¡Que D-os Te Bendiga! - ¿A Quién en su Sano Juicio? - La Moneda Oxidada - Bendiciones Antes de Comer 1

No. 359
Parashá Naso
Horario de velas: viernes 30 de mayo en Montevideo 17:24

¡QUE D-OS TE BENDIGA!
Por Yossy Goldman
“Una bendición sobre tu cabeza, mazel tov, mazel tov”, decía la Bobba Tzeitel en el sueño de Tevye en El violinista en el tejado. Y los abuelos cariñosos, de hecho, otorgan hermosas bendiciones a sus seres queridos.
Pero en la lectura de la Torá de esta semana, D-os instruye a los sacerdotes: “Así bendeciréis a los hijos de Israel” y luego pasa a prescribir las Bendiciones Sacerdotales que hasta el día de hoy, los Kohanim, miembros de la tribu sacerdotal, confieren a nuestras congregaciones.
Yivarejeja Hashem: Que D-os te bendiga y te proteja.
Yaer Hashem: Que D-os haga resplandecer Su rostro sobre ti y te conceda gracia.
Yisa Hashem: Que D-os alce Su rostro hacia ti y te conceda la paz.
Los Kohanim pronuncian estas bendiciones, pero ¿de dónde vienen? De D-os. Cada una de las tres frases establece claramente que D-os Todopoderoso es Quien realiza la bendición aquí; los Kohanim son simplemente Sus emisarios, Sus agentes en la tierra, el conducto por el cual estas bendiciones celestiales se transmiten al pueblo.
Es importante entender y valorar que solo D-os sabe realmente cómo bendecirnos, y solo Él sabe lo que verdaderamente necesitamos en nuestras vidas en un momento dado.
A menudo escuchamos: “Te deseo todo lo que tú te deseas a ti mismo”. ¿Tienen alguna idea de lo que la gente se desea a sí misma? No me refiero solo a fantasías prohibidas, sino a todo tipo de escenarios ilusorios, sueños ambiciosos y deseos que pueden ser peligrosos, inapropiados, insalubres e imprudentes. ¿Sabe la gente realmente qué es lo mejor para ella? ¡Definitivamente no!
¿Quién nos bendice? D-os, Quien nos conoce mejor de lo que nos conocemos nosotros mismos y Quien sabe qué es lo que realmente nos conviene.
Según Rashi y otros comentaristas bíblicos, la secuencia de estas bendiciones es bastante deliberada. La primera bendición es que D-os te concederá riqueza. Ahora que has adquirido riqueza, necesitas la bendición de la seguridad y protección de D-os para que la cuide por ti.
Y dado que los ricos no siempre son bien vistos por sus comunidades, la segunda bendición es que D-os sea clemente contigo; lo que significa que te otorgará lo que en hebreo-ídish llamamos jein: gracia, encanto o carisma. La gente se mostrará cálida contigo y querrá estar en tu compañía.
Y la bendición final es shalom, la paz. Porque cuanto más dinero acumulas, más quieres todavía. “El que tiene 100, quiere 200”, dicen los sabios. “Y el que tiene 200, quiere 400”. Esto nunca se acaba. Los multimillonarios de hoy compiten entre sí para ver quién acumula más miles de millones. Eso causa mucho estrés y ansiedad, cualquier cosa menos paz interior. Por eso D-os nos promete shalom, paz y satisfacción.
Y ahora, mi reflexión personal favorita sobre las Bendiciones Sacerdotales. Desafortunadamente, no puedo recordar la fuente, pero la idea se ha quedado conmigo.
Estas tres bendiciones están relacionadas con la edad y se refieren a las tres etapas de la vida que todos experimentamos: la juventud, la madurez y la vejez.
Cuando somos niños, lo más importante que necesitamos para desarrollarnos como seres humanos sanos y estables es la seguridad. Cuando los padres dan amor, tiempo y atención a sus hijos pequeños, estos crecen sintiéndose seguros y plenos.
Luego, en la madurez, cuando buscamos una pareja para casarnos, amigos o personas con quienes hacer negocios, lo más importante que necesitamos es jein, hallar gracia ante los ojos de los demás, ser populares o, al menos, agradables.
Finalmente, en nuestros años de vejez, cuando envejecemos y quizás estamos un poco cansados, lo único que queremos es un poco de paz y tranquilidad, shalom. Es maravilloso tener a los nietos en casa, ¿verdad? ¿Y no es también maravilloso cuando se van a la suya?
¡Qué perfectas y oportunas son estas bendiciones! De hecho, podemos confiar en que D-os nos dará las mejores bendiciones que necesitamos. Y un sincero Amén a todas ellas.

¿A QUIÉN EN SU SANO JUICIO?
[D-os le ordenó a Moisés que le dijera al pueblo] “Si la esposa de un hombre se desvía, [haciendo que el sospeche] que fue infiel para con él.” (Bamidbar 5:12)
Cometer un pecado es algo terrible porque el pueblo judío está “casado” con D-os. Si las personas que cometen adulterio no estuvieran casadas, su comportamiento no se juzgaría tan duramente; el hecho de que hayan traicionado una relación contractual es lo que los hace merecedores de castigo. Lo mismo es verdad en cuanto al pueblo judío. Un pecado no es sólo una transgresión técnica, es una afrenta personal a nuestro amado Esposo Divino.
Como judíos, nuestra conexión con D-os es tan fuerte que nos es inherentemente imposible transgredir Su voluntad. La única forma en la que podemos cometer una transgresión es engañándonos a nosotros mismos y pensar que eso no pondrá en peligro nuestra conexión con D-os. Recordarnos a nosotros mismos de que D-os es nuestro “esposo” nos ayuda a evitar cometer pecados.
Likutei Sijot, vol. 2, págs. 311-314
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Números (Bamidbar) 4:21 – 7:89
En la segunda sección del libro de Números, la narrativa comienza cuando D-os le instruye a Moisés que complete el censo (Nasó en Hebreo) de los clanes levitas. Luego la Torá registra ciertas leyes relativas al proceso de purificación que los judíos deben pasar antes de partir del Monte Sinaí hacia la Tierra de Israel. Finalmente, la Torá registra las ofrendas que los príncipes de cada tribu donaron el día que fue erigido el Tabernáculo y comenzó a funcionar.

LA MONEDA OXIDADA
Por Tuvia Bolton
El rabino Schneur Zalman de Liadi (1745-1812, fundador del jasidismo Jabad) estaba recaudando fondos para el rescate de prisioneros judios.
Primero se dirigió a una ciudad famosa por su avaro. Al parecer, este hombre tacaño, a pesar de su considerable riqueza, era reacio a compartir sus bendiciones, por muy noble o urgente que fuera la causa. Rabinos y mendigos por igual evitaban su casa. A cualquiera que, sin saberlo, llegara a su puerta, se le ofrecía una sola moneda de cobre oxidada, que incluso el más pobre y desesperado rechazaba de inmediato.
Cuando el rabino Schneur Zalman llegó a la ciudad, los ancianos de la comunidad lo recibieron amablemente. Pero cuando anunció que quería visitar la casa del avaro y que deseaba que dos rabinos lo acompañaran, se encontró con una fuerte resistencia. Sin embargo, el rabino se mantuvo firme, y finalmente accedieron y le proporcionaron la escolta que solicitaba.
A la tarde siguiente, los tres se encontraban frente a la mansión del avaro. Antes de llamar a la puerta, el rabino se dirigió a sus compañeros y les pidió que no dijeran ni una palabra, sin importar lo que oyeran o vieran. Unos instantes después, estaban sentados en el lujoso salón, y el dueño regresaba de su caja fuerte con una pequeña bolsa de terciopelo para el dinero.
“Sí”, dijo el hombre rico. “¡Una historia conmovedora, sin duda! Viudas y huérfanos en cautiverio. ¡Ay, el sufrimiento del pueblo judío! ¿Cuándo terminará todo esto? Aquí tiene, rabino, tome mi humilde donación”.
Para sorpresa del avaro, el rabino pareció complacido con el regalo. De hecho, le sonrió cálidamente mientras guardaba la moneda en su bolsillo y le dijo: - “Gracias, señor Solomons. Que D-os lo bendiga y lo proteja siempre”. Acto seguido, el rabino procedió a escribirle un recibo, añadiendo toda clase de bendiciones con una caligrafía bellísima.
- “Gracias de nuevo, amigo mío”, dijo el rabino, poniéndose de pie y estrechando cálidamente la mano del hombre, mirándolo fijamente a los ojos con admiración. “Y ahora”, añadió, volviéndose hacia sus dos compañeros, “debemos marcharnos. Tenemos mucho que recaudar esta noche.”
Mientras los tres rabinos caminaban hacia la puerta, el rabino se giró y se despidió de su anfitrión con otra cálida despedida. - “Deberías haberle devuelto la donación”, dijo uno de los rabinos al oír que la puerta se cerraba tras ellos.
- “No se den la vuelta ni digan ni una palabra”, susurró el rabino mientras bajaban por el sendero hacia la puerta principal.
De repente, oyeron que la puerta se abría tras ellos y al avaro gritar: - “Rabinos, rabinos, por favor, vuelvan un momento. Hola, hola, por favor, necesito hablar con ustedes, por favor… por favor, pasen.”
En pocos minutos volvieron a estar sentados en el cálido y lujoso salón, pero esta vez el hombre rico caminaba de un lado a otro con inquietud. Se detuvo un instante y se volvió hacia el rabino. - “¿Cuánto dinero necesita exactamente para rescatar a estos prisioneros?”
- “Unos cinco mil rublos”, respondió el rabino.
- “Bueno, aquí tiene mil… He decidido dar mil rublos; puede contarlos si quiere”, dijo el avaro mientras sacaba un fajo de billetes bien apretado del bolsillo de su chaqueta y lo ponía sobre la mesa. Los demás rabinos quedaron atónitos. Miraban fijamente el dinero e incluso temían alzar la vista hacia el avaro, por miedo a que cambiara de opinión.
Pero el rabino volvió a estrechar la mano del señor Solomons, agradeciéndole efusivamente, y le extendió un hermoso recibo repleto de bendiciones y alabanzas, igual que la primera vez.
- “¡Eso fue un milagro!”, susurró uno de los rabinos mientras salían de la casa y se dirigían de nuevo hacia la puerta. Una vez más, el rabino le hizo una señal para que se detuviera. De repente, la puerta de la casa se abrió de nuevo tras ellos. - “Rabinos, por favor, he cambiado de opinión. Pasen, por favor. Quiero hablar con ustedes”, exclamó el señor Solomons.
Entraron en la casa por tercera vez cuando el avaro se volvió hacia ellos y dijo: - “He decidido entregar la suma completa necesaria para el rescate. Aquí está; por favor, cuéntenla para ver que no me he equivocado.”
- “¿Qué significa esto?”, se preguntaron los atónitos compañeros del rabino después de haber salido de la casa del hombre rico por tercera vez esa noche. “¿Cómo consiguió que ese avaro tan famoso diera 5.000 rublos?”
- “Ese hombre no es ningún avaro”, dijo el rabino Schneur Zalman. “Ningún judío es verdaderamente así. Pero ¿cómo podría desear dar si jamás había experimentado la alegría de dar? Todos a quienes les dio una moneda oxidada se la devolvieron en la cara.”

BENDICIONES ANTES DE COMER 1
El mundo es un templo, y la comida es algo divino siempre y cuando bendigas a su Creador antes de comer o beber.
Los diferentes alimentos tienen diferentes bendiciones, pero todas las bendiciones empiezan de la misma forma: “Bendito eres Tú, Hashem nuestro D-os, Rey del Universo…”. Lo único que tienes que recordar son 6 formas de finalizar diferentes:
Antes de hincar los dientes en ese apetecible fruto del árbol, di: “…que crea el fruto del arbol”.
Para las verduras o las frutas que crecen de plantas (como por ejemplo, ananá-piña o banana), di: “…que crea el fruto de la tierra”.
Si es algo hecho con harina de trigo, cebada, avena, espelta o centeno (pero no es pan) di: “…que crea distintas clases de comidas”.
Dice el Rey David en sus Salmos que “el vino alegra el corazón del hombre" y "el pan nutre el corazón del hombre”. Por eso, los dos tienen sus propias bendiciones. Para el vino (o el jugo de uvas): “… que crea el fruto de la vid”. Para el pan: “… que saca el pan de la tierra”.
Para todo lo demás que comes, por ej., lácteos, carne, huevos, y para las bebidas: “… por cuya palabra todo fue creado”.
Y ahora, unos cuantos detalles muy importantes:
• Una sola bendición cubre todos los alimentos que entran en la misma categoría. ¿En el plato hay un durazno y una ciruela? La bendición del durazno sirve también para la ciruela.
• El pan y el vino son “los reyes de la cocina”. Una vez que dijiste la bendición del pan, todos los otros alimentos y todas las otras bebidas (excepto el vino) de esa comida quedan cubiertos por esa bendición. Y la bendición del vino cubre todas las otras bebidas que uno bebe junto con el vino.
• Al comer una comida que contiene pan (o alimentos horneados hechos de harina de cereal en una cantidad que alcance para que uno quede satisfecho), llevamos a cabo el ritual de lavado de las manos antes de recitar la bendición.
• Ahora seguramente te preguntarás “¿Y qué pasa si en el plato tengo una mezcla de distintas clases de alimentos?”. No te preocupes, lo explicaremos la semana que viene.
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