Cultura

La casa de los ciegos y el laberinto de los miedos

Por Valeria Bauer

En twitter @judilerner

Me imagino que las casas de los ciegos deben ser muy ordenadas porque si algo cambia de lugar les complica la vida. En Israel hay un museo en donde dicen recrear la experiencia. Yo estuve a punto de ir hasta que leí una entrevista a un ciego de nacimiento donde decía que era imposible experimentar la vivencia sin vivirla realmente. Y lo entendí porque en un punto me pasa lo mismo cuando yo trato de explicar ahora, aquí, sumando unas letras que forman palabras, lo que se experimenta siendo yo, una persona temerosa. 

No juzgaras a otro hasta no estar en su zapato es una de las mitzvot más lindas bein Adam le javeró. Asì que tendrán que creer todo lo que se diga, porque soy yo la única que me puede juzgar, sólo yo estoy en mis zapatos, unas Crocs brillanes en este caso.

Igual haré el intento vano de describir el laberinto oscuro lleno de miedos en el que vivo, miedos que me enceguecen y desorientan dentro de mi propia casa (mi cuerpo) en donde siento que corro empujada por cualquier cosa que se presente como amenaza y que pueda dejarme encerrada en ese mundo oscuro donde mi mente no para de imaginar problemas, maldiciones, envidias, tristezas, dolores. Míos y ajenos. Pequeños y grandes. Cosas que me hicieron o que yo hice. Y todo esto revuelto y todo eso combinado con los laberintos de los otros. 

Alguien ayer me dijo buena, yo me veo temerosa. Tengo miedo de todo y por todo. A todo y a todos, en especial a mí misma,

Y si ustedes son más temerarios que temerosos, si son gente audaz y lanzados puede ser que sea porque la bolsa del repartidor se volcó justo cuando yo pasaba por ahí y me cayeron diez mil cuatrillones trescientos mil trillones ciento veinte mil billones infinito punto uno de miedos.

Por eso doy un paso a la izquierda y me pregunto si voy bien sólo por el miedo que me da no ir en la dirección correcta. Doy un paso a la derecha y me vuelvo a preguntar. No sea cosa de atrasar la salida. Avanzo en zigzag como una presa perseguida por un cazador con buena puntería.

Vivir así es una realidad impensable para quien no la vive y no hay manera de explicarla, como tampoco hay manera de explicar cómo sé que son esos miedos los que de vez en cuando se me acumulan en la espalda y me dejan postrada por un tiempo, con un renovado miedo que me causa dolor que solo se calma en una nube de Dicloflenax..

Mi casa es como la casa de los ciegos, porque cuando las cosas cambian de lugar me desoriento, el miedo me .  paraliza y no puedo avanzar.

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