Por el Dr. Eduardo Kohn, Director B´nai B´rith Internacional
América Latina
En 1983, Uruguay estaba bajo dictadura, en los dos últimos años de su noche más oscura. No se quería permitir la exhibición de la serie de TV “Holocausto”; no se quería autorizar una serie de posters que constituían una poderosa muestra de la historia de la Shoá. Y en dictadura nadie da explicaciones. La de Uruguay no era la excepción. B´nai B´rith Uruguay decidió entonces que quizás sí se permitiese hacer un evento en su sede que rememorara un hecho histórico, preludio del Holocausto: la Noche de los Cristales, el pogromo de noviembre de 1938 que le dio una señal decisiva a los nazis que nadie en ningún lado iba a hacer nada por levantarse ante el antisemitismo nazi que ya venía creciendo exponencialmente desde 1933. Por primera vez, B´nai B´rith Uruguay hizo entonces, con autorización y la presencia en sala de la dictadura, un evento, que ya lleva 42 años y que es un símbolo de lo que nunca debió ser pero fue y de lo que no debiera ser nunca más pero que sin embargo sigue y sigue, como plagas bíblicas capaces de reproducirse hasta el infinito, porque el odio no es una enfermedad curable.
El orador de 1983 fue un gran líder de la comunidad judía y sobreviviente precisamente de la Noche de los Cristales Rotos: Félix Lilienthal. Los líderes de B´nai B´rith de entonces (hoy todos fallecidos) afrontaron junto a Lilienthal el desafío y las amenazas. Líderes como Máximo Brenner (presidente entonces), Jacobo Hazán, Nelson Pilosof, Salvador Junio, entendieron junto con Lilienthal, que el mensaje era posible, se iba a entender y que era obligación histórica de B´nai B´rith asumir la responsabilidad. Desde 1843, la organización había sobrevivido pogromos zaristas; nazismo; comunismo soviético, y seguía estando enhiesta en todos los continentes.
Lilienthal hizo un memorable análisis de cómo se llegó a la Noche de los Cristales; cómo se destruyó mil años de vida judía en Alemania en un día por una dictadura abrazada por las multitudes; y dejó unas reflexiones finales tan premonitorias como sólo la cultura, el conocimiento, y el coraje de decir las cosas por su nombre exacto pueden hacerlo.
Compartimos esas reflexiones finales.
“Alrededor del globo terráqueo observamos todos los días brotes y actos de agresión antijudía, de palabra y, de hecho, no importa que sea de inspiración neonazi, de izquierda o pan-arábiga. Con dolor, los vemos también en América Latina. Estos brotes significan una amenaza directa para nosotros los judíos y, no lo duden, mis amigos, nosotros vamos a mantener la guardia y nos vamos a defender.
Sin embargo, desearía fervientemente poseer el don de la elocuencia que permitiera demostrarles a nuestros amigos no judíos, que hoy la lucha empieza contra nosotros, los judíos y mañana será contra ellos mismos. Tenemos que reconocer de una buena vez que actos de antisemitismo son actos de terrorismo y el fin último del terrorismo, del color que sea, es corromper los reflejos morales y la capacidad de respuesta de los pueblos libres y honestamente amantes de la paz.
Nosotros vamos a seguir denunciando, sin temor ni vacilaciones, cada acto, cada publicación, cada ofensa antijudía, suceda donde suceda. Combatiremos a los responsables con todos los medios lícitos en cada momento, para que sean sometidos a medidas punitivas de severidad disuasiva, en auténtica defensa de la paz y la convivencia entre los hombres y los pueblos de todo color, procedencia o credo.
En esta línea de pensamiento no podemos omitir lo siguiente: el renacimiento del Estado Judío fue la culminación del sueño diario y milenario de los judíos en la diáspora, también durante los 1900 años de su permanencia en Alemania. Fue el fruto de los esfuerzos denodados de un grupo relativamente reducido de hombres y mujeres que consagraron sus vidas integralmente al ideal sionista. Sin embargo, ese logro histórico sólo fue posible con el apoyo de muchos pueblos, en especial de los pueblos europeos, que confesándose la magnitud del cataclismo y que faltó su propia respuesta a tiempo comprendieron su obligación inexcusable de apoyar la justa causa del pueblo judío.
Es mi ferviente deseo que esos pueblos, al igual que los pueblos hermanos de América que nos apoyaron, comprendan y reconozcan que la causa de Israel es tan justa hoy como lo fue hace 45 años; y que no se dejen presionar por fuerzas extrarregionalas para abdicar de su convicción de que el futuro próspero para todos los pueblos de Oriente Medio podrá empezar a construirse recién a partir de la erradicación del terrorismo y del reconocimiento y la paz con Israel.
Las llamaradas de las sinagogas destruidas en Alemania nada más que 45 años atrás, siguen ardiendo y no deben apagarse. Siguen ardiendo en nuestros corazones, nos iluminan y nos comprometen y nos impulsarán hasta el fin de nuestros días en esta tierra, a luchar contra la ignorancia y la ignominia y a bregar a favor del cumplimiento de los anhelos que nos son más caros a todos nosotros: la fraternidad y la concordia entre todos los hombres”.
En 1983 dijimos a través de la voz de Félix Lilienthal “Nosotros vamos a seguir denunciando, sin temor ni vacilaciones, cada acto, cada publicación, cada ofensa antijudía, suceda donde suceda”. Desde entonces hace 42 años somos fieles a ese mandato que no fue creado por el primer orador del acto conmemorativo, sino que forma parte de las bases existenciales de una organización creada en 1843, con 182 años de existencia en medio centenar de países y que siempre tendrá, quienes habiendo comprendido el legado institucional, mantengan la antorcha encendida.
Dr. Eduardo Kohn
Director B´nai B´rith Internacional
América Latina





