Una de las frustraciones más profundas de Moshé, la cual podemos ver a lo largo de toda la narrativa bíblica, es el enorme tiempo que le lleva a la gente cambiar. Al final, hará falta una nueva generación y un nuevo líder para llevar al pueblo a través del río Jordán hacia la tierra prometida. De aquí viene el gran dicho de nuestros sabios: "No depende de ti completar la tarea, pero tampoco tienes la libertad para abandonarla".

El liderazgo involucra un balance delicado entre impaciencia y paciencia. Si vas demasiado rápido, la gente se resistirá y se rebelará. Pero si vas demasiado lento, se volverán complacientes.

La transformación toma tiempo; a menudo, toma más que una sola generación.

Principio 7: El liderazgo es estresante y exigente emocionalmente.

Escucha a Moshé, el mayor líder que tuvo el pueblo judío: "¿Acaso yo concebí a todo este pueblo? ¿Acaso yo lo engendré? ¿Por qué me dices que los cargue en mis brazos, como una enfermera carga a un infante, hacia la tierra que juraste a sus ancestros?... Yo solo no puedo cargar a todo este pueblo, pues la carga es demasiado grande para mí. Y si es así como me vas a tratar, te ruego que me des muerte —si he de encontrar favor ante tus ojos— para que no vea mi propio mal" (Números 11:11-15).

Sentimientos similares pueden ser encontrados en las palabras de Eliahu, Irmiyahu y Iona. Todos, en algún momento, pidieron morir en lugar de continuar. Los líderes transformadores ven la necesidad de que el pueblo cambie, pero el pueblo se resiste a cambiar y espera que el trabajo sea hecho por su líder.


Cuando el líder les presenta el desafío de vuelta, el pueblo se dirige a él y lo culpa por sus problemas. Culparon a Moshé por las dificultades del desierto, a Eliahu por disturbar la paz y a Irmiyahu por los babilonios. No es ninguna sorpresa que la mayoría de los líderes transformadores sientan, en ocasiones, desgaste y desesperanza.

Entonces, ¿por qué lideran? No es porque crean en ellos mismos; los líderes judíos más grandiosos dudaron de su habilidad para liderar. Moshé dijo: "¿Quién soy yo?", "No creerán en mí", "No soy un hombre de palabras". Yeshayahu dijo: "Soy un hombre de labios sucios". Irmiyahu dijo: "No puedo hablar, porque soy un niño". Iona, al enfrentarse con el desafío de liderar, huyó.

Los líderes lideran porque hay trabajo que hacer, hay gente necesitada, hay injusticia contra la cual luchar, hay errores que enmendar, hay problemas que resolver y desafíos por delante. Los líderes ven eso como un llamado a encender una luz en lugar de maldecir la oscuridad. Lideran porque saben que quedarse sentados y esperar a que los demás hagan el trabajo es la opción fácil. La vida responsable es la mejor vida posible, es una vida que vale todo el dolor y la frustración. Liderar es servir; el elogio más elevado que recibió Moshé fue ser llamado "éved Hashem" —sirviente de Dios— y no hay ningún honor más elevado que ese.

 

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Y tanto...tanto más.

Bendita sea su memoria.

Ana Jerozolimski
(07 Noviembre 2020 , 16:17)

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