El Centro del Universo - Porque Esperamos el Futuro con Impaciencia - El Arrepentimiento de un Tzadik - Rosh Hashaná

No. 325
Horario de velas en Montevideo
19 de setiembre 18.21
Nitzavim
EL CENTRO DEL UNIVERSO
Por Menajem Feldman
Se puede disculpar a los bebés por asumir que son el centro del universo. Todos a su alrededor, madre, padre, abuelos, parecen no hacer nada más que cuidar del bebé. Los adultos responden a su llamado 24 horas al día, 7 días a la semana.
A medida que los niños crecen, pasando de bebés a niños, adolescentes y adultos, empiezan a reconocer que son solo uno entre siete mil millones de personas, que toda la especie humana, así como el planeta que habitamos, es solo una mota en un sistema solar dentro de una galaxia, completamente insignificante comparado con la inmensidad del universo.
Sin embargo, a pesar de este conocimiento, algo dentro de nosotros protesta. Algo en lo profundo de la psique del individuo insiste en que es especial e indispensable.
Y eso es bueno.
El mayor temor de Moisés cuando el pueblo judío estaba a punto de entrar en Israel era que el judío ya no se considerara el centro del universo. Temía que, una vez que los judíos cruzaran el río Jordán, cada individuo se considerara simplemente uno entre millones; un ciudadano individual cuyas decisiones no influyen mucho en el panorama general.
Moisés comprendió que, para que una nación sobreviva, mantenga una moral elevada y cumpla con su vocación de ser luz para las naciones, cada individuo debe comprender que el destino de la nación está en sus manos. La mayor amenaza para la moralidad es que cada individuo crea que el propósito de la creación, la misión del pueblo judío y el destino de la humanidad están fuera de su control. La mayor garantía de que las personas tomarán las decisiones correctas en la vida es que cada individuo comprenda que D-os lo considera el centro del universo.
En los primeros versículos de la parashá de esta semana, Moisés establece un pacto con el pueblo:
“Todos ustedes se presentan hoy ante el Señor, su Dios, los líderes de sus tribus, sus ancianos y sus oficiales, todo hombre de Israel; sus niños pequeños, sus mujeres y tu converso que está dentro de tu campamento, desde los leñadores hasta los aguateros...” (Devarim 29:9-10)
Luego, tras hablarles en plural, Moisés cambia al singular:
“...para establecerte hoy como Su pueblo, y que Él sea tu D-os, como te dijo a ti y como juró a tus antepasados, a Abraham, a Isaac y a Jacob.” (Devarim 29:12)
"Para establecerte hoy como Su pueblo" está escrito en singular. Moisés le dice a cada judío: No son solo uno entre una nación de millones. No esperen que otros transmitan la herencia judía por ustedes. Tú, personal y singularmente, eres la nación de D-os, el centro de Su universo. Él espera que lleves la antorcha.

PORQUE ESPERAMOS EL FUTURO CON IMPACIENCIA
[Dijo Moshé al pueblo judío que no intentara] “agregar lo ebrio a lo sediento.” (Devarim 29:18)
Poseemos dos almas: un alma divina que busca intensificar su relación con D-os, y un alma animal/humana que busca el confort físico y los placeres de los estímulos intelectuales seculares.
Los placeres que desea nuestra alma animal/humana se encuentran a nuestra disposición en el mundo físico, y es por ello que está “ebria” comparada con nuestra alma divina, que se ve “sedienta” de divinidad. Sólo en el futuro Mesiánico, cuando la divinidad se revele en forma abierta, el alma divina estará “ebria” de divinidad.
Mientras tanto, nuestra alma animal/humana intenta “agregar lo ebrio a lo sediento”. Esta faceta de nuestra personalidad es sabedora de que los placeres materiales son demasiado superficiales como para complacernos de forma significativa y duradera. No obstante, argumenta arteramente que la realización espiritual que nuestra alma divina busca a través del estudio de la Torá, la plegaria y el cumplimiento de los mandamientos se obtiene más fácilmente en el mundo de las tentaciones.
Nuestro desafío en la vida consiste en no escuchar esa voz sino la voz interna de nuestra alma divina, y ordenar nuestras prioridades de acuerdo con los verdaderos intereses nuestros y de D-os.
Or HaTorá, Devarim, pág. 1193.

Deuteronomio (Devarim) 29:9 – 30:20
En la octava sección de Deuteronomio, Moshé comienza su tercer y último discurso de despedida al pueblo judío, discurso que pronunció el día de su muerte, el 7 de Adar de 2488. Comienza el mismo pidiendo a todos que se pongan de pie (nitzavim, en hebreo) ante él para sellar el Pacto entre ellos y D-os.

EL ARREPENTIMIENTO DE UN TZADIK
Hace más de 1000 años, vivió un gran y santo líder y maestro llamado Rabí Saadiá Gaón (882-942). El Gaón (como se llamaba entonces a los principales sabios del judaísmo babilónico) tenía cientos de discípulos, todos ellos con una gran sed de aprender. Incluso un gesto o palabra casual de su venerado maestro les proporcionaba una lección de vida.
Una mañana de invierno, dos de sus discípulos caminaban por las montañas cuando oyeron un extraño sonido al otro lado de una colina. Al acercarse a la cima, vieron, para su gran sorpresa, a su maestro sentado en el suelo nevado, llorando, rezando y realizando otros actos de penitencia. ¿De qué podría arrepentirse un tzadik como su maestro? ¿Habría cometido algún pecado, D-os no lo quiera? Partieron apresuradamente de aquel lugar. Pero más tarde ese día, ya no pudieron contenerse y le preguntaron a su maestro de qué se trataba la escena que habían presenciado.
- “Hago eso todos los días”, les respondió. “Todos los días me arrepiento y le suplico a D-os que perdone mis faltas y mis errores en mi servicio a Él”.
- “¿Sus errores?”, preguntaron. “¿De qué errores habla el Gaón?”.
- “Déjenme contarles una historia”, dijo el rabino Saadiah. “Algo que me sucedió hace un tiempo”.
“En un momento de mi vida, decidí que todo el honor y la atención que recibía de todos a mi alrededor interferían con mi servicio al Creador. Hay que servir D-os con alegría, y sin humildad absoluta, la alegría es imposible. Así que decidí pasar varios meses en un lugar donde nadie me reconociera.
“Me vestí con ropas sencillas y comencé mi exilio autoimpuesto, vagando de pueblo en pueblo. Una noche me encontré en una pequeña posada regentada por un judío anciano. Era un hombre muy amable y sencillo, y hablamos un rato antes de que me durmiera. Temprano a la mañana siguiente, después de rezar shajarit (la oración de la mañana), me despedí de él y seguí mi camino.
Lo que no sabía era que varios de mis alumnos me habían estado buscando, y varias horas después de salir de la posada aparecieron, pisándome los talones. - "¿Viste al rabino Saadiah Gaon?", le preguntaron. "Tenemos razones para creer que estuvo aquí".
- "¿Saadiah Gaon?", respondió el anciano judío desconcertado. "¿Qué estaría haciendo el gran Rav Saadiah en un lugar como el mío? ¿El Rav Saadiah Gaon en mi posada? No... ¡Estoy seguro de que te equivocas! ¡No había ningún Rav Saadiah Gaon aquí!"
“Pero cuando los jóvenes le describieron mi situación y le explicaron mi exilio y mi ‘disfraz’, el anciano judío se agarró la cabeza y gritó: ‘¡Ay! ¡Rav Saadiah! ¡Rav Saadiah estuvo aquí! ¡Tiene razón! ¡Ay, ay!’. Salió corriendo, subió a su carreta y empezó a azuzar a su caballo para que fuera lo más rápido posible en la dirección que yo había tomado.
“Al poco rato me alcanzó, saltó del carruaje y cayó a mis pies, llorando: ‘Por favor, perdóname, Rav Saadiah. Por favor, perdóname. ¡No sabía que eras tú!’
“Lo hice levantarse y sacudirse la ropa, y luego le dije: ‘Pero, querido amigo, me trataste muy bien, fuiste muy amable y hospitalario. ¿Por qué lo lamentas tanto? No tienes nada de qué disculparte’.
“No, no, Rabino”, respondió. "Si hubiera sabido quién eres, ¡te habría servido de forma completamente distinta!"
De repente, comprendí que este hombre me estaba enseñando una lección muy importante en el servicio a D-os, y que el propósito de mi exilio se había cumplido. Le di las gracias, lo bendije y regresé a casa.
Desde entonces, cada noche, al rezar antes de dormir, repaso mentalmente cómo serví a D-os ese día. Entonces pienso en aquel viejo posadero y me digo: “¡Ay! Si hubiera sabido de D-os al principio del día lo que sé ahora, ¡lo habría servido de forma completamente distinta!”.
Y de eso me arrepentía esta mañana.

ROSH HASHANÁ
Rosh Hashaná, el Año Nuevo Judío, es una festividad que dura dos días. Las dos mañanas las pasamos rezando en la sinagoga pidiéndole a D-os que nos confiera un año dulce y próspero y escuchando el shofar (cuerno de carnero).
A continuación, otras tantas costumbres para vivir a pleno la experiencia de Rosh Hashaná.
Observancias Festivas
Las dos noches se encienden las velas, y las dos noches y los dos días de Rosh Hashaná se disfruta del kidush y de suntuosas comidas festivas. No se trabaja, no se conduce, no se escribe ni se encienden ni apagan artefactos eléctricos. Sí, está permitido cocinar y transportar objetos afuera (excepto en Shabat).
Muchas de las costumbres de Rosh Hashaná son un símbolo de la clase de año que esperamos tener. La primera noche de Rosh Hashaná se come una rodaja de manzana untada con miel. Probamos un poquito de la cabeza del pescado, pidiéndole que este año estemos “a la cabeza”. Comemos granadas, diciendo una plegaria para que este año esté lleno de mitzvot igual que la granada está llena de semillas. Y de yapa, en todas las comidas de Rosh Hashaná, se unta la jalá (el pan especial) en miel. Y como si no bastara con el simbolismo, verbalizamos nuestros deseos deseándoles a nuestros familiares y amigos un shaná tová, un año dulce y maravilloso.
Limpieza a Fondo
El primer día de Rosh Hashaná, existe la antigua tradición de ir a un recipiente de agua que contenga peces vivos y allí llevar a cabo la ceremonia de Tashlij. La palabra tashlij significa “arrojar”. Decimos una breve plegaria y nos sacudimos las esquinas de la ropa mientras le pedimos a D-os que arroje nuestros pecados.
El agua es una metáfora de la benevolencia, y los ojos sin párpados de los peces simbolizan nuestra esperanza de que el ojo vigilante de D-os siempre nos custodie. Si el primer día de Rosh Hashaná cae en Shabat, Tashlij se realiza el segundo día. ¿Te olvidaste de hacer Tashlij en Rosh Hashaná? Tienes aún tiempo hasta el último día de Sucot.

VIVIENDO MASHIAJ
Por Lazer Gurkow y Aharon Loschak
EL PARQUE
Niños jugando, adultos descansando, cuando uno entra a un parque se encuentra con una escena pacífica.
Una de las características más importantes de la era de Mashiaj es el ambiente pacífico que traerá consigo, famosamente expresado por el profeta Isaias cuando dijo que se convertirán las espadas en arados.
La próxima vez que vayas a este entorno tranquilo y pacífico, disfruta de la serenidad e imagina que es una pequeña muestra de la serenidad que reinará suprema cuando llegue el Mashiaj.
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Artículos extraídos de www.Jabad.org.uy y www.Chabad.org, publicados con permiso.
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