La suspensión —por ahora— de la guerra contra Irán, el acuerdo con Líbano para desarmar a Hezbolá y el debilitamiento de la organización terrorista Hamas, no han puesto fin a la necesidad de Israel de seguir lidiando con varios escenarios simultáneos de amenazas. Por ende, las Fuerzas de Defensa de Israel continúan alertas y operan en distintos escenarios para garantizar que se pueda proteger al país y al pueblo. Gran parte de la carga la llevan sobre sus hombros reservistas que dejan todo cuando son llamados —familia, trabajo, toda su rutina— y se presentan a sus unidades una y otra vez.
Uno de ellos es Netanel Benshushan (39), que tiene una particularidad. No solo participa en el esfuerzo bélico para defender a Israel, sino que desde hace ya tiempo encabeza un proyecto singular cuya razón de ser es concientizar a la opinión pública sobre lo que significa ser «miluimnik», reservista. La necesidad del servicio de reserva siempre existió, pero desde la masacre del 7 de octubre de 2023, que impuso una guerra en 7 frentes, su intensidad se multiplicó enormemente.
Netanel trabajó años en periodismo tanto en canales como en radios y sitios web en Israel, pero cuando le preguntamos cómo presentarlo no duda: «Como reservista, ya que en los últimos dos años y medio, ya un poco más, soy principalmente eso, un reservista en las Fuerzas de Defensa de Israel. Siento que es la identidad relevante para esta entrevista».
Hasta fin de febrero Netanel ya había superado los 450 días de «miluim», el servicio de reserva, y sabía que vendrían más.
Netanel nació y creció en Sderot. Durante unos años vivió en Venezuela, donde sus padres eran enviados especiales de una organización israelí. En el 2005 se enroló al servicio militar obligatorio, a la unidad de paracaidistas, donde estaba sirviendo cuando estalló la segunda guerra en Líbano por los ataques de Hezbolá. Paralelamente a la carrera periodística en medios como Ynet, Canal 10, Canal 14 (del que fue uno de los fundadores y vicepresidente de contenidos) y Canal 11, especialmente como editor, tenía que presentarse cada tanto a la reserva. Hoy en día es consultor de Comunicación.Está casado y tiene 4 hijos.
Esta entrevista es extensa. Consideramos que es un documento histórico sobre un aspecto clave del desafío impuesto por la guerra a la sociedad israelí.
La misión de dar voz a los que vuelven del frente
A Netanel lo conocimos en relación a su gran proyecto «Jaim al Hakav», traducido al inglés como «Life on the Frontline», o sea “La vida en la línea” (en el frente) cuya razón de ser es la necesidad de hacer conocer los desafíos con los que lidian los numerosos reservistas que se enrolan en los distintos frentes para defender a Israel. Casi de más está decir que el principal desafío es lidiar con el riesgo a la vida misma que supone ir a la guerra. Pero en realidad, hay mucho más que eso. El proyecto consiste en filmar y difundir entrevistas con reservistas que cuentan sus experiencias, especialmente a nivel humano, de su vida entre la casa y el ejército.
Cabe señalar que no se trata de un relato centrado en el campo de batalla, sino sobre cómo se siente un ciudadano que deja toda su vida de rutina para enrolarse a la reserva cuando lo convocan.
Cabe destacar que todos los participantes en el proyecto «Jaim al Hakav» son voluntarios. Son bienvenidas las donaciones para ayudar a mantener este emprendimiento y garantizar que pueda seguir adelante.

P: ¿Cómo empezó este proyecto?
R: Cuando terminé mi servicio en esa primera ronda, me senté con un amigo, el muy conocido periodista Kalman Liebskind, y cuando él me preguntó cómo estoy, sentí que era la primera vez que alguien lo hacía desde que me había enrolado. La conversación con Kalman duró cuatro horas y media. Me desahogué contándole todo lo que me molestaba e inquietaba. Me dijo que “lo use”, ya que es un periodista muy conocido, para difundir el teme. Me hizo una larga entrevista y al final, aquí estamos.
P: ¿Cómo explicarías el objetivo de este proyecto?
R: En primer término, hacer que se comprenda que Israel está viviendo un momento histórico sin precedentes, que justifica crear un archivo de testimonios sobre estos hechos, para que quede registrado para la posteridad. Por eso también hicimos una colaboración con la Biblioteca Nacional, a fin de garantizar que las cosas se conserven para siempre. Y es un llamado a permitir a los soldados contar su historia.
P: Yo sé que se recabaron testimonios de los sobrevivientes de la masacre del 7 de octubre y de familiares de secuestrados y de víctimas, así como de quienes combatieron aquel sábado, una especie de Yad Vashem de la masacre. Pero este proyecto es aparte, se concentra en los reservistas.
R: Así es, porque entendimos que nadie estaba documentando a los reservistas y no podíamos permitir que eso se pierda. Muchos dan por sentado que irán a la reserva, entonces se da por sentado también que se volverá a la vida y todo estará bien. Pero queremos dar a la gente el honor de contar la historia en una plataforma respetable y que dentro de 30 años, cuando en escuelas, o un investigador en la academia o un profesor de historia quieran entender qué pasaron los reservistas en estos años, puedan ingresar a la Biblioteca Nacional y encontrar los testimonios.
P: Dijiste «dentro de 30 años», pero esto seguramente tiene también una dimensión inmediata, que ahora se sepa…
R: Sin duda. Una de las reacciones interesantes cuando se publica un capítulo es: «Ya no puedo esperar a que mi esposa y mis amigos escuchen esto». O gente que te dice: «¿Realmente eso es por lo que pasaste? ¿Realmente eso es lo que sientes?». Es una especie de regalo que por un lado damos a nivel nacional al Estado de Israel y por otro lado también a los soldados, para que se les pueda entender un poco más. Pero también me parece que hay un aspecto terapéutico, porque sacando las cosas para afuera se lidia con la dificultad.
P: ¿Los entrevistados también confirman que les ayuda contar lo que vivieron?
R: Así es. Te conté lo que yo mismo viví cuando hablé con Kalman varias horas, lo bien que me hizo sentir que me había desahogado al fin.
P: Se me ocurre que puede haber casos de reservistas que hablan y reflejan situaciones que requieren tratamiento urgente… ¿ustedes alertan?
R: Si hay que levantar una bandera roja la levantamos, y si hay que decirle a alguien: «Amigo, vamos a ayudarte a encontrar a quién acudir», lo hacemos. Pero la mayoría son personas que pasaron por algo en estos dos años. Es que es indudable que ninguno de nosotros es la misma persona que antes del 7 de octubre. Cada esquina de mi vida se ha movido en estos últimos dos años y medio.
Y quiero destacar que esto no lo hago solo. Me acompañan Zvi Stern y Yonit Sirkin. Los tres lo hacemos en forma voluntaria. Y el periodista Asaf Liberman hace las entrevistas en hebreo.
Compartimos aquí el capítulo del proyecto, al que hemos sido invitados a participar, entrevistando en español a Roman y Mateo, originarios de Argentina, que contaron sobre su experiencia como reservistas.
La convicción de defender el hogar y la unidad en el combate
P: Volviendo a tu experiencia personal, Netanel, tener que presentarse a la reserva es una situación muy exigente, por lo que dejas atrás y por lo que te espera en el terreno. ¿Pero dirías que eso va cambiando o ir hoy a miluim es lo mismo que al principio de la guerra?
R: En efecto, siempre es exigente, pero no, no es siempre igual. La primera ronda fue de casi cinco meses, muy larga, intensa y difícil. En ese momento era sin teléfonos, desconectados de casa y en guerra. Todo el país vivía aún el 7 de octubre. Cuando salí y hablé con Kalman sobre lo que había vivido, saqué todo para afuera. Sentía que tenía una gran carga encima.
P: ¿Por qué? Casi retórica mi pregunta, ya lo sé.
R: Porque sentí que me habían quitado cinco meses de mi vida. Y en aquel momento no sabía que eso seguiría hasta ahora. Me pregunté por qué mi hogar tiene que pagar ese precio, por qué yo y tantos más nos enrolamos y tantos otros no. Y si digo mi hogar quiere decir mi vida: estoy casado, tengo cuatro hijos de 17, 14, 11 y 7 años. Dos varones y dos niñas. Y esta situación les afectó mucho.
P: En medio de todo esto me pregunto qué es lo más difícil. Es que recordemos que al ir a la guerra, lo más peligroso es que, Dios no permita, pueden morir. También verse obligados a matar. ¿Lo peor es lo que ves, el estar lejos de casa, el miedo?
R: Te respondo con dos historias. Tuvimos un combate en Jan Yunis donde entramos a un callejón, había un terrorista en una casa, algunos de los soldados resultaron heridos dentro de la casa, nosotros afuera, y el terrorista tira granadas desde arriba al callejón de tres metros. Yo estoy parado y mi comandante me hace señas para que vaya hacia él. Pero yo entiendo que si me muevo, muero. Porque veo las granadas caer dentro del callejón. Pero sé que mi función es llegar a mi comandante con el equipo de comunicaciones.
P: ¿Él no veía lo que estaba pasando en el callejón?
R: Él veía, y ya teníamos un muerto en esa etapa. Pero necesitaba la radio, y yo era el que la tenía. Y esto es la guerra, la guerra es algo peligroso.
P: ¿Y qué hiciste?
R: Todo ocurrió en fracciones de segundo, pero realmente recuerdo que dialogaba conmigo mismo sobre qué hacer y finalmente me dije que no tengo alternativa, y corrí.
P: Estimo que aunque sobreviviste, esa situación deja una marca.
R: Por supuesto. Hay muchas situaciones en las que te sueltas, porque si no te sueltas, te congelas. Y ahí estás mucho más libre para funcionar. Es una paradoja: eres un soldado mucho mejor en el momento en que te sueltas.
P: ¿Porque no tienes las inhibiciones de la presión que te paraliza?
R: Exacto. Y te cuento la otra historia. Voy caminando bajo la lluvia en la Franja de Gaza de noche, toda la tropa está en camino hacia donde debemos ir y siento que dentro de mi cabeza me grito a mí mismo por qué estoy aquí, qué hago aquí, tengo frío, me duele la espalda, llevo una semana enfermo, por qué estoy aquí y no en casa, llevo tres meses aquí y mi familia y mis hijos y en general toda mi vida está en pausa, y es muy personal. Está bien, todos entendemos que la misión es imprescindible y que iré también dentro de dos semanas de nuevo, cada vez que me llamen iré, pero las preguntas son ineludibles.
P: ¿No tuviste dudas sobre eso? ¿Siempre esa convicción de que no dejarás de presentarte?
R: Ninguna duda. Tampoco ahora, aunque sigo con la sensación, inclusive cuando no estoy reclutado, de que no soy exactamente un civil sino un reservista. Si me hubieras preguntado antes quién soy, el 5 de octubre de 2023 y no el 7, te habría dicho: «Soy israelí, judío, profesional de los medios, padre, hombre de familia, una persona común, sostén de hogar». Pero ahora pongo muy arriba mi condición de soldado. Me preguntan qué haces en la vida y respondo que antes que nada hago reserva, eso es lo que hago. Piensa que más de un año de dos he estado en la reserva en los últimos dos años. Y eso se convierte en parte central de tu identidad.
Guerra, defensa nacional, política
P: Yo no sé de qué lado del espectro político israelí te encuentras, pero como me consta que también gente que votó al gobierno actual tiene críticas por la forma en que se manejan las cosas, te pregunto en qué medida la política del gobierno incide en tu sentir, si hay o no claridad…
R: Bueno, ya te dije antes que trabajé en el Canal 14 y fui el creador allí del programa «Los patriotas», quizás su principal carta de presentación.
P: Así es, y eso en efecto te pone del lado derecho del mapa político porque ese canal es considerado un férreo defensor de Netanyahu. ¿Y más allá de eso?
R: Nací en Sderot, por lo cual tengo clarísimo que esta guerra es para defender al hogar, en el sentido personal y nacional. Cuando estaba en Beit Hanun, desde allí veía todos los días la casa de mis padres a lo lejos. A tal nivel que si hablaba por la mañana con mi mamá después de una noche de actividad antiterrorista, me decía: «¿Qué detonaron a las 3 de la mañana?». Le digo: «A las tres detonamos un túnel». Ella dice: «Sí, toda la casa tembló».
P: Defendiendo el hogar en el sentido literal. Todos, sean cuales sean las posiciones políticas de cada uno.
R: Claro que todos. En Gaza apagamos la radio porque no importa lo que pase afuera, todos estamos siguiendo la misma meta. No es una mera frase efectista eso de que en el tanque están todos juntos, los que viven en un asentamiento en Samaria como yo y los que viven en kibutzim. Realmente estamos todos aquí, no es un cliché ni nada por el estilo, lo vivo día a día en los últimos dos años y medio. También antes, pero ahora con mayor razón. Claro que después de dos años y medio de guerra del desastre más grande que hemos tenido, hay éxitos gigantescos, pero se esperaría que se viera diferente, pero me es mucho más cómodo ponerme el sombrero de soldado. Porque como soldado, al final eres un enviado del Estado, no de Bibi, no de Yair Golan ni de nadie. En el momento en que soy un enviado del Estado, afortunadamente vivimos en un país democrático y hago lo que el Estado me dice.
Orgullo nacional
P: Y ya que hablamos de polémicas… ¿has tenido que lidiar con órdenes que moralmente te parecían equivocadas?
R: En absoluto. No puedo pensar en una sola misión que haya recibido en los últimos dos años de la que pueda decir que no fue ética. Que no fuera digna. Es más, fuimos más que cautelosos y a veces eso también tuvo precios. Puedo decirte que es un gran honor estar en un ejército que pregunta dos veces antes de disparar y no en un ejército que primero dispara y luego pregunta.
P: ¿Y realmente puedes decir desde el terreno que esa es siempre la situación?
R: Desde el terreno esa es la situación, y puedo decírtelo también como hombre de derecha según me defino. Porque si perdemos esos principios morales, estamos perdidos. Aclaro: no es un ideal estar en el ejército, ojalá no hubiera necesidad de ejército. Es un medio al que nos vemos obligados a aferrarnos. Para que sigamos siendo un país fuerte y mi familia y la tuya estén seguras y puedan vivir en un país libre y democrático, para eso voy al ejército. Cuando mis amigos se amargaban y decían: «Salí a casa por 48 horas y vi los cafés de Tel Aviv llenos», yo me alegro. Para que ellos puedan tomar café nosotros luchamos, para que la gente en Israel pueda vivir una vida buena, alegre y libre.
La brecha social y el reclamo de responsabilidad mutua
P: Pasando a otro aspecto inevitable, ¿qué te hace sentir el hecho de que sectores enteros no se enrolen? Yo personalmente creo que también a los ciudadanos árabes se les debería exigir un servicio, pero no militar sino social comunitario. Pero los ultraortodoxos, parte del pueblo judío, es muy duro.
R: Se debe arreglar el tema de los deberes y derechos en el país, no se pueden tener derechos sin deberes. Los árabes, sin duda, que hagan un servicio civil. Y sobre el sector haredí, que nosotros, religiosos y laicos, sacrifiquemos tanto, que tanta gente haya sido asesinada el 7 de octubre, que tantos soldados hayan muerto y aun así esto no los mueva a salir, y yo tenga que hacer cientos de días al año y ellos no lo hagan, esto es inaceptable. Es no mostrar responsabilidad mutua. No entiendo cómo es posible. No entiendo cómo alguien que cree en el Todopoderoso puede discriminar así entre una persona y otra.
Todo mi entorno cercano, todo el asentamiento en el que vivo lleva dos años y medio reclutado. También tengo familia haredí con la que estoy enojado, ellos continúan con lo suyo. Continúan con sus vidas y nosotros no, nuestra vida está en pausa. Así no se puede seguir.
La familia, el refugio y el peso de las ausencias
P: Frente a todo este compromiso nacional, está el plano familiar. Tendrás mil historias sobre ese vivir entre la reserva y la familia, ausentándose también en momentos claves.
R: Sin duda. Hace meses me reuní con un grupo en Nueva York y ellos, que conocen una realidad en la que por ejemplo un soldado va a Afganistán tres meses y vuelve, no entendían cómo es en Israel. Les conté entonces que cuando yo estaba en Jan Yunis, un jueves al mediodía salí a casa en un vehículo militar que me llevó a la frontera, me subí a mi auto, manejé una hora y media a casa, llegué al Bat Mitzvá de mi hija y volví por la mañana a Jan Yunis.
P: ¿Tu hijo mayor también irá a una unidad de combate?
R: Sí, e inclusive recibió el primer llamado para empezar el proceso cuando yo estaba en la primera ronda de la reserva. Está claro que mi esposa y mis hijos pagaron precios en esta guerra y eso es parte de lo que me movilizó. Mis hijos hoy no pueden ver mi equipo militar. Saco los zapatos para ordenar el armario —empezamos reformas ahora en casa que se habían pospuesto desde el 7 de octubre— y de repente el equipo militar está en medio de la sala, entonces mis hijos se estresan: «¿Papá, te vas? ¿Papá, vuelves? ¿Otra vez reserva?». Hay situaciones en las que vuelvo a la reserva después de 48 horas en casa, vuelvo a Gaza y mis hijos me agarran de las piernas en casa y me dicen: «No te vayas, papá».
P: Impresionante el solo imaginar la escena. Me imagino vivirla.
R: Así es. Cuando se hizo público mi testimonio en este proyecto, recibí muchos mensajes. Me pareció interesante que eran más que nada de familiares de reservistas, no de los reservistas mismos… como si tuvieran un poco de vergüenza. Me escribieron muchas mujeres con mensajes como: «Ahora entiendo lo que mi esposo no me cuenta, por lo que está pasando, por qué se enoja, por qué no tiene paciencia; entiendo qué es lo que sume ahora nuestra vida en una vorágine».
P: ¿Y qué cuentas en casa sobre lo que vives en la guerra, en el ejército? No sé si quieren escuchar, si tú quieres que sepan.
R: Mis hijos no lo saben, aunque el mayor un poco más. Él leyó aquella entrevista que me hicieron y escuchó el episodio conmigo en este proyecto. A mi esposa le cuento lo que me pregunta, respondo. A veces yo tomo la iniciativa de contar una historia dependiendo de cuánto me pese y necesite eso... pero ella me pidió, y muy al principio, que le contara todo, y yo realmente le cuento todo. Ella no pidió que no les contara a los niños, pero aún no les he contado a los niños, solo en líneas muy generales: «Papá va a la guerra, hay que luchar, hay buenos, hay malos». Mi hijo se va a reclutar dentro de poco, así que sabe más o menos lo que pasó y creo que le contaré más. Si me pregunta se lo contaré también ahora porque ya es grande; para los pequeños es más desafiante.
P: ¿Qué significa «le contaré»?
R: No entraré en detalles ni descripciones, diré que al final la guerra es una porquería. Ves cosas, escuchas cosas y hueles cosas que la gente común no pasará nunca y la gente no debe pasar. En la guerra, cuando luchas, pasan cosas y es mejor que las imágenes y los olores y eso se queden con los soldados y sus terapeutas y no entren a sus familias.
El impacto invisible y el difícil retorno a la rutina

P: Todo esto está relacionado a lo que vive la familia que queda en casa, pero también a lo que pasa por tu interior cuando estás en la reserva y cuando vuelves…
R: Sí. Vuelvo de una ronda de reserva y me toma alrededor de dos meses volver a la rutina. Y luego tengo dos meses y vuelvo otra vez a la reserva. Eso sacude la vida. Mi esposa lleva ya dos años y medio bastante sola dirigiendo la casa, yo trato de no molestar, esa es la situación actualmente. Y claro que está también el hecho de que cualquier cosa en la vida en casa, de regreso de la reserva, recuerda lo que se vive en el servicio. Cualquier cosa genera asociaciones.
P: También está la dificultad, al volver, de la dinámica en la casa. Recuerdo lo que contó, en tono humorístico, uno de los oficiales entrevistados en un capítulo de este proyecto, que cuando quiso bañar a su hija chica y ella no quería, él se preguntaba qué quiere decir «no quiere», es una orden… suena a broma. Pero es más complejo que eso.
R: Exactamente. Hay veces que vuelves a casa y todo lo que quieres es meterte en la cama y dormir o ver una serie estúpida en Netflix solo para despejar la cabeza. Al principio era mucho más difícil porque las transiciones eran mucho más duras, porque estás peleando en un combate real por la mañana y por la noche estás en casa; ahora está más equilibrado, pero sí hay desafíos porque a veces no tienes estado de ánimo y a veces no tienes paciencia, y mi esposa aquí es una heroína y una genia que me dice: «Descansa un poco, después se hace todo lo demás...». Realmente hay que esforzarse para que el regreso funcione. El problema es también que como hay tantos períodos de reserva, uno es mucho más tiempo soldado que civil. La vida de civil se vuelve lo temporal y la reserva se vuelve lo permanente. Tengo un amigo a quien le preguntan «¿Qué haces?» y responde «Estoy entre reservas».
P: ¿Y eso necesariamente es señal de trauma o postrauma? Me cuido con el lenguaje médico porque no sé qué término sería el más apropiado.
R: No sé, pero activa algo. Es que en los últimos años sentimos cosas que la gente común no experimenta.
P: ¿Te preguntas si tú mismo estás en postrauma?
R: Es posible, no lo sé.
P: ¿No has ido a revisarlo?
R: No, no he ido a revisarlo.
P: Se me ocurre que quizás las personas más problemáticas son justamente las que dicen «soy fuerte» y creen que no precisan ayuda.
R: Puede ser. Diré que esto es algo que se habló mucho con los chicos jóvenes en la reserva principalmente. Pero para mí esta no es la primera guerra. Soy veterano de la Segunda Guerra del Líbano. Después de aquella guerra sí fui a tratarme. Fue unos dos años después, cuando sentí que la guerra empezó de repente a estar presente en mi vida. Y cuando comenzó esta, al principio tenía mucho miedo, no sabía qué pasaría conmigo. Yo sabía que había pasado por cosas muy específicas en el Líbano y temía que eso volviera. Si llega a volver, probablemente iré a tratarme, y hago desde aquí un llamado a todos a ir a tratarse. No es una vergüenza.
El anhelo de recuperar la vida normal
P: Incluso con todo este orgullo y el convencerse a uno mismo de que esto tiene un objetivo digno y honorable, ¿ya te mueres por recuperar tu vida? No sé si estarás de acuerdo con mi forma de plantearlo.
R: Estoy totalmente de acuerdo con tu formulación. Por más orgullo que tenga de servir en las Fuerzas de Defensa de Israel, por más que vaya siempre con la cabeza en alto... al final me alegrará ser un civil. Tengo 39 años, tengo una carrera, tengo una familia.
P: Te alegrará no solo porque signifique que ya no habrá guerra, porque necesidad de ella siempre habrá, sino porque quieres una vida normal.
R: Correcto, quiero una vida normal, pero lamentablemente por el momento no hay suficientes soldados, entonces hay que seguir. Hay poblaciones enteras que no sirven y eso duele mucho, pero me alegrará vivir mi vida de vuelta, me alegrará volver a la rutina, me alegrará hacer planes a largo plazo.
P: ¿Qué es lo que más extrañas de tu vida normal?
R: ¡Qué pregunta! Va a sonar raro: extraño trabajar como es debido, porque actualmente estoy bastante en pausa, trabajo dos o tres meses y salgo otra vez. También me gusta mucho fundar cosas, crear emprendimientos que aporten a la sociedad. Y ahora soy como un extraño, de afuera, en todos los marcos. Por eso este proyecto de recabar los testimonios de los reservistas se llama «Vidas en la Línea» (según traducción literal del hebreo), porque básicamente a veces estás de este lado, a veces del otro, y entonces no estás en ningún lugar. Y lo más importante para mí es que mis hijos puedan liberar el estrés.
P: Justamente te quería preguntar: ¿qué extrañas hacer con tu esposa, con los niños?
R: Viajar con la familia, tratamos de devorarnos el mundo lo más posible. Mucho tiempo juntos, muchos abrazos. Puedo decirte que abrazar a mis hijos se volvió el mayor placer para mí. Nos volvimos una familia muy abrazadora. Mucho más que antes. Tratamos de entrar en rutina lo más rápido posible cuando volvemos de una ronda; a veces es fácil, a veces no. A veces toma un mes, a veces dos meses y a veces dos semanas, depende de... la capacidad mental. Puedo decirte que lo que me llena es la realización de este proyecto; no me gano la vida con él, tengo el trabajo con el que me gano la vida, pero esta es mi pasión, realmente siento que le estoy dando un regalo a soldados como yo porque sé que a mí me ayudó y quiero que ayude a otros también.
P: ¿Hay algo más que te sea importante decir o recalcar, que yo no haya preguntado?
R: Es importante para mí decir que no tengo duda alguna de que cuando me llamen iré de nuevo, pero sepan que esto tiene precios, sepan que pasamos por muchas cosas, que nuestras familias pagan precios, nosotros pagamos precios; pero iremos de nuevo aunque los precios sean duros.
P: No tengo palabras Netanel. Te agradezco infinitamente por todo esto.
R: Gracias a ti.





