Quien estuvo abocado en las últimas décadas a la actividad comunitaria judía en Uruguay, sea en el Club de Idish o en otras ramas de la Kehilá y en el Hogar Israelita, debe sin duda conocer a Sara Untenberg, que hace unos meses cumplió 100 años. Y si la conoce, seguramente admira su espíritu y empuje en la vida, además de su lucidez y vigor, nada sobreentendidos a su edad. Toda esa combinación es lo que puede explicar cómo es que a su edad haya decidido radicarse en Israel y comenzar una nueva vida en el Estado judío.
“La verdad es que Uruguay me lo dio todo desde que era niña, y ahora Israel me recibe con los brazos abiertos”, comentó.” Emigrar a Israel a los 100 años es algo único, porque significa cerrar una vida entera en un país y, al mismo tiempo, abrir una nueva vida a una edad avanzada. Eso me da aún más ganas de vivir.”
Sara es la olá –inmigrante- más anciana que llegó este año a Israel. Recién llegó, hace sólo unos días, pero ya tiene claro que los horrores del 7 de octubre lo explican todo: Israel es el hogar nacional del pueblo judío.
Sara nació en Lituania en 1925 y emigró junto a su madre a Uruguay cuando tenía solo 15 meses. Allí se reunieron con su padre, quien había viajado poco antes y trabajó arduamente para reunir el dinero suficiente con el fin de reunir a la familia y brindarles una vida mejor al otro lado del mar.
Lo seguro es que de aquellos sueños de sus padres, Sara sacó lo mejor, por su actitud.
“Nos fuimos a vivir al barrio Reus. En ese barrio me crié, fui a la escuela número 84 y después fui 4 años a la universidad de mujeres. Más tarde me casé y tuve tres hijos, dos hombres y una mujer. Quedé viuda muy joven”.
Sara dedicó muchos años a la actividad comunitaria.
“De a poquito me fui acercando a la Kehila. Me voluntaricé para ir a visitar enfermos. Iba a visitar al Hogar Israelita para acompañar a las abuelos con juegos y obras de teatros.
Con mi gran compañera Raquel Raijman y después con Dora Fabius y Perla Kukerman formamos el club de Idish del cual fui presidenta por 30 años”, detalla.
“En el club de Idish creamos un coro que nos dirigía Alejandro Schwarz. Nos presentamos en distintos lugares, tanto el Parlamento, como el Teatro Solís y el Hotel Argentino. Y por supuesto en los festivales de cine judío en el cine Alfa y Beta. También hacíamos teatro con la dirección de Miguel Pintos. Nuestras obras eran solamente habladas y cantadas en Idish”.
Todo eso le dejó una gran satisfacción.
“ Fui muy feliz dentro de toda la colectividad Sefardí y Ashkenazi. Siempre me dieron un lugar. Supe dar cariño pero recibía el doble”.
Y ahora, es relevante explicar el por qué de la aliá.
“La familia fue creciendo y se fueron yendo de a poco a Israel hasta que quedó la mayoría en Israel . En Uruguay quedaron conmigo solamente mi hijo Luis, mi nieta Débora y su hijo Lucas, además de mi nieta Carolina que la vida me regaló más tarde. Y sentí que ahora es el momento de darle cariño a todos los que están en Israel y vivir cerca de ellos: mi hija Lea con su hijo David y su nuera Ana, además por cierto de sus hijos Gal y Ana, mis queridos mellizos. Por parte de mi hijo Luis están David y Rajel y sus hijos Yedidai, Yonatan, Neta y Tamar”.
Vayan a Sara los mejores deseos de éxito en su nuevo hogar. Que ella y sus familiares israelíes se disfruten mutuamente por muchos años más, con salud y felicidad.





