Mundo Judío

Conoce a la uruguaya sobrina de un héroe del ghetto de Varsovia

Con Mita Jofe Wilner de Balerio, sobrina de Arie Wilner (z"l)

En Montevideo vive desde hace casi 73 años, una persona que es familiar directa de un héroe. Un héroe que murió joven y no alcanzó a contar mucho. Pero sí a hacer. Sus acciones hablaron por sí solas: Arie “Lolek” Wilner, compañero de Mordejai Anilewicz en la lucha del levantamiento del Ghetto de Varsovia. Para la resistencia polaca era “Jurek”. Tal como escribió en sus memorias su hermana Gustawa Wilner, tía de nuestra entrevistada, era un héroe “que luchó por la dignidad del pueblo judío”. 

Arie Wilner, un joven valiente que sabía que moriría en esa lucha pero decidió que era imprescindible

 

Se trata de Mita Jofe Wilner, más conocida como Mita, la sobrina de Arie, a quien él conoció cuando ella tenía sólo un año.  La guerra separó a mucha gente, también a Arie de parte de su familia. Mita no lo recuerda personalmente, pero sí tiene muy presente el vínculo con su hermana mayor, Gustawa (Guta) que estuvo junto a Arie durante la guerra.

Cuando Guta, terminada la guerra, se instaló en la Palestina del Mandato Británico, terminó de escribir sus memorias. Mita las tradujo después al español. 

Agradecemos a Giza Alterwajn de Gorldfarb el contacto con Mita, a quien no conocíamos. 

Nuestra entrevistada llegó a Uruguay el 16 de julio de 1948 a Uruguay, cuando tenía 10 años. Hoy ya tiene 83. En Uruguay se la conoce como Mita Balerio, su apellido de casada, el nombre con el que firmó sus obras como ceramista y escultora, áreas a las que se ha dedicado, logrando  repercusión. 

Mita, cuyo nombre completo es Mary Sulamita Jofe Wilner-aunque en Uruguay  se lo cambiaron por María, ya que llegó sin papeles- nació en Varsovia el 23 de diciemre de 1937. Vino con sus padres y su hermana. Su padre Stanislaw (Estanislao) Jofe, había nacido en Grodno, Rusia, en 1906. Era odontólogo recibido en Varsovia. Su madre habia nacido en Varsovia en el 1911. Su hermana, Yolanda, nació en 1942 en Uchkurgan-Usbekistán.

Mita, de bebé, en los brazos de su mamá Eugenia (izquierda) y su tía Guta, ambas hermanas de Arie Wilner

 

Preguntamos a Mita qué significó para la familia saber que su tío Arie, hermano de su madre, había sido un héroe. Evidentemente, con todo lo que se había sufrido, la respuesta irradia especialmente dolor.

“A nuestra madre saber que su hermano menor fue un héroe  en la vida y en la muerte, la pérdida de su hermana pequeña y todo lo sucedido casi le cuesta la salud mental. Nosotras , sus hijas,  al vivir su desesperación, aprendimos mucho del Holocausto,  especialmente yo que ya tenía siete años y medio cuando nos enteramos”.

Así cuenta la página oficial de Yad Vashem sobre Wilner:

Arie Wilner nació en 1917 en Varsovia. Fue uno de los fundadores de la Organización Judía Combatiente. Antes de la Segunda Guerra Mundial activaba en el movimiento juvenil sionista Hashoner HaTzair en la capital polaca.Cuando estalló la guerra en setiembre de 1939,Wilner y otros numerosos jóvenes sionistas, escaparon de la parte occidental de la Polonia ocupada hacia Vilna, en Lituania. Sin embargo, los alemanes invadieron Lituania en junio de 1941 y comenzaron a masacrar allí a los judíos.

Wilner logró escapar. En lugar de correr al Este, retornó a Varsovia a advertir a los judíos  sobre los asesinatos en masa en Lituania. Al volver a Varsovia, se convirtió en un líder de la organización clandestina judía. Debido a su apariencia polaca, podía viajar a otros ghettos a fin de alentar las actividades de la resistencia clandestina. 

Durante el verano de 1942, los alemanes lanzaron una ola de deportaciones que duró dos meses. En ese momento, Wilner y sus compaeros decidieron que la resistencia armada era la única respuesta. El 28 de julio fundaron la Organización Combatiente Judía  (Zydowska Organizacja Bojowa, ZOB),  y Wilner se convirtió en su representante fuera del ghetto. Rápidamente se contactó con Gwardia Ludowa (Armia Ludowa, o sea el Ejército del Pueblo), la principal milicia clandestina polaca.  La milicia reconoció oficialmente al ZOB y suministró a los judíos una cantidad limitada de armas, al igual que lo hizo la milicia clandestina comunista .

Aunque vivía fuera del ghetto, Wilner participó en la importante toma de decisiones del ZOB. En enero de 1943 participó en la lucha entre la ZOB y los nazis, cuando los nazis comenzaron una corta ola de deportaciones. En marzo, los alemanes buscaron en el departamento de Wilner del lado polaco de Varsovia. Encontraron armas y lo detuvieron, suponiendo que era parte de la organización clandestina polaca. Pero rápidamente descubrieron que era judío y lo enviaron a un campo de concentración. Wilner fue rescatado poco después por el movimiento de scouts polacos católicos y volvió al ghetto de Varsovia para participar en el último enfrentamiento con los nazis: el levantamiento del Ghetto de Varsovia.

Cuando los carteles de laZoB fueron descubiertos por los alemanes, Wilner exhortó a sus compañeros a suicidarse. Él mismo, murió en el bunker.

Su propia historia

La propia Mita conoce el periplo de su familia sólo en parte por sus propios recuerdos, ya que era muy pequeña cuando estalló la guerra. Pero sí recuerda por cierto todas las historias.

Cuando estalló la guerra el 1° de setiembre de 1939, Mita y sus padres estaban en Varsovia. De allí, en determinado momento, pasaron a Ivov, pero no sabe cuánto tiempo permanecieron allí. De Ivov pasaron a Sverdlovsk en Siberia, para lo cual tuvieron que viajar tres semanas en tren. Allí estuvieron dos años y medio.

De Siberia viajaron varias semanas en tren hasta Uzbekistán-donde les quitaron los documentos- y allí se quedaron hasta terminar la guerra, en distintos sitios como  Uuchkurgan y  Kizyl-kia.

 La cercanía del fin de la guerra, no hizo necesariamente todo más sencillo. Su padre era  el representante de los polacos en el exilio. Recibía  y repartía toda la ayuda que llegaba por organizaciones como Joint  , lo cual era  mal visto por las autoridades. Fue por ello que precisamente cuando estaba por terminar la guerra tuvo que escaparse pues lo vinieron a buscar de la NKVD.

También interrogaron durante un mes a su madre y finalmente les permitieron salir.

Hasta ahora no está siempre claro qué es lo que sabía cada uno de lo que había pasado en Europa misma en esos años, especialmente si uno había huido a latitudes lejanas. “En este momento ninguno de nosotros sabía exactamente qué ocurrió”, comenta Mita. “Las noticias  nos llegaban transmitidas por la única radio que existía en el pueblo, que informaba lo que el régimen permitía”, recuerda.

 

Al lograr finalmente salir de Kkizil-kia en camino a Polonia, viajaron nuevamente varias semanas en tren. Iban su mamá, su hermana Yolanda y ella, logrando afortunadamente reencontrarse con su padre.  Y ese fue el comienzo de una nueva etapa: “Aquí comienza el conocimiento de lo ocurrido,   y la desesperación de mis padres  buscando sobrevivientes”.

  

Al regresar a su país natal, Polonia, empezó otra etapa difícil, aunque distinta. “Ahí comenzó nuestro periplo como personas desplazadas”, recuerda Mita. 

“Como tales llegamos hasta Italia, y es aquí que papá toma la decisión de irse de Europa por miedo a otra conflagración. Como persona culta sabe que en Brasil hay dictadura, en Argentina también y Paraguay es el único que nos da una visa pero tampoco es un lugar para quedarse. Así que con lo puesto y sin documento con visa del Paraguay tomamos un barco y nos bajamos en el Uruguay”.

Doy por sentado, aún antes de preguntarlo, que Uruguay fue el primer país en el que Mita y su familia pudieron vivir realmente en libertad. Pero no lo planteo así y opto por preguntar si recuerda cuándo comenzó a sentirse uruguaya.

“Como uruguaya me empiezo a sentir al recibir mi primera cédula, la primera vez que tengo un documento que acredita  que soy María Jofe Wilner”, responde. 

 Sobre su vida ya de adulta en Uruguay, nos cuenta que se casó con un uruguayo no judío hace casi 60 años, que sigue siendo su esposo. Tuvieron dos varones y hoy tiene 7 nietos. Cuenta que todos son profesionales. Agrega que no profesa ninguna religión .

 

Los que no volverán

  Mita nos cuenta sobre los parientes que perdió en el Holocausto.

Del lado de su madre, al ya mencionado  Arie, héroe del ghetto de Varsovia.También a Halina, de 19 años,  asesinada por los alemanes en Ttravniki , y otros tíos de su madre.

Del lado paterno perdieron a la hermana mayor de su padr, Pola Jofe, a su esposo Mundek que era abogado , al pequeño hijo de ambos y a Mikolaj, hermano menor de su padre, cuyo rastro se perdió sin saber nunca nada más de él.

 

Tal como adelantamos al comienzo de esta nota, fue Guta, una de las hermanas de Arie Winer, quien escribió memorias dedicadas a él, que versan tanto sobre sus padecimientos durante la Segunda Guerra Mundial, en los distintos escondites, como sobre lo que sabía acerca de lo que su hermano había pasado.

Las memorias fueron escritas por la Guta en Tel Aviv en 1957. Después de la guerra, llegó a Israel en 1950. Su sobrina Mita las tradujo al español.

 

A continuación, compartimos un corto resumen de las mismas, en memoria de Arie, de todos los héroes que arriesgaron sus vidas para al menos morir con dignidad, y de todas las víctimas de la Shoá.

 

 

Guta comenzó presentando a su hermano. 

“Se llamaba Israel, (diminutivo Srulek), nombre impronunciable para un niño pequeño que rápidamente se convirtió en Lolek. Así lo llamábamos en casa, y así quedó hasta siempre en mi memoria.
En la organización Hashomer Hatzair a la cual perteneció, lo llamaban Arie. Con ese nombre pasó a la historia.
Para la resistencia figuraba como Jerzy Borucki, (diminutivo Jurek) nombre que aparecía en sus documentos y que usó a lo largo de su vida como polaco ario que vivía de ese lado de Varsovia bajo la ocupación nazi. En su actuación como combatiente fue conocido por todos sus colegas de la resistencia como Jurek.

Era un muchacho con carácter fuerte y más fuerte sentido de responsabilidad.
Los padres burgueses de esa época no veían con buenos ojos que un hijo se enrolara a las filas de organizaciones de tinte izquierdista. Muchos amigos de mi hermano llegaron a huir de las casas familiares por esa razón. Así, nuestros padres tampoco vieron con beneplácito su vinculación con H.H. Sin embargo, su convicción logró cambiarles el punto de vista. A nuestra hermana menor la convenció de seguir sus pasos, y a mí misma, ya como mujer casada, a integrarme con otras señoras, al patronato de H.H”.

Los padres de Arie Wilner, tíos maternos de Mita

 

Al estallar la guerra, Lolek se fue a Vilna. Durante mucho tiempo, la familia no tenía contacto con él. Cuando finalmente logró dejarle un mensaje, al día siguiente él se apareció. No sabía que tiempo antes, los padres habían tenido que irse a otro lado, donde estaban escondidos.

Así describió Guta el reencuentro: 

“Nunca olvidaré este momento. Llorábamos los dos de emoción. Él buscaba con la mirada a nuestros padres. Le conté que estaban en un lugar seguro”.

Y agregó: “Lolek seguía muy envuelto en su trabajo de guerrilla. Era el nexo entre el gueto y el lado ario de la guerrilla. Trabó contacto con distintas personas aprovechando sus vinculaciones de antes de la guerra”.

 

Guta recordó las separaciones cada vez que Lolek volvía al lado ario de Varsovia, la angustia y los reencuentros.Y lo que estaba ocurriendo.

 

“Cada vez que nos encontrábamos sentíamos la felicidad de un ser querido recuperado. Quien no vivió el constante miedo de la inminente pérdida de los más cercanos, no puede imaginar esta sensación.
Muchas veces se quedaba a dormir. Hablábamos mucho. Fue el primero que me explicó qué hacían con los deportados, cómo morían en las duchas… Estaba bien informado.
Apareció gente escapada de Treblinka y Maidanek. La organización comenzó a concientizar a la masa sobre el destino de los judíos deportados, dado que todavía había personas que creían que los llevaban a trabajar y no a la muerte”.

Los abuelos Wilner tuvieron cinco hijos: De izq. a derecha Gustawa (Guta), Eugenia (Genia) - la madre de Mita - Israel (Lolek / Arie) y Halina , que no está en la foto.

 


Nuestra vida en conspiración

 

“Lolek entraba al gueto diariamente por distintos métodos. Me contó que una vez al salir se le pegaron dos muchachotes polacos. No les prestó atención. Se metió en un tranvía, ellos detrás de él. Se bajó, ellos lo siguieron. Viendo que la cosa se complicaba y que en ese momento se bajaba un policía polaco, sin perder la cabeza, le dijo al policía: “Sr. le ruego que detenga a estos muchachos. Yo tenía un asunto cerca del gueto y ellos me están siguiendo y molestan diciendo que salí del gueto. Creen que de este modo me van a sacar dinero. Estoy muy ocupado trabajando, pues de lo contrario les daría su merecido ahora”. Convencido el policía y estupefactos los muchachos. Lolek se alejó. Claro que sus documentos eran excelentes.
Esto me lo contó entre risas. Tenía ese don: la presencia de ánimo que en esos días podía ser la diferencia entre la vida y la muerte.
Muchas veces en su actividad conspiratoria salió de líos estando inclusive armado.
Su actividad consistía en contactar gente, enviar y recibir envíos del gueto, comprar y entregar armas, recibir y entregar información.
Cuando tenía un rato libre caía en casa por unos minutos, tenso, cansado, al borde de sus fuerzas. Venía muchas veces entre la una y las dos de la tarde, con un trozo de pan y fiambre barato pidiendo una taza de té. Yo le hacía reproches por su alimentación. Me contestaba que no podía perder tiempo y dinero en tonterías, tiempo y dinero que eran imprescindibles para cosas más importantes.

 

 

El 6 de Enero, día de Reyes, Lolek llamó a una reunión en casa, muy temprano a la mañana, dado que al ser un día festivo, todos los vecinos estarían en sus casas.
Así que antes de las 8 hs. A.M. llegó Lolek, luego dos jóvenes con equipaje de mano, después otros tres, que de a uno sacaron sus pertenencias de sus portafolios: bombas con reloj, minas, granadas de mano y materiales para preparar mezclas explosivas. Revisaron todo este material. Hicieron otro tipo de división y de a uno empezaros a salir, saludando con el característico taconeo militar.
Solo quedaron Lolek y el mayor de los hombres, ingeniero químico.
Comenzó entre ellos una conversación larga, que aunque yo no entendía totalmente, trataba acerca de la posibilidad de fabricar algún tipo de armas adentro del gueto.

 

La rebelión de enero


Cuando se fue el ingeniero y nos quedamos solos, mi hermano me explicó que estaba muy contento con el material conseguido y que los hombres que vinieron eran oficiales del ejército polaco, que estaban actuando en clandestinidad.
Ese mismo día, por tres veces consecutivas, Lolek llevó armas y materiales al gueto en mi viejo portafolios. Después se marchó y no apareció durante varias semanas.
Finalmente volvió un domingo. Lolek nos contó sobre la primera resistencia armada en el gueto. Lolek contó de la sorpresa con la que los alemanes recibieron esta resistencia: “¿Saben lo que es no tenerles miedo? ¿Saben lo que es finalmente ver su cobardía?” Los muchachos hirieron y mataron a varios alemanes. Les sacaron una ametralladora. Solo faltan más armas y lucharemos hasta el fin”.
Después de esto, siguió trabajando intensamente. Se contactó con distintos reporteros, compró armas, las escamoteó al gueto, constantemente se reunía con personas de la resistencia polaca.

 

Halina

En febrero, mi hermano llevó a Halina,nuestra hermana,  al sector ario. Le consiguió un refugio en un convento de monjas. Ese mismo día, era Domingo, teníamos que encontrarnos todos en la casa donde estaban mis padres.
Lolek vino a avisarme a qué hora debía estar ahí. Estaba sumamente deprimido, porque me contó que no tenía forma de convencer a mi hermana para que se quedara en el convento. Pero yo tenía la esperanza de que todos juntos pudiéramos cambiar su voluntad.

Después de los sucesos con mi hermana, Lolek me dijo “yo tenia la esperanza de salvarlos a todos” “A todos y a ti”, le contesté. Me respondió señalando con la mano hacia el gueto: “mi lugar esta allá, con ellos luchar y con ellos perecer.” No era algo discutible…

 

El levantamiento del Gueto

Llegó el 19 de Abril de 1943. Comenzó el levantamiento. De boca en boca, solo se oía: “Increíble, los judíos luchan, resisten, hasta tomaron a los alemanes de rehenes.”
Con sus pobres medios, pocas armas, en malas condiciones, este pequeño grupo humano, debilitado, resistía al coloso. El gueto ardía, tapando con sus llamas casi toda la ciudad.
Nosotros, del otro lado, solo sentíamos vergüenza e impotencia.
Viajando a Grochowo  sentí una conversación entre polacos arios: “Vi con mis propios ojos, como una madre le tapaba los ojos a su hija y ambas saltaban al vacío desde un edificio en llamas”.
Contesta otra voz: “Se lo merecieron, que se frían”.
Y otro: “Si ése fuera su lugar, ¿a usted le gustaría?”.
Finalmente, una voz con esperanza, dice “Pero los judíos se defienden”.
Casi al final de las memorias, Guta recuerda un encuentro casual con dos de los compañeros de Lolek: Cywia Lubetkin y Antek Cukierman (Tzvia Lubetkin y Antek Tzukerman, así se pronuncia) . Son recordados como dos de los grandes combatientes del ghetto. 

 

“Cywia me contó sobre las últimas horas de Lolek: ella le propuso escapar a través de los canales, a lo que Lolek se negó, debido a que no podía abandonar a las personas que estaban con él. Cuando los alemanes entraron gasificando el bunker, todos se suicidaban con escenas terribles: las armas no se disparaban o solo herían y los compañeros, amigos, algunas madres a sus hijos y viceversa tenían que terminar lo empezado para después suicidarse. Pero todos habían decidido no entregarse vivos, en manos de estos bestiales asesinos.
Me contó además como algunos de los que lograban escapar por los canales morían en ellos y algunos al salir al aire libre, morían también”.

 

 

 

Ana Jerozolimski
(18 Abril 2021 , 06:09)

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Por Alberto Priego

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