Mundo Judío

Mi Sinaí

Tenemos el honor de compartir con nuestros lectores MiSinaí No. 118 Esperamos que lo disfruten tanto como nosotros.

No. 118
Haazinu
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Horario de velas de Shabat en Montevideo, viernes 17/09  18.20
Demás localidades ver en  www.jabad.org.uy

PENDER DE UNA CUERDA

Por Rochel Holzkenner

El primer ministro de Israel y el presidente de Estados Unidos están reunidos en Washington, D.C. El primer ministro nota un teléfono demasiado elegante en una mesita de la sala privada del presidente.

“¿Para qué es ese teléfono?”, pregunta.

“Es mi línea directa con D-os”.

El presidente insiste con que el primer ministro la pruebe, y él, en efecto, se conecta con D-os. El primer ministro mantiene una larga conversación con él.

Luego de colgar, el primer ministro dice: “Muchas gracias. Me gustaría pagar por la llamada”. El presidente, por supuesto, se niega. El primer ministro se mantiene firme, y al final el presidente se rinde. Revisa el contador del teléfono y dice: “De acuerdo, son $100 000”. El primer ministro, con gusto, firma un cheque.

Unos meses más tarde, el presidente está en Ierushaláim, en una visita oficial. En la sala del primer ministro ve un teléfono idéntico al suyo y se le dice que también es una línea directa con D-os. El presidente recuerda que tiene asuntos urgentes y pregunta si puede usar el teléfono. El primer ministro accede con gusto, le pasa el teléfono, y el presidente tiene la conversación.

Luego de colgar, el presidente le ofrece pagar por el servicio. El primer ministro mira el contador del teléfono y dice: “Un shekel”. El presidente se asombra: “¿Por qué tan barato?”.

El primer ministro sonríe: “Llamada local”.

En Rosh Hashaná, yo pienso que D-os está a una distancia audible del susurro de mis labios. Eso me ayuda a realizar un rezo más auténtico.

¡No es coincidencia que la lectura del Haazinu, la parte que se lee siempre cuando se acercan los Iamim Noraim, compare nuestra conexión con D-os con la atadura de una cuerda! Devarim 32:9 dice: “Pues la porción del Hashem es su pueblo; Iaacob es la cuerda de su heredad”.

La analogía de la cuerda, cuyo extremo superior está atado arriba y el inferior abajo, se compara con el alma, cuyo extremo superior está atado a lo alto y el inferior está atado al cuerpo, según explica rabí Schneur Zalman de Liadi en el Tania.

Hay muchas explicaciones profundas, y también enseñanzas, sobre la metáfora de la cuerda descripta en Haazinu:

a) Así como una cuerda está compuesta de muchas hebras, nuestra relación con D-os es multifacética, multisensorial, y es su complejidad lo que la hace fuerte.

b) Cada una de las 613 mitzvot es una hebra de una cuerda más grande que nos mantiene conectados con D-os. Por desgracia, descuidar una mitzvá hace que algunas de esas hebras se desconecten y la cuerda se debilite.

c) Un tirón del punto más bajo de la soga hará caer también la parte de arriba. Esto quiere decir que todo lo que yo haga afecta al mismo D-os. Él es la otra punta de mi cuerda. Cuando me caigo, lo arrastro conmigo.

Ahora bien, esto último es aterrador. Hace que D-os parezca vulnerable. Pero según la Cabalá, D-os repartió algo de su fuerza vital creadora a creaciones divinas, llamadas kedushá; y “lanzó hacia atrás” algunos de esos poderes para dar vitalidad a aquellas corrientes que van en el sentido opuesto al suyo, la sitra ajara. Cuando uso la energía que me dio D-os para comportarme de maneras no apropiadas, lo que hago es redistribuir la fuerza vital de D-os, transfiero la energía sagrada que fue invertida en mí al dominio de la sitra ajara.

Y por último:

d) D-os está con nosotros incluso cuando hemos fallado. La cuerda se asegura de que nunca pasemos solos por una crisis. Como un padre compasivo que acompaña a su hijo indecente, a D-os lo afectan nuestras luchas y espera con ansias nuestro retorno a él.

 

 

EL CIELO EN LA TIERRA

[D-os dijo:] “Escuchad, cielos ... que oiga la tierra” (Devarim 32:1)

D-os se dirigió tanto al cielo como a la tierra para enseñarnos que estamos llamados a armonizar a ambos. La Torá se origina en el cielo y consiste de la visión de D-os para la perfección del mundo. Cada vez que difundimos el conocimiento de la Torá a nosotros y a los demás estamos trayendo el cielo a la tierra. Al cambiar nuestra vida y la de los demás según las enseñanzas de la Torá, estamos llevando al cielo la vida en la tierra. Cuando convertimos nuestra vida en un “cielo en la tierra” —reconciliando la división entre ambos— cielo y tierra atestiguan que hemos cumplido con nuestra misión en la vida.

Likutei Sijot, vol. 9, págs. 213-214.

 

Deuteronomio (Devarim) 32:1 – 52

La décima sección del Deuteronomio se compone casi en su totalidad del Poema Testimonial que D-os enseñara a Moshé y ordenara transmitir al pueblo judío. En él, D-os pide al pueblo que escuche (haazinu, en hebreo) Sus palabras mientras repasa su historia, y les informa acerca de las consecuencias de su conducta futura, ya sea positiva o bien negativa.

LA SEXTA DIMENSIÓN

Me salieron al paso en una esquina cuando estaba por ir a tomar mi café de la tarde. Eran dos muchachos. Vestían trajes de estilo clásico, aunque arrugados, y para protegerse del sol llevaban sombreros grandes y negros. Me pidieron que encendiera una vela. Pero no se trataba de una vela cualquiera, me pidieron que encendiera una vela para D-os. Para cambiar el mundo. Para lograr la perfección. Y me pregunté si también me iban a decir que era la llave a la riqueza. Me negué.

Toda la vida estuve tras la búsqueda del sentido de la vida. Sabía que el dinero no era la llave. Hasta los avisos publicitarios coincidían en este punto. Necesitaba algo más. Realización. Profesión. Autoestima. Un grupo de amigos. Participar en lograr el cambio en la vida de alguien. Y, aunque ya había alcanzado todas estas metas, no era suficiente.

Ese día supe que necesitaba más aún. Estaba preparada para trabajar más para la comunidad, salir a buscar un empleo que me planteara más desafíos. Pero no estaba buscando a D-os. No necesito que D-os sea parte de mi vida. Vivo en este mundo, no en un nirvana. No necesito rituales, ni tampoco el comportamiento repetitivo del culto para darle color a mi vida. Y, ciertamente, no me hacía falta una sencilla vela blanca para reemplazar mi vela con aroma a lavanda. Necesitaba encontrar el sentido de la vida. No acepté encender la vela. Para D-os. Para alcanzar la paz en el mundo. Para lograr la unidad.

Unas semanas más tarde volvieron a salirme al encuentro. En esta oportunidad llevaban unas ramas y frutos. Me pidieron que agitara las ramas en el aire, que las sacudiera en todas las direcciones. ¡Qué manera ridícula de no querer ver la realidad! Me negué.

Pero, al día siguiente, dije que sí. Y pensé ¿en qué me puede perjudicar algo que viene de una pequeña cultura extranjera? De modo que sacudí los frutos. Y no hubo fuegos artificiales, ni apariciones de D-os, ni el fulgor de la realización. Tal como lo esperaba.

Pero esa misma noche, poco más tarde, sentí que había sucedido algo diferente. Nada importante, nada que pudiera identificar con exactitud. Solamente un ligero sentimiento de bienestar. De modo que, al día siguiente, volví a sacudir la rama. Repetí las extrañas sílabas y agité los frutos. Pero no por la paz del mundo. Solo para volver a captar ese fugaz sentimiento.

 

Ahora, enciendo velas todos los viernes de noche. Ya no le agrego leche a mi ‘Pollo a la King’. Leo diariamente las palabras de alabanza contenidas en un pequeño libro. A D-os.

 

¿Qué fue lo que cambió? Curiosamente, las cosas que hago no han cambiado. Sigo teniendo mi profesión. Sigo teniendo amigos. Sigo trabajando como voluntaria en el refugio para mujeres. Pero hay algo más.

Nada ha cambiado en mi mundo de cinco dimensiones. Pero descubrí una sexta dimensión que, hasta ahora, nunca había conocido. Si me lo hubieran contado no lo habría creído. De haberlo leído, tampoco nada habría cambiado. El sonido solamente puede ser comprendido en el contexto de otros sonidos.

Fue recién en el momento en que pude agitar la rama, que logré llegar a tener una referencia con respecto a esa dimensión. Y fue solo cuando empecé a hacer más, que realmente pude sentir su presencia. Esos muchachos hubieran podido hablar y seguir hablando hasta hartarme pero, para mí, no habría tenido ningún significado. Tenía que hacerlo por mí misma.

Ahora sé por qué me salieron al paso.

LAS CUATRO ESPECIES

Cada día de Sucot (excepto el Shabat) tomamos las Arba Minim, alias las “Cuatro Especies”. Sucot es una festividad de siete días que comienza el 15 de Tishrei y culmina el 21 de Tishrei.

¿Cuáles son las cuatro especies? La rama de palmera (lulav), un mínimo de tres mirtos (hadasim) y un citrón (etrog). Las primeras tres especies se atan juntas con cuidado, incluso el vendedor de las Arba Minim te puede hacer el favor.

Los Arba Minim son el precepto del hombre. En el caso de las mujeres, este precepto es opcional pero recomendado. El mejor lugar para llevar a cabo esta mitzvá es la sucá, la cabaña festiva al aire libre.

Sostiene el lulav en tu mano derecha (a menos que seas zurdo) con la espina dándote hacia la cara. Dirígete al este y di lo siguiente:

Bendito eres Tú, Hashem nuestro D-os, Rey del universo, que nos santificó con Sus preceptos y nos ordenó respecto de tomar el Lulav.

Ahora levanta el etrog en tu mano izquierda.

El primer día de Sucot (o la primera vez en Sucot que hagas esto) a esta altura di lo siguiente:

Bendito eres Tú, Hashem nuestro D-os, Rey del universo, que nos ha concedido vida, nos ha mantenido y nos has permitido llegar a esta ocasión.

Une el lulav con el etrog y agítalos. ¡Ya hiciste la mitzvá! No obstante, se acostumbra sacudir los Arba Minim en las seis direcciones: sur, norte, este, arriba, abajo y oeste.

Lleva tus Arba Minim a la sinagoga para el servicio de la mañana. Durante la plegaria de Halel, volvemos a agitarlos y luego desfilamos con ellos en la sinagoga durante la ceremonia de Hoshanot.

La unión judía es uno de los temas centrales de Sucot. Las cuatro especies que estás sosteniendo simbolizan las cuatro clases de judíos, con sus distintos niveles de conocimiento y observancia de la Torá. Al unirlos, estamos representando nuestra unidad en tanto nación, a pesar de nuestras diferencias externas. Y en este espíritu de unidad… ¡no te olvides de compartir tus Arba Minim con tus amigos y tus vecinos judíos!

Nota: los primeros dos días de Sucot, la mitzvá solamente puede cumplirse usando las Cuatro Especies que son propiedad del individuo. Por eso, si estás usando el juego de otra persona, este tiene que ser dado como “un regalo, condicional de su devolución”. Entonces puedes usar el juego, tu juego, y luego devolverlo, dándoselo de regalo a su dueño original.

 

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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