Mundo Judío

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No. 112
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ERES LO QUE COMES

Por Mordechai Wollenberg

La lectura de la Torá de esta semana menciona las leyes dietéticas kosher. Las leyes de kashrut nos describen que animales, aves y peces podemos consumir y cuales no. Son un pilar en la vida judía comunitaria y personal. Me aventuraría a sugerir que la vasta mayoría de judíos del mundo observan algún grado de kashrut (adherencia a las leyes kosher).

Nada en la Torá es aleatorio, el hecho que las leyes de kashrut establezcan requerimientos específicos significa que podemos aprender diferentes ideas de esas leyes.

Todos conocemos la frase “eres lo que comes”. Desde la niñez recuerdo escuchar esa frase, es usada para disuadir a un niño de comer mucho chocolate y dulces; es usada para alentarnos a comer comidas sanas; es usada por los anunciantes para convencernos de consumir su producto particular. Aunque sea una frase común, no está lejos de la verdad. De acuerdo a la Kabala, todo lo que comemos no solo se vuelve parte de nosotros físicamente, sino también espiritualmente. La comida o bebida que consumimos nos afecta en un plano espiritual, en el nivel del alma, influenciando nuestro carácter y afectando nuestras tendencias naturales.

Si miramos a los animales kosher, como por ejemplo los ciervos, las ovejas y vacas, encontramos que son animales naturalmente tímidos, modestos, calmos y no predatorios. Las aves que son kosher son aquellas que no son aves de presa. Vemos que en el nivel más simple las características de los animales kosher son aquellas que deberíamos buscar emular, criaturas civilizadas, pacíficas, modestas, no predatorias. 

Con respecto a los mamíferos, la Torá nos enseña los signos que debemos buscar en un animal kosher; a saber, que debe ser rumiante y tener las pezuñas partidas. Esos signos no fueron escogidos arbitrariamente. Cada uno nos enseña una forma de comportarnos, un buen rasgo de carácter.

¿Qué aprendemos de la idea de rumiar? Que no decimos inmediatamente lo que pensamos, que no siempre actuamos impulsivamente. “Digerimos” las cosas, pensamos cuidadosamente antes de actuar. Sopesamos cuidadosamente nuestras decisiones y no actuamos apurados sino con reflexión y prevención, teniendo en consideración las consecuencias de nuestras acciones.

¿Y con respecto a la pezuñas partidas? La pezuña es la parte más baja del animal, con lo que el animal se conecta con la tierra. La tierra simboliza el materialismo, el mundo físico a nuestro alrededor. Una pezuña partida tiene una división en ella, la pezuña está conectando al animal con la tierra pero al mismo tiempo, hay una distinción, una separación. Esto refleja nuestra visión del mundo físico. Tenemos que estar ocupados en asuntos diarios, en temas mundanos y materiales, pero también mantenemos una separación consciente, un entendimiento que hay algo más allá del mundo físico, una dimensión superior, una dimensión espiritual. Estamos involucrados en asuntos materiales, pero mantenemos cierta distancia. 

Buena parte de la vida judía gira en torno a la comida. La Torá nos da formas de elevar lo que de otra forma sería un aspecto rutinario de nuestras vidas para imbuirla con santidad, y aprender de ella.

ASPIRACIÓN DEL ALMA

[Moshé dijo al pueblo judío que cuando ellos comieran carne, debían] “ser fuertes y no consumir la sangre.” (Devarim 12:23)

Dado que la sangre de un animal contiene su vitalidad, sería lícito pensar que consumir sangre y utilizar su vitalidad para propósitos sagrados constituiría un admirable esfuerzo por depurar el mundo material. Es necesario, pues, distinguir entre la carne y su sangre. La carne representa el mundo material mismo, que somos capaces de disfrutar de forma sagrada. La sangre, sin embargo, al representar la vitalidad y el entusiasmo por la vida no puede disfrutarse por sí sola, porque es imposible gozar el puro goce de forma desinteresada y sagrada.

Así, la sangre puede ser ofrendada en el Altar como parte de un sacrificio, porque de esta forma tiene por único objeto la santidad. Pero si es parte del mero acto de comer, es decir, si tiene por único objeto la preservación y mejora del cuerpo, debe ser evitada. Debemos aspirar a entusiasmarnos solo por temas sagrados, en vez de por asuntos exclusivamente materiales.

Likutei Sijot, vol. 4, pág. 1110; ibid., vol. 14, pág. 51.

Deuteronomio (Devarim) 11:26 – 16:17

La cuarta sección del Deuteronomio continúa el segundo discurso de despedida de Moshé al pueblo judío. Moshé comienza urgiendo al pueblo a ver (reé, en hebreo) que D-os da a elegir entre una vida de bendiciones y otra de maldiciones, y que la elección depende de cada uno.

LLAMA A TU HERMANA

Por Michoel Hazan

En los años setenta, solía viajar de Gibraltar a Nueva York para estudiar en la Yeshivá. No había vuelos directos, por lo que siempre tenía que pasar por Inglaterra. En una ocasión, en 1979, cuando estaba en Londres, decidí llamar a “770” (Central de Jabad Lubavitch Mundial) desde el aeropuerto. Se escuchaba de muchos secuestros de aviones en esos días, y por ello le pedí al Rebe una Bendición para llegar a salvo.

Generalmente, me llevaba unos minutos tratar de contactarme con la oficina del Rebe, pero esta vez, la llamada entró enseguida. El Rabino Binyomin Klein, uno de los secretarios, contestó el teléfono. Le expliqué que me encontraba en Londres en camino a la Yeshivá, y quería la Brajá del Rebe. El me respondió: “Llámame exactamente en veinticinco minutos”. Hice lo que me pidió, y después de veinticinco minutos volví a llamar. El Rabino Klein me dijo que el Rebe me deseaba un buen viaje, y también preguntó cómo estaba mi hermana.

No había visto a mi hermana por unos días, pero asumí que se encontraba bien. Entonces le dije al Rabino Klein: “Ella está Ok. Dígale al Rebe que está bien”. “No”, dijo el Rabino, “el Rebe quiere saber cómo está ahora. Llama a tu hermana”.

Corté y traté de llamar a mi hermana, pero nadie contestaba. Llamé a mis padres pero tampoco allí obtuve respuesta. Justo después, mi vuelo fue anunciado. Tomé mis valijas, entré al avión, y me olvidé completamente de la llamada a mi hermana.

Cuando llegué a Nueva York, mi primera parada fue en 770 para informarle al Rabino Klein que había llegado a salvo. Me dijo que esperara, ya que le quería avisar al Rebe que había arribado. El dijo: “Sabes, el Rebe está muy preocupado por tu hermana, no le has dicho cómo se encontraba”. Había un tono de irritación en la voz del Rabino, y yo estaba un poco alarmado por haberme olvidado. Inmediatamente corrí para llamarla, pero de vuelta no pude comunicarme.

Llamé a la casa de mi mamá y finalmente pude hablar. “¿En dónde has estado?”, me preguntó. “Hemos tratado de encontrarte”. Mi hermana estaba en trabajo de parto y había pasado por una complicación. Su situación era peligrosa y mucha gente había estado haciendo Tehilim por ella. Los doctores se apuraron a llevarla a la unidad de tratamiento intensivo y han tratado de estabilizarla.

Le dije a mi mamá que el Rebe había estado preocupado por ella. “¿Cómo sabía el Rebe?” preguntó.

Mi única respuesta fue:“El Rebe me decía que debía llamarte. Intenté algunas veces hasta que finalmente pude comunicarme”.

Volví a 770 y le transmití la información al Rabino Klein para que se la pasara al Rebe.

Cuando salió de la oficina, el Rabino me dijo que el Rebe habría sentido que mi hermana no se encontraba bien y es por eso que continuaba preguntado por ella. Luego me contó que el Rebe la bendijo que tuviera una completa recuperación, y que ella y la bebé estarían sanos. Baruj Hashem, el bebé nació sano, y mi hermana tuvo una completa recuperación.

Cuando tuve la oportunidad de contarle a mi hermana sobre la persistencia del Rebe, se emocionó mucho. Me explicó que en el momento de la emergencia fue cayendo en un delirio. Trataba de decirle a mi mamá que me llamara para que le pidiera una Brajá al Rebe, pero mis padres no podían entender lo que le estaba diciendo. Cuando se dio cuenta que no podían entenderla, simplemente cerró sus ojos y dijo en su mente: “Rebe, por favor ayúdame.”

Esto ocurrió en el momento exacto en que me encontraba en el Aeropuerto de Londres, cuando el Rebe preguntó cómo estaba mi hermana..

DIEZ MITZVOT

CONECTIVIDAD

¿Usted piensa que está haciendo esto solo? De ninguna manera. Todos estamos unidos. Hemos estado siguiendo este camino codo a codo por más de 4.000 años.

Toda la humanidad está unida, ramificada en familias. Si usted es judío, es parte de una asombrosa familia que comparte una herencia, una historia y una visión diferente del mundo en común.

El estar conectado yace en el corazón de toda esta estrategia de vida más elevada. Es la turbina y el magneto. Llámelo ligarse a su pueblo o comunidad.

Así es como comienza:

1. Ingrese a un lugar en el cual se reúnen los judíos. Como un JCC. O un centro de Jabad Lubavitch. O la panadería kosher local. Hable con su gente. Únase a su pueblo. Juegue al tenis con su gente.

2. Sea voluntario. Todo judío debe ser voluntario para algo. Como hacer entregas para el Banco de Comida Kosher, o ser el compañero de un niño especial. O ser el repartidor de caramelos oficial de la sinagoga. Pregunte, seguro hay algún rol comunitario esperando por usted.

3. Haga Shabat con la gente. Tenga invitados. Sea invitado. Coman juntos. Canten juntos canciones judías. Cuenten historias. Estén despiertos hasta tarde y caigan dormidos sobre la mesa juntos.

4. Diga buenas cosas de la gente —especialmente su prójimo judío. Cuando encuentre algo lindo que decir, usted trae todo el bien sobre esa persona y éste brilla. Todas las sombras negativas se van.

5. Descubra qué necesitan las otras personas. Escúchelos kvetch (quejarse). Encuéntreles trabajo. Téngalos en mente en sus plegarias. Llámelos si no los ve durante un tiempo. Visítelos cuando están hospitalizados. Preocúpese —y haga algo por eso.

6. Sonría. Diga "Es lindo verlo hoy". O también "¡Se lo ve muy bien hoy!" No cuesta mucho y puede alegrar el día de alguien.

7. Llame a su madre. También a su padre. ¿Cuánto tiempo bueno ha pasado últimamente con los niños? ¿Qué pasa con su esposa? ¡Hey, ellos también son judíos! ¡Aguarde —así son ustedes! Así que siéntase orgulloso de ello y únase a su alma judía. Mire, ha comenzado en algún lado.

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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