Entrevistas

Con el escritor catalán David Serrano, sobre su compromiso con la memoria de la Shoá

Su vínculo con los sobrevivientes, su nuevo libro sobre Jedbawne y mucho más

David Serrano con el sobreviviente uruguayo Isaac Borojovich, cuando estuvo en Bergen Belsen para la presentación de la película que David hizo sobre su vida

 

 

David Serrano (Sabadell, 1966) lleva más de 25 años investigando la Shoá y las víctimas de la dictadura franquista. Ha publicado casi 20 volúmenes sobre el tema, tres documentales y muy pronto verá la luz su última investigación escrita, Retorno a Jedwabne (Los Ríos, Argentina, 2023). Da clases en la Facultat CRI Blanquerna de la URL de Barcelona y ocasionalmente en la ORT Uruguay. Miembro investigador del GEXEL (Grupo de Estudios del Exilio Literario de la Universidad Autónoma de Barcelona UAB), y del Grupo de Exilio y Deportación del Memorial Democràtic de la Generalitat de Catalunya.

Actualmente está terminando un documental titulado Arcadi, sobre un camarógrafo catalán a quien su paso por la guerra civil marcaría su historia; un relato de amor, horror y superación.

 

P: David, estamos conversando cerca del  Día internacional de recordación de las víctimas del Holocausto, una fecha que por cierto no es imprescindible para que los judíos y nuestros amigos recordemos, pero que sí es importante para recordarle al mundo el horror. Más que nada porque el antisemitismo levanta cabeza. Tú, que como escritor has dedicado tanto tiempo a recabar historias de la Shoá, y llevarlas tanto al papel como al celuloide ¿cómo ves esta fecha?

R: Las fechas son necesarias, lamentablemente. Nos ayudan a parar, a pensar, a reflexionar, y me gustaría pensar que pueden ayudar a modificar comportamientos: empezamos con chistes racistas, homófobos, intolerantes, xonófobos y de ahí… Hay que parar la deriva y revertirla, y para eso hace falta invertir muchos esfuerzos en la educación, y en la educación de los educadores. Educación en valores morales universales. Parece antiguo, creo que es moderno ante un mundo como el de hoy.

P:  Y aunque lo que dijiste es clave para todos, para un mundo cuerdo y sano yo te preguntaría en especial por qué te toca el corazón el tema de la Shoá. Lo presento así ya que me atrevo a adivinar que tu interés no puede ser solamente intelectual.

R: Empezó siendo un tema académico, que sigue en mis aportaciones en congresos y revistas internacionales, pero va más allá, pasa a ser un tema de preocupación sobre la condición humana, sobre sus límites, sus espacios grises, como decía Primo Levi. Me interesa saber qué mueve a alguien o, también, a una comunidad, a comportarse de un modo que probablemente nunca hubiera pensado que se comportaría, aunque estuviera latente. La línea entre la cultura y la barbarie realmente es muy estrecha, y tenemos elementos indiciarios actuales que lo demuestran: la toma del congreso en EEUU, en Brasil, los genocidios de comunidades olvidadas, como el uigur (con la connivencia de una Premio Nobel de la Paz perseguida… paradojas).

 

El encuentro con los sobrevivientes

P: Para mi, un tema clave es tu vínculo con Uruguay, o mejor dicho, con sobrevivientes uruguayos. Recordemos por favor cómo llegaste a eso.

R: Llegué por el sobreviviente de Mauthausen, Juan Camacho Ferrer, que luchó en la guerra civil española, huyó a Francia, donde luchó contra los nazis, fue detenido y pasó 4 años en Mauthausen. A su salida, no quiso volver a la España franquista y se marchó a Montevideo. Allí luchó contra la dictadura… Y antes de morir viajó a Mauthausen para recordar a sus amigos asesinados. Allí le conocí con un grupo de estudiantes de Liceo que me acompañaban. Me invitó a su casa para contarme su historia, porque a nadie le interesaba en su entorno. Escribí sus memorias: Un cadáver en el espejo. La presenté en la ORT Uruguay y allí entré en contacto con la comunidad judía, que me permitió conocer a sobrevivientes judíos; yo solo había conocido a sobrevivientes republicanos, franceses, polacos y austríacos no judíos. El vínculo se fue estrechando hasta considerar que Uruguay es mi segunda Catalunya. Nuestro vínculo es estrecho históricamente y somos dos países pequeños.

 

P: Uruguay, mi segunda Catalunya…hermosa forma de expresar un profundo cariño. Conociste a varios sobrevivientes. ¿Qué se aprende de ellos, de su empuje, de su apuesta por la vida?

R: Desde el primero que conocí: Franz Comellas (Españoles en los campos nazis), fueron una lección de vida, que traspasaron mi trabajo académico, como ya dijimos. He conocido optimistas (como Isaac Borojovich), pesimistas, silenciosos, habladores… una muestra de la vida misma llevada al extremo de unas secuelas terribles que intentaron superar, algunos/as con más éxito que otros/as. Se convierten en amigos, familia, confidentes, compartes lo más íntimo que tiene la condición humana y eso estrecha los vínculos, nos contamos lo que no contaríamos a nadie. Se abren unas compuertas de la memoria, de la experiencia, de lo humano, increíbles, que conforman tu vida, tu modo de afrontarla, de seguirla acompañado, apreciado, comprendido. Es difícil de expresar pero es algo casi mágico, si no fuera que es real. Para mí, Giza es de la familia, como Isaac, Raquel, Franz… los que que se fueron pero permanecen en su legado.

David con Giza, en su casa en Montevideo. Giza muestra la foto de su familia polaca que la cuidó y salvó de bebé, foto que la incluye
Con Danusia Galkowa, heroína de guerra de Polonia, la hermana mayor adoptiva de Giza, que con sus madres la salvó de una muerte segura. En sus manos, la foto de Giza con David.

 

P: Giza Alterwajn, Isaac Borojovich y su esposa Raquel, y otros…Los llevas contigo.

 

R: Así es.

Isaac y Raquel Borojovich, en la casa de David en Sabadell, con parte de su familia

 

El nuevo libro: Jedbawne-Una historia universal

P: Y ahora… Jedbawne ¿Cómo llegaste hasta ese caso?

R: Es interesante cómo llegué a Jedwabne. Una mujer uruguaya judía, con cáncer, se me acercó y me dio unas cartas en polaco e idish. Eran de su familia polaca. Nunca las había querido leer, no se atrevía. Ella había sido una mujer comprometida con la democracia durante la dictadura uruguaya, represaliada. Con amigos y contactos traduje la mayoría (aun me faltan algunas en idish, pido ayuda…). Le pude hacer un árbol genealógico, saber quiénes escribían desde el gueto de Varsovia y desde la libre Bialystok, convertida en gueto muy pronto. Terminaron en los campos de exterminio. Esa mujer murió sabiendo quiénes era y cómo terminaron. Bialystok me llevó al caso de Jedwabne, porque algunos de los sobrevivientes eran de esta población y vecinas. Descubrí el libro de Jan Gross, Vecinos, y le escribí. Había tenido muchos problemas con ese libro en Polonia. Me interesó. Investigué y llegué a localizar a dos de los 7 sobrevivientes que cuento en el libro. Y luego a los familiares de los 5 restantes. Y a la familia que los protegió. De allí a los archivos estatales de Polonia, de Alemania, de los campos nazis, de Yad Vashem. Quería entender qué había ocurrido entre vecinos que habían convivido, mejor o peor, durante más de 300 años, era algo que estaba lejos de las delaciones de la postguerra acá o ajustes de cuentas. Población civil movilizada para asesinar a vecinos, compañeros de pupitre, colegas, socios… de un día para otro. Y que eso no solo dura en ese momento, ese odio latente que estalló el 10 de julio de 1941 se mantiene hoy, 2023…

 

P. Horror indescriptible. Recordemos: ¿Qué ocurrió en Jedwabne?

R: Lo mismo que había ocurrido en unas cuantas poblaciones de la zona. Los alemanes ocupan Polonia con destino Moscú. Y dejan atrás a grupos operativos de las SS (Einsatzgruppen) que negocian con las autoridades locales para que eliminen en unas horas a judíos y comunistas. Hermann Schaper, el ideólogo de la zona, un chico joven y talentoso, llega a Jedwabne después de varias pruebas en poblaciones más chicas. Jedwabne tiene 3000 habitantes, la mitad católicos y la mitad judíos. Schaper les da 24 horas para eliminarlos una vez aparezcan unos listados precisos de nombres y direcciones.

 

P:  Vecinos judíos encerrados en el granero, quemados vivos por sus vecinos polacos no judíos. No había nazis allí. Y tu te pusiste sobre los hombros el desafío de la reconstrucción.

R: Mi obsesión era poder contar la historia de todos y cada uno de los actores participantes: víctimas especialmente, pero también los victimarios, los testigos, los vecinos que heroicamente se abstuvieron o protegieron a perseguidos. Lo conseguí analizando todos los archivos existentes y haciendo árboles genealógicos de cada uno (había nombres duplicados, escritos de modo distinto en distintas lenguas… un trabajo de precisión muy laborioso que espero que tenga su reconocimiento en cuanto a la recuperación de la memoria de las víctimas).

Y contarlo para el gran público. La gente tiene que saberlo. Como un relato de investigación periodística de rigor extremo. Las descripciones, los diálogos son exactamente como lo han contado sus protagonistas o testigos. No hay nada inventado. Como dice el crítico de La Vanguardia en el epílogo: “El autor, como Truman Capote en A sangre fría, ha pisado el terreno, ha traducido y confrontado las declaraciones, las ha contextualizado en lo que sabe de otros casos y, una vez ha hecho esto, ha decidido acarar el lector directamente con los hechos.” Me parece que es un honor que se diga esto del libro y de mi trabajo, seguramente el más complejo que he afrontado en mis 30 años de investigaciones. Archivos en 6 países, unas 150 entrevistas con actores en todo el mundo: México, Uruguay, Argentina, EEUU, Polonia, Israel, Costa Rica…

Sigo la pista de los que perecieron y de los que participaron, pero después sigo con los 7 protagonistas que se esconden durante más de dos años en un zulo bajo tierra, con nazis con perros adiestrados para encontrar judíos instalados encima, a 50 cm de sus cabezas. Y lo que ocurrió con ellos después de la liberación. A partir de 1945 cuento qué ocurrió con los victimarios, con los sobrevivientes o los nuevos actores. Por ejemplo con el alcalde el año 2001, Godlewski, que se enfrente a todo el pueblo en contra (liderado por el párroco Orlowski) para poder dignificar el espacio de memoria donde se quemó a los vecinos judíos. Cuento cómo Godlewski recibió amenazas de muerte, también su mujer, maestra de la escuela del pueblo, y sus dos hijos pequeños, y cómo tuvieron que huir a Chicago después de los actos de conmemoración.

P: Hace poco me contaste del libro y aún no lo he leído. Pero sé que su subtítulo es “una historia universal”.¿A qué te refieres? ¿En qué sentido es universal?

R: En el sentido del mal. La posibilidad de caer en el mal en la condición humana. Gente absolutamente normal que, en una determinadas condiciones, puede convertirse en extremadamente malvada, violenta, absurdamente violenta (viola, asesina, decapita, empala, juega al fútbol con una cabeza cortada de un niño…). ¿Quién hace este tipo de cosas? Pues gente con vidas convencionales, normales, con familia, hijos, mascotas, amigos, trabajos… Haneke nos lo muestra en algunos de sus films, como Welles, como Coppola… Todos conocemos historias concretas de gente así… seguramente individualmente; lo que trasciende es cuando ya no es un individuo, sino un grupo, una comunidad… y es muy fácil pasar de lo convencional a lo deshumanizadamente malvado… la línea es muy final, lo era antes, lo es hoy…

 

Un impacto personal

P: ¿Cómo influyó en tu propia vida el haberte acercado, sin ser judío, a un tema como la Shoá?

R: No deja de sorprenderme que después de tantos años, se me pregunte esto… porque la Shoá también es algo universal: el mal hacia un colectivo señalado.  El pueblo judío, como el pueblo romaní, como el armenio, como el tutsi… como el uigur ahora… Distintos en calado, en volumen… però en esencia lo mismo: señalar al distinto y eliminarlo. Con la peculiaridad de la pretensión nazi no solo de hacer eso sino de reescribir la historia, en la que no habria habido judíos en el mundo… reescribir la historia, hay una gran voluntad aún hoy de hacer eso, lo intenta el mismo gobierno de Polonia, que impide poder tratar el tema central del libro: vecinos asesinando a vecinos, aunque las decisiones fueran obviamente de los nazis, los ejecutores fueron vecinos, que se repartieron las casas, los bienes, las tierras, los animales… y donde continúan viviendo hoy sus descendientes, que defienden sus bienes expoliados a asesinados, con uñas y dientes…

Volviendo al tema, formo parte de una cultura atacada y minorizada durante siglos, algo dicen que nos parecemos catalanes y judíos… pero más allá de la broma, me ayuda a entender lo iguales que somos todos en nuestras singularidades, a pesar de la extrañeza que he sentido en muchos momentos por tratar un tema que para mí forma parte de la vida en general y, en cambio, ha costado dejarme entrar en el universo judío. Uruguay fue mi primera puerta, muy acogedora desde el primer momento, no así en otros lugares del mundo…

P: ¿Se emerge de ello descorazonado respecto al género humano o quizás optimista por ver a sobrevivientes que apuestan por la vida, y por saber que hubo también quienes arriesgaron su vida para salvar judíos?

R: Obvio, el calidoscopio humano da para lo peor y para lo mejor, la familia de adopción de Giza, Antosha Wyrzykowski, la mujer que protegió a “Los 7 de la pocilga” durante más de dos años en un zulo bajo tierra, bajo los chanchos, a pesar de los peligros, los nazis y los vecinos delatores. Y de los que no quisieron colaborar con el pogromo ni la persecución, o como Halina, una vecina católica que puso una vela en el lugar del pogromo cada año desde 1942 hasta el año de su muerte a pesar de las amenazas que recibió cada día a partir de ese momento. Todos no somos solo héroes, eso está al alcance de pocos como Antosha, pero sí mucha gente decente, honorable, moralmente incorrupta ante el dolor de los demás.

 

Antosha y su familia

 

Un compromiso personal

Junto al monolito recordatorio del horror en Jedbawne, en el lugar en el que fue incendiado el granero

 

P: Hablé al principio de los judíos y nuestros amigos. Tú estás en ese grupo por cierto. ¿Cuán acompañado te sientes por otros no judíos? 

R: Me siento académico y divulgador con un compromiso moral por las libertades, por la libertad, la fraternidad y la igualdad. Solo desde el compromiso con esos valores de la Revolución francesa podemos construir sociedades justas y libres. Antes decía que a menudo te sientes muy solo, sin ayudas: he estado investigando 5 años, viajes, horas y más horas, 800 páginas, 1000 notas (alguna larguísimas), ninguna beca… a veces pienso si realmente vale la pena… Pero… Creo que lo importante es que el libro circule, se lea, la gente conozca, que pueda traducirse al inglés, que ayude a reflexionar sobre el ayer y el hoy especialmente, de ahí mi obsesión porque el presente estuviera en el inicio y el final del libro. Por eso empiezo por contar mi viaje en 2018, donde pasamos miedo, nos amenazaron por querer conocer la familia de Srolke Gradowski, sobreviviente del pogromo, que se quedó a vivir en el pueblo (el único de los 7, que perdió a mujer y los tres hijos).

Srolke, el único sobreviviente de Jedbawne, con su familia

 

 

Y por eso cuento como  su nuera, Alina, continúa viviendo con miedo en la misma casa de su suegro, con sus hijos viviendo en EEUU ante la imposibilidad de seguir asumiendo las amenazas, los ataques a la casa (cerrada a cal y canto) y las pintadas amenazadoras (“Os quemaremos como quemamos a los vuestros en 1941”). Ni ella, ni su mamá, ni su marido eran judíos. A pesar de ello, el estigma sobre Srolke trasciende al tiempo, a las generaciones, aunque no tengan su sangre y él se convirtiera por miedo al catolicismo. Todo sigue en Jedwabne como antes, silencio, miedo, amenazas, ataques. 2023. Es necesario hablar de lo que ocurrió y ocurre en un pueblito perdido de Polonia. Síntoma de lo que ocurre en el mundo. Tan lejos, tan cerca, lamentablemente. Pero no podemos perder la esperanza: hay Antoshas y las habrá.

Con Alina, la nuera de Srolke

 

P: Me has hecho acordar una entrevista en la televisión israelí al Profesor Shevah Weiss, sobreviviente de la Shoá, ex Presidente de la Kneset , ex embajador de Israel en Polonia, en el marco de un programa especial sobre el horror de Jedbawne. Y él, que se salvó de niño escondiéndose y también recibiendo ayuda de no judíos, por supuesto sin minimizar ni un ápice el significado de ese granero quemado con los judíos adentro, dijo: “Yo conozco también otros graneros diferentes”. Aferrémonos de esos, y de Antosha que tú mencionaste, mientras seguimos condenando a los asesinos. Gracias mil David por este impresionante testimonio.

R: Gracias a ti.

Ana Jerozolimski
(02 Febrero 2023 , 08:28)

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