Cultura

Liliana Farber, una artista uruguaya en Nueva York

Nació en  Uruguay y vive  en Nueva York, recibí mi MFA de la Escuela de Diseño Parsons, The New School (Nueva York), previamente completó un Postgrado en Bellas Artes en la Escuela de Arte Hamidrasha, Beit Berl (Israel), y soy  Licenciada en Diseño Gráfico por la Universidad O.R.T en Uruguay. Expuso individualmente en 1708 Gallery en Richmond, V.A (USA), Arebyte Gallery (Londres); Centro Dodecá, galería Marte UpMarket, y en el Ministerio de Educación y Cultura (Montevideo). Participó de numerosas exposiciones colectivas destacándose: Museo Nacional de Arte Contemporáneo (Portugal), Glassbox Art Space (París), Festival Ars Electronica (Austria), WRO Media Art Biennale (Polonia), Festival FILE (Brasil), Museo de Arte Katonah (USA), Galería Raw Art (Tel Aviv), Museo Nacional de Bellas Artes (Chile), y Museo Nacional de Artes Visuales (Uruguay). Farber recibió el Premio de Cultura de la Red del Festival Stuttgarter Filmwinter (Alemania), El Premio de Arte y Tecnología del Subte (Montevideo), y el Premio a la Excelencia en Arte del Ministerio de Inmigración (Israel).

 ¿Cómo viviste la pandemia y donde? ¿Qué significa la cuarentena para un artista? ¿Es un buen momento para crear o todo lo contrario?


La pandemia fue un tiempo raro. En Nueva York, donde vivo, el comienzo fue difícil. Mucha gente fue afectada y había mucho miedo. Con el tiempo me fui adaptando a esta nueva normalidad y resultó ser un año calmo, de alguna manera. El tiempo se detuvo. Había muchas horas para dedicar al arte, para leer, para pensar, para hacer. 

El aislamiento fue uno de los aspectos más difíciles. Pero con el aislamiento vino una especial apreciación a los encuentros con amigos, a la burbuja que cada uno armó, y a las formas creativas de estar juntos. El parque Prospect Park, que queda al lado de mi apartamento, fue crucial para sobrellevar este año. Allí organizamos picnics, fiestas, y durante el invierno, fogatas semanales, que rodeadas de nieve fueron muy especiales.

 Ya hace mucho tiempo que vivís en el Norte, ¿Qué se extraña de Uruguay además de la familia? ¿Cuándo te hablan de hogar, dónde está el tuyo?

Hace 4 años que vivo en Nueva York (dicen que se necesitan 10 para ser un verdadero Neoyorquino). Extraño Uruguay y extraño Tel Aviv. Pero, de alguna manera, en Nueva York me siento en casa. Me llevó una odisea encontrar mi lugar. Como nieta de inmigrantes, sobrevivientes de la Shoá, nunca me sentí 100% uruguaya, me faltaba una conexión a la tierra. En Polonia, de donde viene mi familia, tampoco me sentiría a gusto. En Israel viví 8 fantásticos años, pero allí, aunque a diferencia de los Estados Unidos, tengo nacionalidad, siempre fui extranjera. El ámbito del arte en Israel es muy homogéneo, y es sabra. En Nueva York, todos son extranjeros, todos vienen de algún rincón del mundo. El ámbito del arte recibe de manos abiertas la diversidad, las diferencias culturales, y el aprender uno del otro.

¿Cuál es la mejor ciudad para vivir para vivir del arte?

Nueva York es una ciudad fantástica para las artes. Hay infinitas oportunidades, exhibiciones para visitar, y personas para conocer. Por otro lado, es una ciudad difícil y demandante. La competencia es feroz, las expectativas muy altas, y el costo de vida elevado. Creo que Berlín es la ciudad, que por consenso, es más amigable para los artistas por su relación entre la opulencia de la escena y el apoyo estatal económico a los artistas. Nueva York es una ciudad más desafiante que requiere creatividad económica para permanecer en ella. De todas maneras la riqueza cultural y social de la ciudad hace que el esfuerzo sea bien invertido.

 ¿La globalización y las redes sociales, qué papel juegan en la difusión de la obra de un artista?

Llamados internacionales como desplazamientos de artistas y de sus círculos han facilitado el alcance de escenas culturales ajenas y diversas. Como artista que utiliza medios digitales, compartir y exhibir obras en exposiciones internacionales es cada vez más sencillo (al evitar traslados, aduanas y seguros). A su vez, la competencia por oportunidades ha crecido. Uno compite con artistas de todo el mundo para ciertos llamados. La globalización en ese sentido es una espada de doble filo. Lo mismo con las redes sociales. De cierta forma democratizan la difusión del arte, pero a su vez crean una saturación del mercado en la cual artistas se ven presionados a mantener una presencia digital, que a mi parecer, es energía que debería ser utilizada de otras maneras.

Janet Rudman
(16 Julio 2021 , 09:10)

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