Mundo Judío

MiSinai

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No. 155
Bamidbar
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Horario de velas en Montevideo, Viernes  3/06  17;23

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SABIDURÍA DEL DESIERTO

Por Yossy Goldman

"Números" puede ser el nombre por el que el cuarto de los Cinco Libros de Moisés es llamado comúnmente, pero en el Hebreo original se lo conoce como Bamidbar, o "En el desierto". Es interesante notar que esta parashá se lee siempre inmediatamente antes de la festividad de Shavuot, "el tiempo de la entrega de la Torá". ¿Cuál es la conexión?

Los sabios enseñan que no es suficiente que D-os nos entregue la Torá, nosotros debemos estar prontos para recibirla. ¿Qué es lo que nos hace merecedores de recibir este regalo tan preciado e infinito de D-os? Aquí es donde la idea del "desierto" entra. Un desierto es una tierra de nadie. No tiene dueño y es estéril. Así como un desierto es vacío y desolado, así también un estudiante de Torá necesita saber que no es más que un "recipiente vacío". La humildad es un prerrequisito vital para absorber exitosamente la sabiduría divina. Mientras estemos llenos de nosotros mismos y de nuestras nociones preconcebidas, no podremos asimilar e integrar la Torá en nuestro ser. Aún si ya estamos de cierta forma completos en nuestros estudios de Torá, todavía debemos recordar, como lo dijo el Kotzker Rebe, que "aunque sepas tanto, aun eres un desierto sin desarrollar".

Luego está la idea que que un desierto sin dueño, está allí para cualquiera que quiera reclamarlo. Ninguna persona o grupo de personas tienen un monopolio sobre la Torá. Ella pertenece a cada judío, no solo a los rabinos o a los estudiantes de Ieshiva, o al observante. "La Torá que nos ordenó Moshé es la herencia de la congregación de Iaacov" (Deuteronomio 33:4). Aunque reconocemos que tenemos mucho trabajo duro por delante si deseamos adquirir la Torá y hacerla nuestra, también sabemos que con diligencia y esfuerzo podemos triunfar. Efectivamente, algunos de nuestros más grandes sabios de la Torá a través de las generaciones eran personas simples y comunes, sastres, zapateros, etc.

Maimónides en su Leyes de Estudio de Torá (3:1) establece: "Con tres coronas fue adornado Israel: la corona de la Torá, la corona del sacerdocio y la corona de la realeza. El sacerdocio era el privilegio de Aharón ... la realeza era el privilegio del Rey David ... la corona de la Torá está allí pronta y esperando por todo Israel ... y es la corona más grande de todas."

Sin embargo, aunque la Torá es "libre para todos" como el desierto, debemos rendirnos a ella, vaciándonos de nuestro ego y nuestras preconcepciones, en vez de intentar ajustarla a nuestras circunstancias y estilos de vida.

Y entonces, como el desierto está vacío e inhabitado, la persona de Torá puede encontrarse sola y aislada. Quizás expresemos nuestros valores y creencias fuertemente sostenidas sólo para descubrir que estamos solos. Podemos mostrar el coraje de nuestras convicciones y encontrarnos como Abraham "al otro lado" de todo el mundo. Nuestros principios pueden ser impopulares, especialmente si ofenden o le arruinan el plan a alguien. No importa. Ser verdadero con D-os y Su Torá significa estar a su servicio, bajo cualquier circunstancia.

Que el título literal de nuestra parashá Bamidbar y las muchas lecciones que transmite, sirvan como un preludio adecuado para el hermoso festival de Shavuot. Que recibamos la Torá con alegría y seriedad para que esta importante festividad sea memorable y significativa.

CUSTODIANDO NUESTRO SANTUARIO INTERIOR

[D-os le dijo a Moisés, “Los israelitas] deben acampar alrededor de la Tienda del Encuentro [el Tabernáculo]” (Bamidbar 2:2)

El campamento del pueblo alrededor de los cuatro lados del Tabernáculo simbolizaba cómo protegían el santo edificio y la Torá que residía en su santuario interior. Por supuesto que la Torá no necesita nuestra protección - al contrario, la Torá y sus mandamientos nos protegen a nosotros. Sin embargo, D-os eligió confiarnos la noble misión de proteger la Torá.

Similarmente, debemos guardar nuestro santuario interior personal, dentro de nuestros corazones y dentro de nuestros hogares, de los cuatro lados: de la fría indiferencia a la espiritualidad del norte; de las pasiones sensuales calientes del sur; de la auto gratificación por nuestros brillantes logros, representados por el amanecer en el este; y de la oscura desesperación, representada por el ocaso en el oeste.

Hitvaaduiot 5745, vol. 4, pág. 2103; Reshimot 62 (pág. 15); Or HaTorá, Bemidbar, vol. 4, págs. 1360-1361, 1396-1397; Zohar 2:156a; Igrot Kodesh, vol. 6, pág. 185.

Números (Bamidbar) 1:1 – 4:20

Números, el cuarto libro de la Torá, describe el viaje del pueblo judío desde el pie del Monte Sinaí hasta el límite de la Tierra de Israel. La primera sección abre con D-os diciéndole a Moisés en el desierto (Bemidbar en Hebreo) que haga un censo de los hombres judíos adultos. El propósito del censo es formar a los hombres adultos en un ejército, por si fuera necesario luchar contra los ocupantes paganos de la Tierra de Israel.

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LA MUCHACHA QUE TENÍA QUE SER JUDÍA

Por Eli & Malka Touger

El Rabino Zalman Serebryanski, un jasid ya de cierta edad, originario de Rusia y decano del Colegio Rabínico de Lubavitch de Melbourne, Australia, llevó a una muchacha a ver al Rabino Jaim Gutnick. “Por favor, ayude a esta muchacha a convertirse”, le pidió.

El Rabino Gutnick escuchó la historia de la muchacha. Vivía en Balaclava, y desde muy chica había sentido una fuerte atracción por el judaísmo. Siempre que oía relatos sobre el Holocausto se conmovía profundamente. Había estado leyendo y estudiando sobre judaísmo durante mucho tiempo, y ahora quería convertirse.

Jaim Gutnick quedó conmovido por la sinceridad de la muchacha. Aún así, no quería llevar a cabo la conversión. Ella aún vivía en casa de sus padres no judíos. ¿Podría practicar el judaísmo en casa de sus padres? ¿Continuaría su interés a medida que maduraba y se convertía en adulta? Dado que él no podía responder esas interrogantes, decidió dejar que el tiempo siguiera su curso. Pensó: cuando fuera mayor, si seguía interesada, entonces podría convertirse.

La negativa de Gutnick hundió a la muchacha en una profunda depresión, hasta el punto en que hubo que internarla en un hospital. El anciano Rabino Zalman, conmovido por la profundidad de los sentimientos de la joven continuó visitándola de tiempo en tiempo.

Después de varias semanas, llamó al Rabino Gutnick, hablándole de la situación de la muchacha y preguntándole si tal vez podría cambiar de opinión, debido a la fuerza de los sentimientos de la joven. Gutnick respondió que las razones que lo habían disuadido de llevar a cabo la conversión seguían siendo válidas. Aún así, prometió escribir al Rebe de Lubavitch describiendo la situación. Si el Rebe aconsejaba facilitar la conversión, él se sentiría feliz de llevarla a cabo. El Rabino Zalman dijo a la joven que se estaba consultando al Rebe, e inmediatamente su  salud mejoró.

El Rabino Gutnick no recibió una respuesta inmediata, pero más tarde, el Rebe envía una carta preguntando: “¿qué está ocurriendo con la muchacha judía de Balaclava?”. El Rabino Gutnick se sorprendió. Tanto la joven como el Rabino Zalman habían dejado claro que su familia era anglicana. Ambos fueron a confrontar a la madre de la muchacha. La madre insistía en que era anglicana, pero como la sinceridad de los dos Rabinos la impresionó, cedió y contó su historia. Había sido criada en un hogar judío ortodoxo en Inglaterra. De joven, se había rebelado contra sus padres y abandonado totalmente la vida judía, casándose con un gentil y radicándose en Australia. Desde entonces no había pensado ni una sola vez en el judaísmo. Pero amaba a su hija y no se opondría si elegía vivir como judía.

Una vez resuelto que la joven era judía, los Rabinos Serebrianski y Gutnick la ayudaron a sentirse como en casa en la comunidad Lubavitch de Melbourne. La joven siguió haciendo progresos en su compromiso judío y hoy es maestra en una escuela de Lubavitch.

El Rabino Gutnick tenía aún una pregunta: ¿cómo supo el Rebe que la muchacha era judía? En su siguiente iejidut (audiencia con el Rebe) reunió la jutzpá suficiente para preguntárselo.

El Rebe respondió que, por sugerencia del Rabino Zalman, la joven también le había escrito una carta. Una carta así, declaró  el Rebe, “sólo podía haber sido escrita por una muchacha judía”.

SHAVUOT

D-os le dio la Torá al pueblo judío en el Monte Sinaí hace más de 3300 años. Cada año, en la festividad de Shavuot, renovamos nuestra aceptación del regalo de D-os y Él “vuelve a darnos” la Torá.

La palabra Shavuot significa “semanas” y marca el fin del período de siete semanas que va de Pesaj a Shavuot.

La entrega de la Torá fue un acontecimiento espiritual de gran alcance; un evento que tocó la esencia misma del alma judía para toda la eternidad. Nuestros Sabios la compararon con una boda entre D-os y el pueblo judío. Shavuot, también, significa “juramentos”, pues en este día D-os nos juró eterna devoción, y nosotros, a la vez, nos comprometimos a serle eternamente fieles.

En la antigüedad, se ofrecían en el Templo Sagrado dos hogazas de pan enteras. Era también en este día que la gente empezaba a llevar bikurim, sus primeros frutos y los más selectos para darle las gracias a D-os por la abundancia con que contaba Israel.

La festividad de Shavuot es una festividad de dos días, que comienza con la puesta del sol del 5 de Siván y culmina el anochecer del 7 de Siván. (En Israel, es una festividad de un solo día, que culmina con el anochecer del 6 de Siván).

• Las mujeres y las niñas encienden las velas festivas para darle la bienvenida a esta festividad, tanto la primera como la segunda noche.

• La costumbre es que los hombres se queden despiertos toda la noche estudiando la Torá durante la primera noche de Shavuot.

• Tal como ocurre en otras festividades, se comen comidas especiales y no se pueden realizar “trabajos”.

• En Shavuot, se acostumbra a comer alimentos lácteos, entre otras razones, para conmemorar el hecho de que al recibir la Torá, incluso las leyes de kashrut, el pueblo judío no podía cocinar carne en sus ollas, que todavía tenían que ser kasherizadas.

• El segundo día de Shavuot, se recita el servicio de Recuerdo de Almas Izkor.

• En algunas comunidades, se lee en público el Libro de Ruth, ya que el Rey David, cuyo fallecimiento tuvo lugar en esta fecha, era descendiente de Ruth, la moabita.

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