Mes de la Mujer 2021

Ana Ribeiro, cómo pasó de historiadora a Subsecretaria de Educación y Cultura

La Profesora Ana Ribeiro, enamorada de la investigación y de volcar sus frutos en libros de historia perennes, vive desde hace un año una nueva etapa, como Subsecretaria de Educación y Cultura en el gobierno del Presidente Luis Lacalle Pou.

En ese marco, tiene sobre sus hombros diversas responsabilidades. Van desde la Comisión Nacional de UNESCO con sus bienes patrimoniales a nivel mundial, como son Colonia, Fray Bentos, los geoparques, los biomas de Rocha y del Norte, y la Comisión de Patrimonio de la Nación, desde la cual se trabaja con museos, archivos y bibliotecas, pasando por la presidencia de diversas comisiones que tienen que ver con temas de género, niños y adolescentes, equinos,  pensiones graciables y mucho más.

 

Publicamos recientemente una primera parte de la entrevista, concentrada en gran parte en su testimonio en el marco del Mes de la Mujer. En esta segunda y última entrega, conocemos otras facetas de su persona y su trabajo, así como de la inserción en el gobierno de un partido que años atrás, no era el suyo.

Ana Ribeiro y la Vicepresidente de la República Beatriz Argimon

 

P: Ana, seguimos conversando, ahora más que nada sobre su trabajo en el gobierno y me pregunto ante todo si no extrañás la docencia a la que siempre te dedicaste mucho…o mejor dicho, a tus alumnos.

R: Claro que extraño a mis alumnos pero considero que es un ciclo ya cumplido, que la subsecretaría es un lugar para hacer cosas, para crear, gestionar, impulsar, hacer sinergias, y eso es muy bueno. La verdad, siento que no tengo descanso, ni oportunidad de aburrirme. Como tantas mujeres, ser madres, cuidar de otros, es parte de mi vida, aunque se me conoce por mi desempeño profesional. Pero  nunca soy más feliz que en mi casa, rodeada de mi familia y mis aninales, porque soy absolutamente "bichera", los animales me parecen joyas, maravillas de la vida. Y tengo varios.

 

P: ¡Me consta! Ana ¿cómo te sientes como parte del gobierno?

 

R: Bien. Se siente ser parte de un equipo entusiasta, que trabaja mucho y que tiene metas claras. Claro, eso en cuanto al balance global de “ser parte del gobierno”. Luego está el día a día y allí hay naturales altibajos. Hay días que siento que tengo el mejor trabajo del mundo. Eso es cuando trabajo en pro de bibiliotecas, museos, archivos, sitios y bienes patrimoniales, con todo tipo de proyectos y medidas .

 

P: Y otros ¿no tanto?

R: Otros días una lidia con las dificultades de los presupuestos que en el Estado uruguayo siempre han sido dificultosos de disponer, al menos respecto a las ambiciones y proyectos con que uno mira la cultura. Y están los días peores, que es cuando ves cuánto quisieras hacer y cuánto tendrás que resignar . Todos los que fueron parte de algún obierno alguna vez, saben esto. Pero como es la primera vez que tengo un cargo público, estoy haciendo el aprendizaje ahora.

 

P: Combinación de satisfacciones y frustraciones pues.  Ana , tu vida profesional ha estado marcada por tu dedicación a la docencia y a la investigación histórica. Y ahora, con tu responsabilidad como Sub Secretaria de Educación y Cultura, estás hace un año ejerciendo otra dimensión de ese mundo. ¿Cómo lo estás viviendo?

 

R: Por un lado, aprendo mucho de cosas que sólo logras ver cuando estés dentro del aparato estatal. El sistema del mismo es un fino mecanismo, que superpone capas históricas que delatan la construcción permanente de ciudadanía y los controles del poder que se entrega a los representantes de la ciudadanía. Es complejo, garantista, republicano, frondoso... Por otro lado, es inevitable para mi llevar a mi nueva función agua de viejos molinos: opero en base a saberes anteriores. Las bibliotecas, los libros, los bienes y enclaves patrimoniales, los museos y archivos, son naturalmente objeto de mi atención y trabajo. Pero siempre en equipo, porque los hay para todas esas áreas e instituciones dedicadas a esas áreas. También trabajo en otras, derivadas generalmente del sistema de comisiones, tan arraigado y presente en el estado: me corresponden comisiones que atienden temas de género, de niñez y adolescencia, de colectividad afrodescendiente, de contralor de drogas, de pensiones graciables, de equinos. 

 

P: ¿Equinos? ¿Qué tiene que ver con tu trabajo?

R: Coincidió que les tengo un inmenso amor a los caballos con el hecho de que representan una tradición identitaria muy importante y además una riqueza como recurso económico y deportivo del país. Como verás, Ana, no me puedo quejar de aburrimiento. Y no ceso de aprender, en eso no ha cambiado nada respecto a mi anterior vida profesional.  

En el interior, con uno de sus animales más queridos

 

APENAS UNA VOTANTE

P: Ana, tú sos Sub-Secretaria de Educación y Cultura en el gobierno encabezado por la coalición cuya pieza central es por cierto el Partido Nacional.   ¿Cómo fue tu camino en esto?

R: Bueno, yo he sido votante, nunca militante. En ninguna de mis opciones políticas.  Fui militante unos mesess cuando era muy jovencita, en  un grupo estudiantil, el Fer 68, cuando tenía 17 o 18 años, en el año del golpe de Estado.  Luego fui  una mujer de izquierda pero no militante. Como tantos de mi generación, fui  admiradora de Líber Seregni, quien me pareció siempre una figura entrañable. Recuerdo el día de su muerte como uno de los días más tristes. 

P: ¿Cómo lo viviste? Fue el 31 de julio del 2004…nunca me olvidaré, porque ese mismo día falleció mi papá.

R: Me lo habías comentado una vez, cierto. Me acuerdo que llegué a casa muy tarde en la noche . Yo vivía en Las Piedras, había trabajado todo el día en Montevideo, y así como llegué y supe la noticia, vestí a mis hijos, que eran muy chiquitos, y regresé a Montevideo.  Llegamos cerca de la medianoche al Palacio Legislativo a despedirlo. Hice cola en una noche triste y fría, con mis hijos de la mano - a reverenciar a este hombre  inmenso. 

Pero luego, con el tiempo, no siempre me he identificado con las actitudes ni con los períodos de gobierno del Frente Amplio, me fui  distanciando progresivamente de forma que he sido  durante más tiempo una mujer independiente que ninguna otra cosa . Independiente de toda independencia. Luego en el año 2007 o 2008 conocí a Larrañaga, quien  me dijo: “Respeto que tú sos independiente”  y asún así me pidió que presentara a su fundación, la Fundación Ferreira Aldunate. Y fue una definición muy dura para mí , porque decía: “Si yo hago esta van a decir que soy blanca y yo no soy blanca,  aunque sé perfectamente lo que es ser blanca porque mi padre había sido un blanco fanático Y ferviente. Dudé porque sabía que tendría que pagar un precio,pero finalmente acepté. Fue el comienzo de un amor irreversible. Terminé siendo parte del partido que fuera el de mi padre. 

Con el hoy Ministro del Interior Jorge Larrañaga

 

P: Pero estabas dispuesta a pagar ese “precio”. 

R : Sí. Si una virtud reclamo para mí en la vida es que siempre he tenido coraje para asumir aquello en lo que creo, con convicción, sea lo que sea. Entonces le presenté la Fundación Wilson Ferreira Aldunate , me di el lujo ante un Palacio Legislativo repleto de decirle a los blancos que yo no lo era, ni siquiera sabía si Jorge Larrañaga sería mi candidato en las urnas, pero sí sabía que él había creado una fundación que tenía gente muy valiosa de todas las tiendas políticas y eso me parece una cosa muy linda. Punto. 

Cuandollegó la interna nacionalista  yo  estaba en España, desde hacía meses tenía una beca. Y le escribí a Jorge una carta anunciándole que llegaba a tiempo para votarlo . “Me voy a meter en esta interna porque me parece importante que tú salgas”, como se puede votar siendo independiente y no hay un padrón que te indica dije: “Bueno, esta vez en la interna que voy a participar es en la blanca y voy a votar a Larrañaga”. La carta a él le gustó mucho y yo LE dije: “No hay problema, usala”. “Pero un uso público, van a…”, me dijo. “No hay problema, usala, si en algo te sirve o te ayuda”. 

 

P: Tú expresaste lo que pensabas. 

R: Exacto. Los blancos, cada vez que Jorge me llamaba para algo y yo concurría, me recibían como la hija pródiga, pese a que durante un tiempo seguí diciendo  “no soy blanca”. La historia del partido me la habían inoculado dedse niña, pero comencé a ver el partido en el siglo XXI  y desde adentro. No todo era Aparicio y Masoller, junto a esos viejos odres estaba el vino nuevo de la defensa de libertades: divisa atemporal, que calzaba justo con mis demandas frente a un preocupante crecimiento del dogmatismo en el país. 

Resumiendo…por ahora

P: Con esa pasión que tenés en lo que hacés y cómo lo relatás, ¿te sentís una privilegiada? 

R: Absolutamente. Siento que trabajo en lo que me encanta. Trabajo en lo que pagaría para que me dejaran hacer, y todavía me pagan. Durante muchos años no me pagaron mucho, pero no importaba porque siempre me encantó lo que hacía y porque he podido hacer todo lo que he querido. Me gusta investigar, puedo pasarme encerrada meses en los archivos o en mi casa escribiendo, pero luego me gusta mucho la parte social de mi trabajo, me gusta comunicar porque cuando uno comunica lo que aprendió -con un alumno, a través de la radio, la televisión- se está obligando a uno mismo a una sistematización que difícilmente la tenés quedándote sola pensando contigo mismo. Siempre hay un retorno, a veces el retorno de un niño en una escuela en una charla es tan importante como el de un grado cinco en una academia. Y es aquella pregunta que no te habías formulado, aquel punto de vista que no se te había ocurrido. Entonces la parte comunicacional me gusta, no la tengo a menos, no me parece que un intelectual para ser más intelectual  tenga que comunicarse únicamente entre pares.   

 

P: ¿Qué has aprendido de tus alumnos?

R: Aprendí a preguntar las cosas más humanas y más de suyo, más obvias, que se te pasan cuando estás especializada y focalizada en un tema y un personaje. Viene un niño y te pregunta: “¿Y cómo cruzaban el río y no se mojaba lo que llevaban para prender fuego el otro lado?”, tú dirás ¿en qué incide?, incide en que veas cosas que no hubieras visto antes. 

 

P: Me parece que si un alumno te pregunta eso te puede dejar la sensación de que lograste presentar a los personajes históricos como gente, o sea, personas. 

R: Exacto, vivos. Mirá, una vez me pasó que mi hija mayor estaba en el liceo estudiando Historia con un grupo de amigas y me pide: “Mamá, ¿no nos ayudás acá?”, y digo: “Bueno, sí, dale”. Era un curso que no era mío, tomé el cuaderno de apuntes y a los 10 minutos yo me dormía, ellas también. Entonces  cerré el cuaderno y dije: “No puede ser, a mí la Historia me encanta. ¿Qué es lo que está pasando acá? ¿Por qué esto es tan soporífero?”. Ahí me di cuenta que hacía 10 minutos que leíamos cosas y no había pasado todavía por lo que habíamos leído ni una sola persona viva, nadie se había enamorado, nadie se había reído, nadie se había muerto. Eran todas estructuras políticas abstractas, temas de economía abstracta. Cerré el cuaderno y dije: “Este período va de tal año a tal, la gente acá ¿cómo vivía?” Y me encargué de revivir un montón de historias menudas que tenía, puse toda la gente viva arriba del cuaderno y arriba de la mesa, y cuando vieron la época viva y entendieron, “ahora vamos a hablar de cómo se organizaban políticamente” y fue facilísimo. Pero yo eso lo hago en los libros, en la vida y en las clases, porque es como yo entiendo las cosas. Si no me pasa lo que me pasó ese día, me dormía. Y no me gusta. 

 

P: ¿Qué figura te marcó en tu vida? 

R: Mi mamá, sin duda. Mi mamá falleció en 2009. Fue muy determinante siempre en mi vida, fue muy buena amiga y siempre tuvo confianza en que yo podía hacer lo que quisiera; lo que yo me propusiera a ella le parecía que estaba bien. Y era tan buena lectora de libros como de rostros y personaliades, tenía ojo clínico para calibrar a la gente. Me enseñó que hay buenos y malos en todas partes, sin importar riquezas, ideas o partidos. ¡Qué lectora!  Cuando mAmá te decía: “Este libro me encantó” era bueno, sin duda. ¡Una ama de casa, eh!, que había hecho Primaria y más nada pero tenía un tino especial para eso.

Yo le traía siempre muchísimos libros y ella de pronto al otro día me decía: “Tomá, te devuelvo esto porque no me gustó”, y ojo porque yo a veces bromeaba con mis amigos escritores: “¿Quieren que le pregunte a mamá cómo les va a ir? Mándenme el libro”. Era una gran amante del cine que me llevó todos los domingos de mi infancia,a ver cuatro películas al cine en Las Piedras. Ella se sentaba con mi hermano de un lado y yo del otro y nos iba explicando no sólo la película sino qué películas hizo antes este actor, quién era este director: “este se casó con fulana…”, entonces yo hasta el día de hoy soy una cinéfila terrible y mis hijas mujeres han heredado eso también. Vemos mucho cine, mucho cine francés, italiano, el cine nos encanta. 

P: ¿Y cómo era la relación con tu papá?

R: Papá era muy dominante y yo muy independiente, entonces nos queríamos mucho y yo era la luz de sus ojos, pero siempre estábamos en algún choque. No  le gustaba la carrera que había elegido, porque pretendía que fuera maestra, abogada… Mis hermanos le hacían caso en todo, yo le cuestionaba todo. Me acuerdo que él quería que yo hiciera abogacía entonces yo leí a los 16 años “Moral para intelectuales” de [Carlos] Vaz Ferreira, llegué un día al almuerzo con el libro  de Vaz Ferreira y le dije “Papá, te voy a leer algo”, abrí así y dije: “La abogacía es implícitamente inmoral por plá plá plá… ¿Entendiste? Lo dice Vaz Ferreira”, punto, cerré el libro, y mi padre atinó a decir: “Pero, vieja, esta chiquilina es retobada … qué barbaridad…”.

 

P: ¿Cuáles son hoy los sueños de Ana Ribeiro?

R: Mis sueños siempre son aprender, básicamente, hasta el último día, porque hay una cosa bellísima en aprender algo nuevo. Yo soy infinitamente curiosa, así que espero que hasta el último día pueda aprender, y hasta el último día pueda por algún medio, sea clase, escritura, programas de radio, conversación con un nieto, enseñar. Ayudar a otro también a disfrutar del aprender. Mis sueños son básicamente esos. Por supuesto, rodeada de mi familia. Ver, conocer, aprender. 

Infaltable….Artigas

Artigas, siempre en su biblioteca

 

P: Ana, voy a hacer lo mismo que aquellos que en cualquier conferencia tuya, al final no pueden evitar preguntarte algo sobre Artigas.  ¿Los políticos usan indebidamente el ideario artiguista? Porque supuestamente hay valores que deben unir a los uruguayos todos, la pregunta es cómo ves el manejo de ese ideario por parte de los políticos. 

R: Yo te diría que los políticos apelan, porque está en su naturaleza hacerlo. A todos los símbolos legitimantes posibles. Y sin duda en la historia hay símbolos, íconos, personajes, momentos diversos que son legitimadores potentes. En este país difícilmente haya un legitimador más rotundo o absoluto que Artigas, por la propia evolución historiográfica que el artiguismo ha tenido. Entonces, yo corregiría tu frase y diría: utilizan -no voy a decir si debida o indebidamente-, unos con más o menos sinceridad, una recurrente mención a diversos símbolos históricos, entre ellos Artigas y el artiguismo. Está en el ADN del político, él tiene que mirar hacia atrás y legitimarse, fortificarse, decirle a quien le está proponiendo que lo acompañe en un salto hacia el futuro: “Mire, yo sé cuál es el camino correcto para un futuro mejor”, que es básicamente el mensaje político, “ponga confianza en mí, estos personajes y estos hechos del pasado me avalan. Yo tengo esta legitimidad hacia atrás”. Es una operativa a la que difícilmente pueden renunciar, se puede hacer con más o menos tino o incluso con desbordes muy demagógicos. 

Luego hay una tendencia de todos los uruguayos, que no tienen por qué necesariamente ser personajes políticos, de tomar a Artigas como una guía moral, como un referente. En eso debe haber sinceridad, debe haber sencillamente uruguayez de parte de algunos políticos. Está en el público saber cuándo estamos ante un uso demagógico, cuándo estamos ante un uso instrumental o político electoral concreto, o cuando estamos frente a una sincera inspiración, porque yo supongo que todos son sinceramente republicanos y el republicanismo es sin duda de base artiguista para un uruguayo. 

P: ¿No te  choca saber que él no quería un Uruguay y una Banda Oriental independiente?

R: Que no la quería no quiere decir que la rechazara, no se le había ocurrido.  ¿Por qué tiene que chocar? A mí no me choca, hay gente a la que sí, pero a mí no me choca, me parece la cosa más racional del mundo: esto no existía. La tendencia a tratar de hacer ver que existimos desde antes de existir es porque es una actitud legitimatoria que cuanto más antigua es una cosa parece que más razón de ser tiene, Uruguay tiene menos de 200 años que se supone que tiene como vida independiente. ¿Por qué él tenía que ser partidario de una cosa que no había visto nacer? Que tú y yo nos sintamos uruguayas, tú viviendo en Israel y yo sentada en Montevideo, es natural, pero, ¿él por qué tenía que sentirse uruguayo cuando no fue parte de un Uruguay que aún no existía? A mí no me llama nada la atención. 

Ana Jerozolimski
(29 Marzo 2021 , 09:01)

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Por Alberto Priego

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