Entrevistas

El secuestro, la crueldad, el papel de los civiles felices con el 7 de octubre.

Es el relato del ex secuestrado Tal Shoham

Recientemente publicamos la primera parte de la entrevista con Tal Shoham, que el 7 de octubre del 2023 fue secuestrado del kibutz Beeri separado de toda su familia, que también estuvo cautiva. Esto es, ineludiblemente, un resumen de un relato que merecería ser publicado completo.

Para nosotros, esto no es sólo una entrevista. Para nosotros, es un documento histórico que el mundo debe conocer.

 

El secuestro

P: Por la necesidad de resumir, no reproduzco los detalles de lo vivido desde que empezaron las alarmas hasta el secuestro. Pero no podemos pasar por alto qué ocurrió cuando los terroristas te llevaron. ¿Qué viste en el camino?

R: Escenas que me dejaron en shock. Decenas de terroristas a los costados del camino, tranquilos, riéndose, fotografiándome con sus celulares. No lograba entender cómo es que están allí parados. Y cómo llegaron.  Y por supuesto, cómo es que no hay soldados, una situación que no lograba captar. Me llevaron al coche y en el camino vi los cuerpos de dos mujeres que conocía, ejecutadas con un balazo en la sien. Todo indicaba que no se habían escapado, que simplemente las mataron a sangre fría. Y ahí fue que me pusieron en la valija de un coche, separándome de mi familia.

 

P: ¿Alcanzaste a decir algo a  Adi y a tus hijos?

R: No. No tuve tiempo.

P: Y en el refugio ¿pudiste hablar algo con ellos?

R: Cuando los terroristas trataron de volar la puerta, Navé, que tenía 8 años, entendió evidentemente  que estaba pasando algo serio. El y Yahel-le decimos Yula-, su hermanita menor, mantuvieron silencio absoluto en el refugio. Navé me preguntó si vamos a morir. No le quise mentir y le dije que no lo sé. 

Tal y sus hijos en otros tiempos, antes del secuestro

 

P: ¿Cómo fue tu llegada a Gaza?

R: Cuando llegamos, me sacaron del baúl del coche. El terrorista que me había sacado de mi casa, saltó sobre el techo del coche, me apuntó con su kalachnilov y me ordenó arrodillarme. Yo vi en sus ojos que me iba a matar. Me negué. Levanté los brazos y le dije  que ya me rendí y que él tiene prohibido por lo tanto matarme. Siguió amenazándome con el arma, ordenándome que me arrodille y yo seguía con los brazos en alto diciéndole lo mismo. 

P: Aunque evidentemente sabías que no es que allí había reglas y leyes.

R: Por supuesto. Yo no tenía ningún control como para impedir que me mate, pero decidí que no le permitiría hacerlo al estilo ISIS. Súbitamente otro terrorista me sacó de allí y empezamos a caminar por Gaza. Llegó  un terrorista en una moto que resultó ser oficial en la Policía del Hamas, me subieron a la moto y dieron vueltas por las calles como desfile de victoria durante una media hora. Gritaban que habían secuestrado a un soldado judío, “cerdo judío”. 

 

Los civiles palestinos, felices

P: ¿Y qué decía la gente alrededor, los civiles en las calles?

R: Gritaban entusiasmados, estaban todos eufóricos, felices. Algunos trataron de golpearme con palos, de pegarme, pero como no nos detuvimos mucho tiempo en cada lado, no lo lograban. Después me pasaron a un coche de la policía y de allí a un escondite. Me esposaron y así quedé 34 días seguidos, 24 horas al día. Absolutamente todo el tiempo, aunque estaba claro que yo no era una amenaza para nadie. Los primeros 34 días estuve solo.

 

P: Me pregunto qué es lo peor en una situación así…

R: El aislamiento era muy difícil , también el hambre que fue en aumento, pero sin duda lo más difícil era no saber qué había pasado con mi familia, con Adi y nuestros hijos. No sabía si habían sido asesinados secuestrados, liberados, nada. Tuve la oportunidad de escuchar la radio porque les dije que si me dejan escuchar, les puedo contar qué está pasando. Por la radio me enteré de que los terroristas habían cometido horrores, que habían asesinado a mucha gente y que Beerí había sido uno de los peores lugares, inclusive con ejecuciones tipo ISIS. Pero no supe nada de la familia, lo cual no me daba descanso, me enloquecía. En el día número 50 cuando Adi y los niños se liberaron, recibí una carta de ella en la que me contaba que todos habían sido secuestrados juntos, incluyendo mi suegra Shoshan, Sharon la tía de Adi y su hija Noam, y que todos salían ese día. Me decía que habían hallado las fuerzas para lidiar con la situación, que también los niños lo habían logrado. Eso fue un enorme alivio para mí.

P: Fue algo fuera de lo común que te dieran esa carta.

R: Sin duda ninguna . Y desde ese momento tuve claro que tengo que sobrevivir, que debo luchar para eso. Sentí que si físicamente lo lograba, pues emocionalmente, mentalmente, también debía hacerlo, para que los niños tengan un padre que vuelva a ellos, para poder volver a mi esposa . Y el día 34 trajeron a otros  secuestrados a estar conmigo, Eviatar David  y Gai Gilboa Dallal , que habían sido secuestrados del festival Nova y a Itai Svirsky. 

 

La saga de Eviatar y Gai

P: ¿Qué te contaron?

R: Ellos escaparon a los campos y trataron de esconderse pero terroristas recorrieron todo ese terreno, dispararon a todos los que veían, aunque nadie trató de resistirse, asesinaron a sangre fría. Uno de los terroristas decidió llevárselos, en lugar de matarlos, los ataron con las manos a la espalda, en los pies y los tiraron como bolsas de papas en una camioneta y los llevaron a Gaza. Su situación allí fue distinta de la mía. Los terroristas dejaron que la gente los ataque y los linche. Les rompieron la ropa, los golpearon en todo el cuerpo, y los terroristas simplemente miraban y se reían, felices con lo que pasaba. Cuando decidieron que alcanzaba, dispersaron a la muchedumbre , nuevamente los tiraron en la camioneta y los llevaron a un escondite.  También estuvieron todo el tiempo atados, y con una bolsa negra en la cabeza. Tenían prohibido hablar entre ellos. Les daban media pita chica de mañana, otra media de noche  y una cantidad pequeñísima de agua para los dos. Era tan poca el agua que cuando iban al baño, introducían la cabeza en un barril de agua sucia simplemente para poder tomar algo. 

Pasaron así un mes entero. Eviatar fue interrogado, pensaron que era un soldado, aunque ambos eran civiles. Le amenazaron con un revólver a la cabeza, lo golpearon duramente para que diga que es un soldado, dudaban adelante suyo si creerlo o matarlo enseguida y al final le creyeron. Les quedaron las marcas de todo. 

 

Reencuentro, libres nuevamente. Al ser liberados Eviatar David (primero a la izquierda ) y Gai Gilboa Dallal (a la derecha de Tal) el 13 de octubre, Tal esperaba ansioso el momento de poder verlos nuevamente, ya no en cautiverio. A la izquierda, Omer Wenkert, con quien también compartieron mucho tiempo en Gaza.

 

El ensañamiento

P: ¿Cómo fue allí con la comida?

R: El  hambre era muy difícil de sobrellevar. Los terroristas comían verduras, carne, pescados, pero a nosotros no nos daban. Veíamos que ellos comían mucho más, comían al lado nuestro y emitían todo tipo de sonidos cuando comían, a propósito. Había un terrorista que era como el dueño de casa, cuya meta era ensañarse con nosotros. Cuando volvía cada día de las vueltas que daba, nos llamaba y contaba, riéndose, sobre todos los israelíes que había matado en Nova. Se reía de las familias, decía que nos habían olvidado. Nos golpeaba, más que nada a Gai y a Itai, que eran mucho más jóvenes que yo. Pero a veces también a mí. Buscaban todos los días cómo maltratarnos. A veces nos decía que se había cansado de nosotros y que simplemente nos mataría y se iría o que nos tiraría a la calle  y la gente nos lincharía. 

Así pasaron los días. Sin poder hacer nada, hablar, movernos, nada.  No teníamos ropa abrigada y en invierno sufrimos mucho. 

 

Niños en cautiverio

P: Y también de allí los pasaron…

R: Sí. En determinado momento, en otro escondite con otro grupo, me dijeron que habían tenido allí a mi familia y que habían estado todos juntos, lo cual ayudaba un poco. Tiempo después descubrí que ellos se prepararon de antemano a secuestrar niños. Y ese grupo de terroristas era uno de los encargados de eso, de tener a familias con niños cautivos en Gaza. O sea, no fue algo casual que secuestraron niños y bebés. Estaba planeado. Sé que Yaheli, que tenía 3 años, entendió rápidamente que no se puede hacer ruido y aprendió a llorar en silencio. Navé se acercó un día a Adí y le dijo “mamá, Yula está llorando pero no se la oye”. Tenía la cara llena de lágrimas pero no osaba emitir  sonidos porque entendió que eso podía costarles la vida.

P: ¿Tu familia sabía qué te había pasado a ti?

R: Entendí que al quinto día se enteraron de que yo estaba secuestrado. Y que mi suegro Avshalom había sido asesinado. Fue muy duro para todos. 

 

De mal en peor

P: No te quedaste todo el tiempo con ese grupo.

R: No, después volvimos al anterior, y ahí descubrimos que al terrorista que se ensañaba mucho con nosotros le gustaban los masajes. Eviatar sabía hacer buenos masajes. Y  llegamos a un acuerdo no escrito, que todas las noches recibiría un masaje a cambio de algo más de comida y mejores condiciones. No es que eso ayudó tanto porque nuestro estado de salud empeoraba cada día . Tuvimos diferentes problemas de salud, uno de ellos una seria carencia de vitamina C por la que el cuerpo empieza a comerse a si mismo desde adentro.  Estuvimos allí cuatro meses y a comienzos de junio nos bajaron a un túnel donde nos encontramos con Omer Wenkert, secuestrado en Nova. El había estado solo seis meses y medio, totalmente aislado, bajo tierra.

Pues al bajar al túnel entendí que las condiciones infrahumanas en las que habíamos estado, no eran nada en comparación con eso. Entre 20 y 30 metros bajo tierra, un túnel de un metro de ancho, 1.80 de alto. Había cuatro colchones en el piso para cada uno de nosotros. Había un pozo en el piso que servía de baño. Sin luz. Un tiempo tuvimos una o dos lamparitas. El túnel estaba bloqueado en las dos puntas. De un lado había una pared y del otro una puerta de acero, o sea que no circulaba el aire y nos ahogábamos por falta de oxígeno.  Había una terrible humedad y como nos permitían ducharnos cada 21 días más o menos, a veces estábamos más de un mes sin bañarnos ni cambiar ropa, nuestra ropa estaba cada vez más húmeda también por la traspiración, sucios, con problemas en la piel, una situación muy mala. Lo único vivo en el túnel era el moho y moscas de la fruta. Para combatir a esas moscas cada varios días fumigaban el túnel, pero nosotros evidentemente no podíamos salir, así que la sustancia fumigadora nos caía encima.

 

El robo de la ayuda

P: Siempre hambrientos me imagino…

R: Nos daban muy poca comida. Y era clarísimo que era intencional, no por falta de comida. Recuerdo claramente que hacían alarde del hecho que habían robado abastecimiento de la ayuda humanitaria destinada a la población, y que tienen lo necesario para varios meses. Nos lo dijeron claramente. También lo vimos con nuestros propio ojos. Nos traían pequeñas porciones de arroz  que en el envoltorio original tenía también carne, pero ellos se quedaban con toda la carne y nos daban solamente un poco de arroz. O muy pequeñas cantidades de pita y algo de queso. 

 

Hacerlos sufrir, por placer

P: ¿Cómo  era el comportamiento diario de los terroristas?

R: Eran muy crueles. Uno de ellos siempre venía, una vez por día, nos despertaba. Dormíamos de día y estábamos despiertos de noche, porque todo el tiempo se oía que cavaban túneles, no se detuvieron ni un solo día, tampoco durante la guerra. Pues ese guardia venía, nos gritaba, nos pateaba  y nos decía que teníamos prohibido dormir después que él había entrado al túnel. Tenían una obsesión, que no sepamos qué hora era o en qué día estamos. Y si le decíamos cómo sabremos cuándo ir a dormir, decía que ya sabremos.  Y evidentemente, muertos de hambre, agotados y sin energía, lo único que queríamos hacer era dormir, pero él nos observaba por una cámara que tenían instalada y decía que si nos ve dormir, nos dará menos comida aún  , o que traería a otros para que nos golpeen todos los días, y que así sería durante 5 años.  

También apagaban cada tanto la muy poca luz que había, y muchas veces pasó que estábamos 12, 15 horas sin absolutamente nada de luz. Y como no te puedes ver entonces ni tu propia mano,ni te puedes mover , tampoco para ir al agujero ya que tenía un metro y medio de profundidad y si uno caía allí, nadie podría ayudarlo. Una vez prendieron una fogata fuera del túnel y desviaron el humo hacia adentro, por lo cual casi nos ahogamos. Tuvimos que acostarnos en el piso, tratando de hallar algún pequeño punto de oxígeno. Sentí que en unos minutos moriría asfixiado.

 

De vuelta en casa

P: ¿Dirías que también hoy se ven las secuelas del secuestro en tu familia?

R: Yo diría que es algo que no se va del t odo, que nos acompaña de fondo siempre. Surgen todo el tiempo recuerdos del cautiverio. Yula y a veces también Navé, me cuentan lo que vivieron cuando yo seguía secuestrado, el temor que sentían, sus miedos. También se preguntan si los malos pueden volver y llevarnos nuevamente.Y surge el tema de fondo de la seguridad en el mundo, del modo en que niños lo pueden plantear. También Adi tiene sus temores, evidentemente con un encare adulto. La ingenuidad de pensar que aquí estamos siempre seguros, ya no es la misma, aunque claro que de Gaza ahora no puede repetirse algo así.

 

P: ¿Cómo es hoy la vida? ¿Tienen una rutina?

R: Tratamos de tener una vida normal en la medida de lo posible. Es mucho más complicado cuando secuestrados con los que yo estuve siguen allí. Los niños saben que si doy una entrevista o si salgo a un acto, es para aportar a la lucha para que ellos vuelvan, así que el tema está presente. 

Con Yula salimos a pasear a veces a las 10 de la noche y ella comparte conmigo cosas que vivieron tanto en Gaza como cuando volvieron pero yo todavía no estaba aquí. Tenemos un diálogo muy abierto en casa. Siempre les dijimos la verdad sobre la situación, evidentemente de una forma apropiada para su edad. Tratamos igual de imponer ciertos límites, que consideramos son por su bien pero claro que algunas cosas cambiaron. Antes no teníamos televisor en casa, y cuando volví eso había cambiado. Pero todo, con límites claros. 

Más allá de ello, rutina es algo que lleva tiempo construir. Yo empiezo a trabajar, los niños están en sus marcos, Navé en la escuela y Yula en el jardín de infantes, y eso es muy importante. Yo empecé a dar conferencias sobre el cautiverio y qué me mantuvo allí, y eso me ayuda. Adi empieza gradualmente a elaborar lo que ella pasó en Gaza y cuando yo aún no había vuelto. Es psicóloga clínica y me imagino que en algún momento volverá a trabajar en su profesión. Pero aún no puede. 

 

P: Tal ¿temiste morir en Gaza?

R: Prefiero decir que hubo muchos días y situaciones en las que entendí que es posible y altamente probable que muera. Encaro el tema de la vida de modo  un tanto complejo, pero resumiré diciendo que la esperanza de volver a reunirme con mi familia  era parte del deseo de sobrevivir, pero había algo inclusive más allá de ello. Siempre pensé que el ser humano llega al mundo para hacer el bien, para aportar y que ese es el motivo principal por el cual la vida tiene valor, inclusive antes de la vida personal.

 

P: ¿Sabías de la lucha popular por vuestra liberación?

R: Sí, y eso nos daba mucha esperanza. Una vez que pude ver Al Jazeera, vi una familia en la Plaza de los Secuestrados, con mi foto. Fue sumamente emocionante. Eso nos daba fuerza, sin duda ninguna.

Ana Jerozolimski
(05 Noviembre 2025 , 19:07)

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