Voy directo a las reseñas.
Este artículo se hizo largo porque enero también lo fue: muchos libros, muchas lecturas y demasiado para decir.
No quiero alargar más la previa. Vamos a los libros.
Los mejores días – Magalí Etchebarne

Este libro llegó a mis manos como llegan las cosas lindas: como regalo de una alumna. Los mejores días, de Magalí Etchebarne, en una edición de Tenemos las máquinas, una editorial pequeña pero con muy buen ojo.
Magalí es joven, pero escribe como alguien que ya caminó bastante. Tiene una mirada frontal, sin rodeos, y al mismo tiempo completamente fuera de la caja. Mira la realidad de frente, pero no se queda en lo obvio: la corre un poquito, la incomoda, la vuelve extraña y poderosa.
Más allá de las historias en sí, lo que más destaca en Etchebarne es la atmósfera que construye y los gritos —a veces silenciosos— de lucha, rabia y empoderamiento que atraviesan cada voz femenina. Hay momentos de verdadera brillantez, tanto en el estilo como en la forma.
No es fácil decir tanto con tan pocas palabras. Y cuando pasa, se nota. Y se agradece.
Poste restante – Cynthia Rimsky

Conocí a Cynthia Rimsky por Clara y confusa. Después, en entrevistas, algo que me llamó la atención fue el desapego con el que hablaba de sus orígenes judíos ashkenazíes, dicho sin énfasis ni dramatismo, casi al pasar. Más tarde estuvo en Montevideo, en la Feria del Libro, y según me contó mi alumna y amiga Raquel Raydowsky, habló de sus libros anteriores: Poste restante y El diario de los perplejos. Eso fue suficiente para despertarme la curiosidad.
No son libros que estén a la vista entre las novedades, así que empecé a buscarlos en librerías de Buenos Aires. Confieso que disfruto mucho ese momento: ir con el dato preciso, con la certeza de que debería estar en el catálogo, y ver cómo el librero se pone a rastrear. Esa pequeña cacería previa también es parte del placer lector.
Poste restante fue, para mí, otra cara de Rimsky. Acá aparece una narradora que tiene mucho de ella y que emprende un viaje hacia los orígenes de su familia. Leerlo en papel fue un gustazo, sobre todo por las fotos que forman parte del libro y que funcionan casi como personajes. Todo se arma como un rompecabezas: fragmentos, lugares, recuerdos, experiencias dispersas que van encontrando sentido en el recorrido.
El libro cuenta el viaje de la autora en busca de rastros familiares. Es un texto híbrido: mezcla diario personal, crónica, literatura de viajes y periodismo. Se mueve más cerca de la no ficción, aunque Rimsky juega todo el tiempo con lo real y lo ficticio, inserta cartas, documentos, dudas. Pero lo más interesante no es tanto a dónde llega, sino el camino. La búsqueda de los orígenes funciona como una forma de descubrimiento interior, donde el proceso importa mucho más que cualquier respuesta concreta.
Todo empieza con el hallazgo de un álbum de fotos donde aparece el apellido paterno. Ese álbum es el disparador del viaje que la lleva a Israel y a Ucrania, a una ciudad posible, incierta, donde tal vez haya alguna pista del pasado familiar.
Poste restante es un gran ejemplo de cómo distintos géneros pueden convivir para contar una historia aparentemente simple, pero llena de matices. Un libro íntimo, delicado y hermoso sobre el viaje, la familia y las raíces. De esos que se leen despacio y se quedan acompañando.
Oxígeno – Marta Jiménez Serrano

Soy muy fan de Marta Jiménez Serrano. Leí Los nombres propios y No todo el mundo y los amé, así que cuando supe que había publicado Oxígeno, no lo dudé ni un segundo.
En este libro Marta cuenta, sin vueltas, una experiencia cercana a la muerte. Literal: una intoxicación por monóxido de carbono en su casa, por una caldera que no había pasado los controles, junto a su pareja, el escritor Juan Gómez Bárcena. Por poco, la queda. Así de frontal es el punto de partida.
Oxígeno no es un libro oscuro, aunque podría serlo. Al contrario: es una toma de conciencia brutal de que nos vamos a morir —todos— y de que saberlo de verdad, sentirlo en el cuerpo, cambia la forma de estar vivos. No desde el dramatismo, sino como una invitación a salir del piloto automático.
Un libro corto, potente y luminoso. De esos que te dejan pensando, respirando distinto y con ganas de vivir un poco más despiertos.
El salto de papá – Martín Sivak

Yo a Martín Sivak lo conocí por A llorar en la llorería y por la entrevista que le hace Hinde Pomeraniec en Vidas Prestadas. Ahí aparece nombrado El salto de papá, presentado como la historia del suicidio de Jorge Sivak. Y sí, es eso… pero también es mucho más.
Es un libro de no ficción lleno de incongruencias fascinantes. De esas que te dejan pensando. ¿Se puede ser banquero y comunista? Acá, al menos, la pregunta existe. Y se complejiza más cuando te enterás de que una de las contadoras del banco era Claudia Piñeiro, antes de ser la Claudia Piñeiro, o que Jorge Sivak era amigo de Daniel Viglietti. Todo es así de inesperado.
Los temas familiares están siempre ahí: el secuestro de Osvaldo Sivak, los silencios, las lealtades, las contradicciones. Jorge Sivak es muchísimo más que el hombre que se tira desde un piso dieciséis de un edificio coqueto de Barrio Norte el mismo día en que quiebra su banco, el Buenos Aires Building, otro gran protagonista del libro, fundado por su padre Samuel con fondos no declarados del Partido Comunista.
El libro es un recorrido por la historia reciente argentina, pero también por una relación padre-hijo que termina de la peor manera posible. Íntimo, incómodo, lleno de preguntas sin respuesta.
Vale mucho la pena leerlo. No solo por lo que cuenta, sino por cómo lo cuenta. Te queda dando vueltas en la cabeza bastante después de cerrar el libro.
Has cantado bingo – Lana Corujo

Este libro habla de la relación entre dos hermanas y de una familia atravesada por vínculos intensos, silencios y tragedias. Pero lo que primero llama la atención es ese detalle inquietante: en esta familia pueden ver a sus muertos y hablar con ellos. Igual, que nadie se asuste ni lo encasille rápido en realismo mágico, porque ese no es el centro de la novela.
Es un libro breve, de capítulos cortísimos, cada uno con un título y un número que marca la edad de la protagonista. Son escenas sueltas, distintos momentos de una vida, contados de manera no lineal, pero con un ritmo que crece y se sostiene. Todo ocurre bajo la sombra de un volcán dormido —o no tanto— que parece vigilarlo todo, como si también fuera parte de la familia. Hay algo de sueño, de amenaza latente, de infancia que se va rompiendo de a poco.
Para mí, el gran tema del libro es ese pasaje tan difícil de la infancia a la madurez. Crecer como una desventura. Y ahí aparece El Ahorcado, una figura que ronda, que amenaza, que incluso está dibujada en la novela, como si el peligro tuviera forma.
A través de la mirada de la narradora vamos conociendo a los padres, pero sobre todo a dos figuras claves: la abuela y la hermana, Alejandra, Aleja. Los diálogos aparecen subrayados, casi como voces que resuenan más fuerte, y todo lo que se cuenta vuelve una y otra vez a un hecho central, a ese suceso que lo cambió todo.
La familia tiene un don —o una maldición—: ver a sus muertos. La abuela ve a su madre. La narradora… mejor no decir más. Hay cosas que vale la pena descubrir leyéndolas.
Como bestias – Violaine Bérot

Como bestias, un alegato rural, nos lleva a un pueblo aislado, perdido en un valle entre montañas. Ahí llega la policía a investigar algo extraño: aparece una nena pequeña de la que nadie tenía noticia y un joven de fuerza descomunal, que además tiene un don particular para curar animales y se ocupa de cuidarla. Nadie sabe bien quiénes son. O todos creen saber algo.
La historia avanza a través de interrogatorios, pero nunca escuchamos las preguntas. Solo leemos las respuestas de los habitantes del pueblo, que funcionan más como monólogos, recuerdos o justificaciones. Entre esas voces se cuelan los cantos de las hadas, como un coro que propone otra versión de los hechos, más cercana a los cuentos populares, a las fábulas, a eso que no termina de explicarse pero igual existe. Esa segunda capa va completando huecos y descolocando al lector.
El libro mezcla lo mágico con una ruralidad áspera, sin demasiadas coordenadas claras. No sabemos bien dónde estamos, y eso también suma: el paisaje podría ser muchos lugares a la vez. Todo tiene una atmósfera algo corrida de la realidad, pero al mismo tiempo muy concreta.
Para mí, el gran eje del libro es cómo se construye una identidad. Acá nadie se define a sí mismo: ni la niña ni el joven tienen voz. Son los otros los que los narran, los miran, los juzgan. La identidad aparece armada a partir de rumores, prejuicios, miedos ajenos. Lo que se dice pesa más que lo que es.
Es un libro raro, incómodo, distinto. Y creo que ahí está una de sus mayores virtudes: cómo trabaja la idea de lo diferente, de lo que no encaja, a través de múltiples voces que nunca terminan de ponerse de acuerdo. Un libro que no explica todo, pero deja una marca. De esos que se leen con atención y siguen resonando después.
Enero es un mes raro. Largo, elástico, casi suspendido.
Para muchos, también es el mes en el que más se lee: hay vacaciones, menos rutinas y más tiempo para encontrarse con los libros.
En enero se leen muchos libros, se empiezan varios, se terminan algunos y otros quedan abiertos, dando vueltas. Por eso la culminación de lecturas de enero es, para mí, un momento ideal para mirar hacia atrás y preguntarnos: qué leímos, qué nos quedó resonando, qué temas queremos seguir pensando.
Y ahí aparece febrero.
Febrero es el mes perfecto para no soltar la lectura y transformarla en conversación. Para salir del modo solitario y entrar en el intercambio. Por eso este mes abro dos talleres de lectura, con cupos limitados.
Los días perfectos, de Jacobo Bergareche
Un libro exquisito sobre el amor, el matrimonio, la rutina y el deseo, atravesado por las cartas entre William Faulkner y su amante, Meta Carpenter. Una lectura que incomoda y da para hablar largo.

Despertar leones, de Ayelet Gundar-Goshen
Una novela intensa sobre culpa, moral y decisiones extremas. Un libro que no deja indiferente y genera debates potentes.

Si enero te dejó ganas de seguir leyendo y conversando, este es el momento.
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Elegí un taller o sumate a los dos.
Los cupos son limitados y se llenan rápido.
Febrero se lee mejor acompañado.





