En comunidad

Historias comunitarias judeo-uruguayas: Sara (Chuchi) Winkowski

Sara Winkowski probablemente sea una de las más prominentes mujeres judías uruguayas en cuanto al alcance de su actividad comunitaria. Fue la primera Vicepresidenta mujer de la Kehilá y ha ocupado-y sigue ocupando- cargos institucionales judíos a nivel internacional.

Esta es su visión y su historia.

P: Sara, o “Chuchi” como tanta gente te conoce ¿qué te parece ser parte de una serie sobre figuras de la colectividad judía uruguaya?

R: La verdad es que me siento muy honrada de ser considerada una figura de la colectividad en Uruguay, especialmente porque hace cinco años que tomé la decisión de irme a vivir con mi hija en los Estados Unidos.  La soledad es muy triste, tú sabes.  Y nunca me consideré alguien importante en la comunidad sino una voluntaria que actuaba a puro corazón, conciencia y voluntad.

P: Bueno, vayamos por partes…Has hecho mucha cosa y no es casualidad que seas una referente, precisamente por haber actuado con corazón, conciencia y voluntad. Y el que no estés viviendo ahora en Uruguay nada quita a toda tu trayectoria. A nivel personal, te felicito por la decisión de estar cerca de la familia. No hay nada más importante. Me alegra por ti. ¿Hay un marco comunitario con el que más te identificas? Lo pregunto así porque has estado en distintas instituciones.

R: En todo lo que es la acción comunitaria, pero más especialmente en los derechos de la mujer, y fundamentalmente en  los derechos  de la mujer judía.

P: Yo creo que tú has sido de las activistas comunitarias más multifacéticas. Tratemos de resumir, contando lo esencial. Empecemos por lo que haces ahora.

R: Es cierto que me he movido en muchos ámbitos. Actualmente es mi cuarto período como vice presidenta del Congreso Judío Mundial en representación del Consejo Internacional de Mujeres Judías. Estoy en el Ejecutivo del Congreso Judío Latino Americano e integro además su Comisión de Género, y soy miembro de la Junta de Gobernadores de B'nai B'rith Internacional.  Además integro la Comisión contra el Tráfico de Personas en ECOSOC, Naciones Unidas, Nueva York, y por supuesto participo en las reuniones por zoom de mi filial, Monte Scopus, en B'nai B'rith Uruguay.

 

Un cargo de importancia internacional

P: Me interesa mucho ese cargo en la ONU. ¿Qué podés contarme al respecto sobre lo que hace y lo que logra? Y por supuesto, sobre tu rol allí. Es increíble pensar que hoy en día tenga que existir una comisión  así.

R: Es cierto, es increíble.  Y te cuento algo, en 1890, mujeres judías alemanas y americanas comenzaron a reunirse preocupadas por las chicas jóvenes que salían engañadas  de los "klein shteitl",  los pequeños pueblos judíos, y eran llevadas a la prostitución. Eventualmente, en 1912 fundaron el Consejo Internacional de Mujeres Judías.  Hoy 109 años más tarde seguimos luchando por lo mismo. 

UN CSTIP,  la comisión que lucha contra el tráfico de personas, es una ONG formada por más de 45 instituciones de todos los ámbitos,  acreditada ante ECOSOC en las NNUU, que lucha para prevenir y erradicar el Tráfico y la Explotación humana a través de  los grupos de presión y la educación, abogan por mecanismos más fuertes para monitorear los compromisos internacionales en la prevención, protección y juicio contra los proxenetas.   Se hace presión  para aprobar resoluciones que permitan erradicar el problema, y también se trabaja con las organizaciones de sus miembros y otras,  en actividades a nivel local y nacional.  Yo soy delegada del Consejo Internacional de Mujeres Judías.

Para mí fue un orgullo poder anunciar que Israel votó recientemente una resolución mediante la cual se culpabiliza al "cliente", la persona que busca a la prostituta y no a la prostituta,  que es indudablemente  una víctima.  Son muy pocos los países que cuentan con una legislatura similar, iniciada hace unos años en Suecia, y es realmente un gran avance para parar el tráfico de personas para la prostitución.  

 

Variedad de responsabilidades

P: ¿Qué otros cargos comunitarios locales o continentales has ocupado?

R: A nivel Internacional, fui Presidenta del Consejo Internacional de Mujeres Judías.  A nivel nacional fui presidenta del Consejo Uruguayo de Mujeres Judías, Presidenta de CEFIDU, Vice Presidenta de B'nai B'rith Uruguay y Presidenta de la Comisión de Relaciones Humanas de dicha institución, y la  primer mujer electa Vice Presidenta de la Kehila.  

P: Entrevisté días atrás a Salomón Zivov y justamente destacó eso.

R: Así es. Integré además la Comisión Nacional de la Familia presidida por Julita Pou de Lacalle en representación de la comunidad judía, CONAMU,  (el Consejo Nacional de Mujeres)  el ejecutivo de la Comisión de Seguimiento de los Acuerdos de Beijing, la Confraternidad Judeo-Cristiana, el grupo de Mujeres por la Ciencias del Instituto Weizmann y durante muchos años el Comité Central Israelita del Uruguay.

 

P: Perdón por la ignorancia…¿qué es la Comisión de Seguimiento de los Acuerdos de Beijing?

R: La  IV Conferencia  de la Mujeres organizada por las Naciones Unidas en Beijing aprobó la Plataforma de Acción de Beijing que planteó la necesidad de crear mecanismos para  la equidad de género y el avance de la mujer.  En Uruguay se formó entonces la Comisión de Seguimiento del Plan de Acción de Beijing, una ONG cuyo objetivo era elaborar políticas públicas en coordinación con el resto de las agencias estatales a los efectos de mejorar las condiciones de las mujeres.   Yo integré el Ejecutivo durante tres años.  

Actividad comunitaria de alcance internacional. Aquí, como parte de una delegación del Congreso Judío Mundial, saludando al Papa Francisco
Sara, adelante a la izquierda, en Beit HaNasí en Jerusalem, al recibir el Presidente Reuven Rivlin una delegación del Congreso Judío Mundial

 

Consejos a los jóvenes

 

P: ¿Qué consejo darías a jóvenes que comienzan ahora en la actividad comunitaria? ¿Hay un “qué hacer” y “qué no hacer” bien claro? 

R: Creo que lo más importante para quienes se inician en la vida comunitaria es comprometerse de corazón con el trabajo.  Una de las primeras cosas que enseñan en el voluntariado del Hospital de Clínicas, es que "la silla no puede quedar vacía".  Para mí la actividad comunitaria siempre fue un compromiso al que no se le podía fallar porque "hoy no tengo ganas de ir" o "mejor voy a la peluquería", etc.     En la labor comunitaria es más lo que se recibe que lo que se da.  Es una sensación sumamente gratificante el saber que se está colaborando para el bienestar de quienes no tienen o no pueden.

Enseñanzas que dejan huella

P: Tu actividad es absolutamente multifacética ¿Cómo llegaste a tanta actividad comunitaria? ¿Es algo que se va dando o es producto de una decisión que se toma?

R: Creo que fundamentalmente es vocacional, pero también  por mi educación, tanto en el colegio como en mi casa.  En el colegio nos enseñaron desde primaria a ayudar al que más necesita, ya fuera con campañas de ropa, alimentos, juguetes, libros, etc. Y en secundaria nos asignaban lugares como el Piñeiro del Campo o casas cunas para hacer voluntariado.

Y en mi casa por mi madre , Dora Prusky, una gran voluntaria y activista, que fundó el Consejo Uruguayo de Mujeres Judías, y el Voluntariado (las Damas Rosadas en el Hospital de Clínicas) donde hay una sala que lleva su nombre , además de su trabajo en WIZO y en el Keren Kayemet.

Te cuento que yo pasé unos años en Kenia y eso tuvo una gran influencia.  La comunidad judía en Nairobi tenía un total de 30 familias, con los cuales yo no tenía mayor contacto.  Y una de las cosas que más extrañaba  era mi comunidad.  Por eso en cuanto regresé me integré inmediatamente a la labor comunitaria.  

Ampliando horizontes

P: ¿Por qué Kenia? O sea ¿en qué marco fuiste? ¿Y cuánto tiempo estuviste allí?

R: Estuvimos 7 años viviendo en Nairobi.    Ernesto, mi esposo era arquitecto, y funcionario del Programa para los Asentamientos Humanos de las Naciones Unidas, Habitat.  Previamente habíamos vivido siete años en Perú, donde Ernesto dirigió un proyecto.  Nairobi es la sede de Habitat.  Fue una experiencia increíble, uno aprende a amar a la naturaleza en una ciudad donde no hay teatros ni cines, y la televisión era sólo una hora en inglés.  El resto del tiempo era en swahili.   Lo  único que se podía hacer era salir de safari, que en swahili significa viaje.  Ir por la sabana en busca de los cinco grandes, elefantes, rinocerontes, leones, chitas, y búfalos.  Pero fue muy difícil desde el punto de vista familiar.  

 

La colectividad judía uruguaya

P: Conoces bien la dinámica comunitaria judía en otras partes. ¿Dónde ubicarías a la colectividad judía uruguaya?

R: Como una comunidad muy sionista, muy comprometida con su judaísmo, con el pueblo judío, con Israel y con la sociedad en general .  

P: ¿Cuáles son a tu criterio las grandes fortalezas de la colectividad?

R: Creo que una de las fortalezas es la solidaridad.  Solidaridad con sus hermanos judíos y con sus hermanos uruguayos no judíos, con toda la sociedad.  Y otra de las grandes fortalezas de ésta comunidad son los movimientos juveniles, las tnuot, que constituyen un fantástico centro de  formación de los chicos jóvenes, algo que no he encontrado por ejemplo  en los Estados Unidos.  

P : ¿Ves también debilidades?

R: A  mi entender una de las mayores debilidades es como se eligen las autoridades  de las principales instituciones.  Siempre dije que para ocupar un importante cargo institucional, hay que haber estado siquiera un año asistiendo a las reuniones.  Por ejemplo en una institución la presidencia rota entre las diferentes comunidades.    Lo decide  el ejecutivo de la comunidad a quien le toca la presidencia.  No pasa por una votación general.  Entonces se da el caso que alguna persona con muy buena intención, cae como paracaidista en un cargo tan importante como es la presidencia sin conocer cabalmente la dinámica interna y externa.  Nunca estuvo presente en ninguna reunión   Y eso es una gran contra, porque lleva un tiempo hasta que va aprendiendo, y el tiempo es muy valioso.

Se da el caso también en otras instituciones, que el Presidente es electo muchas veces de común acuerdo entre los adherentes a los partidos  políticos de Israel, (lo cual nada tienen que ver con el accionar en nuestra comunidad).  Creo que ambos casos no son muy democráticos y que debería cambiarse el procedimiento.   

 

P: Entiendo claramente a qué te referís. Y me imagino que no serás la única que ha planteado estas cosas. Volviendo a tu propia historia ¿Cuáles son tus primeros recuerdos de vida en comunidad?

R: Son muchos y tantos que no podría describirlos.  Muchos años de actividad comunitaria.  Mucha gratificación por la tarea realizada, pero también en ocasiones mucha frustración.  Recuerdo especialmente cuando siendo Presidenta del Consejo Internacional de Mujeres Judías organizamos la Convención Mundial en Montevideo.  Más de 125 delegadas de 25 países y de los 5 continentes llegaron al Uruguay.  Invitamos a toda la dirigencia judía a la inauguración y cena de apertura.  Sólo el Presidente de la B'nai B'rith se hizo presente.  El resto ni siquiera envió sus excusas.  Creo que pensaron que una Convención de Mujeres no justificaba perder la salida de un sábado de noche.  Fue un momento muy decepcionante.  

 

A nivel personal

P: ¿Me podés contar sobre el hogar en el que creciste?

R: Vengo de un hogar sionista, donde primaba un sentimiento muy judío, pero no religioso.  En mi casa el judaísmo se llevaba más como una tradición que como una religión.  Pero fue un hogar con mucho amor y cariño.  Mis padres siempre hicieron todo lo posible para darnos a mí y a mis hermanos la mejor educación.  Y nos ayudaron en todo lo que les fue posible.  Tuve la suerte de tener una gran familia en el Uruguay, tres de mis abuelos llegaron a estas tierras, mi mamá tenía 4 hermanos y mi papá 5.  Así que entre tíos y primos cuando nos reuníamos todos, éramos un batallón.

P: ¿Cuándo y de dónde llegaron tus padres a Uruguay?

R: Mi madre llegó de Bielorrusia en el año 24, siendo muy chiquita.  Después de un progrom en el pueblo donde vivían, y del cual se salvaron escondidos en el campo, mi abuelo decidió que era la hora de emigrar, y a través de un cuñado logró llegar a la Argentina; con los años se mudaron a Uruguay.

Y mi padre vino de Lituania en 1930, con 16 años.  Viajó solo, con un pasaje otorgado por el JOINT, y siempre contaba que su capital para el viaje eran 3 dólares.  Ya tenía dos hermanos en el Uruguay, y así trajeron a casi toda la familia.  Una hermana casada y con hijos quedó en Lituania porque esperaban una visa a los Estados Unidos, y murieron en la Shoa.  

P: ¿Dónde estudiaste?

R: Fui al Instituto Crandon, y luego cuando vivíamos en Kenia estudié en una Universidad Americana, y obtuve mi Licenciatura en Linguística  y un Doctorado en Educación Ambiental.

P: Aparte de la actividad comunitaria ¿a qué te dedicaste toda la vida?

R: Probablemente no sepas que durante mucho tiempo el piano fue el leitmotiv de mi vida.

P: En efecto, no sabía. Linda sorpresa.

R:  Llegué a tocar con la Orquesta Sinfónica del Perú, y con la Orquesta Municipal en Montevideo y di recitales en los Estados Unidos.  Lamentablemente por motivos de salud, mi vida como concertista se terminó temprano.   Enseñé  inglés, y fui profesora en la Escuela Ivria  hasta que nos fuimos a vivir al Perú.  Luego en Kenia me dediqué a la traducción, comencé a trabajar como traductora en Naciones Unidas, es  algo que me encanta hacer y que nunca dejé de hacerlo.  Sigo haciendo traducciones para el CIMJ, y en los últimos años  también para el Instituto Weizmann.   

P: Me imagino que lo más lindo será contar sobre la familia que formaste.

En familia, con sus hijos y sus nietos

 

R: Tuve la suerte de tener un matrimonio muy feliz, y un marido maravilloso. Lamentablemente Ernesto, mis esposo z"l,  falleció ya hace unos años.  Tengo dos hijos, Karen que vive en los Estados Unidos, es microbióloga y tiene dos hijos, Sofía y Nicolás.  Y Alan, ingeniero eléctrico, vive en Israel y tiene cuatro hijos, Dana, Uri, Gal y Lia.  Son la razón de mi existir, como dice el tango.  Aunque ahora por la pandemia no puedo viajar a Israel, tenemos una excelente comunicación diaria, y me siento muy feliz y gratificada con mis tesoros como los llamo yo.  

 

P: ¿Algo más que desees agregar?

R: Mi agradecimiento a tí y al Semanario Hebreo por haber pensado que soy una "figura" de la comunidad judía en el Uruguay.  Y a mi comunidad en el Uruguay mi agradecimiento por haberme permitido trabajar, crecer y llegar a donde llegué.  

P: Gracias Sara por tu tiempo y por todo lo que has hecho y sigues haciendo.

R: A ti

Ana Jerozolimski
(02 Febrero 2021 , 06:53)

Ultimas Noticias Ver más

Esta página fue generada en 0.0502841 segundos (740)
2021-03-08T00:44:49-03:00