Cumplí 60. Lo digo. Lo proceso menos. Me miré al espejo buscando al “adulto mayor” que se supone que debería aparecer a esta altura y no había nadie.
El resultado: sin proponérmelo, leí sobre gente joven. No fue nostalgia. No fue un plan de reconexión con mi yo de veinte años. Fue intuición mágica, desorientación etaria, o simplemente que el universo tiene humor.
La mala hija de Pedro Marti

La mala hija es una novela, un thriller que me atrapó desde el minuto uno. De esos libros que te hacen decir “leo un capítulo más” y cuando te querés acordar ya estás adentro del pueblo, del frío, de la cabeza de Alma Ortega. Es muy, pero muy larga (650 páginas), pero aun así la leí toda.
Hay algo muy logrado en cómo se construye el clima: sentís el frío que siente Alma, ese cuerpo siempre en tensión, esa incomodidad constante. Incluso detalles como su vitiligo (ese mechón sin color) terminan sumando a un personaje que está realmente bien armado.
La historia arranca con la desaparición de Belén, una chica de Almansa, hija de un empresario importante. Nadie entiende qué pasó, la policía no encuentra por dónde empezar, y desde Madrid mandan a su mejor investigadora: Alma, que además nació ahí. Vuelve al pueblo estando de licencia por motivos psicológicos, y desde el primer momento sabemos que en esa familia pasó algo grave. Muy grave.
Y eso se siente todo el tiempo. En el pueblo: todos parecen esconder algo, nadie es del todo confiable.
Uno de los vínculos más interesantes es el de las hermanas, Paula y Alma. Tienen que trabajar juntas, pero la relación está completamente rota.
Y si hay un personaje que se roba la novela es Irene: una joven dentro del espectro autista, hacker, brillante, medio sabelotodo… menos para las emociones. Tiene algo hipnótico. Es de esos personajes que no te olvidás.
En general, los personajes están muy bien construidos. No solo Alma, sino todos. Eso hace que, aunque la historia sea larga, nunca se vuelva pesada.
Ahora, el final… para mí es un poco too much. Hay varios giros que siento que sobran. Le hubiera sacado algunos para que gane más verosimilitud. Igual, eso no me arruinó la lectura: me tuvo completamente enganchada hasta el final.
En resumen: un thriller largo, oscuro, adictivo, con un gran trabajo de personajes. Me atrapó y me hizo seguir leyendo incluso cuando no tenía tiempo. Y eso, para mí, ya es un montón.
Una dietética para la vida de Tamara Tenembaum y Natalia Kiako

Admiro casi con devoción los formatos de la editorial Vinilo. Me gustan, me tientan, los quiero tener. Algunos los compro. Este en particular todavía no llegó a las librerías de Montevideo, así que se lo encargué a mi hija a Buenos Aires. Lo compró en una librería que amo —Libros del Pasaje, en Palermo— y ya con eso el libro venía con plus afectivo.
Una dietética para la vida, de Tamara Tenembaum y Natalia Kiako, es un intercambio de mails entre dos mujeres que disfrutan cocinar, comer y pensar la comida. Yo lo compré, básicamente, porque leo todo lo que escribe Tamara Tenembaum: me gusta su prosa, sus columnas, sus ensayos, su podcast Algo Prestado. Incluso cuando sus ideas políticas están en las antípodas de las mías. Y eso, para mí, suma, no resta.
Que el libro hable de etiqueta, de restaurantes, de cómo y cuándo se cocina, de qué significa recibir gente o comer sola… lo vuelve especialmente atractivo para alguien como yo. Es de esos libros que se leen con placer, como quien se queda charlando después de comer.
Mientras lo leía, me hizo acordar mucho al intercambio de mails que Tamara tuvo con Pedro Mairal en pandemia (otro autor del que leo todo). Hay algo en ese formato —la intimidad, el tiempo de la escritura, la deriva— que funciona muy bien.
Ellas se conocieron en un restaurante en Buenos Aires, y una le preguntó a la otra: ¿por qué te fascina tanto la comida?. La comida como mapa afectivo y social.
De la mesa pasaron a los mails. De los mails al libro. Y ese libro es este.
Es un libro chiquito, pero muy disfrutable
El libro de las hermanas de Amelie Nothomb

El libro de las hermanas, de Amélie Nothomb. Venía de leer algunos cuentos suyos, pero esta es la primera novela que leo.
Y tengo sensaciones encontradas.
Hay algo en ese universo que propone —unos padres que se aman tanto entre ellos que no logran incluir a su hija— que me rechinó desde el principio. Es raro. Muy raro. Entiendo la idea, pero me costó entrarle desde lo emocional.
La relación entre las hermanas, en cambio, sí me resultó más creíble. Ese vínculo tan cerrado, casi salvador, y la mirada poco amable que Tristane tiene sobre sí misma, están bien logrados. Ahí la novela funciona.
En el fondo, es una historia sobre la soledad, el desamparo y cómo el vínculo entre hermanas puede ser un refugio. También sobre crecer con padres emocionalmente ausentes. Todo eso está.
Ahora, ¿me cerró? No del todo.
Me parece de esos libros que valen la pena leer para comentarlos, para discutirlos, más que por lo que logran como historia. Dejan más dudas que aciertos. Y los vínculos, tal como están planteados, se me hicieron difíciles de entender desde un lugar real.
Como primera novela de Nothomb, no sé si es la mejor puerta de entrada. Pero sí me dejó con curiosidad.
Un futuro anterior de Mauro Libertella

Es mi primer libro de Libertella y seguro no va a ser el último.
Me pareció un libro cercano. De esos que sentís que te están contando una historia que podría haber pasado en cualquier grupo de amigos. O peor: en el tuyo. Tiene algo muy reconocible, muy de juventud en Buenos Aires, donde todo parece posible y donde uno cree —con bastante ingenuidad— que las cagadas no se van a descubrir.
Se lee fácil, rápido. El lenguaje es simple, directo, sin vueltas. Pasea por Buenos Aires y por esa edad en la que todo es intensidad y confusión al mismo tiempo. Es un libro muy argentino, bastante localista, y eso también le suma.
La historia es mínima: Libertella —o un alter ego bastante cercano— conoce a una chica en una fiesta. Se gustan, empiezan a verse, pero ella termina saliendo con un amigo de él. Y ahí arranca todo.
El primer tramo, el de la traición, es para mí lo mejor del libro. Los encuentros a escondidas, la tensión, ella pidiéndole que blanquee la relación, él que no se anima —y ni siquiera sabe bien por qué—. Hay algo ahí que funciona muy bien, incluso con un tono más reflexivo que pasional.
Después, cuando la mentira se descubre y llegan las consecuencias (sin spoilear), el libro baja un poco. Se vuelve más ensayístico, más pensado que vivido. Y el problema no es que reflexione —eso está bien—, sino que muchas de esas reflexiones no terminan de ser originales. Hay momentos que pinchan, pero no mucho más.
También se siente ese “tufo” a autoficción. Y eso tiene un costo: la historia queda muy pegada a una sola voz. No escuchamos realmente a los otros. Ni a Leticia, ni al amigo traicionado, ni siquiera a ese gato que aparece como testigo silencioso de algunas escenas.
No es una obra maestra. Es una historia chica, bastante acotada.
Pero la disfruté. La leí rapidísimo. Y me quedé con ganas de leer más de Libertella, que no es poco.
El mar está lleno de medusas de Paola Carola

El mar está lleno de medusas es, claramente, un ejercicio de autoficción.
Una mujer joven, recién salida de la carrera de Letras, llena de expectativas, tratando de encontrar su lugar. Aparece el primer trabajo, el primer amor “adulto”, una boda… y también un divorcio. Sueños que se rompen. Y, al mismo tiempo, la fuerza —muy real— de volver a armarse.
No es una historia original ni busca serlo. Y está bien. Lo que importa es la voz: una sola voz que cuenta, sin grandes vueltas, cómo se siente cuando el mundo que te habías imaginado se desarma. También aparecen la pandemia, el encierro, el tiempo suspendido… todo eso que de alguna manera nos atravesó.
Es una novela sobre crecer. Y sobre lo que duele crecer.
Sobre terminar una relación, hacer el duelo, atravesarlo sin vueltas. Y también sobre los vínculos que sostienen: las amigas, los libros, esos espacios donde una puede apoyarse y sufrir acompañada.
Hay algo que me gustó especialmente: no romantiza el amor. Muestra qué pasa cuando se termina, cuando se evapora y te deja a la intemperie. Cuando te rompe el mundo en mil pedazos.
Y entonces aparece lo más interesante: no se trata de salir corriendo a buscar otro amor. Se trata de volver al camino. Pero no a otro. Al propio.
Es un libro suave, cercano, de esos que acompañan. Y a veces, con eso, alcanza.
No estás en la lista de Alison Espach

No estás en la lista, de Alison Espach, definitivamente no es un libro más. Y digo esto sin exagerar: me sorprendió desde la primera página.
Confieso que cuando lo empecé pensé que me había equivocado de libro. Esperaba una comedia romántica, de esas que acompañan sin molestar demasiado. Y no. Espach tenía otros planes: lo que encontré fue una comedia negra bastante filosa, disfrazada de novela de casamiento, que por momentos es luminosa y por otros directamente desgarradora.
La protagonista es Phoebe Stone, que llega a un hotel soñado en Rhode Island —el Cornwall Inn— vestida para una ocasión especial, pero con un plan bastante menos festivo: suicidarse. Divorciada, atravesada por la infertilidad, con un trabajo que no la llena y todavía en duelo por la muerte de su gato (sí, Harry, y sí, importa), Phoebe decide darse un último gusto antes de despedirse. Hasta que la realidad —y un casamiento— se le meten en el medio.
Ahí aparece Lila, la novia. Perfecta. Impecable. De hielo, al principio. Pero, como suele pasar, esa perfección empieza a resquebrajarse. Y en ese choque entre la mujer que quiere desaparecer y la mujer que necesita que todo salga perfecto, pasa algo interesante: se encuentran. Empiezan a hablar, a decirse cosas que no le dirían a nadie más.
Uno de los grandes aciertos de Espach es el tono. Porque mete temas pesados —suicidio, infertilidad, infidelidad, duelo— y sin embargo logra que el libro no sea un bajón. Hay humor, pero no un humor liviano: es ácido, incómodo por momentos, y justamente por eso funciona.
También suma mucho el hecho de que Phoebe sea profesora de literatura. Las referencias aparecen sin esfuerzo, como parte de su manera de mirar el mundo, y para quienes disfrutamos de esos guiños, es un plus.
El final, en mi caso, me pareció adecuado. No espectacular, pero sí coherente con lo que la novela viene construyendo.
No es un libro para tener en la mesita de luz y volver una y otra vez. Pero sí es un libro que recomiendo. Porque incomoda, hace reír en lugares raros y, sobre todo, porque no subestima al lector. Y eso, hoy, ya es bastante.



Si este artículo te hizo algo —una sonrisa, una crisis existencial leve, o las ganas de comprar un libro que no necesitás— compartilo. Hay alguien en tu lista de contactos que lo necesita y todavía no lo sabe.
¿Querés hablar de los libros? ¿Discutirme una recomendación? ¿Preguntar por los talleres de lectura? Todo eso va a [email protected]





