Israel

Aquí verás lo que pasó en el lugar del atentado de Tel Aviv, un día después

Llegamos este viernes temprano a la tarde a la calle Dizengoff en Tel Aviv. Está dolorida, como todo Israel, pero no se detiene.

 

 

No se detiene, pero recuerda.

La vereda junto al café Ilka de Tel Aviv en la calle Dizengoff que fue este jueves por la noche escenario del atentado terrorista en el que fueron asesinados tres israelíes-sí, tres, no dos, porque uno de los heridos graves falleció este viernes a causa de sus heridas- se ha convertido en un monumento. De recuerdo, de duelo. De profunda congoja.

 Fue erigido por el dolor de mucha gente por el asesinato de  Eitan Mageni(27), Tomer Morad (27) y Barak Lufan (35).  Algunos lo conocían y muchos otros cabe suponer que no. Pero sintieron la necesidad de llegar al lugar y expresar el pesar por la tragedia del asesinato y de los numerosos heridos aún internados, varios de ellos con heridas de gravedad.

De Tel Aviv, residentes en la zona, vecinos del barrio, pero también israelíes llegados de otros puntos del país, porque necesitaban honrar la memoria de las víctimas. Y sentirse acompañados por los demás. Estar juntos.

Cientos de velas recordatorias para las que alguien se ocupó de dejar cajas de fósforos disponibles. Usamos una de ellas para prender dos velas, porque cuando estuvimos allí, Barak , el tercero en la lista de las víctimas mortales, aún no había fallecido.

Enorme cantidad de flores. Banderas de Israel. Cartas, frases de duelo, de aliento para no decaer, de exhortación a la unidad del pueblo de Israel, entre cuyos miembros no distinguen los terroristas, que no se fijan quién es laico y quién es religioso, quién de derecha  y quién de izquierda. A todos los quieren matar.

Mucha gente rodea el lugar. Algunos con hijos chicos.

 

Algunos lloran.

Se abrazan.

Al lado del espacio repleto de velas y flores, otro tipo de homenaje. Un grupo de jóvenes en su mayoría religiosos, con kipá en la cabeza, están sentados en el piso, varios de ellos abrazados, cantando al son de la guitarra que toca uno de ellos. Canciones hebreas, que combinan el dolor con el aliento y la convicción que el terrorismo no prevalecerá. No se lo menciona explícitamente, pero está claro en qué piensa seguramente cada uno al escuchar las letras.

 

La piel se eriza al vivir estas escenas.Al escuchar las canciones y ver a la gente emocionada. Y al pensar en los muertos, en los asesinados.

En Eitam que se había comprometido hace poco con Ayalá y que estaba organizando su casamiento. Que era hincha de Hapoel Kfar Saba, cuya camiseta y bufanda alguien se ocupó de colocar hoy junto a las velas.

En Tomer, que acaba de empezar un nuevo trabajo y pensaba mudarse pronto con su novia, Ariel.

Eran amigos desde niños y ambos vivían en la ciudad de Kfar Saba, ahora de duelo.

Y luego, en Barak Lufan, que dejó en su casa a una mujer joven viuda y a tres niños ahora huérfanos. Era entrenador , había ganado una medalla de bronce hace muchos años en un campeonato mundial en kayak. Había nacido en el kibutz Ginosar y estaba viviendo en Guivat Shmuel. El domingo volverá , a su último y tan prematuro descanso, a la tierra de Ginosar.

La emoción se notaba en el aire, se sentía en los rostros de la gente allí reunida, que en todo el día llegaron a ser varios y varios miles.

Pero nada como el momento en que tras habernos alejado por unos minutos de la gran ronda de los jóvenes con la guitarra, para acercarnos nuevamente al espacio contiguo convertido en monumento recordatorio, oímos qué pasan a tocar y cantar . Hatikva, el himno nacional de Israel.

Así lo captamos en un video que filmamos en el  lugar para poder explicar dónde nos encontrábamos. Al oir el Hatikva, volvemos a la ronda, tratando de abrirnos camino entre la gente y pidiendo perdón para pasar, explicando que se trata de trabajo como periodista.

 

Al vivir todo esto, es ineludible recordar los festejos palestinos en Jenin y Gaza, la distribución de dulces en señal de celebración, la incitación al odio y las felicitaciones y la participación de niños palestinos en todo esto. Horas más tarde, un astronauta israelí , Eytan Shtiba, despega hacia el espacio desde Florida, hacia la estación espacial internacional.

Y junto al dolor, se siente pues mucho orgullo. Es duro, sí, estar de este lado. Pero sería mucho peor estar del lado del asesino, del lado que ensalza la muerte y no la vida.

Ana Jerozolimski
(08 Abril 2022 , 14:32)

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