Entrevistas

Salvamos vidas, pero nos preparamos para la guerra:director del hospital de Naharía

Israelí, árabe, cristiano, hace 19 años al frente del mayor hospital de la Galilea, el más cercano a la frontera libanesa.

 

P: Profesor Barhoum, no sé si puede distinguir entre su condición de ciudadano y de director del hospital… ¿Cómo vive esta situación casi continua de guerra en el norte de Israel, estando al frente del hospital más cercano a la frontera con Líbano, y al mismo tiempo viviendo con su familia en la zona?

R: Realmente no puedo separar las dos cosas. Estoy al frente del hospital desde hace casi 19 años. Entré el 23 de octubre del 2007 y puedo decir que desde entonces, siempre nos estamos preparando para la guerra. Para nuestro pesar, no sabemos cuándo habrá otra guerra, pero sí que habrá guerra.

P: Y de hecho, la actual no ha terminado. Recuerdo bien el impacto de un misil lanzado por Hezbolá desde Líbano hacia el hospital, que aterrizó en el piso 4 y causó gran destrucción en el departamento de Oftalmología. Fue en el 2006. Estuve allí.

El Dr. Ricardo Shajar, inspeccionando los destrozos causados por un misil de Hezbola en el departamento de Oftalmología

 

R: Así es. Yo entré a mi cargo al año siguiente. Y enseguida comenzamos los preparativos porque teníamos claro que esa situación de guerra no había terminado. Desafortunadamente, el 7 de octubre del 2023 ocurrió el evento más estremecedor en la historia del Estado de Israel. Desgraciada pero también afortunadamente, estábamos preparados. Habíamos estado entrenando, estudiando la situación y el desafío, los protocolos, todos los planes de emergencia; estaba todo listo para bajar a trabajar bajo tierra y poder luego subir de regreso.

P: Hay seguramente una enorme variedad de preparativos para algo así.

R: Sin duda. Lo único que nos guió en todos los planes fue la seguridad de los pacientes. Recordemos que estamos hablando de todo tipo de gente: bebés prematuros, personas después de una cirugía, de todo. Bajé todo el hospital a las instalaciones subterráneas porque tenía claro que el Sr. Nasrallah, jefe de Hezbolá, iba a atacar desde Líbano. Y así fue. Estuvimos trabajando bajo tierra 14 meses seguidos. Fuimos el único hospital que estuvo tanto tiempo en esas condiciones. Atendimos pacientes tanto en el quirófano como en CTI inclusive durante los ataques. Mostramos una gran capacidad para trabajar en esas condiciones. Y desde entonces, hemos estado subiendo y bajando cinco veces. Hay instalaciones que funcionan siempre en espacios protegidos, blindados, aunque no subterráneos: la emergencia, los laboratorios, el CTI general, el CTI cardíaco, 8 de los 13 quirófanos, parte de las salas de parto.

P: Qué situación difícil…

R: Es terrible para los pacientes, es terrible para los equipos, es terrible para todos nosotros. Pero nuestros equipos hacen este trabajo con todo el corazón. Es difícil emocional y físicamente. Subir y bajar es un trabajo logístico nada sencillo. Pero hay que hacer todo esto por los pacientes, por los ciudadanos, por el país. Y continuaremos haciéndolo tanto como sea necesario. Estamos a solo 10 km de la frontera con Líbano, el hospital más cercano a cualquier frontera de Israel y tenemos claro qué significa eso. Nuestros equipos viven en la zona, viven las emergencias en carne propia, dentro y fuera del hospital.

P: ¿Cómo presentar la envergadura del trabajo del hospital?

R: Tenemos unas 800 camas, de las cuales unas 550 están siempre en espacios protegidos. Y cuando hay emergencia, damos de alta a los pacientes que no necesitan tratamiento urgente y pueden ir a casa y continuar su tratamiento en el marco de la comunidad. Pero claro que hay que estar muy atentos a la situación de cada uno, para no mandar a casa a alguien que precisa atención urgente e inmediata.

Convivencia, trabajando juntos en pro de todos sin distinción

En ocasión de un brindis en el hospital de cara a la celebración de Pesaj, una 
foto simbólica. De izquierda a derecha: la Dra. Haitam Hussein, drusa, vice 
directora del hospital, el Dr. Tzvi Sheleg, también vice director, el Profe
sor Barhoum, el Dr. Khaled Atallah, director de la Emergencia y Dra. Lilaj 
Didi, vice directora de Enfermería

 

P: Quisiera preguntarle sobre un fenómeno que es muy común en todo Israel, pero que estimo es especialmente notorio en su hospital por la composición de la población en el norte de Israel. Médicos y enfermeras judíos y árabes, o digamos judíos y no judíos, atendiendo a ciudadanos también de orígenes y credos variados. ¿Cómo lo vive?

R: Para nosotros lo central es que quien entra a nuestro centro médico es un paciente o alguien que lo va a cuidar. No importa la raza, la religión o el género. Tenemos 3.200 personas trabajando: judíos, cristianos, musulmanes, drusos, circasianos y otros. Todos trabajamos juntos. Y se atiende a cada uno, sea civil o soldado, según el protocolo de emergencia habitual. Es lo más natural, pero no está de más destacarlo.

P: ¿Tiene idea de los números de gente que reciben para atender?

R: Yo diría que alrededor del 40% no son judíos. Y lo digo así porque hay distintas comunidades. No puedo precisar cuántos. Y todos son atendidos en silencio por equipos unidos que trabajan juntos. En todo tipo de crisis, en silencio. Yo no permití que nadie me desvíe de esa línea. Como dice nuestro lema, cada ser humano debe tratar al prójimo como ser humano (Adám leadám, adám).

P: Lo tienen escrito por todos lados.

R: Así es. Y eso es lo más importante porque el recurso más importante no es la tecnología, ni los edificios, sino las personas. De la gente depende todo, también nuestro éxito. Estas personas que trabajan aquí son lo más valioso para mí. Las siento como si fueran de mi propia sangre. Y sé que son las personas que me apoyarían incondicionalmente. Y yo me apoyo incondicionalmente en ellos cuando atendemos a los pacientes, sean soldados o civiles. Le cuento que desde el 2023 hemos atendido a más de 2.800 soldados heridos en combate y a cerca de 200 civiles.

P: ¿Cuál es la envergadura del trabajo del hospital en tiempos de rutina?

R: Recibimos unas 140.000 personas al año a la urgencia. Atendemos directamente a una población de unos 660.000 habitantes, más que nada de la Galilea occidental, pero claro que también prestamos servicio a toda Galilea en algunas especialidades que en los otros dos hospitales de la región no están abiertas 24 horas, o sea el Ziv de Safed y Poría en Migdal.

Israelí, árabe, cristiano

P: Profesor Barhoum, permítame plantear un tema personal, aunque tiene mucho que ver por cierto con lo nacional general. Usted es un ciudadano árabe israelí. No sé cómo presenta usted su identidad, pero se combina todo eso: árabe, cristiano, director del hospital… ¿Cómo vive su identidad?

R: Le puedo decir que somos una congregación de 120.000 o 130.000 personas, los ciudadanos cristianos. Yo personalmente soy católico. Ocupo el puesto más alto en el Ministerio de Salud como árabe, y en mi congregación, y lo digo con humildad. Nací en el Estado de Israel, por lo cual soy israelí. Nací árabe, así que eso es lo que soy, y también cristiano. Ese es el orden, gracias a Dios. Así es como vivo en este país, mi país, que espero siga siempre siendo democrático, solidario, compasivo y protector.

P: Usted lo conoce bien, desde adentro.

R: Exacto. Siempre digo que en un país democrático puedo entrar en una iglesia, o en una mezquita musulmana o drusa, y nadie me disparará, nadie me detendrá, nadie me dirá qué hacer o qué no hacer en mis asuntos personales, ni en mi vida privada. Y esto sucede en Oriente Medio solo en Israel. Únicamente en el Estado de Israel puedo entrar en mi iglesia y disfrutar de la tranquilidad de que nadie me hará daño, como pasa a nuestro alrededor.

P: Le diré que lejos estoy de creer que todo está perfecto en Israel y que no hay lo que mejorar o corregir, pero siempre pienso que la forma en que se juzga al país desde afuera es muy injusta. ¿Cómo lo ve usted?

R: Es imposible convencer al mundo, no entienden la situación. No tienen ni idea, y lamentablemente lo entenderán demasiado tarde.

 

Vivencias imborrables

P: ¿Puede compartir conmigo alguna experiencia de los últimos años de guerra, a nivel personal, o como médico, como director?

R: Le cuento algo con lo que tengo una conexión personal. Tenemos una enfermera cuyo hijo resultó muy gravemente herido en Gaza. Fui a visitarlos a ella y a él al sur, a un hospital del sur, y se me partió el corazón ver lo que vi. Y ahora mismo, hoy, vi a su hijo de pie, con su pareja… Yo lloraba.

P: ¿Se refiere a Smadar Ocampo?

R: Así es.

P: Cómo luchó por la rehabilitación de su hijo….

R: Afortunadamente hay milagros como el suyo. Tuvimos varios milagros con soldados que decían que estaban al borde de la muerte y sobrevivieron aquí con nosotros y volvieron a casa sanos y salvos. Es increíblemente conmovedor. Desafortunadamente es duro ver a estos jóvenes llegar, pero de repente, están de pie y regresan a casa, a pesar de que casi nadie les daba esperanzas. Espero que con la ayuda de Dios sigamos salvando muchas vidas.

La familia, la vida en primera persona

P: ¿Qué me puede contar de su vida personal, dónde vive y cómo lidia su familia con la situación de emergencia?

R: Vivo en el pueblo de Kfar Vradim, que está más cerca de la frontera. Tengo tres hijas: una es criminóloga, en la fiscalía; otra es médica en el hospital Carmel, que ahora está haciendo una residencia en alergia e inmunología; y tengo una haciendo una maestría en psicología clínica. Y mi esposa es una médica muy experimentada, en general, endocrinóloga pediátrica. Claro que, como todos, lidiamos con las alarmas. Yo soy un poco menos de preocuparme que mi esposa. Hay que tirarse al suelo en medio de la carretera cuando suena la alarma, por lo cual siempre tenemos ropa para cambiarnos si es necesario. Uno vive con cierto temor y ansiedad, es ineludible. No tiene nada de gracioso.

No es que yo sea indiferente, pero Dios me dio algo de fuerza. Sin embargo, veo el miedo en los ojos de mi esposa. Pero hay que seguir trabajando porque esto es por nuestra gente, a la que amamos: judíos, árabes, todos.

El futuro

P: ¿Cree que alguna vez habrá paz?

R: No lo creo. Quiero ser optimista, pero hay una diferencia entre ser optimista y estar loco. Y yo no estoy loco, aunque quisiera ser optimista.

P: ¿No confía en los vecinos de Israel?

R: La verdad que no.

P: Profesor Barhoum, le agradezco enormemente por su tiempo y por haberme recibido. Y le deseo lo mejor, a usted, sus equipos y en lo personal.

R: Gracias a usted por el interés.

Ana Jerozolimski
(21 Junio 2026 , 09:21)

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Por Eduardo Bartfeld Fuente: https://es.chabad.org/

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