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Oscar Zwaig, nuevo Director de la Corriente Judía Humanista Secular de Uruguay

Ha comenzado una nueva etapa en la Corriente Judía Humanista Secular del Uruguay, al asumir el Economista Oscar Zwaig como Director de la misma, cargo que ocupará también al frente del mensuario Identidad.

Oscar (56), casado y padre de dos hijos, egresó de la Facultad de Ciencias Económicas y Administración, y del Posgrado en Historia Económica en la Facultad de Ciencias Sociales.  De jovencito fue al liceo Bauzá, al Instituto Ariel y al Yavne. Fue docente privado de Economía y dictó cursos sobre distintos aspectos del tema en  la UdelaR y la Universidad ORT.

Durante 14 años fue Asesor Económico y Comercial de la Embajada de Israel en el Uruguay, hasta el 2004.  Previamente había trabajado en dicho campo en diferentes marcos empresariales y había sido Director Ejecutivo de la Cámara de Comercio Uruguayo-Israelí.

Hace pocos días, Oscar abrió una nueva página, esta vez en el marco comunitario judío. A continuación publicamos el texto que  Oscar escribió al respecto:

 

 

En esta semana, la comisión directiva de la Corriente Judía Humanista Secular decidió, a instancias de su Director Mauricio Zieleniec, honrarme con

el nombramiento de nuevo Director de la misma y del Mensuario Identidad. Integro la misma desde sus inicios, a principios de los noventa, cuando

justamente Mauricio me participó de la idea de conformar un espacio plural, para ampliar el espectro y las voces de la colectividad judía, siempre rica y cambiante.

Como todos los ciclos se cumplen y es menester la renovación institucional, coincido también con la necesidad de reimpulsar este  espacio periodístico (A.J: la referencia es a Identidad, donde fue publicado originalmente este texto) que en principio fue vertebrado sobre un mensuario físico y luego se convirtió en virtual, conforme a los cambios tecnológicos aparejados por el nuevo siglo.

La Corriente se asienta sobre algunos conceptos que me gustaría compartir:

Tiene una visión amplia del concepto de Judaísmo que no se circunscribe a un carácter meramente religioso o ritualista. Quienes se autodefinen como judíos no necesariamente tienen que profesar usos y costumbres que han caracterizado a la religión (vestimentas determinadas,

santificación del Shabat, alimentación basada en la kashrut, liturgia sinagogal, lectura de la Torá, seguimiento de las 613 Mitzvot, cumplimiento de la ley halájica, etc.), pero tampoco excluye a quienes consideran al judaísmo fundamentalmente en su aspecto religioso, siempre y cuando no consideren menos judíos a aquellos que han optado por formas de vida que no comulgan con lo antedicho. La riqueza y variedad de formas de expresar el judaísmo ha sido clave en la pervivencia histórica, tanto a través de los siglos como a lo largo y ancho de la geografía. En Israel se puede observar la diversidad étnica y cultural de los judíos. Esa diversidad ha tenido como resultado la enorme creatividad característica del pueblo hebreo, lo que conforma un aspecto extraordinario de nuestra identidad.

 

Entiendo, a modo personal, al judaísmo como una “civilización disruptiva”, es decir, un pueblo o nación de raíces milenarias que por su singular peripecia histórica desafía la tradicional definición de civilización o la trayectoria de las grandes civilizaciones.

Su pequeñez relativa, tanto espacial como demográfica, la compleja ubicación geográfica en su estado embrionario, la construcción de un reino

asentado sobre la idea de una Unidad abstracta monoteísta y de un libro, la Torá, sobre la cual se construye un relato “histórico”, son algunos aspectos que van moldeando el carácter de este complejo entramado denominado “pueblo” o “nación”.

Los acontecimientos colectivos que se transmiten de generación en generación – a pesar de que algunos hechos bíblicos puedan ser cuestionados

arqueológica o científicamente – tales como la esclavitud en Egipto, el Éxodo hacia la Tierra Prometida, el liderazgo de Moisés, no anulan la veracidad de las cenas de Pesaj ni su mensaje redentor: que ningún pueblo debe ser esclavizado y que no se debe esclavizar al prójimo.

A su vez, los hechos constatados y documentados como ser la destrucción del Primer Templo de Jerusalén, el exilio en Babilonia, la construcción y posterior destrucción del Segundo Templo por parte de los romanos, el largo exilio a través de los distintos continentes, la inquisición española, el Holocausto y la creación del Estado de Israel, van generando una memoria colectiva que solidifica y fortalece los lazos identitarios.

Pero más allá de los acontecimientos y tragedias comunes, se van generando elementos constitutivos que obran como amalgama de identificación. Existe la música judía, la cocina judía, el humor judío, el Idish, el Ladino y un largo número de aspectos que conforman una constelación donde

giran los planetas de este universo singular. Amén de una infinidad de personas que contribuyen desde los más recónditos lugares del orbe a mejorar

aspectos de la vida humana, desde la ciencia, la cultura, el cine, la tecnología, etcétera, honrando uno de los principales aspectos que definen al judaísmo: el Tikún Olam (reparar el mundo).

 

Por lo tanto, el objetivo de alcanzar la justicia social está asentado y definido por nuestros sabios y se concatena con lo mejor de nuestra tradición,

la cual es por esencia humanista. Como expresa el profeta Isaías en 32:17; “y el efecto de la justicia será paz, y la labor de justicia, reposo y seguridad para siempre”.

La secularización, por otra parte, se define como la “transformación de algo que pertenecía al estamento eclesiástico en una realidad secular, no

relacionada con ninguna confesión religiosa”. Lo secular no implica la negación de las necesidades espirituales del hombre, ni la vinculación natural de las personas con estructuras asentadas desde lo antiguo (ortodoxia) o más modernas (jasidismo, movimiento masortí, reformismo), o ahondar en la mística judía de la Cabalá. Pero sí implica desligar dichas estructuras del poder monopólico de las verdades relativas concernientes al universo judío. A su vez, nos resulta inadmisible la imposición coercitiva a través de un poder político tal como sucede en las teocracias.

La evolución del pensamiento humano a través de los siglos, y fundamentalmente los cambios ocurridos en los siglos XVI y XVII que propulsaron la razón y la ciencia como mecanismos para explicar la realidad circundante con nombres fundamentales como Descartes, Leibniz o Spinoza,

abrieron paso a cambios de paradigmas que hicieron surgir el Iluminismo (Haskalá) dentro de las corrientes comunitarias.

Sin ese proceso de secularización, donde se destaca la figura del gran filósofo alemán Moses Mendelssohn, no hubiera existido el Sionismo,

movimiento secular que se antepuso a la idea del retorno mesiánico a la tierra de Israel. Y secular por antonomasia es haber transformado un idioma sacro en coloquial y cotidiano como el hebreo, con fuerte oposición de muchas corrientes ortodoxas.

En cuanto al Estado de Israel, su derecho a la existencia y defensa es incuestionable y no admitimos usar el antisionismo como forma velada de

antisemitismo. Pero quienes participen de la Corriente Judío Humanista no tienen por qué sentirse identificados como sionistas ni mucho menos ser

acríticos de los pormenores de la política israelí o poseer una visión unilateral del conflicto. De hecho, la saludable democracia israelí permite visiones

antagónicas sobre temas complejos o urticantes.

En suma, se trata de un movimiento anti-dogmático, reflexivo, abierto a las nuevas miradas.

Como diría el sabio talmudista Rabbi Hillel cuando le pidieron definir el judaísmo en una oración; “No le hagas a los demás lo que no te gustaría que te hagan a ti…todo lo demás, es comentario”. Y agregó: “Si no soy para mí, ¿quién será para mí?, y si no soy para los demás, entonces… ¿quién soy yo?, y si no ahora… ¿cuándo?

Somos contemporáneos a un cambio de época más que a una época de cambios. El Mensuario Identidad también se está redefiniendo y en breve les

iremos informando al respecto. Muchas gracias y espero contar con quienes se quieran sumar para ampliar los horizontes de la Corriente Judío Humanista Secular.

 

Ec. Oscar Zwaig

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