Entrevistas

El Israel que yo vi- con Ianai Silberstein

Conversando con Ianai sobre su reciente viaje a Israel y mucho más

Entrevistar a Ianai Silberstein, Presidente de la NCI, es siempre un placer y una enseñanza. Leyéndolo, lo volverán a confirmar.

Ianai y su esposa Karin, en un singular viaje a Israel

 

P: Ianai, es ineludible comenzar esta entrevista con lo más importante: felicitarte por tu flamante status de abuelo: tu hija Daniela y Guille Fremd han dado a luz  su primer hijo, lo cual te ha convertido a ti, no tengo duda, en una persona con más motivo que antes para ser feliz. Aunque escribo este cuestionario cuando estás en unos días de cuarentena en Londres, tras haber llegado desde Israel, y por lo tanto estimo que aún no viste a tu nietito ¿cómo vas llevando tu nuevo status?

 

R: Gracias Ana, tanto por tus conceptos como por esta nueva oportunidad de compartir reflexiones y sentimientos con los lectores. Dicho esto, sé que somos abuelos pero en los hechos casi que daría lo mismo estar en Montevideo que en Londres. De hecho, el niño nació casi casi en Shabat aquí pero ya bien entrado el Shabat en Israel. Estábamos con mi mamá, Ruth, y con Karin por hacer una íntima cena sabática cuando llegó la foto de Daniela y su hijo y fue realmente muy, muy emotivo: por un lado una madre de 85 años (hasta los 120), y por otro una criatura de menos de una hora de vida. Nada podía ser más simbólico. Una vez aquí estamos cumpliendo con las regulaciones de la cuarentena, los hisopados, etc etc (¡qué industria creó la pandemia!), esperamos ver al nieto antes del próximo Shabat si como esperamos somos negativos al virus. Mientras tanto nos entretenemos en nuestras habituales tareas intelectuales y la virtualidad nos permite seguir casi todo paso a paso, como el resto de la familia en Montevideo, tanto Silberstein como Fremd. El mundo se achicó, al mismo tiempo se ha vuelto un poco más hostil. Paradoja si las hay.

 

Reencuentros

Ianai con su mamá Ruth y su hermana Dalia

 

P: Titulé esta entrevista “El Israel que yo vi”, porque acabas de realizar un viaje a Israel con Karin, después, así entiendo, de no poco tiempo de no visitar. Tenés en Israel a tu mamá Ruth, a tu hermana Dalia, sobrinos y muchos amigos de la vida, tus ex compañeros en la NCI de la época de la tnuá, el movimiento juvenil. ¿Cómo has vivido estos reencuentros?

R: Cada vez que vengo a Israel es una maratón de reencuentros y emociones. Esta vez, en pandemia, con vacunas, todo es más intenso. Nunca doy abasto de ver a todos quienes quiero ver. Menos cuando no habíamos visto a mamá en tres años (pandemia y otras causas personales), y a esta altura de la vida cada mes cuenta. Pudimos estar cerca suyo y vernos cada día, a veces en lapsos cortos, otros en alguna reunión familiar, todo de acuerdo a su energía y situación. Con mi hermana Dalia y mi cuñado Claudio nos habíamos visto dieciocho meses atrás, ellos consiguieron “salir” de aquel Uruguay que quedó, como tantos países, desconectado del mundo en marzo 2020. También fue una oportunidad de celebración familiar con mi sobrina Gal y su esposo Maaian, con mi otra sobrina Dana, y con familia política que de otra manera no siempre llegamos a ver. En cuanto a los compañeros de la Tnuá, es un capítulo aparte: nos vimos con unos cuantos al aire libre en el parque de Raanana y con mi amigo de la infancia Daniel Wachtel nos dedicamos una velada. Pero nunca alcanza. Lo bueno es que cuando nos vemos es como si nos hubiéramos visto ayer, tanto en común que hay. Mantenemos un vínculo muy estrecho pasados más de cincuenta años. Y no somos pocos eh…

Compartiendo recuerdos y vivencias, en un parque de Raanana, con amigos de la NCI de los años de juventud. Gaby Junio toma la selfie. Reconocemos a  Hugo Lazovski y Alejandra Berger, Débora Pytel y Morris Sapiro, Marcelo Raij y Claudio Macadar y a la izquierda de Ianai y Karin están Dalit Raij y Sara Derfel (no se le ve la cara, mira para el otro lado) y Dinorah Krystal

 

P: ¿Volvés a confirmar que las amistades de la niñez y juventud son a menudo para siempre?

R: Absolutamente. Pero hay que cultivarlas. Nosotros lo hacemos. Hay javerim (amigos) que hacen de eso una vocación y estamos todos agradecidos.

P: ¿Te parece que eso pasa por los caracteres y conexiones que cada uno establece o también por el marco especial que te proporcionó la NCI? Y no tengo dudas que eso se puede hacer extensivo a otros movimientos juveniles también, a las otras tnuot, que tanto lugar ocupan en la vida de muchos jóvenes judíos uruguayos.

R: Para el tango se precisan dos. La Tnuá o una Comunidad pueden darte el marco, pero el que tiene que bailar es uno. Yo puedo hablar de mi grupo, mi generación, años más o menos: el vínculo es estrecho, pero todos hacemos algo para que así sea. En Montevideo somos un grupo que nos reunimos a cenar cada lunes de noche, inexorablemente. Sólo la pandemia lo interrumpió. En Israel, donde el tema de las distancias es muy complicado, es más esporádico. Pero hay un vínculo fortísimo, whatssapp mediante, por ej. Nos acompañamos en alegrías y tristezas. Unos somos más amigos que otros, pero el sello NCI/Jazit es indeleble. Nos marcó para siempre.

 

Con Daniel Wachtel, amigo de la infancia

 

Con Gaby Junio

 

Con Marcelo Raij, también de la NCI

 

Una relación singular con Israel

P: Ianai, creo que es oportuno, por este viaje, pedirte que recordemos tu vínculo con Israel. No es el promedio.

R: Supongo que no, que no lo es. Tampoco es tan extraordinario. Los judíos acumulamos historias personales muchas de las cuales si no se repiten son paralelas, pero todas juntas construyen el relato judío. En cuanto a mí, mi judaísmo tiene su génesis en Israel. Mis padres, uruguayos ambos, fueron jalutzim (pioneros) en los años cincuenta. Mi padre Iosef z’l fue a la 2ª edición del Majón de Madrijim (Instituto de liderazgo para los movimientos juveniles en la diáspora)  y creo que mi mamá a la tercera. En 1955 hacen aliá y en 1957 nazco yo en el kibutz Guivot Zait, al lado de Tivon; luego ese kibutz cerró y el grupo de mis padres pasó a Or Haner en la zona de Sderot. Mis padres visitaron muchas veces a sus viejos camaradas allí. Así que yo crecí en Uruguay, sí, pero hablando Ivrit en casa, cantando en Ivrit (Yaffa Yarkoni por ejemplo), siendo alumno fundador de la Escuela Integral, y con un marco social de shlijim (enviados) de Israel. Hice aliá en 1976, me gradué en la Universidad de Tel-Aviv en 1980, y volví a Uruguay en 1981. Nunca dejé de escuchar a Java Alberstein o Arik Einstein y volver a Israel siempre es una emoción intensísima. Además que, sumados a mis javerim de la tnuá que ya hablamos, tengo entrañables amigos y amigas de mi época universitaria, y familias “adoptivas” a las que visito religiosamente cada vez que vengo: les debo la noción de  hogar de aquellos años. Una de ellas es muy cercana a ti, los Blustein.

P: Así es, los queridísimos Rina y Herman Blustein. Recordemos , Herman y tu mamá son amigos desde jovencitos, de allí tu relación con ellos.

R: Así es. También mi ex morá en 4º año de escuela, Yael Ulmer, y amigos de mis padres donde cenaba cada semana, los Harstein… merecen ser nombrados. Ya que estamos, me gustaría nombrar a una hermana de la vida, Nora, con quien nos unió el amor a Serrat en aquellos años de cassettes compartidos, y que es hoy mi otra “hermana” en Israel. Los años en la universidad me formaron mucho, tuve una generación de profesores que marcaron rumbo en los campos de la Literatura, la Lingüística, y la Semiótica, intereses que sigo cultivando. En suma: mi judaísmo “rabínico” me llegó de grande, con la actividad comunitaria en la Integral y la NCI. Pero no concibo judaísmo sin Israel. Diría Amos Oz, “no existe tal criatura”. Soy sionista profundo y convencido pero no de papel o virtual, mucho menos de activar en organizaciones sionistas; mis padres me enseñaron a ser muy respetuoso del Sionismo. Si bien hoy somos sionistas sin necesariamente hacer aliá, si sos “iored”-quien se fue de Israel a vivir en otro lado- mejor dedícate a otro rubro en el mundo judío. Sobran desafíos.

Una actividad poco común

P: Tu viaje ha incluido un punto muy original relacionado a un aspecto de tu actividad que no todos conocen. Te has desempeñado como juez en un concurso de perros de raza. ¿De qué se trata?

R: La cría de perros de pedigrí es una actividad muy específica dedicada a la mejora (y creación) de razas caninas. La forma de evaluar los ejemplares son las exposiciones caninas de belleza y estructura. El juez revisa y da su opinión sobre cada ejemplar inscripto mediante una rutina: los ve “posando” y en movimiento; revisa dentadura y otros detalles; y va eligiendo los mejores hasta el mejor de la exposición. Se juzga a nivel de raza, luego grupos de razas (hay 10 grupos), y luego El Mejor. En este caso fue una exposición internacional donde yo daba (o no) puntos para el título de Campeón Internacional, por ejemplo. También hay exposiciones especializadas por razas o grupos.En Israel en todos los casos se escriben “súmulas” o críticas. En América del Sur casi que no. Yo tuve el privilegio y honor de juzgar “medio” grupo 2 (perros de guardia tipo pinscher, como Dobermann, Gran Danés, Schnauzer, y el fascinante y nuevo para mí Terrier Negro Ruso), las finales del grupo 8 (perros como el Labrador o el Golden), y la final de Jóvenes (9 a 18 meses) entre más de 120 perros. Fue un día intenso en Nof Hagalil con “mi” Emek Izreel a los pies y el Monte Tabor como fondo de paisaje: mezcla perfecta de sionismo clásico y hobby excéntrico.

Evaluando un Schnauzer

 

P:  Genial descripción. ¿Cómo empezaste con esta actividad? ¿Y cómo se avanza en ello? Imagino que no cualquiera al que le gusten los perros y ni siquiera no cualquiera que muestre que entiende mucho al respecto, es juez internacional en la materia.

R: Siempre me gustaron los perros. En 1985 asistí a mi primera exposición canina en el ruedo de la ARU en el Prado. Yo tenía dos Dobermann de pedigrí pero muy mediocres, como perros de guardia para el depósito. Luego compré mi primera hembra de calidad (teníamos una en casa pero no era de calidad de show, aunque nos enseñó mucho y “crió” a mis hijos en el trato con perros). A partir de allí no paré nunca, por muchos años. Hice una sociedad para criar con otra hermana de esas que la vida te regala, Isabel, y si bien criamos algunos campeones nunca pudimos descollar en ese sentido. En 1991 ya era juez de Doberman. De allí en más me hice juez de otras razas (Boxer, Cocker, Basset-Hound), del grupo 2 (el del Doberman) y luego grupo a grupo los diez hasta convertirme en “all-rounder” el 2 de diciembre de 2017, cumpliendo estrictamente el reglamento de la FCI. Me llevó muchos años, entretanto pasó una vida y me dediqué a otras actividades muy intensamente; además, estudiar los estándares (normas) de cada raza no es un esfuerzo menor, y mucho menos es “hacer el ojo” para poder apreciar los perros. Si bien hoy no tengo perros conmigo, disfruto muchísimo de verlos en pista, el desafío de evaluarlos, y la noción de que mi opinión incida en la cría y el desarrollo de las razas. Como criaturas vivas y únicas, no hay perros perfectos, pero hay perros “típicos” y cuando uno juzga está sentando una suerte de jurisprudencia. Cuando un perro gana mucho con muchos jueces distintos, eso prueba su calidad. Cuando uno premia (uno no sabe, o no debería saber quién o de quién es el perro) un perro y resulta que ya ha ganado, también es reconfortante. Lo más lindo es cuando uno “descubre” un perro que después que uno lo premió sigue ganando; o un cachorro o joven que uno premió y de adulto sigue cosechando triunfos.

Por evaluar un Gran Danés

 

 

P: Impresionante como es un mundo entero…¿Y cómo surgió esto de juzgar en Israel?

R: Volviendo a la posibilidad de juzgar en Israel (yo lo he hecho en Argentina y Brasil), surgió a través de mi amigo Avi Tanni que vivió 20 años en Uruguay y con quien compartimos el hobby. Él sugirió mi nombre al Israel Kennel Club y aceptaron gustosos. La exposición sumó 850 perros de los cuales pasaron por mi unos doscientos. Interesante es que la mayoría de los expositores y criadores son rusos. La jueza Dr. Zafra Zirik me dijo que sin ellos la actividad en Israel estaría casi desaparecida. También tuve la oportunidad de conversar con Myrna Shibolet, del Shaar Jagay Kennel, sobre el perro nacional de Israel, el Canaan Dog. Fue una experiencia única y estoy muy agradecido.

 

Con la reconocida jueza internacional Dra. Zafra Zirik

 

Impresiones de Israel

 

Ianai y Karin en Jerusalem

 

P: Solemos destacar lo pujante de Israel, lo singular de su espacio público con tantas características de vida judía y al mismo tiempo tan compartido por judíos y quienes no lo son. ¿Cómo lo has visto?

R: Tres años de pandemia y el mero paso del tiempo para uno mismo me han hecho ver Israel en una forma más desapasionada. Como escribí en un editorial, disfruto muchísimo recorrer el paisaje, cualquier paisaje; o detenerme en un punto y contemplar una vista que resuma tiempo y espacio en un sentido actual e histórico. Que el territorio sea tan chico te da esa opción. Al mismo tiempo, cuando transitas Israel tenés la sensación de que va a explotar, desde dentro, y sin menospreciar ni minimizar las explosiones que llegan del otro lado de la frontera; lo digo en relación al tráfico, los embotellamientos, pero también en relación al crecimiento demográfico, la densidad territorial, el encuentro de culturas y etnias. En ese sentido, y un poco tentativamente, creo que el actual gobierno (que dure todo su período por favor) ha descomprimido un poco las cosas; hay grupos de poder que se han quedado sin ese poder, y el equilibrio de la coalición hará todo mucho más moderado. Israel tuvo sus reyes en su historia pero sabemos bien que no está en su naturaleza; la diversidad y la profecía son más judías que cualquier reinado. Hoy no hay un rey en Israel y es buena cosa; el país se deslizaba hacia el abismo autocrático. Al mismo tiempo, la diversidad étnica y cultural es insoslayable: el Estado es Judío (y así debe ser, es el fin de su creación, del Sionismo), pero sus habitantes son muy diversos: árabes, drusos, beduinos, rusos judíos y no judíos, etíopes, filipinos, sudaneses… y judíos de todos los tipos. Creo que me quedo corto.

P: Diste una buena pincelada del mosaico, pero claro que hay mucho más. Es que Israel tiene una riqueza inabarcable, humanamente hablando.

R: No entro en el tema de los palestinos, Judea y Samaria, Jerusalém Este, eso ya es otro asunto. Aun así, todo es parte de una realidad: en apenas 22mil kilómetros cuadrados habitan 9 millones de habitantes; en la zona central, en menos de 10m km2, habita y transita el 50% de su población. De un país precario y pobre se ha convertido en un país rico y consumista. En 1980 a duras penas tenías algún restaurant que otro; hoy hay miles, toda una industria donde está muy reflejada, además, la sociedad israelí. En suma, y es algo en que tú has hecho mucho hincapié últimamente, Israel YA es un estado no tanto binacional sino multinacional. Nadie en sus sano juicio pensaría que Israel deje de ser un Estado Judío (un tal Peter Beinart en los EEUU insiste con esa idea y recoge aireadas reacciones), pero que quede claro que el judaísmo como tal hay que cuidarlo tanto como en la diáspora.

P: Por supuesto…y es todo un tema el hecho que quienes piensan que todo es sobreentendido. No lo es.

R: Que los feriados sean los judíos, que el “domingo” sea en Shabat, no asegura la relevancia del judaísmo. No podemos darnos el lujo, como en cualquier lugar del mundo, de dejar el judaísmo, la Torá, y el sionismo en manos de minorías iluminadas que deforman sus valores más esenciales.

 

P: ¿Algún otro comentario que te gustaría hacer?

R: En primer lugar, gracias una vez más por el espacio y por confiar que uno pueda aportar algo interesante sobre judaísmo e Israel, aunque sea sobre una exposición canina en la ex Natzeret Elit… Releí lo que te conté y creo que ha sido muy personal, vos me diste el pie. Al mismo tiempo, no resisto la tentación de opinar y proponer desde mi lugar de dirigente comunitario y sobre todo pensador y escritor sobre estos temas que nos unen. Repito: aunque todo surja por una exposición canina.

P: Bueno…no exageres. Comentamos de antemano que lo de la exposición canina sería lo más original y sorprendería a muchos,pero estaba claro que no sería el tema central.

R: Es cierto. Pues me gustaría citar un nombre de esos que cito permanentemente: Hartman. El padre, David z’l, y su hijo Donniel, siempre hablan de Israel como el “espacio público judío” y el desafío que constituye, para el judaísmo, después de milenios, estar a cargo de ese espacio. Temas como el poder y su uso (militar, económico, tecnológico), la diversidad de aquellos que viven entre nosotros (“porque esclavos fuimos en la tierra de Egipto”), la diversidad y el respeto y tolerancia entre judíos, el uso de la tecnología, el concepto de “halajot” en lugar de “La Halajá”, y sobre todo la idea de Derej Eretz, buenos modos, buena conducta, buen trato, que precede a la Torá (Derej Eretz kadmá laTorá), todos ellos son temas que están arriba de la mesa.

P: En el Israel siempre discutidor por cierto, en debate constante.

R: Lo interesante, y fascinante, es que la gran mayoría de las respuestas están en las fuentes judías; sólo hay que buscarlas y leerlas. Si otro lo lee diferente, mejor para todos. No estamos hoy sobre la faz de la tierra por dogmáticos sino por creativos. Para cerrar, diría que me gustaría que este nieto que acaba de nacer y los que vendrán SDQ, puedan crecer en los marcos plurales que estos abuelos, desde Paysandú a Montevideo, tanto han bregado por generar. Aunque crezca en Londres.

P: Es una hermosa bendición que le estás dando.

R: Así lo creo.  ¿Qué es el lugar para un judío sino una circunstancia histórica? Los valores no sólo viajan con nosotros, están en nosotros.

¡Salú y felicidá Janale querida!

P: Amén. Gracias Ianai por tu tiempo. Me encantó.

R: Gracias a vos nuevamente.

Ana Jerozolimski
(01 Noviembre 2021 , 06:10)

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