Mundo Judío

De la destrucción del Templo de Salomón, al atentado contra la AMIA

Por Alain Mizrahi

El 18 de julio de 1994 a las 10 AM un coche bomba hizo volar la sede de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) en pleno barrio Once de Buenos Aires. Murieron 85 personas y 300 quedaron heridas.

AMIA, escenario de horror (Foto: Esteban Alterman)

 

Fue el mayor atentado terrorista de la historia en suelo argentino y el mayor atentado contra un objetivo judío fuera de Israel después de la 2ª Guerra Mundial. El Presidente argentino era Carlos Menem, y su gobierno encubrió durante años a los responsables del atentado, generando incluso pistas falsas que llevaron a callejones sin salida.

A 27 años del atentado, se sabe que el atentado se planificó en Irán y que lo ejecutó el grupo terrorista libanés pro iraní Hezbolá con apoyo logístico local. Y a los 85 muertos en el atentado hay que sumarle el fiscal Alberto Nisman, el único que logró mínimamente acercarse a la verdad y fue asesinado en su departamento la noche antes de denunciar en el Congreso a la presidenta Cristina Fernández por encubrimiento. Los responsables del atentado de la AMIA siguen libres.

Pero mi intención no era extenderme sobre el caso AMIA, sobre el que han corrido ríos de tinta y hay una muy buena miniserie en Netflix (bastante inquietante por cierto), “El fiscal, la Presidenta y el espía”. Vale la pena verla. Lo que quería contar venía por otro lado:

En el calendario hebreo, el atentado a la AMIA tuvo lugar el 9 del mes de Av, coincidiendo con Tisha b’Av, el día más triste de la historia del pueblo judío que los creyentes practicantes conmemoran todos los años ayunando y rezando.

 

Judíos rezando en el suelo en Tishá B´Av junto al Muro de los Lamentos, en señal de duelo (Foto: Ariel Jerozolimski)

 

Un 9 de Av, en el año 586 AEC el rey de Babilonia Nabucodonosor II destruyó Jerusalén y su Templo, que había sido construido por el rey Salomón 4 siglos antes y era el mayor santuario del judaísmo. Según la tradición, Salomón construyó el Templo alrededor del año 960 AEC, pero hasta el día de hoy no se ha encontrado resto arqueológico alguno que pueda confirmar siquiera su existencia. Pero eso tiene muy poca importancia frente a lo simbólico. Nabucodonosor se llevó a la población de Jerusalén en exilio a Babilonia, ciudad desaparecida que hoy estaría en Irak. Para los amantes de la ópera, el acto III de Nabucco, “Va, pensiero”, narra ese episodio. Los judíos estuvieron exiliados durante 50 años hasta que Ciro el Grande, emperador de Persia, conquistó Babilonia y les permitió volver.

El Templo fue reconstruido por Zorobabel en el siglo VI AEC, y ampliado por Herodes en el siglo I AEC. Pero en el año 70 EC, durante la primera de las guerras judías contra el Imperio Romano, fue destruido junto con el resto de la ciudad … también un 9 de Av. Las legiones del emperador Tito arrasaron con Jerusalén y sus habitantes fueron masacrados o exiliados. De ese Templo solo subsiste el Kotel, o “Muro de los Lamentos”. Uno de los monumentos más espectaculares de Roma, el “arco de Tito”, fue construido para celebrar la victoria romana sobre los judíos, y en uno de sus famosos relieves se puede ver a las legiones romanas llevándose las reliquias del Templo, entre ellas la Menorá. Visité ese monumento en 2011 y me dio escalofríos. No pude ni sacarle una foto.

 

La expulsión de Jerusalem, plasmada en las imágenes en el Arco de Tito en Roma (Foto: Wikimedia commons)

 

66 años más tarde, en el año 132, comenzó la 3ª y última guerra judeo-romana, liderada por Simón Bar Kojba y Rabi Akiva. Duró casi cuatro años y terminó con la toma de la fortaleza de Betar y el aplastamiento definitivo de la revuelta… un 9 de Av, del año 136. Se calcula que 580.000 judíos fueron exterminados en la guerra y un número indeterminado vendidos como esclavos. Ese día marca el inicio de casi dos milenios de diáspora del pueblo judío.

En 1912, la ciudad de Thessalonniki (Salónica) fue ocupada por los griegos luego de la 1ª Guerra Balcánica contra el imperio Otomano. Salónica había sido “la Jerusalén de los Balcanes” y a finales del siglo XIX habían cerca de 80.000 judíos sefaradíes, que constituían la mitad de la población de la ciudad. Pero el antisemitismo comenzó a hacerse sentir y muchos emprendieron un nuevo exilio. Entre ellos, la familia Saias: mi abuela Solange, sus tres hermanas y sus padres. Emigraron a Francia. Casi un siglo después, en 2009, en un viaje medio iniciático que me llevó con un viejo amigo por Bosnia Herzegovina, Albania y Montenegro, decidimos ir hasta Salónica a conocer la ciudad natal de mi abuela Solange, y llegamos… un 9 de Av ! Caminé a lo largo del muelle desde el que seguramente zarpó mi familia hacia Marsella, compré una foto antigua de la ciudad del año 1912, y me sentí como si yo mismo hubiese sido el emigrante que volvía a su lugar de origen.

Emocionado en la ruta al ver el cartel: Salónica

 

No soy ni creyente ni practicante pero ese día, en la ciudad de mis ancestros, hice lo que nunca había hecho en mi vida ni volví a hacer: fui a la sinagoga al oficio de Tishá b’Av, y cumplí con el rito de sentarme en el piso con la pequeña comunidad local, descalzo y con las luces casi apagadas en señal de duelo y en recuerdo de todas las desgracias que ocurrieron en esa misma fecha a lo largo de 2500 años. Una de las cosas más conmovedoras que me hayan pasado en la vida y que algún día contaré a mi hijo.

 

Junto a la sinagoga de Salónica

 

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Fuente: https://es.chabad.org/

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2021-09-20T19:34:46-03:00