Un oficial israelí reflexiona sobre el combate en Gaza, la carga de los reservistas, la unidad en el frente y la desconexión con el liderazgo político en plena guerra
El Mayor P., de 38 años, hace ya mucho que pasó los 300 días de servicio de “miluim”, el término en hebreo para la reserva, o sea el marco en el que oficiales y soldados que ya terminaron su servicio militar, son llamados a presentarse cuando la situación de seguridad lo requiere. Es oficial en el cuerpo de blindados y todas las últimas tandas en la reserva las tuvo que cumplir en la Franja de Gaza combatiendo a Hamas.
Fue convocado el mismo 7 de octubre del 2023, apenas quedó claro que el sur de Israel estaba siendo invadido por miles de terroristas. Desde entonces su vida ha sido un constante vaivén entre la reserva y los intentos de vivir normalmente con su esposa y sus tres hijos de 8, 5 y 3 años. Le agradecemos que haya compartido con nosotros su análisis y su sentir.

P: ¿Con qué sentimiento te dirigiste al sur aquel 7 de octubre?
R: Entendí claramente que había una seria crisis y que todo aquel que pueda, debe correr hacia allí lo más rápido posible para empezar a tomar control de la situación. Hasta que llegué allí, me movía más que nada en base a rumores sobre lo que había ocurrido exactamente y por supuesto a lo que reportaban los medios. Pero cuando llegué allí entendí la dimensión de lo que estaba ocurriendo y la envergadura del mal.
P: ¿A qué te refieres?
R: A la cantidad de cadáveres y a sus características. Al principio los vimos a lo largo de toda la carretera central de la zona, la 232, lo cual resultó especialmente impactante ya que viajábamos y por todos lados veíamos los cuerpos sin vida de civiles por doquier. Cuando uno entiende que la enorme mayoría de las víctimas eran civiles y no soldados que habían caído en combate, eso es un golpe terrible que te estremece. Claro que rápidamente entendimos que si eso es lo que vemos en la carretera, seguramente será lo mismo dentro de las comunidades civiles. Y así fue.

P: ¿En qué comunidades estuviste tú?
R: En los kibutzim Alumim y Beerí al principio, y luego claro que estuvimos en toda la zona adyacente a la frontera con Gaza.
P: ¿Cómo era el diálogo entre ustedes, los oficiales? El desafío no era sólo militar.
R: Por supuesto. Yo diría que se dividía entre los planes operativos sobre qué hay que hacer y el desafío, que al menos yo sentí claramente, de lograr aislar en la medida de lo posible esas imágenes para cuidar lo más posible el alma de nuestros soldados. Teníamos claro ya en ese momento que eso quedaría con nosotros cuando volvamos a nuestra vida normal. Y teníamos que saber cómo preparar a los soldados más jóvenes para lo que verían. Nosotros, los comandantes, fuimos los primeros en quedar expuestos a esos horrores. Así que sabíamos qué verían ellos.
P: Ustedes, los oficiales, se preocupaban también por los más jóvenes.
R: Por supuesto. Tuvimos claro desde un primer momento que había que transmitirles certeza acerca de cuáles era los planes, cuál era la misión. Y también prepararlos para lo que verían de modo que sepan que pueden compartir lo que sienten, que no se queden solos con eso en la cabeza. Si no se habla de lo que uno lleva adentro, se pueden desarrollar todo tipo de fenómenos con los que sea difícil lidiar, por lo cual teníamos claro que desde el principio hay que hablar de las cosas, también del espanto, para lidiar con eso lo mejor posible.
P: No olvidemos que en el terreno todavía había terroristas a los que había que combatir.
R: Por supuesto, los buscábamos todo el tiempo. Así fue yo diría durante la primera semana.
P: Y después estuvieron unas semanas en los puntos de concentración de tropas dentro de territorio israelí, y recién a fin de octubre empezó la maniobrar por tierra en Gaza ¿verdad?
R: Así es. En esa etapa estuvimos más que nada abocados a la defensa, tratando de recuperar todo el control de la situación, mientras nos preparábamos para la ofensiva. Estaba claro que tendríamos que entrar por tierra.
El espíritu de cara a la entrada por tierra
P: ¿Qué sentían ustedes ya antes de recibir las órdenes concretas? No sé cuán ordenado estaba todo en el momento. Pero me pregunto si ya tenían claro que entraban para destruír a Hamas. Si iban con sentimientos de venganza o de hacer justicia…
R: No niego que por la naturaleza humana, aparece el sentimiento de venganza tras ver las imágenes terribles que vimos. Pero ese no era el léxico militar en el que se hablaba en absoluto. El tema no era vengarse. Además, yo quería creer que no todos habían estado involucrados en ese horror. Que había gente no involucrada a la que había que tomar en cuenta. Sea como sea, el ejército no habla de venganzas sino de logros militares. Y cuando se prepararon los planes operativos, no entramos para vengarnos. De por medio hay otros elementos centrales, como la convicción sobre lo justo de la guerra que teníamos que librar. Y que esa maldad no podía seguir existiendo.
P: ¿Pensabas que era realista el declarado objetivo de destruir a Hamas?
R: Debo reconocer que desde un primer momento me pareció algo demasiado amplio. Y la verdad es que como oficial en las Fuerzas de Defensa de Israel, no es que hablaba de desmoronar a Hamas sino de planes de ataque y defensa, de conquista de un territorio, ataque a un lugar. El objetivo de destruir a tal o cual organización es algo que proclama el gobierno, el ejército no habla en esos términos sino en conceptos más tácticos en el terreno.
El temor
P: ¿Tuviste miedo al entrar por tierra?
R: Claro que uno siente temor a nivel personal. Pensé qué pasaría si no vuelvo. Pero no era temor de enfrentarme a los terroristas sino a posibles errores operativos. Uno quiere volver a casa lo más entero posible. Pero fue tanto a lo que estuvimos expuestos, lo que vimos en las comunidades y en toda esa zona del sur del país, que sentimos que ya no hay espacio para nuestro miedo personal. Yo hasta diría que estábamos tan seguros de lo que debíamos hacer, que el miedo a nivel personal hasta podía intensificar la osadía en combate, la motivación para entrar y atacar a los terroristas.
P: ¿Cómo veías a los terroristas cuando entendiste lo que habían hecho?
R: Como cobardes. Teníamos claro que atacaron y se escondieron luego rápidamente bajo tierra porque sabían que entraríamos. O sea que el miedo no pasaba por ahí. El miedo es un sentimiento natural para un combatiente. Yo creo que eso justamente le ayuda a sobrevivir, a cuidarse. No es temor al enemigo. De todos modos, lo central era tener presente no sólo lo que habíamos visto en los distintos escenarios de asesinatos sino también el hecho que teníamos secuestrados en Gaza a los que debíamos tratar de rescatar.
P: Se ha dicho mucho que el sueño de los soldados era rescatar secuestrados.
R: Sin duda ninguna. Ese era el logro principal que podíamos concebir. En aquel entonces considerábamos aún que era posible. Y justamente saber que los secuestrados estaban en manos de Hamas y que debíamos liberarlos, neutralizaba en gran medida el temor. Sabíamos que era algo que debíamos hacer. En ese momento no se hablaba tanto de la destrucción de Hamas. Era mucho más el tema de entrar y sacarlos de allí, porque además teníamos claro que sin entrar eso sería imposible. Las imágenes de horror que habíamos visto y saber que debíamos rescatar a los secuestrados, eran los puntos centrales.
P: Quiero detenerme un poco más en el tema del temor que puede embargar a un combatiente que sabe que entra a un escenario donde puede morir. ¿Pensabas qué pasaría con tu esposa, con tus hijos? ¿Cómo se elabora eso?
R: Eso vino más tarde. No es lo primero. Es que cuando se va a una batalla, librarla bien es lo central, aunque claro que cuando uno tiene tiempo de detenerse un poco a pensar, a hablar, eso está siempre allí. Tus seres queridos. Pero influye mucho el hecho que en ese momento uno entiende que está en medio de una emergencia nacional y ni siquiera hay certeza acerca de cómo se desarrollará todo en otros frentes.
Cuidando la propia casa
P: Tú estabas enfocado en Gaza, pero recordemos que la masacre de Hamas de hecho desencadenó enfrentamientos con otros enemigos.
R: Exacto. Los hutíes desde Yemen, Hezbolá desde Líbano...la sensación era que enemigos se lanzan sobre nosotros por todos lados. Y en esa situación, lo que pienso es que hay que luchar y hacer lo que estoy haciendo, precisamente para cuidar a mi familia. No quiero que todos ellos lleguen a mi casa. Prefiero pasar yo al lado enemigo para combatir. Entendí claramente que combatiendo a Hamas, estoy sirviendo a una idea que es mucho más grande que yo mismo. Con el tiempo, los matices fueron cambiando. Pero es indudable que en los primeros tiempos, ese era el sentir.
Las dudas
P: ¿Y por qué fue cambiando? Yo no sé en qué punto del espectro político israelí estás, pero el tema no es por quién votaste o a quién piensas votar en las próximas elecciones sino si sentías, cuando te volvieron a llamar a la reserva por enésima vez a la reserva, que esa decisión la tomaba el gobierno sin consideraciones irrelevantes sino únicamente por la seguridad nacional.
R: Bueno, te diré que en mí aquel sentimiento tan fuerte comenzó a debilitarse un poco cuando sentí que no había una dirección clara acerca de hacia dónde se dirigía la guerra. La verdad es que ya cuando se hizo el primer alto el fuego en noviembre del 2023, sentí que era un error porque se estaba frenando el proceso destinado a imponerse claramente sobre Hamas.
P: Pero es imposible olvidar que en aquel alto el fuego Israel recuperó a más de 100 secuestrados. Y después, tal cual se había anunciado, se volvió a combatir.
R: Sí, es muy cierto. Pero desde un punto de vista militar, yo considero que el empuje que teníamos a nivel militar hasta ese alto el fuego, no se retomó igual. Creo que ese alto el fuego fue demasiado pronto y eso impidió que aprovechemos debidamente los logros militares en el terreno. Y vi que la forma de combatir, de organizar la guerra, determinaba que llegábamos a un lugar, atacábamos las infraestructuras de Hamas en ese sitio y esperábamos. Y uno se preguntaba por qué no traemos a los secuestrados entonces…y si no se logra rescatarlos, por qué el logro en el terreno no sirve como presión diplomática para recuperarlos. En cada sitio alcanzamos logros militares importantes en la guerra contra Hamas pero cuando vimos que eso no se traducía en logros políticos – y está claro que lo que se consigue en el campo de batalla tiene como objetivo ayudar al gobierno a concretar los pasos políticos necesarios- nos empezamos a preguntar para qué están muriendo tantos combatientes, para qué se hace todo este esfuerzo. Y claro que me pregunté, si ahora muero en Gaza ¿para qué hice todo esto si no se lograr lo que se debía lograr?
P: En esas dudas ¿entraba la crítica muy conocida al gobierno, que no planteó en forma clara quién sustituirá a Hamas como poder en Gaza, cómo se hará eso?
R: Claro. Sabemos bien que una idea no se mata. Y desde el comienzo estaba claro que por más terroristas que eliminemos, Hamas logra reclutar más, quizás menos preparados y más jóvenes, pero trae más palestinos a sus filas. O sea, que la gran idea por la que salimos a esta guerra después de la masacre debía ser algo que se pueda traducir en forma concreta en un cambio para bien en el terreno. Y por ahora no logramos hacerlo.
La polémica sobre el servicio de reserva
P: En medio de la polémica sobre la ampliación de la guerra y la pregunta si se podrá recuperar a los secuestrados a través de una mayor presión militar, entra en juego también la discusión acerca del gran peso que llevan los reservistas sobre sus hombros. Y más que nada, considerando que este gobierno intenta promulgar una ley que regulariza la exención de los jóvenes ultraortodoxos del servicio militar, aunque el ejército ya ha dejado en claro que precisa más combatientes.
R: Es una situación absurda por la cual todo el liderazgo debe responder. Y a propósito no digo sólo el gobierno. Todos los 120 diputados tienen responsabilidad por la situación. Yo doy mucho de mí mismo cuando voy a la reserva una y otra vez y no sé si el Estado no se aprovecha de nuestra disposición. Que esté claro, no es que me quejo en lo personal, aunque evidentemente esto altera mi vida, como les ocurre a todos. Pero no puedo entender cómo puede haber otros que no aportan nada y cómo hay otros que los justifican. Yo espero que el liderazgo represente los intereses del Estado, no de un sector de la sociedad. Yo no soy “el sector de los reservistas”. Soy un ciudadano del Estado de Israel, que tiene su vida, sus ideas, sus aspiraciones, un combatiente, oficial, que arriesga su vida para luchar sabiendo que otros lo hicieron y no volvieron. Y mientras esto pasa, hay mucha gente, jóvenes fuertes que podrían sumarse al esfuerzo nacional y no lo han hecho. No me quejo porque yo voy. Realmente no tengo problema en hacerlo porque sé lo que está en juego. Es mi misión y en estos momentos históricos para Israel, siento que es una gran cosa poder aportar a mi país. Sólo pregunto por qué otros que también deberían y pueden hacerlo, no lo hacen. Ese es el tema.
P: En lo personal ¿cuántos días ya has servido en la reserva?
R: Mucho más de 300, ya casi no cuento. Hace poco terminé, hace unas semanas. Y en principio en enero tendría que ir de nuevo.
P: ¿Irás?
R: A mi esposa le digo que no, pero sé que al final iré. Influye también el tema de la unidad de los combatientes, con los compañeros de la reserva, que estos años se fortaleció mucho, aunque existía también antes. Pero además, de fondo, yo realmente siento que esto hay que hacerlo porque es un compromiso ante mis hijos. No voy por los diputados de la coalición. Voy porque insisto en que mis hijos puedan crecer aquí. Este es nuestro hogar y hay que luchar por él. Entiendo que también hay gente que trata de no ir a la reserva. Hay quienes realmente no pueden permitirse salir otra vez de su vida porque sienten que la casa o su trabajo se desmorona. Nadie va a decir que no va por el gobierno, pero estoy seguro que la forma en que el gobierno maneja todo esto no ayuda. Pero en el momento de confirmar, nadie dirá eso. Los argumentos son familiares y laborales, si alguien no viene. Y la verdad es que el ejército actúa con mucha comprensión, quizás porque se entiende que cuando esto termine, alguien tendrá que reconstruir el país y eso no se puede hacer con hogares destrozados. Y además, se entendió todo el tiempo que esta guerra no terminaría rápidamente. Y se entiende que si uno no puede venir ahora, podrá la próxima vez que lo llamen.
P: ¿Hay algo que quisieras agregar?
R: Que espero que tengamos un liderazgo que realmente represente a la gente que lleva sobre sus hombros el éxito de este país y sus logros. Y cuando eso suceda quizás podamos mostrar la grandeza de Israel en cuyo marco no todos tienen por qué estar de acuerdo en todo. Se puede trabajar juntos aún con discrepancias y distintas ideas. Eso debe precisamente nutrirnos, fortalecernos, siempre y cuando podamos mantener un diálogo respetuoso que permita ver el objetivo supremo para todos y no solamente el marco estrecho y pequeño de cada uno.
P: Y estoy segura que en tu unidad había de todo, derecha, izquierda, religiosos, laicos…
R: Por supuesto. Entre nosotros podíamos hablar de política pero había algo más grande que superaba las diferencias.
P: ¿El común denominador es mayor que las diferencias?
R: Sin duda ninguna. Seguramente seguiremos discutiendo, todo bien. Pero hay algo mucho más grande por sobre todos nosotros, y debemos preservarlo para que nadie pueda entrar de nuevo a nuestras comunidades a masacrar a nuestra gente.





