Mundo Judío

MiSinai

¿Por qué Cantar Canciones Tristes? - Manteniendo el Foco - La Confesión - Iom Kipur

 

 

 

 

 

No. 222

Haazinu

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Horario de velas en Montevideo, viernes  22/9 18:23 hrs

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¿POR QUÉ CANTAR CANCIONES TRISTES?

Por Menajem Feldman

“Escuchen cielos y hablaré, y que la tierra oiga las palabras de mi boca.” Este es el verso inicial de la canción de Haazinu, la canción que Moshé recitó a su pueblo el día de su muerte. La canción es poética, poderosa y conmovedora. Después de algunos versículos introductorios, hay una descripción de la bondad de D-os hacia el pueblo judío, luego continúa con la predicción de que los judíos eventualmente se alejarían de D-os y lo que sigue es una historia tan triste como la historia judía. La canción cierra con una nota positiva, prediciendo que en última instancia, “Las naciones harán que Su nación [de D-os] se regocije, porque Él vengará la sangre de Sus siervos... y Él expiará Su tierra, Su nación”.

Esta canción se cantaba con bastante frecuencia en el Templo Sagrado. Todos los días, mientras los sacerdotes ofrecían las ofrendas diarias, los levitas acompañaban el servicio con música y cánticos de alabanza del libro de los Salmos del rey David. Todos los cánticos cantados eran alegres y estaban destinados a imbuir al servicio de un espíritu de alegría, en cumplimiento del mandamiento de “servir al Señor con alegría”.

Sorprendentemente, la canción que los levitas cantaban cada Shabat, mientras los sacerdotes ofrecían la ofrenda de Musaf, la ofrenda adicional para el Shabat, no era otra que la Canción de Haazinu. Cantaban una sección por semana y completaban la canción cada seis semanas.

¿Por qué esta canción? ¿No es este el mensaje equivocado para la ocasión? Por supuesto, las secciones cantadas en las semanas uno, dos y seis son realmente inspiradoras, pero ¿qué pasa con las semanas intermedias, las partes de la canción que predicen las tragedias que le sobrevendrían a nuestro pueblo? ¿Cómo podría una persona sentirse elevada mientras los levitas cantaban: “Yo [D-os] dije que haré que sean olvidados, su recuerdo será destruido de la humanidad”?

La respuesta es que, en las semanas que los levitas cantaban las partes amargas del cántico, nos estuvieron enseñando cómo superar las estrofas trágicas de nuestras vidas. Los levitas nos estaban enseñando a ser pacientes mientras permitimos que se desarrolle el cántico.

No debemos esperar despertarnos todos los días de nuestra vida y escuchar una canción alegre en nuestros oídos. Habrá días en los que no oiremos ninguna canción, en los que todo lo que podremos oír serán lamentos. Sin embargo, el mensaje de los levitas es que cada estrofa es parte de un cántico más amplio, que podrá escucharse en su totalidad sólo si regresamos la próxima semana para escuchar más. Al final, persistiremos y encontraremos la alegría. Entonces nos daremos cuenta de que la parte difícil del camino es precisamente eso, un camino hacia una alegría más profunda y significativa.

Cuando todo va bien es difícil sentir una alegría completa. Una parte de nosotros siempre está preocupada de que las bendiciones de nuestra vida no duren. No podemos estar plenamente satisfechos con nuestros éxitos porque en el fondo tememos perderlos. No podemos celebrar plenamente nuestras relaciones, porque en el fondo nos preocupa que puedan terminar. Sólo cuando una relación sobrevive a desafíos profundos la alegría puede ser completa. Sólo entonces sabremos que el vínculo es inquebrantable.

La porción de la Torá de Haazinu siempre se lee en el mes de las festividades, en el mes que contiene tanto los días temibles, Rosh Hashaná y Iom Kipur, como también los días de alegría, Sucot y Simjat Torá. A principios de mes nos enfrentamos al dolor creado por nuestra debilidad. Pensamos en los pecados del año pasado, pensamos en el dolor de la separación causada por el pecado, el dolor de la separación de D-os y de las personas contra las que pecamos. En los días temibles, superamos el dolor, regresamos, nos reconectamos. Y entonces nos damos cuenta de que nuestra relación con D-os es más profunda y más fuerte de lo que imaginábamos. Nos damos cuenta de que nuestro vínculo con D-os es inquebrantable. Que no importa cuánto dolor hayamos causado, no importa qué tan lejos hayamos intentado correr, Él ha estado esperándonos, esperándonos para regresar, esperando aceptarnos, esperando abrazarnos.

Descubrimos que la intensa alegría de Sucot y Simjat Torá sólo es posible después de experimentar los días temibles. Descubrimos que todas las partes del viaje son parte integral de la intensa alegría. Descubrimos que todos son parte de la misma canción.

  No importa lo que nos depare la vida, recordamos que estamos en medio de una canción. Si seguimos cantando y seguimos tocando las notas, descubriremos la música. Descubriremos que hubo música todo el tiempo.

          

MANTENER EL FOCO

[Dijo Moshé:] “[D-os] hizo que [el pueblo judío] rodee a Él [al ordenarle acampar alrededor del Tabernáculo]” (Devarim 32:1)

A medida que vamos estudiando la Torá día a día, vamos construyendo un “Tabernáculo”, es decir, una morada para D-os en nuestra vida personal. Con la orden dada al pueblo judío de acampar alrededor del Tabernáculo, D-os nos enseña que debemos centrar nuestra vida alrededor de ese santuario interior. El punto más íntimo del Tabernáculo era el Arca, que albergaba las Tablas del Pacto, es decir, la Torá. Cuando la Torá es el eje alrededor del cual gira nuestra vida, logra afectarla de manera positiva en cada una de sus facetas, como debe ser. Además, una vez que la Torá logra iluminar nuestra vida e influir en ella, esta misma influencia se puede expandir más aún, iluminando y depurando a la humanidad y al mundo en su totalidad.

Hitvaaduiot 5744, vol. 4, págs. 2649-2650.

PARASHÁ EN 30"

Deuteronomio (Devarim) 32:1 – 52

La décima sección del Deuteronomio se compone casi en su totalidad del Poema Testimonial que D-os enseñara a Moshé y ordenara transmitir al pueblo judío. En él, D-os pide al pueblo que escuche (haazinu, en hebreo) Sus palabras mientras repasa su historia, y les informa acerca de las consecuencias de su conducta futura, ya sea positiva o bien negativa.

LA CONFESIÓN

Por Tuvia Bolton

El anochecer se acercaba. En pocos minutos comenzaría Iom Kipur, el día más sagrado del año. El gran salón de la Sinagoga estaba colmado de gente. Un silencio incorpóreo inundaba el lugar. Nadie parecía moverse. Los feligreses miraban al suelo, o al vacío, pareciendo más muertos que vivos, algo así como una extraña fotografía en gris y negro.

Corría el año 1945, justo después de la Segunda Guerra Mundial. El lugar: Un campo de refugiados en algún lugar de Alemania. Judíos recién salidos de los campos de concentración, se reunieron en una barraca, convertida en Sinagoga, para rezar.

El rabino elegido unánimemente para esa única ocasión no era otro que el famoso Rebe de Kloisemburg, Rabi Iekutiel Iehuda Halbershtam. Su santidad y erudición eran incuestionables, pero lo más prodigioso era, que siguió reteniendo esas aptitudes luego de perder a su esposa y 11 hijos en manos de los Nazis.

La congregación estaba compuesta por todo tipo de judíos. Desde los ultraortodoxos, hasta aquellos que hasta ese momento no habían asistido nunca a una Sinagoga. Pero todos tenían algo en común. Ninguno de ellos podía comprender lo que habían pasado.

Lentamente, el oficiante comenzó a cantar y la congregación lo siguió. De hecho existía mucho llanto genuino contenido esa noche. Hasta que llegaron al párrafo de la confesión llamado "Al Jet" ("Por el pecado") dónde pedimos perdón por los pecados que cometimos con nuestros ojos, nuestras manos, por el descaro, la crueldad y demás.

De pronto, uno de los congregantes se puso de pie y golpeó el piso con su pie. - "¡No!", gritó. "¡No!" Todos lo miraron. Uno o dos trataron de calmarlo.

- "¡No!" los miró y gritó. "¿Qué? ¡¿Yo debo pedir perdón a D-os por los pecados que realicé con mis manos y mis ojos?! ¡Estos ojos vieron cómo fueron asesinados mis hijos! ¡Estas manos no tuvieron tiempo para pecar, debían trabajar para los malvados alemanes día y noche! ¿Qué? ¿Fui descarado?. ¡No pude levantar mi cabeza por tres años! ¡¿Fui cruel?! ¡Di hasta el último pedazo de mi pan a gente que no conocía! ¡No!. ¡No! Si alguien tiene que pedir perdón, es D-os. ¡D-os debe pedirnos perdón! Él dio a los Nazis ojos para ver y manos para torturar, descaro y crueldad para violar y matar. ¡Así que dejemos que Él nos pida perdón!"

La habitación quedó en silencio nuevamente, y todos los ojos llenos de lágrimas se dirigieron al Rebe de Kloisembug. ¿Qué dirá él? Después de unos segundos de profundo silencio, el Rebe aclaró su voz y dijo: "Tú... tienes... razón."

En ese instante todos estallaron en un incontrolable llanto. Hombres caían sobre sus rodillas, y otros ponían sus rostros entre sus manos y lloraban más y más. Luego que el sollozo se aplacó, y reinó nuevamente la tranquilidad, el Rebe continuó con sus palabras.

- "Pero quiero contarles por qué pediré perdón a D-os hoy: En nuestro campo, los guardias acostumbraban a divertirse cada mañana con un juego sádico. Nos formaban en fila y elegían a cinco de nosotros. Estas desafortunadas almas eran forzadas a cargar una pesada cantidad de ladrillos y saltar a un empinado escalón frente a todos. Si un ladrillo caía, agregaban dos en su lugar, y si el prisionero mismo caía, era torturado lentamente hasta morir, ante nuestros ojos. Es verdad que el resto del día no era mejor. El frío era insoportable, nuestras ropas estaban infectadas de pulgas y apenas si recibíamos algún alimento. Todos estaban enfermos, y la gente moría cual moscas. Pero lo más humillante y terrible era la formación de la mañana.

Llegué al punto de que mi rezo en las noches, antes de dormir, era: 'D-os Misericordioso, hazme morir mientras duermo. Por favor, que no despierte mañana en la mañana'

Y es por eso que deseo pedir perdón. Éste es el pecado que confieso este Iom Kipur. Nunca pensé que si rezaba, si ya iba a solicitarle algo a D-os, debía pedirle que me redima. Olvidé que podía existir algo semejante a ser liberado..." 

Después de unos minutos, la Plegaria continuó.

IOM KIPUR

Cuarenta días después de haber recibido la Torá en el Monte Sinaí y de haberse comprometido a ser el pueblo elegido de D-os, los Hijos de Israel adoraron un Becerro de Oro. Moisés le suplicó a D-os que no aniquilara a su nación descarriada, y el diez de Tishrei, D-os dijo: “He perdonado”. A partir de ese momento, observamos esta fecha como el “Día del Perdón”, una celebración de nuestra inquebrantable relación con D-os. Se trata del día más sagrado de todo el año, en el que nos reconectamos con nuestra esencia misma, que sigue siéndole fiel a D-os más allá de la forma en que nos comportemos.

Una Conducta Angelical

Iom Kipur es un día de ayuno: desde la puesta del sol de la víspera de Iom Kipur hasta el anochecer del día siguiente, no comemos ni bebemos. (Si estás enfermo, consulta a un rabino).

También, nos abstenemos de ciertos placeres físicos: usar calzado de cuero, bañarse o lavarse, aplicar lociones o cremas y mantener relaciones conyugales. Además, es un “día de descanso” en el que está prohibido realizar trabajos (tal como en Shabat).

Cinco Rezos

En Iom Kipur, nos vestimos con ropa blanca para emular a los ángeles espirituales y pasamos la mayor parte del día en la sinagoga sumidos en el arrepentimiento y la plegaria.

En este día, hay cinco servicios de rezos: 1) Las plegarias vespertinas, que comienzan con el solemne Kol Nidrei, 2) La plegaria matutina, 3) Musaf, que incluye una descripción del servicio del Templo Sagrado en Iom Kipur, 4) La plegaria de la tarde, durante la cual se lee el Libro de Ioná, 5) Neilá, que se recita cuando el día está por concluir y se sella el veredicto para el nuevo año. Las primeras cuatro plegarias incluyen una confesión (privada) de pecados ante D-os.

Hay muchas leyes y costumbres asociadas a estos servicios de rezos, el rabino de tu sinagoga te va a ayudar en lo que necesites.

La Conclusión del Ayuno

El servicio de Neilá finaliza cuando la congregación proclama al unísono Shemá Israel, entonces, un toque de shofar marca la conclusión del día.

A continuación, se lleva a cabo una comida festiva. Celebramos confiados en que D-os ha perdonado nuestros pecados.

 

MiSinaí es una publicación de Jabad Uruguay. Pereira de la luz 1130, Montevideo.
Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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TEXTO Y FOTOS: ARIEL JEROZOLIMSKI

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