Tecnologías & Salud

5 aprendizajes sobre la innovación en el 2025, desde Israel

Por Rina Fainstein, fundadora y Gerente General  de la empresa Noga Plus y Alexa Goldner

Rina Fainstein, autora de esta nota, es uruguaya-israelí. Es Directora del Foro de Innovación de la Cámara de Comercio Israel-América Latina. apasionada por la tecnología. Conecta industrias de tecnología en la alimentación de Israel. con mercados latinoamericanos.

 

2025 fue el año en que la innovación dejó de ser velocidad y empezó a ser criterio.
En Israel, esa transición fue especialmente visible: menos hype, más diseño; menos promesas, más infraestructura; menos heroicidad, más sistema.

Desde Noga, acompañando a founders, inversores y equipos de innovación en Israel, estas son 5 lecciones que resumen el año —y anticipan lo que viene.

 
 

1. La IA dejó de ser promesa y se consolidó como infraestructura

En 2025, la inteligencia artificial dejó de ser una ventaja opcional para convertirse en infraestructura productiva. En Israel, la IA se integró en procesos cada vez más críticos: desde modelos predictivos de riego en el agro (CropX, Treetoscope), pasando por la digitalización inteligente de la salud (eWave), hasta plataformas de IA biomédica (CytoReason).

Según McKinsey 2025, el 88% de las empresas ya usa IA en al menos una función, pero solo el 7% la ha integrado a escala. La adopción es masiva; la ventaja competitiva sigue abierta para quienes la implementen con intención y profundidad.

El valor que aporta:


Estás frente a la mayor oportunidad de eficiencia de la década. Integrar IA en procesos clave o cambiar procesos puede darte velocidad, precisión y capacidad de escalar con menos recursos.

No se trató de “usar IA”, sino de rediseñar procesos completos alrededor de ella. El foco pasó de la tecnología al impacto operativo: eficiencia, precisión y escalabilidad real.

 
 

2. La ciberseguridad dejó de ser un vertical: Israel lo entendió antes

En el mundo, la digitalización acelerada y el avance de la IA expusieron una fragilidad estructural: la mayoría de las industrias innovaron más rápido de lo que aprendieron a protegerse. La ciberseguridad siguió tratándose como un problema de bancos o grandes corporaciones, hasta que los ataques empezaron a afectar al corazón de la economía real.

En 2025, los ataques de ransomware al agro y a la producción de alimentos se duplicaron (Halcyon), y el sector ya figura entre las industrias más atacadas (CybersecurityGuide). Casos como JBS o el reciente ataque a Jaguar Land Rover —que interrumpió su cadena de distribución— dejaron una señal clara: ninguna operación conectada está a salvo.

Israel leyó esta señal antes. Ya a comienzos de la década de 2010, la política pública israelí empezó a definir la ciberseguridad no como un sector aislado, sino como una capa habilitadora del crecimiento digital, integrada desde el diseño en industrias críticas. Una visión impulsada desde el Estado y adoptada por el ecosistema emprendedor mucho antes de que los ataques a cadenas productivas lo volvieran evidente a nivel global.

El valor que aporta:


 La seguridad por diseño protege datos, operaciones y reputación. Permite escalar con confianza, trabajar con clientes más grandes, cumplir regulaciones y construir sistemas confiables en un mundo cada vez más digitalizado.

 
 

3. La resiliencia se convirtió en estrategia

En Israel, la resiliencia nunca fue solo un concepto inspirador: es parte del ADN cultural. En 2025, quedó claro que las startups que mejor atravesaron el año no fueron las que evitaron caer, sino las que supieron levantarse rápido y distinto. La guerra fue una prueba extrema para el ecosistema: equipos reubicados, mercados interrumpidos y capital más cauteloso. Y aun así, el sector tecnológico mantuvo su dinamismo, con récords de inversión y exits que demostraron su capacidad de adaptarse y prosperar tras las caídas.

En este contexto, la resiliencia no fue anticipar todos los escenarios posibles, sino adaptarse con pragmatismo a una nueva realidad cuando el escenario ya había cambiado. Lo que históricamente fue una respuesta casi instintiva —arraigada en la cultura y la historia del país— se volvió una práctica explícita: modelos más flexibles, operaciones distribuidas y una mentalidad preparada para la incertidumbre permanente. Así, la resiliencia dejó de ser solo un rasgo cultural para consolidarse como una fortaleza estratégica del ecosistema emprendedor israelí

El valor que aporta:


La resiliencia bien diseñada es una ventaja competitiva. No se improvisa: se construye, se entrena y se convierte en motor de crecimiento incluso después de una caída.

 


 

4. El valor se creó en la intersección tecnológica

Israel reafirmó que su mayor fortaleza no está en industrias aisladas, sino en la convergencia:
AI + biotecnología + datos + ciber ya no son mundos separados.

El Israel Innovation Authority 2025 High-Tech report muestra que Israel se consolidó como el hub deep-tech más importante del mundo fuera de EE.UU., con 1,500 empresas deep-tech activas que han recaudado $28.6B desde 2019, representando 35% del capital total del high-tech israelí.

Las áreas líderes: IA, semiconductores, medical devices, ciberseguridad y AgriFood.

El valor que aporta:


Las oportunidades más potentes no nacen en compartimentos, sino en la conexión entre disciplinas.  

 
5. La innovación se volvió más humana

Quizás la lección más importante de 2025 en Israel fue esta: la innovación más efectiva no fue la más rápida, sino la más consciente.

Más foco en propósito, más atención a las personas, más claridad estratégica. La tecnología dejó de ser el centro para convertirse en un medio al servicio de mejores decisiones.

El valor que aporta:


La innovación que perdura combina tecnología + personas + criterio. Lo humano dejó de ser un “soft factor” para convertirse en ventaja dura.

 


Si 2025 fue el año en que Israel innovó con más criterio, 2026 será el año de la colaboración inteligente.

Los ecosistemas que lideran no son los que compiten más, sino los que mejor conectan talento, capital, tecnología y propósito.

En Noga creemos que la innovación que perdura es la que se diseña con intención, contexto y personas en el centro.
Y esa historia —en Israel y más allá— recién empieza.

Si querés llevar estos aprendizajes a tu equipo, tu estrategia o tu próximo proyecto. Hablemos.

 

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