Entrevistas

Otro secuestrado: Salim Murad Jamous, jefe de la comunidad judía de Beirut

“Le pido al Presidente Donald Trump que intervenga también en este secuestro, el de mi padre, hace más de 40 años en Líbano. Esta es la oportunidad. Quizás todavía esté vivo y si realmente se dio este milagro, evidentemente estos son sus últimos años. Precisamos ayuda. Y es responsabilidad también del Estado de Israel, para quien mi padre Salim Murad Jamous trabajó, como agente del Mossad”.

El pedido de Moshe Jamous –originalmente Musa-, hoy de 45 años, es un clamor que combina la razón y la emoción, con la esperanza de que aún no sea demasiado tarde. Y si su padre ya está muerto, pues que puedan darle digna sepultura en la tierra milenaria del pueblo judío, a la que tanto amaba. Ese es el pedido.

 

Y a través de esta nota, pide que quien pueda tener información sobre su padre, se comunique directamente a:

[email protected]

Moshe Jamous hoy, sigue esperando el regreso de su padre

 

Pasaron ya más de 40 años desde aquella mañana en la que Salim Murad Jamous , líder de la comunidad judía de Beirut, salió de su casa vestido de traje con hombres que lo fueron a buscar, se dio vuelta y dijo a su familia “cierren la puerta” …y nunca volvió. Con él estaba Musa, hoy Moshé, su hijo de 5 años, que lo recuerda todo.Y sabe que lo secuestró Hezbolá.

 

Salim Murad Jamous, su esposa y dos de sus tres hijos, en años felices aunque llenos de desafíos. Moshe está en el regazo de su madre.

 

Moshe nos recibió en su oficina y nos contó su historia. Su espera eterna, no sólo durante los dos años que transcurrieron desde el secuestro de su padre hasta que su madre decidió en 1991 llevar a sus dos hijos mayores a Israel, colocarlos en un internado…y volver a Líbano con el más pequeño, aunque cada tres meses iba a Israel a verlos. La madre les decía que quería seguir  buscando a su esposo pero además sus hijos estimaron que ella también tenía a su cargo una responsabilidad de seguridad que antes cumplía su esposo desaparecido. “Ella tiene una trayectoria de actividad no menor que la de mi papá”, sostiene Moshe.

Musa (Moshe) nació en el barrio judío Abu Jamal de la capital libanesa. Su madre había nacido en Siria y conoció a su esposo, el padre de Moshe, cuando él estaba a cargo del traslado clandestino de judíos sirios a Israel, a través de Líbano. Moshe no tiene dudas: “Así como se dice siempre que Eli Cohen era nuestro hombre en Damasco, y aún se espera para traer sus restos a Israel, mi padre era nuestro hombre en Beirut. Y no pierdo las esperanzas de que esté con vida en algún lugar de Líbano”.

Durante años Moshe no quiso estar en pareja, ni pensar en casarse, porque necesitaba que su padre lo acompañe en la jupá. La dinámica de la vida le ha ayudado a sobreponerse a eso y ahora ya no está solo y hasta se ha convertido en padre. Pero sigue esperando.

 

Moshe espera que al haberse debilitado la posición de Hezbolá en Líbano, con el cambio de gobierno y todos los sucesos ocurridos a raíz de la guerra, pueda haber algún avance. Durante años la familia no habló. La entrevista que nos concedió es una de las primeras desde que Moshe comenzó a hablar sobre el tema. Espera que ayude. Que Israel haga algo. Y que el mundo judío presione. También desde América Latina, donde tiene claro que hay presencia negativa y nociva de Hezbolá. Salim Murad Jamous, sostiene, era ante todo su padre, pero además, era un símbolo, el jefe de la comunidad judía de Beirut.

El casamiento de sus padres en la sinagoga Maguen Abraham, la principal de Beirut

 

 El secuestro

P: ¿Recuerdas la última vez que viste a tu padre?

R: Ante todo recuerdo la última noche en la que estuve a su lado, nos sentamos juntos sobre su cama, esa noche en que vinieron terroristas a secuestrarlo. No entraron a casa, se quedaron en la puerta.

P: ¿Cómo fue?

R: Tocaron a la puerta. Mi madre abrió.

P: ¿Quiénes eran? ¿Hezbolá?

R: No sabíamos , pero no tenemos dudas que esos hombres lo secuestraron. Quizás el plan era entregarlo a otros, no podemos saber. Varias personas nos dijeron que había hombres que observaban todo el tiempo nuestra casa. Volviendo a lo que pasó, cuando tocaron a la puerta y mi madre abrió, yo aparecí de fondo y ellos vieron que había niños chicos. Mi madre les dijo que vuelvan a la mañana siguiente, sin saber evidentemente de qué se trataba. Y en efecto volvieron al día siguiente. Lo secuestraron el 15 de agosto de 1984 de mañana. Después, Nasrallah le confirmó a mi madre que ellos lo habían secuestrado, en uno de los encuentros que tuvieron.

P: ¿Sentían que algo iba a pasar?

R: Yo creo que mi  padre sintió, que ocurriría algo distinto. Mi padre sabía de diferentes secuestros. Vio el secuestro del presidente de la comunidad judía, que nunca volvió.

P: Y a pesar de eso fue con esos hombres que vinieron a buscarlo…

R: Así es. Aunque él ya había notado que se estrechaba la presión sobre el liderazgo de la comunidad judía en Líbano. Uno abría el diario y había una noticia sobre dos judíos secuestrados y luego encontraban sus cuerpos en diversos lugares. Era ya los tiempos de Hezbolá y Amal, la otra organización chiita.

 

P: ¿Qué recuerdas de la despedida cuando salió esa mañana?

R: Ante todo te diré que de mañana nunca lo veíamos salir al trabajo, se demoraba un poco. Pero ese día lo vimos salir. Quedamos parados junto a la puerta, lo saludamos y él nos saludaba con la mano. Todo el tiempo. Dijo que entremos a casa y cerremos la puerta.

Ese día yo dije que no voy a la escuela. Estaba en primer año. Me escapé y corrí a la oficina de mi padre que estaba dentro de la sinagoga, la cual estaba toda dada vuelta. 

P: O sea que habían atacado la sinagoga…

R: Así es. Hoy sabemos que en la sinagoga, y dentro de uno de los rollos de la Torá, alguien escribió Amal, dejó la firma. Fui a su oficina y vi que estaba todo tirado. La caja fuerte había sido abierta y había dinero en el piso.

P: O sea que no era eso lo que buscaban.

R: Exacto. Se llevaron documentos. No estaba su arma. Recuerdo que había todo tipo de cosas escritas sobre la pared. Mi madre me dijo tiempo después que decía “judío”, que eso era lo que habían escrito. Su coche estaba estacionado afuera. A él lo secuestraron en un BMW  anaranjado.

Fuimos a la policía, a los servicios de seguridad, a muchos lados. El tema abría todos los noticieros que hablaban de la desaparición del jefe de la comunidad judía. Y eso que el tema de los secuestros no era nada nuevo en Líbano, en todas las comunidades había secuestrados. También la inteligencia siria intervenía en eso, secuestraba, interrogaba, liberaba o mataba a sus secuestrados. 

Unos días después alguien llamó y habló con mi madre y dijo que pueden liberar a mi padre si ella entrega a mi hermano mayor, Marcel, que tenía 7 años. Ella lloró y se puso como loca por teléfono y entonces le pasaron a mi padre, le dejaron hablar con él. Nos preguntó cómo estábamos, nos dijo que él estaba haciendo algunos problemas, que era como un código entre nosotros. Me dijo que cuide a mi hermano menor, y que no haga problemas, en unos días vuelvo dijo. Dijo que cuide a mamá, que le haga caso y que no me aleje de ella ni un momento. Sentí que fue una especie de testamento. Y yo me encargo de mi mamá hasta hoy, hasta los 120 bendita sea, que Dios me dé fuerza para cuidarla siempre.

P: Qué día complejo.

R: Pero ese no fue el primero. Antes del secuestro trataron de asesinarlo  y quien recibió las balas fue mi madre, que estaba embarazada esperando a mi hermano. Afortunadamente tanto ella como él se salvaron. 

  Los secuestros no eran nada extraño en el Líbano de aquellos años. Había en todas las comunidades. Pero secuestrar a un rabino, al líder de la comunidad judía, a un médico judío, tenía una motivación singular. De fondo, la situación nacional era compleja.

Empezó una  gran conmoción. Hezbolá y Amal comenzaron a pelearse entre sí por quién tomaría control de  los edificios de la comunidad judía. En el segundo piso, debajo de nosotros, vivía el líder del movimiento Amal y encima de nosotros había gente de Hezbolá. Los vimos bajar las escaleras cuando subimos, los vimos subir y bajar con armas. Se peleaban. Cuando salíamos de casa, los veíamos disparándose. En las escaleras. Mi madre se dio cuenta de que nuestra situación era complicada. Buscamos a mi padre en todos lados. Fuimos a ver a los cristianos inclusive.  También fuimos a Hezbolá varias veces; nos reunimos con Hassan Nasrallah quien confesó “lo secuestramos”.  Dijo que lo habían secuestrado y que pronto nos lo devolverían. Pero mi padre nunca volvió.

 

P: ¿Nunca recibieron ninguna indicación de qué había pasado?

R: Nunca más. Nada.  Nunca nos confirmaron si había muerto o estaba vivo. Nadie sabe.

 

Los comienzos

P: Moshe, cuéntame por favor cómo llegó tu padre a su posición especial en Líbano.

R: Te diré ante todo que mi padre nació en Aleppo , Siria, en 1942 ó 43, creció allí, fue maestro en el Talmud Torá y en determinado momento fue reclutado al Mossad. Fue parte de una red de espionaje destinada a ayudar a la comunidad judía. Un elemento importante que hay que conocer es que en aquellos años Siria servía de refugio a numerosos nazis que se habían escapado. Muchos también llegaron a Sudamérica y vivieron allí bajo nombres falsos. Evidentemente, por la hostilidad de Siria hacia Israel y los sueños de Assad de gobernar “la gran Siria”, mi padre  tenía mucho trabajo. En determinado momento él sintió que estaban por descubrirlo, lo cual sé por mi madre y mis tíos. Eso fue al fin de los años 60, una época en la que Líbano era más libre, aunque bajo el ojo sirio. 

Mi padre fue transferido a Líbano y allí tenía que integrarse a la comunidad judía. Lo hizo con mucho éxito y llegó a ser el presidente de la comunidad. La situación económica era buena pero el país lidiaba con la problemática de 17 comunidades distintas, se estaba al borde de la guerra civil. Por un lado los judíos estaban en buena posición en general, eran exitosos en sus trabajos, pero había antisemitismo y desde la fundación de Israel en 1948, los judíos no podían trabajar en ministerios del gobierno. 

P: Todo este tiempo, cuando tu padre se iba integrando en la comunidad judía y avanzaba hasta que se convirtió en su presidente ¿todos sabían que era agente del Mossad?

R: Sí, en la comunidad todos sabían, tenían claro que si necesitaban algo de las autoridades libanesas, tenían que dirigirse a él. Sabían que tenía contactos. Todos sentían que era una figura especial.

 

Niñez en guerra

 

P: Viviste tus primeros años en Líbano. ¿Qué recuerdas?

R: Yo nací en 1979 en el hospital americano de Beirut. Ya no había muchos judíos allí. Recuerdo los enfrentamientos en las calles en el marco de la guerra en Líbano. Íbamos a una escuela cristiana. En el año 1983, 84, recuerdo bien que íbamos por la calle, teníamos que pegarnos a la pared, esperar que terminen de disparar y seguir. 

P: ¿Tenías miedo?

R: Uno tenía miedo, claro, pero no había muchas escuelas, no había otra opción. Muchas veces teníamos que interrumpir las clases y esperar, ir al refugio. Y de noche, en casa, también veíamos los disparos.  Por ser judíos, teníamos que llegar a la escuela a las 9, no antes, ya que no participábamos en los actos religiosos cristianos, en las oraciones. 

La clase del hermano menor de Moshe, en la escuela cristiana

 

P: ¿Qué te decían tus padres sobre la situación general?

R: Que es “entre ellos”, que nosotros no tenemos nada que ver, que debemos mantenernos al margen, callados.

 

Hijo de un padre en peligro

P: ¿Qué recuerdas de la vida con tu padre en esos años, de cómo se manejaba con esa situación?

R: Recuerdo que cuando papá estaba en casa, nunca sabíamos cuándo saldría. Sus horarios eran distintos de los nuestros. Recuerdo que le gustaba mucho sentarse solo en la pieza. A veces mamá nos decía no entrar. Teníamos una casa muy lujosa y recuerdo en especial los paseos con papá. 

Recuerdo claramente las conversaciones con él, siempre me decía que no me preocupe, que él me quiere mucho, como si algo le vaticinara lo que iba a pasar. Me decía cosas importantes para mi vida, que estudie bien, que no haga problemas, realmente como si sintiera que en algún momento no iba a estar.

P: ¿Tú sentías, de niño, algo extraño en el comportamiento o la forma de vivir de tu padre? 

R: No, nadie sentía algo raro. Pensé que estaba en el trabajo. Pero además, no es que no estaba en casa, porque parte de sus citas las hacía en casa. A veces nos levantábamos en la mitad de la noche y yo veía a mi madre sirviendo café a mi padre y algunas personas con las que estaba reunido.

P: ¿Judíos de la comunidad?

R: No sé. Pero tenía muchos encuentros nocturnos. Cuando sí se ausentaba mucho, así me contaron, era antes de casarse. Varias veces lo secuestraron los sirios. Y después lo soltaban.

P: ¿Por qué lo secuestraban?

R: Vínculos con Israel, aunque en general no usaban ese  término sino que decían “el sionismo”, vínculos con los sionistas, porque él iba muchas veces a Israel. Él siempre lo desmentía, pagaban por su rescate y así lo liberaban. Pero todo el tiempo lo seguían, a pesar de lo cual siguió trabajando. Sabían claramente que había ido a Israel.

P: ¿Sabes qué explicaba?

R: No. Lo que sí puedo decir, según contó mamá, que antes de casarse él pidió tres cosas: que nunca le pregunte cuándo llega a casa ni qué hace, que no pregunte de dónde viene el dinero con el que viven y que si en algún momento no se siente segura, que vaya a lo de sus padres. Fuera de esas tres cosas, dijo, quiero que seas como una reina en casa.  En la boda de mis padres estuvo toda la cúpula del gobierno libanés, del ejército, o sea que sabían que era una personalidad.

P: Pero me imagino que no sabían que era agente del Mossad ¿no?

R: Diferentes personas me dijeron que allí sabían que tenía vínculos con los “mujabarat”, o sea los servicios secretos. No sabemos todo por supuesto, ni todo lo que hacía ni todo lo que los demás sabían, pero está claro que tenía muy buenos vínculos con la Inteligencia libanesa.

P: Quizás los ayudaba también a ellos.

R: En el mundo del espionaje no se sabe todo. A veces no se sabe nada.

P: ¿Qué sabes de los vínculos que tenía a nivel político en la región?

R: Sabemos que tuvo un encuentro con Yasser Arafat cuando recién se había escapado de Jordania, estaba en proceso, aún no asentado realmente en Líbano. O sea comienzos de los años 70. Por otra parte tenía acceso libre al edificio de la administración militar israelí en el sur libanés, en Tiro, el que después fue destruido en un atentado suicida de Hezbolá. Dicen que lo veían entrar y salir allí libremente, sin preguntarle quién era o para qué viene.

Entiendo que el Mossad logró sacar a 400 judíos de Líbano y que eso lo logró mi padre. Dicen que no había hogar de familias judías en Líbano donde no había por lo menos una persona esperando irse a Israel , en alguna etapa del proceso. Muchos habían venido de Siria o querían llegar a Israel a través de Turquía.

 

 

La mirada actual

`P ¿Te parece factible que tu padre esté vivo?

R: Todo es posible, tomo en cuenta todas las opciones. Por eso le digo al Estado de Israel que si mi padre fue agente del Mossad, del Estado, tienen que encargarse de devolverlo a casa. Ese debe ser un compromiso moral de primera línea. Y ahora, con todo lo que se ha logrado en este tema de los secuestrados, me dirijo también al Presidente Donad Trump y le pido que interceda también por él. 

P: ¿Y por qué decidieron hace unos meses sacar este tema, publicarlo?

R: Siempre creíamos que si se descubre algo el Mossad nos dirá. Yo siempre escribí cartas, siempre hablé, pero está claro que ahora Líbano es distinto de lo que fue muchos años. Assad ya no está en Siria, hay de hecho contactos aunque indirectos con el gobierno de Líbano. Y no tenemos dudas que el gobierno de Israel tiene que hacerse responsable por aquellos a los que mandó a cumplir una misión. 

 

Un complejo resumen

P: ¿Cómo explicarías qué fue para ti crecer sin tu papá y por otro lado sentir orgullo por lo que te contaron que él hizo por Israel y por la comunidad judía?

R: Es como una rosa, hermosa pero con espinas. Cuando estoy con la comunidad siria y libanesa en Israel, de los judíos llegados de allí- que son no pocos miles- siento un gran orgullo. No hay nadie entre ellos que no conozca el nombre de mi padre. Todos saben de su vínculo con los mujabarat, los servicios de seguridad, de su aporte a Israel

P: Y  perdón pero me pregunto si quizás también estás un poco enojado con tu papá.

R: Sí, la verdad que sí..

P: Es difícil decirlo pero está claro que sabía que se  arriesgaba en aras del servicio de Inteligencia que brindaba y que eso podía arruinar su vida familiar…

R:Así es. Pero no me enoja que haya trabajado por Israel o que haya hecho lo que hizo sino que cuando hubo personas que se le acercaron y le dijeron que se tome enseguida un avión, que se vaya, porque de lo contrario el desenlace será irreversible, él dijo que no, que será el último en irse, que mientras haya judíos a los que hay que ayudar si quieren irse de Líbano, él tiene que estar. 

P: Y me imagino que le pregunta es si decidió arriesgarse al extremo o si creía que las advertencias eran exageradas. 

R: Yo creo que él sabía, jugó hasta el último momento con eso, era de esas personas entregadas en forma absoluta a lo que hacía .Además, tuvo muchos éxitos y eso lo alentaba a seguir.

P: ¿Qué les deseas a Líbano y Siria? 

R: Que logren ponerse de pie y ser libres otra vez, que vivan de modo que todos son respetados, que no haya guerra civil, que sean gobernados democráticamente  en la medida de lo posible. Y rezo por la paz con Israel. Yo no puedo decir que tengo recuerdos de persecución porque era un niño chico y cuando había problemas mis padres me levantaban en brazos. Si hay paz, me gustaría inclusive visitar Líbano.Pero claro que está el tema del secuestro de mi padre que es muy duro y doloroso. 

Moshe siente hasta hoy que Líbano es parte de su ser

 

P: ¿Y tienes esperanza que ahora, con los cambios que hay, aunque todavía hay muchos problemas, puedas recuperar a tu padre? Ojalá que vivo y si no, al menos, poder darle sepultura en Israel

R: Así es. Ahora que Estados Unidos está involucrado en todo lo que está pasando aquí, esperamos que `puedan hacer algo en esto también. Pedimos a las nuevas autoridades en Siria, al gobierno de Israel, a todos los que pueden hacer algo, que intercedan y logren cerrar este capítulo.

P: ¿Y cómo resumir esta historia de tu papá, Salim Murad? Todos conocemos la leyenda de Eli Cohen, el espía israelí en Damasco.

R: Pues Eli Cohen actuó en Siria. Mi padre era el Eli Cohen de Líbano. Nuestro hombre en Beirut. Pero espero que en nuestro caso, el final sea diferente.

 

Ana Jerozolimski
(16 Noviembre 2025 , 10:14)

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