Entrevistas

Una voz clara desde Uruguay contra el antisemitismo, con Álvaro Ahunchain

Álvaro Ahunchain, referente cultural uruguayo, es columnista y artista. Fue el primer invitado a una actividad de CUECAD, el Centro Uruguayo de Estudios contra el Antisemitismo y la Desinformación. Es inspirador y enriquecedor escucharlo y leerlo.

P:Álvaro, tú fuiste el primer invitado a una actividad de la recientemente creada nueva institución CUECAD, abocada a combatir la desinformación, que ha conducido a un preocupante aumento del antisemitismo en relación a la guerra de Israel contra Hamas. Primero, muy en términos generales antes de entrar en detalles . Si aceptaste la invitación a hablar en ese marco, doy por sentado que es porque sos consciente de la problemática que mencionamos, que hay desinformación y que ha aumentado el antisemitismo en Uruguay ¿verdad?

R: Absolutamente. Como columnista de opinión y artista, siento el deber moral de criticar con la mayor dureza las injusticias que veo en nuestra sociedad. Mi rechazo explícito a algunas iniciativas que se han vendido como “agenda de derechos” (legalización del aborto con ánimo persecutorio hacia los médicos objetores de conciencia, regularización del consumo de cannabis recreativo, ley de eutanasia), me han valido ser acusado de derechista o creyente prejuicioso. No soy ni lo uno ni lo otro. De igual manera, hay gente obtusa que no entiende que, sin ser judío, me ponga explícitamente del lado de Israel en el conflicto de Medio Oriente. En uno y otro caso se intenta desacreditar mis argumentos por el lado fácil de la discriminación, muy común en la perezosa discusión intelectual de este país. El antisemitismo acá es una constante y tuvo episodios excecrables, como aquel día de furia del nazi Paladino o el crimen de David Fremd en Paysandú, cuyo asesino fue absuelto por la justicia a pesar de que usó exactamente el mismo modus operandi de los lobos solitarios en Europa. Ahora ha recrudecido enmascarado en el “antisionismo”, pero es el mismo perro con distinto collar, sin duda.

 

P: Siempre digo que la desinformación puede ser por ignorancia, un problema de por sí en periodismo, o por  alevosa mala intención. ¿Qué está pasando en Uruguay en tu opinión? 

R: La guerra contra Hamás ha sido muy cruenta, de eso no hay ninguna duda, y apoyar el derecho de Israel a defenderse no necesariamente es aprobar la manera como lo ha hecho su gobierno. Pero la diferencia está en que el ciudadano de Israel es libre de criticarlo; en cambio el enemigo silencia cualquier disenso interno con ejecuciones sumarias. Creo que la ignorancia de la gente es inherente a la manera como esta guerra se ha transformado en una maquinaria de fake news y aprovechamientos demagógicos del conflicto por parte de Hamás, organización a la que no la importa perder en el campo de batalla si gana en el de la opinión pública occidental. Creo también que la ignorancia del público -y la difícil tarea del periodismo de separar la paja del trigo- van de la mano de un paradójico complejo de superioridad que es típicamente occidental. Esas hordas de integrantes del colectivo LGTB manifestándose con banderas palestinas es una de sus expresiones más estúpidas: en lugar de apoyar al país que respeta sus derechos, lo denigran, y se unen a la causa de quienes persiguen y ejecutan a homosexuales y transexuales. Confieso haber escuchado a gente de izquierda defender la ablación genital femenina y el casamiento de adultos con niñas pequeñas, por “formar parte de una cultura diferente que debe ser respetada”. Se creen tan superiores intelectualmente, que terminan aplaudiendo a quienes avasallan los mismos derechos humanos que ellos defienden en sus propios países. Todo por un no asumido sentimiento indulgente de superioridad.

 

P: Estás dando ejemplos sumamente fuertes que es importante plantear sin duda. ¿Cómo se explica a  tu criterio la dimensión del fenómeno de esta propaganda monstruosa que demoniza a Israel? Yo personalmente estoy convencida de que hay gente paga por esta maquinaria, pero evidentemente no tengo pruebas, así que no puedo entrar en nombres. Pero va más allá de ello. ¿Cuál es tu lectura?

R: Evidentemente hay intereses en los países árabes que trabajan eficientemente por demoler su propio espíritu acuerdista de los últimos años, poniendo mucho dinero y sólidas estrategias. El antisemitismo es un prejuicio milenario y a nivel de Occidente, es fácil atizarlo a través de esta revolución irracional de las redes sociales, con sus perniciosas cámaras de eco. 

Un problema de la sociedad, no de los judios

P: Siempre pensé que el antisemitismo no es sólo un problema de los judíos sino de cualquier sociedad en cuyo seno se inserta. ¿Cómo ves  tú a nuestro Uruguay en este sentido? Precisamente  sin ser judío, sería interesante saber cómo lo sentís, cómo lo captas.

R: Los que salen en los medios dando la cara usan la carta del antisionismo. Incluso hay un semanario de izquierda, Brecha, que viene haciendo una sorprendente campaña de demonización de Israel, donde explícitamente ponen en duda las barbaridades cometidas por Hamás el 7 de octubre, pero siempre aclarando que no son antisemitas. La verdad suele revelarse cuando uno lee comentarios anónimos a esas mismas noticias, que se hacen en las redes sociales. He llegado a leer unos cuantos que dicen cosas como “el pintor austríaco no completó su trabajo”. Como bien ha dicho Sanguinetti, es curioso que el antisemitismo haya sido una expresión de la derecha en el siglo XX y en el actual lo sea de la izquierda. Como siempre, los extremos se tocan.

 

P: Un muy buen amigo mío, no judío, cuando le comenté una vez que siempre pensé que Uruguay no es un país antisemita pero que claro que hay antisemitas a nivel individual, me dijo que estoy equivocada, que siempre hubo  mucho más antisemitismo "dormido", que él mismo captó a muchos niveles , sin ser judío. ¿Qué te parece?

R: Lamentablemente coincido con tu amigo. En este país tan democrático y tolerante hubo, sin embargo, expresiones pro nazis en el siglo pasado. En este, la cosa se está complicando aún más porque al prejuicio arraigado se suma la supina ignorancia sobre lo que pasa en el mundo y la tergiversación informativa intencionada. Estamos muy mal y yo creo que el país poscrisis del 2002 perdió definitivamente un talante liberal y republicano que lo distinguía en el concierto internacional. 

 

¿La solución?

P: ¿Qué se puede hacer con todo esto? Para mí el serio problema es que  si uno explica, da argumentos, se topa en general con un muro, con gente que no quiere escuchar, que  tiene su narrativa, y no escucha.Y realmente no es que busco que todos salgan con loas a Israel, sino que no mientan, que no distorsionen, que sean ecuánimes, y que si hay críticas se planteen en forma seria, sin información falsa y tomando en cuenta también lo que detonó la guerra, la masacre del 7 de octubre.

R: La partidización según el caduco eje izquierda-derecha se está anteponiendo al análisis imparcial y realista de los temas. A mí me da un poco de vergüenza ajena ver asociaciones de escritores uruguayos, que son colegas a quienes aprecio como personas y artistas, firmando declaraciones contra Israel cuando no dijeron una sala palabra después de aquel nefasto 7 de octubre, ni dicen nada contra los ajusticiamientos de cristianos por parte de los clanes islamistas en Siria y países africanos. Yo no aplaudo la política bélica de Netanyahu pero tengo bien claro que acá hay un choque de civilizaciones, y que algunos judíos y muchos no judíos que se escandalizan por la guerra contra Hamás, serían las primeras víctimas del terrorismo islamista si Israel no fuera su trinchera de contención en Occidente.

 

P: Es la enorme diferencia entre discrepar legítimamente con Israel y demonizarlo. Ahora…combatir el antisemitismo  y otros odios, pasa por hacer cumplir leyes contra odio y discriminación, pero también por la educación. El problema es que eso es un proceso que lleva años. ¿Qué sugerirías?

R: Ojalá hubiera una fórmula. Creo que el sistema educativo está bastante deteriorado por sindicatos manejados mayormente por fanáticos radicales (no lo digo yo, lo dijo hasta José Mujica), y eso impide un cambio cualitativo en los contenidos curriculares, que haría mucho bien en la promoción de la democracia y los derechos humanos. También creo que nuestro país adolece de muy pobres políticas culturales (junto a Mariana Wainstein hicimos cosas en el período anterior, pero fue una gota en el océano) y estoy convencido de que una promoción cultural intensa, que combata la estupidez de los medios masivos y las redes sociales, ayudaría a formar ciudadanos republicanos y no meros consumidores de información chatarra. 

 

P: Hay algo más  que te parece importante decir? Todo lo que consideres apropiado.

R: Tal vez sugeriría a los lectores que asuman un talante más activo en este debate. Por charlas que tengo con integrantes de la colectividad judía, percibo que son pocos quienes -como tú desde el Semanario Hebreo o como Erica Yac, Janet Rudman y Vera Berheim desde CUECAD- realmente quieren poner las cosas en su sitio y combatir desinformación y prejuicios. Si nos dejamos amedrentar por relatos mentirosos , podemos terminar alimentándolos. 

P: Excelente comentario/consejo. Aunque la máquina de la propaganda mentirosa es inconmensurable, no hay que dejarle la cancha abierta. Me sumo a tu llamado. Gracias mil Álvaro.

R: A vos Ana por esta oportunidad.

 

Ana Jerozolimski
(26 Octubre 2025 , 17:29)

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