Mundo Judío

Museo del Holocausto de Buenos Aires, visita imperdible con la memoria y por la vida

Prof. Oscar Destouet

Semana de vacaciones con cambio favorable para los uruguayos. Viajar a la Argentina se hizo para muchos un imperativo mayúsculo luego de más de dos largos años de aislamiento por la pandemia. Fui uno de los que cruzó el charco. Uno de mis objetivos fue visitar el nuevo Museo del Holocausto. Conocía el antiguo, y había visto por la web las innovaciones del nuevo pero verlo en vivo sería otra cosa. Situado en la calle Montevideo 919 en una histórica casona de porte señorial el reencuentro fue impactante.

 

La reconstrucción a nuevo del antiguo Museo del  Holocausto de Buenos Aires trajo cambios en el espacio físico, en el guión museístico, en el dialogo de la muestra con el público y en la utilización de una tecnología de avanzada que lo hace impactante, afectivo y cercano a la realidad de quien lo recorre. De acuerdo a la edad y conocimientos previos del visitante es lo que se aprende, que seguro será algo significativo y nuevo sobre una temática profusamente investigada pero como parte de la condición humana nunca acabada.

Sigue la periodización tradicional pregonada por Yad Vashem (Institución Israelí para la recordación, investigación y homenaje a las víctimas de la Shoá) distinguiendo con sentido didáctico el antes, el durante y el después del intento de destrucción de la vida judía. 

La memoria de hechos traumáticos, como el genocidio al pueblo judío, se basa fundamentalmente en el testimonio de las víctimas que a su vez es corroborado en documentos proporcionados por la investigación histórica. Fue pensado para el siglo XXI cuando los sobrevivientes solo serán parte de la memoria. Sus voces y figura están presentes en documentales que permanentemente son exhibidos en una sala especial. 

Un eje transversal recorre toda la muestra: su impacto en la sociedad argentina. Transporta un acontecimiento en territorio europeo al espacio cotidiano de la historia argentina. Deja de ser un hecho que sucedió en Europa para adquirir un carácter universal, que impactó en la conciencia de todos los hombres y mujeres del universo transformándose en una historia que no pasa, que vive en el presente. 

Dice su carta de principios que el Museo “integra la historia del Holocausto – Shoá y sus repercusiones en la Argentina con el objetivo de educar a las nuevas generaciones y preservar la memoria a través de objetos, documentos y testimonios de los sobrevivientes”. Su fin es “generar consciencia acerca de los peligros que conllevan las ideologías que difunden el odio, estimular los comportamientos solidarios ante el sufrimiento del otro y fomentar conductas éticas y humanitarias para prevenir futuros crímenes contra la humanidad”.     

El recorrido comienza con la vida judía previa al comienzo del nazismo. Se recrea el período 1900 – 1939 utilizando documentales de época pero gracias a la tecnología del siglo XXI los vemos a color. El relato muestra barrios con predominio de población judía en Varsovia y otros pueblos de Polonia. Imágenes de trabajos, diversión y religión. Se calcula en 9 millones la población judía en Europa en 1933, la mayoría pertenecía a sectores medios (abogados, médicos, educadores) y obreros. En general vivían en centros urbanos. 

El período inter guerras (1915 – 1939) nos muestra los conflictos sociales en Alemania luego de su derrota en la 1ª Guerra Mundial y el ascenso de la política de ultraderecha racista representada por Adolf Hitler. Utiliza audios e imágines de las movilizaciones del nacional socialismo (partido nazi) donde se responsabiliza a los judíos de todos los males sociales identificándolos como el enemigo interno principal. Con el ascenso de Hitler al poder comienza el período del terror como política pública. El objetivo de esta etapa era primero liquidar a los enemigos políticos (socialistas y comunistas) a los que se suma la persecución a homosexuales, Testigos de Jehová, pueblos Sinti y Roma y personas con síndrome de Down o con alguna discapacidad física. A la población judía se le tenía reservado algo especial: su exterminio total por el único crimen de haber nacido. Por primera vez en la historia los asesinatos tendrían lugar hasta donde el poder alemán llegara y su intensión era el mundo entero.

Los años 1933 al 39 son años de activa propaganda antijudía siendo el año 1938 un punto de inflexión con la Noche de los Cristales Rotos cuando se que quemaron mil templos y se enviaron a más de 30 mil judíos a campos de concentración. Mapas digitales en el suelo que simbólicamente obstruyen el camino narran la invasión alemana en Europa. La tecnología en un punto alto de originalidad y excelente didáctica.

Mientras tanto en Argentina 15.000 personas llenan el Luna Park en un acto para festejar la anexión alemana de Austria organizado por grupos nazis del vecino país y la Embajada Alemana. 

Diarios y fotografías de época nos traen las repercusiones del conflicto mundial y la situación de los perseguidos. Paneles con la organización de la solidaridad para el rescate de judíos y la declaración de guerra contra Alemania por parte Argentina en 1945 (en las postrimerías de la II Guerra). 

Los genocidas tienen su espacio con fotografías de uniformados de tamaño mediano que contrasta con las fotos grandes y sonrientes de los sobrevivientes. Un muro los ubica en un lugar que nos hace imaginar una cárcel. Adolf Eichmann tiene reservado una larga vitrina con el proceso de seguimiento hasta su detención en Buenos Aires, traslado a Israel y juzgamiento en Jerusalén en 1961. La Justicia también presente en la narración museística.   

Un espacio de destaque es el homenaje a los llamados Justos entre las Naciones, aquellos hombres y mujeres que optaron por la empatía con los que sufrían la mayor persecución y fueron solidarios, y arriesgando sus propias vidas y las de sus familias salvaron a muchos judíos de la muerte. Sintieron que podían optar y optaron “Aquel que salva una vida, es como si salvara un universo entero” (Mishná, tratado Sanhedrin, 4,5).

Complementan este cuidadoso trabajo una Sala para la recordación y homenaje donde se puede colocar una piedra sobre una simbólica lápida. Otra Sala, que me hizo recordar una Sinagoga, donde continuamente en sus paredes se proyecta nombres de víctimas que van cayendo mientras otras surgen sin cesar. 

 

Fueron 1554 m2 recorridos. 6 millones de judíos asesinados en Europa, 200.000 niños y jóvenes “arios” asesinados por ser considerados indignos de vivir por ser síndrome de Down o tener otras patologías crónicas, cientos de miles de homosexuales, Testigos de Jehová, opositores políticos, Gitanos (pueblos Sinti y Roma) fue el resultado del desprecio a la vida de “otros”. Nos queda mucho por aprender. Al decir de Luis Pérez Aguirre (SJ) aún somos analfabetos en Derechos Humanos. Continúan las guerras por las ansias de poder de unos sobre otros, la práctica terrorista como manera de hacer política, la indiferencia frente a la pobreza, la discriminación y el no dejar ser. Es tiempo de aprender. Es tiempo de cambiar y hacer del mundo un lugar de paz y de respeto a la diversidad humana donde solo reine la fraternidad. Es posible, depende de nosotros.

 

 

 

“Lo que me asombra es no haber abandonado por completo mis esperanzas, que parecen absurdas e irreales. Y, sin embargo. Me aferro a ellas a pesar de todo y sigo creyendo en la innata bondad del hombre”.

Ana Frank, Diario

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