"No Juzgaras" - Ayuda en Volvernos Santos - Oro y Plata - El Recato

No. 354
Horario de velas 17 de abril en Montevideo 17:52
Ajaréi Mot-Kedoshím
“NO JUZGARÁS”
Por Yossy Goldman
He perdido la cuenta de las veces que he oído historias sobre otras personas que no quería creer, y, de hecho, al investigarlas, resultaron ser distorsiones significativas o invenciones totales. Estoy seguro de que todos hemos tenido experiencias similares.
En la porción de Kedoshim, leemos las palabras: Betzedek tishpot amiteja, “Juzgarás a tu prójimo con justicia” (Vaikra 19:15).
Rashi, el principal comentarista bíblico, ofrece primero un análisis sencillo: los jueces deben dictar sentencias con rectitud, sin dejarse influir por ninguna otra consideración. De hecho, el nombre completo de un beth din, un tribunal judío, no es solo beth din, «casa de la ley», sino beth din tzedek, «casa de la ley justa». La ley debe ser justa, equitativa y objetiva; de lo contrario, el tribunal no estaría impartiendo justicia.
Pero Rashi añade entonces una segunda interpretación, relevante no solo para el poder judicial, sino para todos nosotros: «Otra explicación es: Juzga a tu prójimo con benevolencia» (es decir, concede el beneficio de la duda).
El imperativo moral de juzgar a las personas con benevolencia concediéndoles el beneficio de la duda se aborda en el Talmud, la Ética de los Padres y muchas otras fuentes judías.
Me preguntaba cuál podría ser la conexión con Kedoshim, una porción de la Torá que trata sobre el mandato general de ser santo. Y se me ocurrió que tal vez sea porque, en realidad, todos somos santos, pero con demasiada frecuencia se juzga y condena a las personas erróneamente antes de tener toda la información a nuestra disposición. Hay tantas historias que ilustran este tema que podríamos seguir hablando sin parar, pero permítanme compartir algunas.
Hace poco encontré una carta dirigida a alguien que se quejaba al Rebe sobre un hombre que había sido llamado a la sinagoga como el décimo hombre para completar el minyán. El denunciante estaba indignado porque el hombre se sentó al fondo del santuario leyendo el periódico durante todo el servicio.
El Rebe sugirió que debía apreciar lo especial que es que incluso un judío que obviamente no sabe leer hebreo ni participar en el servicio venga y dedique su tiempo a ayudar a completar el minián.
Se trata de perspectiva y de dar a la gente el beneficio de la duda.
Hace más de 200 años, el santo rabino Levi Yitzjak de Berditchev se hizo famoso por su generosidad al tratar con benevolencia a los demás. De las muchas historias que resaltan su actitud benevolente y sin prejuicios, una de mis favoritas es la de su encuentro con un joven fuera de la sinagoga en el día más sagrado de Yom Kipur. Este joven robusto estaba comiendo en público, violando descaradamente el ayuno.
El rabino Levi Yitzjak dijo:
- "Lamento ver que obviamente no te encuentras bien y que tuviste que romper el ayuno. Te deseo una pronta recuperación".
- "Estoy bien, rabino. No podría estar mejor", respondió el joven.
- "Bueno, entonces, ¿quizás olvidaste que hoy es Yom Kipur?"
- "¿Quién no sabe que hoy es Yom Kipur, rabino?"
- "¿Y sabes también que Yom Kipur es un día de ayuno y que no se nos permite comer hoy?"
- "¡Claro que lo sé! ¿Qué judío no lo sabe, rabino?"
Al oír esto, el rabino Levi Yitzjak miró al cielo y exclamó: - "Señor del Universo, mira cuán justo es tu pueblo, Israel. Le he dado a este joven tantas oportunidades, ¡pero se niega rotundamente a mentir!"
Todos son inherentemente santos, pero cómo los juzgamos puede marcar la diferencia. Lo sé, no es fácil, pero si miramos a los demás con benevolencia, nosotros mismos actuaremos de manera santa, y esto revelará la santidad innata en ellos.
Además, nuestros rabinos enseñaron: "Quien juzga favorablemente a su amigo, será juzgado favorablemente por D-os." (Shabat 127b)

AYUDA EN VOLVERNOS SANTOS
[D-os le dijo a Moisés que le dijera al pueblo] “Deben santificarse a sí mismos y ser santos.” (Vaikra 20:7)
Los sabios talmúdicos nos aseguran que cuando nos santificamos incluso en una pequeña medida, D-os nos ayuda a santificarnos en gran medida. Cuando resistimos el impulso de dejarnos tentar por algún placer material, generamos un aumento de santidad y de energía espiritual positiva, la cual desciende y se posa sobre nosotros.
Este versículo también puede ser interpretado así: “Santifíquense a ustedes mismos”, es decir, actúen de una forma santa, incluso si dicho comportamiento parece estar más allá de su actual nivel espiritual, y serán “santos”, en última instancia obtendrán ese nivel de santidad, debido a la gran energía sagrada que generaron, que entonces descenderá sobre ustedes.
Tania, fin de capítulo 27.

Levítico (Vaikrá) 16:1 – 20:27
La sexta sección del libro de Levítico abre con D-os dirigiéndose a Moisés luego de (Ajarei en Hebreo) la muerte de los dos hijos mayores de su hermano Aarón. D-os le da a Moisés las leyes relativas al Dia de Expiación (Iom Kipur). Esto es seguido por una lista de varios tipos de comportamientos que D-os ha prohibido al pueblo judío.
La séptima sección del libro de Levítico abre con D-os ordenándole a Moisés que le diga al pueblo judío que deben ser “santos” (Kedoshim en Hebreo), es decir, que deben adherirse a un código de conducta específico por ser “un reino de sacerdotes y una nación santa”.

ORO Y PLATA
Por Bentzion Elisha
Un seguidor del líder jasídico Reb Mottel de Chernóbil tenía una costumbre particular que salió a la luz cuando lo visitó para pedirle una bendición. Reb Mottel le pidió al visitante que le contara su rutina diaria. El joven explicó que comenzaba cada día comprando mercancía para su negocio al terrateniente local. Después, recitaba las oraciones matutinas y luego vendía sus productos.
- "¿Por qué compras tu mercancía antes de rezar por la mañana?", preguntó Reb Mottel.
El joven explicó: - "Si esperara hasta después de las oraciones, la única mercancía que quedaría sería de mala calidad, ¡o se hubiera vendido todo!".
Al oír esto, Reb Mottel compartió una historia con su seguidor.
Había una vez un profesor de estudios judíos cuyo sustento consistía en viajar lejos de su ciudad natal para enseñar a niños judíos en ciudades lejanas. A menudo pasaba un año o más fuera de casa. Mientras tanto, su esposa e hijos vivían sin él, pidiendo préstamos y viviendo a crédito.
A este profesor le pagaban sus servicios con monedas. Los ricos le daban monedas de oro, la clase media con monedas de plata y la gente de recursos más modestos con monedas de cobre o níquel.
El profesor se había hecho un cinturón donde colgaba las distintas bolsas. Cada bolsa contenía un tipo diferente de moneda. Tenía una bolsa para sus monedas de oro, otra para las de plata, otra para las de níquel y otra para las de cobre.
Al terminar el año de enseñanza, regresó a casa. Al acercarse el primer Shabat de su viaje, sabía que tendría que quitarse el cinturón, ya que está prohibido llevar dinero en Shabat. Pero no sabía dónde esconder las bolsas con el dinero.
Decidió enterrar sus ganancias y recuperarlas después del Shabat. Pero justo cuando estaba a punto de terminar de cavar, oyó a unas personas a lo lejos. La paranoia se apoderó de él y se alarmó ante la posibilidad de que, si él podía oírlos, probablemente ellos también pudieran verlo, y su dinero no estuviera a salvo.
Apresurado, agarró el cinturón con las bolsas de monedas y corrió a la posada judía del pueblo, donde entregó al posadero todo el fajo a toda prisa para que lo guardara. Empezó el Shabat y el maestro estaba furioso consigo mismo. Acababa de entregarle al posadero el sueldo de todo un año sin siquiera una nota o recibo que indicara la cantidad de dinero que guardaba. Sería muy fácil para el posadero negar haber custodiado las monedas, y perdería todo el sueldo del año.
Los pensamientos sobre su esposa e hijos inundaron su mente. ¿Qué harían? ¿Cómo afrontarían a los acreedores? Su imaginación se desbocó, dejándolo preocupado y nervioso durante todo el Shabat.
El posadero percibió la angustia de su huésped y, tan pronto como terminó Shabat, recitó rápidamente las oraciones vespertinas y colocó el cinturón con las bolsas de monedas frente al maestro, quien aún recitaba la Amidá en silencio.
Para asombro del posadero, en medio de sus súplicas, el maestro abrió la bolsa de monedas de oro y comenzó a contarlas una por una. Comprobó que todas las monedas seguían allí. Sin embargo, sacó la bolsa de monedas de plata y comenzó a contarlas. Todas las monedas de plata también estaban allí, pero su preocupación e inquietud no desaparecieron. Luego comenzó a contar las monedas de níquel, después las de cobre, y finalmente retomó sus oraciones. El posadero, que había presenciado todo el proceso, quedó perplejo y desconcertado.
Cuando el maestro terminó sus oraciones, el posadero lo increpó. - “Después de ver que no me había llevado ninguna de tus monedas de oro, ¿por qué no confiaste en que tampoco me llevaría ninguna de tus monedas de plata, que son mucho menos valiosas? Y después de contar también las monedas de plata y ver que no me había llevado nada, ¿por qué entonces no confiaste en mí? Seguiste contando las ridículamente menos valiosas monedas de níquel y cobre”.
El rabino Mottel de Chernóbil se dirigió al joven que tenía delante y le dijo: - “Quiero hacerte la misma pregunta que el posadero le hizo al maestro. Cada mañana, D-os te devuelve tu alma, tu cuerpo, tu vida misma: el equivalente a monedas de oro y plata. ¿Qué te hace pensar que no te dará también tu sustento: tus monedas de níquel y cobre? Deberías aumentar tu confianza y creer que D-os también te dará tu sustento físico. No hay necesidad de apresurarse a comprar cosas antes de las oraciones matutinas”.

EL RECATO
"...Andar humildemente con tu D-os." (Miqueas 6: 8)
Un elemento básico de la vida judía es el tznius o tzniut, recato. Tanto en la forma en que caminamos por la calle, en la forma en que interactuamos con los demás como en la forma en que nos vestimos. Como hijos de D-os, debemos actuar y lucir como corresponde, conduciéndonos con dignidad y modestia. En el lenguaje común, a menudo esta palabra se refiere a la forma de vestir exclusivamente judía.
Los parámetros exactos del requisito de vestirse correctamente dependen de la época y del lugar. Pero la idea básica, tanto para hombres como para mujeres, es que se debe usar ropa digna, ropa que no degrade al acentuar el cuerpo en vez de a la persona que hay debajo de las prendas, como si ese fuera el elemento más importante de su personalidad, en lugar de su alma, su carácter y cualidades.
Cuando nos abstenemos de llamar la atención indebida sobre nuestro ser externo, nuestro núcleo humano, el espíritu divino que hay dentro de cada uno de nosotros puede brillar sin estar sujeto a las luces de neón del carisma externo. El recato en la vestimenta y en el comportamiento nos permite interactuar con el mundo de una manera verdaderamente poderosa a medida que nuestro ser interior sale a la luz.
Así, el recato no significa una negación de uno mismo, ni nos obliga a escondernos. Más bien, crea un área privada, un espacio digno, en el que podemos trabajar para sobresalir, sin preocuparnos por el juicio y la aprobación externos.
E incluso cuando estamos solos, en los lugares más privados, también debemos vestirnos apropiadamente, porque no hay lugar donde D-os no esté presente.
Algunas reglas generales para vestirse de forma modesta:
• La ropa que se confecciona para revelar partes del cuerpo, o la ropa ajustada que llama la atención sobre la forma del cuerpo, así como los escotes bajos, están descartados.
• Las mujeres casadas se cubren el cabello. El Rebe de Lubavitch instó a las mujeres a hacerlo con una peluca atractiva, en lugar de simplemente usar un sombrero o un pañuelo.
• Es una práctica aceptada que las mujeres judías usen polleras lo suficientemente largas para cubrir sus rodillas, en vez de pantalones.
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