El encuentro
El martes 5 de mayo de 2026, el Anexo del Palacio Legislativo de Montevideo fue escenario de una jornada poco habitual: una sala colmada de asistentes que, al finalizar la actividad, difícilmente volverían a mirar su feed de la misma manera.

BILAT y el Centro Uruguayo de Estudios contra el Antisemitismo y la Desinformación (CUECAD) convocaron a la charla "Algoritmo y Viralidad", un espacio de análisis y reflexión orientado a comprender, de forma clara y accesible, el funcionamiento de los algoritmos que determinan la circulación de contenidos en entornos digitales.
La actividad se desarrolló con notable éxito: los asistentes quedaron deslumbrados ante las demostraciones en vivo, que incluyeron la comparación en tiempo real entre un posteo común y el mismo contenido amplificado por 200 bots. El experimento, realizado ante sus ojos, volvió tangible algo que hasta entonces muchos intuían pero pocos podían verificar.

Sobre el expositor

La actividad estuvo a cargo de Nahuel González Frugoni, Co-Director de BILAT y miembro del Consejo Uruguayo para las Relaciones Internacionales. González Frugoni cuenta con una sólida formación académica: realizó estudios en el Massachusetts Institute of Technology (MIT) en áreas vinculadas a algoritmos simples y cuánticos, así como en finanzas cuantitativas, y forma parte del grupo de investigación en finanzas cuantitativas y algoritmos de RCB Capital Markets. Su base académica se asienta en matemáticas puras, cursadas en la Universidad de la República (UDELAR) y en el Studienkolleg de Múnich.
Esta combinación de rigor matemático y capacidad de comunicación accesible fue precisamente lo que caracterizó su exposición:Nahuel González Frugoni logró traducir conceptos complejos de machine learning y optimización estadística en imágenes comprensibles para audiencias no especializadas, sin sacrificar la precisión conceptual.
Los contenidos de la charla
La exposición articuló tres grandes núcleos temáticos:
1. El algoritmo como árbitro de atención
Nahuel González Frugoni partió de una premisa provocadora: lo que cada persona ve en sus redes sociales no es el resultado de sus propias decisiones, sino de una combinación entre elección humana y selección algorítmica posterior. La diferencia, señaló, "parece pequeña. No lo es."
Para ilustrarlo, propuso un experimento mental: si todos los presentes en la sala buscaran simultáneamente "¿Por qué ocurrió la crisis financiera de 2008?", en las mismas condiciones de red y momento, obtendrían resultados diferentes. La razón: la plataforma no procesa únicamente qué se busca, sino quién está buscando.
Un algoritmo, definió el expositor, es un árbitro automático de atención. Pero a diferencia de un árbitro humano, el algoritmo no piensa, no razona, no comprende ética, verdad ni belleza. Solo mide señales observables: velocidad de interacción, tiempo de atención, respuestas emocionales y probabilidad de compartir. Para el sistema, el enojo, la indignación, el miedo y el interés genuino son equivalentes: todos son interacción.
2. Del millón a lo que vemos: filtro, supervivencia y viralidad
Nahuel González Frugoni explicó el proceso algorítmico en etapas. En la primera, un filtro de supervivencia reduce millones de contenidos a unos pocos miles, basándose en una suma ponderada de señales (un modelo equivalente al perceptrón, el clasificador más simple de machine learning). Pasar ese filtro inicial, aclaró, no garantiza éxito ni viralidad: solo otorga el derecho a competir por atención.
En la segunda etapa, el sistema estima la probabilidad de interacción futura analizando el historial del usuario, la velocidad de crecimiento del contenido y su intensidad emocional. La lógica es retroalimentada: mayor interacción pasada genera mayor exposición, que a su vez genera más interacción.
Lo más inquietante, subrayó el expositor, es que pequeños cambios en las señales iniciales pueden producir variaciones explosivas en el alcance. La diferencia entre la irrelevancia y la viralidad puede ser estadísticamente mínima.
3. Odio, desinformación y manipulación
El tercer núcleo abordó las consecuencias más preocupantes de esta arquitectura. Las emociones intensas —el enojo, el miedo, la indignación— generan comentarios impulsivos, mayor tiempo de permanencia y más compartidos. En términos matemáticos, la probabilidad de engagement con contenido emocional supera consistentemente a la del contenido neutral. El algoritmo no tiene ideología, remarcó Nahuel González Frugoni: simplemente, el odio maximiza las variables que el sistema optimiza.
En este marco, las campañas modernas de desinformación no necesariamente buscan convencer. Su objetivo es más sutil: aumentar el ruido, fragmentar el consenso, generar fatiga informativa y amplificar el conflicto. Como señalan investigadores especializados en guerra híbrida, el fin muchas veces es desorganizar el espacio informacional, no imponer una narrativa única.
La demostración en vivo: el momento que dejó a la sala sin palabras
El momento culminante de la jornada fue una demostración práctica que Nahuel González Frugoni realizó en tiempo real. Tomó un posteo común —con alcance orgánico modesto— y mostró qué ocurre cuando 200 bots comienzan a interactuar con él de forma coordinada. En pantalla, los asistentes vieron cómo la probabilidad de viralización saltaba de 18% a 47%, sin que el contenido hubiera cambiado absolutamente nada.
El mismo contenido. Las mismas personas. Una probabilidad diferente.
La sala quedó en silencio. Lo que durante años había circulado como sospecha o intuición —que las redes podían ser manipuladas artificialmente para inflar contenidos— quedó comprobado de forma visual, concreta e inmediata. El poder real, explicó el expositor, no radica en conocer el código de los algoritmos, sino en entender qué señales buscan y cómo producirlas artificialmente. Por eso existen campañas coordinadas, bots, granjas de cuentas y redes de amplificación.
Una reflexión para llevarse
Nahuel González Frugoni cerró la actividad con una formulación que sintetizó el espíritu de la jornada: el problema no es que existan algoritmos. El problema es que sistemas diseñados para optimizar atención terminan, como consecuencia no buscada pero inevitable, reorganizando la percepción colectiva.
Las plataformas no necesitan decirle a nadie qué pensar. Solo necesitan alterar ligeramente las probabilidades, la exposición, la amplificación. El resultado, a escala de millones de usuarios y años de uso cotidiano, es una transformación profunda de lo que las sociedades consideran verdadero, relevante o urgente.
La actividad cumplió con creces su objetivo declarado: brindar herramientas concretas para identificar, analizar y comprender estas dinámicas. Quienes asistieron se retiraron con una mirada más lúcida —y más cautelosa— sobre los contenidos que les ofrece cada día su pantalla.
Nahuel González Frugoni
Co-Director de BILAT · Miembro del Consejo Uruguayo para las Relaciones Internacionales
Estudios en MIT (algoritmos simples y cuánticos, finanzas cuantitativas)
Investigador en RCB Capital Markets · Matemáticas Puras, UDELAR y Studienkolleg de Múnich
Contacto: [email protected] · bilat.org





